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Papá en el parto, de gran ayuda

Papá en el parto, de gran ayuda


Fernando González G.

Convertirse en padre es una experiencia extraordinaria que no puede relatarse objetivamente. Si te encuentras en espera del nacimiento de tu hijo considera la posibilidad de asistir al parto, ya que la emoción en torno a dicho acto es única e irrepetible.

Es común que la noticia de la llegada de un hijo, sobre todo si es el primogénito, produzca múltiples emociones en la pareja, se haya o no planeado el embarazo. A ese primer momento de sorpresa y felicidad sobrevendrá después la preocupación por la responsabilidad adquirida, así como diferentes etapas de estrés durante la gestación y atención esmerada en la salud de la mujer.

Es un largo periodo en donde, en ocasiones, el padre se siente un tanto extraño, pues llega a pensar que su lugar será ocupado por el pequeño, que su libertad terminará y que su relación de pareja podría estropearse. Sin embargo, con el paso del tiempo su personalidad tenderá a transformarse, empezará a pensar como padre y sabrá que es necesario apoyar a su pareja en todo lo que pueda.

El parto empieza nueve meses antes
Antiguamente, el hombre se sentía padre hasta que podía cargar al recién nacido, pero en la actualidad se involucra desde el momento en que se le comunica la noticia del embarazo, o bien, cuando observa cómo late el corazón de su hijo a través del ultrasonido.

Por ello, es recomendable que los futuros padres tomen en cuenta las siguientes sugerencias:

  • Ayudar a la pareja en los trabajos domésticos, evitar que realice actividades peligrosas y acudir con ella a las consultas ginecológicas.
  • Apoyar y consentir a la futura mamá, pues el embarazo es un período lleno de emociones, no todas positivas. Por ejemplo, en los momentos de cansancio o soledad, puede tener negros pensamientos, como miedo a que el bebé no nazca sano, o bien, no sentirse capaz de soportar el dolor del parto, y no falta quien teme no llegar a tiempo al hospital.
  • No minimizar o tomar a broma a la mujer embarazada, porque de esta manera hará que se sienta ridícula y posiblemente se incremente su estado de angustia.
  • Escuchar sus temores, ayudarla a relajarse e infundirle confianza y optimismo.
  • El hombre debe asegurarle que estará cerca de ella en todo momento.
  • El futuro padre no está exento de sentir miedo ante posibles complicaciones, pero se recomienda que se sobreponga a dicha situación para no añadir más preocupaciones a las de su pareja.
  • Para disminuir ansias y temores, se aconseja a las parejas leer juntos libros y revistas especializados que puedan dar respuesta a sus dudas.

Momento de la verdad
Si bien es cierto que muchos hombres acuden al nacimiento de su hijo llenos de emoción y nerviosismo, regularmente se limitan a observar el trabajo de parto o grabarlo mediante cámara de video, lo que no significa que no apoyen a su mujer o que sean indiferentes a las sensaciones de la madre.

Sin embargo, una manera de vivir esta experiencia en forma integral es mediante un curso psicoprofiláctico, el cual ayuda a la pareja a estar consciente de este proceso y a superar el temor que se genera por la ignorancia que se tiene al respecto.
Este método proporciona, en primer lugar, conocimientos teóricos elementales sobre anatomía y fisiología del embarazo y parto. En las sesiones se describen los órganos sexuales, se explica el curso del ciclo menstrual, fecundación y desarrollo del nuevo ser. Posteriormente, se aprende la forma en que se vive un parto y los síntomas que lo anuncian, como contracciones, dilatación y expulsión; asimismo, se dedica un espacio a temas de nutrición y vida diaria durante la gestación.
El conocimiento adquirido le enseña a la mujer a confiar en las habilidades de su cuerpo para entender y participar activamente en el trabajo de parto, pues sabrá con precisión lo que va a pasar y lo que va a sentir. Además, aprenderá a dominar las técnicas para manejar el dolor, hecho que le brindará la tranquilidad necesaria para disfrutar al máximo su incipiente maternidad.

La tarea del copiloto
Evidentemente, el hombre no puede tener las mismas sensaciones, pero su labor será importantísima en el momento en que empiecen las contracciones, pues calmará el nerviosismo de su pareja, le recordará la manera correcta de respirar y, una vez en el hospital o clínica, será el mejor supervisor de los ejercicios que se requieren para promover mayor dilatación en la vagina.

Cuando la mujer haya concluido con este proceso será trasladada a la llamada Sala de Expulsión, donde se llevará a cabo el alumbramiento. Entonces, el médico obstetra guiará a la mujer y le solicitará que repita lo que muchas veces hizo en su entrenamiento maternal, para lo cual contará con la ayuda del padre, quien deberá controlar la emoción y alegría del momento para, cariñosamente, reforzar las indicaciones médicas.

Después de todo este procedimiento no tardará mucho en visualizarse en el canal de parto la cabeza del bebé, quien estará a punto de dar su primera bocanada de aire y se enfrentará a un ambiente completamente diferente al que ha conocido durante nueve meses.

Una vez que el médico haya recibido al bebé y lo asista para eliminar las secreciones contenidas en boca y nariz, el escenario estará listo para que el padre corte el cordón umbilical, momento conmovedor con el que culmina su participación en el parto. Inmediatamente después, el pediatra se encargará de limpiar y certificar la salud del recién nacido, proceso que en situaciones normales no debe tardar más de 15 minutos.

Este es, para muchos, el momento cumbre en la relación amorosa de cualquier pareja, pero visto desde una óptica individualista se puede afirmar que ser testigo del nacimiento de un hijo es un acontecimiento único e irrepetible que no se puede comparar con nada en el mundo.

Atención posparto
Es fundamental que los cuidados que se tuvieron durante la gestación se prolonguen después del nacimiento del bebé, pues es muy común que la mujer viva una crisis depresiva cuyos síntomas más frecuentes son sensación de irrealidad, insomnio, llanto y ansiedad, así como pérdida de memoria y control sobre las cosas que ocurren en su entorno; también es común que haya baja autoestima, indiferencia ante el bebé, apetito excesivo o pérdida del mismo, falta de concentración e inclusive aversión u oposición hacia la pareja.

Las causas de este estado de ánimo son muy diversas, pero sirvan de referencia las que presentamos a continuación:

  • Una vez que nace el bebé, la atención que gozaba la mamá durante el embarazo se centra ahora en el pequeño. Este cambio puede afectar a muchas mujeres, sobre todo en este momento en que se encuentran especialmente sensibles.
  • Otra circunstancia que puede afectar al regreso a casa es la responsabilidad que implica la maternidad, agregada a las que ya ha asumido en su vida personal.
  • Es posible que luego de la enorme expectativa ante el nacimiento del bebé sobrevenga un vacío, dado que la realidad de los pañales, el llanto nocturno y los demás eventos que conlleva la maternidad no resultan tan atractivos como parecían en la imaginación.
  • Agregado a lo anterior, la mamá puede deprimirse debido a su nuevo aspecto, ya que es frecuente que la figura se deteriore y no sea fácil recuperarla.

El nuevo padre debe darse cuenta que su pareja se siente nerviosa porque está aprendiendo a ser mamá, y que durante los primeros días es normal que su atención se centre en el pequeño, por lo cual no debe sentirse relegado. Lejos de asumir una actitud de repudio, el varón debe esperar pacientemente a que las aguas tomen su nivel normal.

Poco a poco, la madre compartirá sus temores y entenderá que su papel como pareja no se ha cancelado, al contrario, paulatinamente, además de involucrar al hombre en los cuidados del bebé, se dará tiempo para retomar su vida amorosa.

SyM
Última actualización: 04-2013

 

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