Embarazo anembrionario, causa de aborto espontáneo
María Elena Moura
Cuando el ultrasonido revela que un embarazo es “sin embrión” hay tristeza en la mujer y su pareja debido a que su ilusión se ve frustrada; empero, este hecho ocurre cuando la integridad del pequeño estaba en peligro y de ninguna forma significa que no se podrá tener otro hijo.
A través de cualquier enfoque resulta fascinante descubrir que algo tan preciso y complejo como el cuerpo humano se desarrolla a partir de la unión de un par de células (los gametos sexuales, óvulo y espermatozoide), y no es menos asombroso pensar en la gran cantidad de procesos especializados que tienen lugar en el interior del vientre materno a la par de que surge la vida.
Este hecho, junto a la enorme carga emotiva que le acompaña, explica el entusiasmo que se genera en la pareja y sus seres queridos cuando saben que un nuevo integrante se encuentra en camino. Sin embargo, y a pesar de todos los buenos deseos, la posibilidad de que se presente una falla durante este proceso siempre cabe, de modo que problemas en la integridad de la información genética, imperfecciones durante la fusión celular o alojamiento del embrión (producto de la unión entre óvulo y espermatozoide) en una región del útero inadecuada pueden ocasionar aborto por causas naturales.
En particular, hay ocasiones en que el proceso de gestación se lleva a cabo de manera normal, de modo que la placenta (encargada de la nutrición) y la bolsa gestacional o saco corial (que rodearía al niño para protegerlo) se forman adecuadamente, pero el estudio efectuado por ultrasonido (sistema que permite obtener imágenes del interior del útero o matriz) revela que no existe embrión.
Este hecho, conocido como aborto retenido o embarazo anembrionario (o anembriónico, es decir, en el que no hay embrión) es un procedimiento natural que tiene como objetivo procurar el nacimiento de hijos sanos y aptos para la vida en vez de permitir el desarrollo de pequeños con impedimentos físicos o dificultades neuronales; por tanto, no debe considerarse un capricho del destino, irresponsabilidad del ginecobstetra o incapacidad de alguno de los padres.
¿Cómo ocurre?
Los especialistas coinciden en que el origen del embarazo anembrionario es idéntico al de uno normal, de modo que al inicio se forman el embrión y el saco que le rodea. Sin embargo, durante las primeras 12 semanas puede registrarse un error que en la gran mayoría de las ocasiones es generado por malformación de los tejidos del óvulo o del espermatozoide, o porque durante la fusión de ambas células y su división se generaron daños considerables en la información genética.
Cuando esto ocurre el embrión muere inevitablemente y sus células son absorbidas por el cuerpo de la madre, dando lugar a una bolsa vacía ("huevo huero" o vacío) que crecerá por algunas semanas más y que, debido a que produce hormonas que impiden el desalojo de la placenta y el ciclo menstrual, da la impresión de que la gestación continúa su curso normal y presenta resultado positivo en las pruebas de embarazo.
Se estima que 85% de los abortos espontáneos ocurren por esta causa (el 15% restante se genera durante las semanas 13 a 20 de embarazo, siendo en la mayoría de los casos por problemas en el útero o matriz o del alojamiento del embrión) y puede suceder una sola vez en la vida de la mujer tanto antes como después de un embarazo y parto exitosos.
Detección
Por lo general la mujer no siente ningún síntoma hasta que comienza a sentir dolor en el vientre similar a calambre o inicia un sangrado vaginal de color café oscuro; en el momento en que acude al especialista es evaluada y se detecta que no hay latido cardiaco fetal. Posteriormente, la prueba de ultrasonido revela la presencia de un saco sin embrión.
También es habitual que las molestias, producidas por contracciones en el útero, sean persistentes y aumenten su intensidad hasta que generan la expulsión de parte o la totalidad del contenido del útero (líquido amniótico, bolsa gestacional y placenta). Cuando el desalojo es completo no se necesita tratamiento alguno, pero en caso de aborto incompleto debe realizarse una dilatación y succión para vaciar la matriz.
Si la detección se realiza antes de que el cuerpo de la madre absorba por completo al embrión, los restos se someten a estudio genético para determinar cuál fue el defecto que ocasionó su muerte, además de que cada caso tiene que ser estudiado tomando en cuenta la edad de la madre (adolescentes o mujeres mayores de 40 años tienen más riesgo de abortos) y la historia clínica de la pareja y su familia.
Asimismo, debe contemplarse la influencia de factores como tóxicos ambientales, sobre todo en parejas en donde alguno de los dos está en contacto con químicos de algún tipo, así como la alimentación de los padres, ya que una dieta pobre y sin variedad de nutrientes puede ser causante de daño en óvulos o espermatozoides y, por ende, repercutiría directamente en la posibilidad de embarazo anembrionario.
Finalmente, cabe subrayar que la gran mayoría de las mujeres logra embarazarse posteriormente sin problemas y que la realización de estudios especializados en fertilidad se reservan a casos en donde hayan tres episodios similares consecutivos (aborto de repetición).
Enfrentar la pérdida
El inicio de un embarazo siempre se asocia a sentimientos muy fuertes, como la alegría de saber que una nueva vida se está formando o la preocupación de ambos miembros de la pareja por influir positivamente para que todo marche según lo esperado. Este último factor revela que hombre y mujer están acostumbrados a tener el control de toda situación en su vida, por lo que llega a ser inevitable que alguno, sobre todo ella, piense que si algo sale mal durante la gestación es por su culpa.
Esto es totalmente falso en un embarazo anembrionario, ya que estos casos no pueden ser evitados ni por los mejores cuidados ni por el mejor médico del mundo; tampoco es culpa de la pareja, sino que es producto de un proceso completamente natural que tiene por objeto lograr el nacimiento de seres humanos capacitados para enfrentar al mundo y sus retos.
A pesar de que una pérdida siempre se asocia a una reacción de duelo y depresión es importante comprender las causas del embarazo anembriónico para evitar que el dolor se convierta en rechazo o ira hacia el médico o entre la pareja. Así, lo mejor que se puede hacer es manejar la angustia, darse la oportunidad de asimilar la situación y enfocarse en que el aborto retenido no significa infertilidad.
Particularmente, las mujeres que han pasado por este trance enfrentan la idea de concebir hijos con temor, pero luego de un tiempo mejora su situación gracias a la confianza y ayuda de su pareja, del médico y ocasionalmente de un psicólogo. Así, reemprenden medidas que favorezcan una gestación sana (alimentación variada, rica en frutas y verduras; práctica de ejercicio, erradicación de hábitos como fumar y beber alcohol) lográndola en un promedio cercano al 90% de los casos, en cuanto el ginecólogo o ginecobstera lo autorice.
SyM
Última actualización: 05-2013
















