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Mastitis, senos en riesgo

Martes 21 de enero del 2014, 05:22 pm, última actualización.

Durante la lactancia es posible que la madre sufra este padecimiento que se debe a la obstrucción de los conductos de las glándulas mamarias y las inflama debido a que se acumula gran cantidad de leche que no puede salir. De persistir, puede dar lugar a complicaciones.

Mastitis, senos en riesgo

En cierto sentido, la inflamación mamaria es parte de un proceso que prepara a las futuras madres a la lactancia, quienes 3 ó 5 días después del parto experimentan agrandamiento de senos debido a que se llenan de leche para alimentar al bebé.

Hasta este momento se produce el llamado calostro, sustancia líquida amarillenta y concentrada en nutrientes que resulta ideal para el recién nacido, ya que aporta beneficios a los sistemas digestivo e inmunológico (aquel que nos defiende de infecciones).

Ahora bien, cuando el bebé es capaz de ingerir mayor cantidad de leche los senos tienden a llenarse más, lo que generalmente ocurre cuando se produce la llamada “leche madura”, es decir, aquella que tiene mayor consistencia y es de color blanco.

Lo anterior es completamente normal y llega a ocasionar sensación de opresión, no obstante, cuando los senos llegan a estar tan llenos que se sienten como piedras, se presenta inflamación que se extiende hasta las axilas, hay dolor al tacto y fiebre, se trata de mastitis, padecimiento que impide al bebé succionar la leche.

Cuando este líquido no puede salir con eficacia aumenta su cantidad en los senos y, si el problema no se atiende, el organismo puede “interpretar” este hecho como una señal para cortar la producción de leche.

Asimismo, hay ocasiones en que las bacterias que se encuentran en la piel llegan a introducirse a través de una grieta o fisura ubicada en los pezones, lo cual causará infección al tejido graso de los senos dando lugar a inflamación por fuera de los conductos mamarios y los comprimirá ocasionando intenso dolor a la mama afectada.

Otras causas de mastitis incluyen largos períodos sin amamantar, saltarse una toma, acortar la sesión de lactancia, cansancio, estrés, mala alimentación, opresión de senos por uso de un brassiere que no sea de la talla adecuada y producción de leche muy abundante que no se ha adaptado todavía a las necesidades del bebé.

Es importante saber que la mastitis se clasifica en las siguientes categorías:

  • Aguda. Ocurre durante los dos primeros meses del amamantamiento y suele afectar solo a una mama, ocasionando dolor, hinchazón, enrojecimiento, fiebre, decaimiento y escalofríos.
  • Crónica. Suele ser el resultado de una forma aguda que no se curó totalmente, ocasionando la reaparición de episodios de dolor, decaimiento y malestar general; puede afectar a ambos senos.

¿Cómo reconocerla?

Para poder identificar un cuadro de mastitis es necesario que la madre examine frecuentemente sus senos, en los cuales puede detectar:

  • Aparición de una zona dura y sensible, pues es señal de que la glándula mamaria se está drenando incorrectamente.
  • Enrojecimiento, dolor y aumento de temperatura en una región de los senos.
  • Agrandamiento de mamas de un lado solamente.
  • Sensibilidad mamaria.
  • Secreción del pezón (puede contener pus).

Si se presentan los síntomas antes descritos es necesario acudir al ginecólogo para que, mediante revisión física confirme el diagnóstico, ante lo cual recomendará reposo en cama durante 24 a 48 horas y vaciar las mamas, para lo cual puede recurrirse a la aplicación de compresas calientes y posteriormente frías (durante 15 minutos cada una), pues por un lado el calor ayuda a que la leche fluya y el frío reduce la inflamación.

Asimismo, es conveniente poner en práctica las siguientes indicaciones:

  • Drenar muy bien el seno, para ello la succión del bebé es el remedio más eficaz que existe.
  • Amamantar con la mayor frecuencia posible (preferentemente cada dos horas) e iniciar la toma con el seno que presente problemas.
  • Dar suave masaje al seno.
  • Seguir dieta balanceada y beber abundante cantidad de líquidos.

Cabe destacar que esta leche no le hace daño al bebé, si acaso éste percibirá pequeña modificación en el sabor, pero ello no es motivo para suspender la lactancia. Esto sólo podría ocurrir si la madre segrega pus por los pezones.

Si no hay mejoría al transcurrir entre 24 y 48 horas, el ginecólogo puede prescribir a la paciente analgésicos, antiinflamatorios y antibióticos compatibles con la lactancia.

Recuerde que la mejor manera de prevenir la mastitis es amamantando al bebé con frecuencia desde que nace, pues de esta manera los senos se vaciarán y llenarán regularmente, con lo que se evitará la acumulación de leche con la consecuente obstrucción de los conductos mamarios.

SyM - Karla Galván

 

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