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Embarazo no deseado en adolescentes, sinónimo de crisis

Martes 21 de enero del 2014, 10:37 am, última actualización.

La llegada de la cigüeña puede arruinar tu proyecto de vida y además, si eres mujer, significaría riesgos para tu salud y la del bebé. Mejor no te compliques: ejerce tu sexualidad en forma responsable e informada, y habla con tu pareja. ¡Y no es sermón!

Embarazo, Embarazo en adolescentes

Hablar de bebés puede parecerte aburrido, lejano o quizás hasta te disguste oír frases como: “cuando tengas a tus hijos lo sabrás...”. Bueno, y tal vez lo más cerca que has estado de un pequeñín fue cuando nació algún primito, al cual trataste de cargar y te pareció simpático hasta que te pidieron ayuda para cambiarle el pañal. Bien, pues ahora imagínate que te enteras de que vas a ser mamá o papá.

Tu reacción podría ser tristeza, incredulidad, enojo o lo que quieras, menos indiferencia. Y con justificada razón, porque tu vida daría un giro impresionante: tal vez tendrías que dejar la escuela y no terminarás tu carrera; ya no podrás convivir igual con los amigos y tampoco tendrás  noches de "antro"; a lo mejor te tocará empezar a trabajar, cambiará tu estado civil, vivirás una temporada con tus suegros y en la próxima fiesta a la que vayas no habrá cervezas, sino gelatinas de Barney.

Dejando el humor negro, queremos decirtre que el embarazo no deseado en la adolescencia se considera un problema social y de salud, debido a las características y consecuencias que le acompañan.

¡No es exageración! Por eso recogimos la opinión de especialistas de distintas organizaciones que promueven la salud sexual y reproductiva, mismas que, a iniciativa del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam), han unido sus esfuerzos para conmemorar el Día Nacional de la Prevención del Embarazo No Planificado cada 26 de septiembre.

Hormona vs neurona, una batalla feroz

Uno de los organismos que han participado activamente en estas jornadas es el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (Cnegysr), de la Secretaría de Salud, y una de sus expertas, la Dra. Alba Moguel Ancheita, nos comenta que “la maternidad es un rol de la edad adulta, por lo que, cuando ocurre en una etapa en que la mujer no puede desempeñarlo adecuadamente, el proceso se perturba en diferente grado”.

Claro, la Dra. Moguel no habla sólo porque sí y nos explica que, desde el punto de vista médico, “el embarazo no siempre es una buena noticia, ya que hay riesgos notables cuando ocurre durante la adolescencia”.

Con cifras en mano, dice que es más probable que las madres menores de 19 años padezcan aborto espontáneo o parto prematuro, anemia (falta de hierro que ocasiona baja producción de hemoglobina y mala oxigenación de la sangre), infecciones urinarias, hemorragias, incremento de la presión arterial durante el alumbramiento (preeclampsia, que puede cobrar la vida de madre y bebé) y dificultades en el parto que pueden obligar a cesárea. Todo ello porque el organismo es muy joven y no está preparado para la gestación.

Pero no sólo eso. La especialista añade que también los hijos de madres adolescentes sufren: tienen menos peso, ingresan con mayor frecuencia a recibir atención médica por emergencias, es más posible que padezcan  malformaciones e incluso su mortalidad es mayor.

Cada minuto nacen cuatro niños mexicanos “y uno de ellos es de una madre adolescente, para quien el embarazo es generalmente una crisis que se junta con los cambios físicos y psicosociales propios de su edad, por lo que suelen incrementarse sus conflictos. Además, su reincorporación a la sociedad luego del embarazo y parto son difíciles, por lo que es conveniente adecuar las acciones preventivas y de promoción de la salud sexual y reproductiva”.

Las inquietudes de la Mtra. Priscila Vera Hernández, Directora del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ), son similares. Ella nos platica que “las adolescentes embarazadas abandonan la escuela con mayor frecuencia que el resto de la población juvenil, tienen más probabilidad de ser madres solteras, suelen tener mayor número de hijos al final de su vida reproductiva y sus oportunidades de alcanzar un trabajo bien  remunerado son menores”.

Con ayuda de la Encuesta Nacional de Juventud 2005, menciona que los jóvenes mexicanos iniciamos nuestra vida sexual entre los 15 y 19 años de edad, y que “92.5% conoce un método anticonceptivo, siendo los más frecuentes el preservativo (90%) y las pastillas (72%)”.

Pero del dicho al hecho hay buen trecho, y sólo 60% de los jóvenes de esa edad emplean algún método anticonceptivo (y muchos de ellos no siempre...). Al preguntar sobre las razones para no usar protección, afirma la Mtra. Vera Hernández, encontramos a quienes prefieren abstenerse de tener relaciones, pero otros tantos aseguran que “no les gusta usar anticonceptivos” (14.8%), no están de acuerdo con estos métodos (1.6%), su pareja se opone (5.6%) o, de plano, ambos no están de acuerdo (para sorprenderse: 15.9%).

El resultado es obvio: 5.5% de los hombres menores de 20 años aseguran haber embarazado a una mujer, y 7.7% de su contraparte femenina aceptan haber estado embarazadas alguna vez. “Es innegable la necesidad de un cambio como sociedad para modificar este fenómeno, lo que implicaría proporcionar mayor acceso a métodos anticonceptivos, fomentar la comunicación y planificación familiar, y hacer conciencia sobre la sexualidad”.

Equidad y educación

María del Rocío García Gaytán, presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), es una persona preocupada y enterada del tema. Ella nos explica que “la primera vez” de nosotros los mexicanos sucede a edad cada vez más temprana, y “de ahí la importancia de que la familia, escuela, medios informativos y sociedad en general diseñemos sistemas de información ágil, sencilla y confiable que permitan a los jóvenes tomar decisiones y hacerse responsables de sus actos”.

Sin embargo, y con mucha razón, explica que las labores de educación y difusión no sólo deben hablar de salud sexual, sino que también es urgente que ayuden a lograr equidad de género.

La madre adolescente, dice, “enfrenta complicaciones en el embarazo y parto, abandona la escuela para trabajar y enfrenta marginación, pero también sufre violencia en el noviazgo. Gracias a una investigación que hicimos con ayuda del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México, encontramos que 31% de las estudiantes de una escuela privada sufren una o varias formas de violencia, y que la violencia física y psicológica se vinculan estrechamente al riesgo de embarazo no deseado”.

Así, la propuesta de Rocío García va más allá de la promoción de los derechos sexuales de los jóvenes y consiste en “fomentar una cultura de equidad de género, basada en el respeto y la promoción de valores, la cual involucre a los hombres para que, a través de la práctica de una masculinidad distinta sean capaces de compartir responsabilidades en  salud reproductiva” (ni modo, nos tocó “jalón de orejas”).

Otro punto de vista interesante es el del Dr. Vicente Díaz Sánchez, director general de la Fundación Mexicana para la Planeación Familiar (Mexfam), quien nos menciona que “las evidencias en todo el mundo sugieren que el número de mujeres que usan anticonceptivos modernos es mucho menor que el de aquellas que quieren retrasar o espaciar sus embarazos. Las razones son complejas y van desde arraigadas actitudes sociales y culturales, hasta circunstancias económicas e incapacidad de negociar el uso de anticonceptivos en sus relaciones”.

Como ejemplo toma el caso de nuestro país. Según la Encuesta Nacional de Salud Reproductiva (Ensar 2003), sólo 20% de las mexicanas sexualmente activas, nacidas entre 1979 y 1983, usaron un método anticonceptivo en su primera relación. Del total de aquellas que no emplearon protección, sólo 36% dijo que deseaba embarazarse y ello deja un escalofriante (agárrense) 64% de mujeres expuestas a embarazo desde el inicio de su vida sexual. ¡Una enormidad!

Lo triste es que, a pesar de que el acceso a los servicios de planificación es un derecho de todos, según quedó apalabrado durante la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD), realizada en 1994 en El Cairo, Egipto, en realidad no es así

Según se dijo en esa ocasión, para el 2015 todos deberíamos contar con  acceso a servicios de planificación y salud sexual, pero en vez de tener algún avance, hasta parece que hemos caminado como cangrejos (para atrás). ¿Las razones? “Que existe el mayor número de jóvenes en edad reproductiva en la historia de la humanidad, que ha aumentado la demanda de anticonceptivos, que no hay suficientes recursos económicos y que no tenemos la capacidad para asegurar el abasto”.

Claro está, el Dr. Vicente Díaz motiva a que se cambie el curso de los hechos y que “los gobiernos garanticen el derecho individual a decidir el número y espaciamiento de los embarazos, ya que así avanzaremos en el desarrollo social y en la dignidad humana”.

Nueva mentalidad

La Dra. Rafaela Schiavon, representante de la organización no gubernamental IPAS México, hace bien en describir que los datos arrojados por los estudios en cuanto a madres adolescentes son contradictorios, incluso extraños, pero muestran que algo está fallando.

El caso es que “aunque la tasa de fecundidad global en México ha bajado y que los nacimientos en menores de 20 años disminuyeron de  1990 (18%) a 1997 (16.3%), la cifra volvió a crecer y en 2005 el índice fue 17.5%. Enfrentar la dura realidad es impactante y frustrante para quienes hemos trabajado por años en esto: el embarazo en jóvenes de México y América Latina no se ha reducido, sino que ha aumentado”.

Los números sobre el uso de anticonceptivos también son peculiares, pues mientras 45% de las mujeres de 15 a 19 años utilizaban algún método de proteción en 1997, para 2006 la cifra cayó al 39%.

¿Falta de responsabilidad? Quizá no, porque mientras 26.7% de las chicas hubieran deseado emplear algún método anticonceptivo en sus relaciones en 1997, la cifra aumentó dramáticamente 36% en 2006, lo que se traduce en que 1 de cada 3 mujeres adolescentes que vive en pareja y no desea embarazarse, tiene relaciones sin protección.

En otras palabras, parece que están fallando la disponibilidad de métodos y el acuerdo entre hombre y mujer para protegerse.

Un dato interesante que refuerza lo anterior es el que nos señala que la venta de anticonceptivos de emergencia en farmacias se ha disparado: en 2004 se adquirieron aproximadamente medio millón de píldoras de emergencia, en 2005 1 millón 600,000, y en 2006, 2 millones 700,000. “Esto puede reflejar la necesidad no satisfecha de emplear métodos de planeación, pero también es un último recurso de prevención”.

Sobre el polémico tema de decidir entre abortar o tener al bebé, la Dra. Rafaela Schiavon opina que “hacen falta muchos estudios en México para saber qué pasa en el mediano y largo plazos con las adolescentes embarazadas, pero una investigación muy reciente en Nueva Zelanda, en que se comparó por más de 10 años el caso de jóvenes embarazadas que decidieron interrumpir su embarazo y otras que lo llevaron a término, nos muestra que las mujeres del primer grupo cuentan con mejor nivel educativo y laboral, conductas de pareja más sanas y menos violencia intrafamiliar”.

Que conste que lo anterior no significa que el aborto sea la solución a este problema, porque implica riesgos. Por eso, Arie Hoekman, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) para México, Cuba y República Dominicana, nos indica que, si no le fallan los cálculos, “cada año ocurren alrededor de 5 millones de abortos en mujeres adolescentes en todo el mundo”.

En el caso de Argentina y Chile, “se comprobó que una tercera parte de las defunciones asociadas a la maternidad registradas en mujeres de 15 a 19 años se debían a la realización de abortos en condiciones de riesgo, por lo que esto representa un reto adicional”.

Luego de mencionar que no todos los embarazos en la adolescencia son no planificados, pues en algunas comunidades rurales es parte normal del ciclo de vida, nos recuerda que la falta de protección al tener relaciones sexuales, y ante todo no usar condón, aumenta la vulnerabilidad a contraer distintas enfermedades.

Así, finaliza, incrementar el apoyo a programas de salud sexual y reproductiva en adolescentes “no sólo favorecería al desarrollo y nivel de salud personal, sino que también permitiría a los gobiernos ahorros de miles de millones de dólares en productividad perdida y gastos públicos derivados del abandono escolar, embarazo no deseado, delincuencia y combate a epidemias como la del VIH/sida. El beneficio no sólo sería para la generación actual, sino para varias más”.

SyM - Alex Bravo y Toño Medina

 

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