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Sufrimiento fetal

Martes 21 de enero del 2014, 10:15 am, última actualización.

El embarazo es uno de los acontecimientos más importantes en la vida de pareja, ya que representa el arribo de un nuevo ser al que se espera con amor y al que se deberá dedicar mucho tiempo y atención. Sin embargo, los cuidados deben empezar desde los primeros días de la gestación, pues aún dentro del vientre, el bebé se encuentra expuesto a situaciones y accidentes que podrían ocasionar estrés y dolor, entorpecer su desarrollo, complicar el trabajo de parto e, incluso, generar su muerte.

Sufrimiento fetal

Al respecto, es probable que los padres hayan escuchado sobre el sufrimiento fetal, condición que por lo general se presenta cuando disminuye la cantidad de oxígeno y nutrientes que recibe el bebé. saludymedicinas.com.mx tuvo la oportunidad de hablar de este tema con la Dra. María Guadalupe Chávez Martínez, pediatra neonatóloga del hospital Ángeles del Pedregal, en la Ciudad de México, a fin de ahondar sobre los aspectos más importantes de este problema.

En principio, la especialista comenta que bajo el nombre sufrimiento fetal se designa en realidad a “un grupo de padecimientos que ocurren durante el embarazo y desencadenan enfermedades o condiciones desfavorables en el niño recién nacido (neonato). Asimismo, este tipo de problemas se pueden clasificar en agudos, cuando ha tenido una duración menor a 72 horas, y crónico en caso de que supere dicho lapso”.

Afortunadamente, indica, las estadísticas muestran que la incidencia de este problema ha disminuido en las últimas décadas (ahora sólo se presenta en aproximadamente 1% de las gestantes), y ello se debe “a que contamos con avances tecnológicos como el ultrasonido (obtención de imágenes del feto al interior del útero, sean fijas o en movimiento), pruebas de sangre y amniocentesis (análisis de una muestra de líquido amniótico, que es la sustancia que rodea al bebé), las cuales nos ayudan a recibir a los infantes en las mejores condiciones posibles”.

Poco frecuente, pero...

La pediatra neonatóloga asegura que a pesar de todo hay algunos casos en que el riesgo de sufrimiento fetal persiste, pues los factores que lo originan son muy diversos y en ocasiones su control no es sencillo. Los más comunes son:

  • Madre menor a 20 años o mayor a 35.
  • Mujeres embarazadas con estatura menor a 1.50 metros o con peso mayor o menor de acuerdo a su ideal.
  • Desnutrición materna y anemia (deficiencia en los glóbulos rojos de la sangre que dificulta la transportación de oxígeno).
  • Madres que a menos de un año de un alumbramiento vuelven a embarazarse.
  • Mujeres con más de 5 embarazos (multíparas).
  • Útero infantil, es decir, cuando la matriz no alcanza a desarrollarse por completo.
  • Presencia de fibromas o miomas, que son tumores no cancerosos en el aparato reproductor femenino.
  • Madres solteras, sometidas a estrés o angustia.
  • Bajo nivel socioeconómico, ya que las limitaciones financieras impiden llevar un monitoreo y atenciones adecuadas.
  • Embarazo múltiple (de gemelos, trillizos o más).
  • Tener o haber tenido alumbramiento prematuro o posterior a la fecha esperada.
  • Mujeres con enfermedades que influyen en la gestación o que deben controlarse con medicamentos que pueden ser agresivos para el niño, como cardiopatías (enfermedades del corazón), toxemia o preeclampsia (aumento de la presión arterial en la embarazada, con daño en los riñones), epilepsia (cambios en la atención o el comportamiento por actividad eléctrica anormal del cerebro), drogadicción (adicción a sustancias estimulantes que afectan al feto), diabetes (elevación del azúcar en sangre por deficiente aprovechamiento y producción de insulina) o hipertensión (presión arterial elevada).
  • Parto distócico (cuando el bebé nace en casa).
  • Bebé macrosómico (con peso elevado respecto a la edad gestacional) que en vez de nacer por cesárea lo hace por el canal de parto. En tales condiciones el alumbramiento es difícil, el pequeño experimenta estrés y, por ende, es común el sufrimiento fetal agudo.
  • Parto prolongado, pues como en el caso anterior aumenta la tensión del bebé.
  • Embarazos en donde el líquido amniótico es escaso (oligohidramnios) o muy abundante (polihidramnios). Cabe aclarar que en condiciones normales el feto se encarga de hacer circular esta sustancia acuosa, tragándola y orinándola, de modo que un caso de oligohidramnios puede significar que el niño no la desecha, teniendo algún problema renal, en tanto que la polihidramnios puede deberse a que el bebé no digiere por padecimientos en el esófago.
  • Mujeres que han tenido cesáreas repetidas.
  • Problemas con el cordón umbilical durante el trabajo de parto, ya sea porque horas antes del nacimiento se le hace un nudo o porque rodea el cuello del niño.
  • Ruptura prematura de membranas (de la “fuente”), es decir, cuando se destruye la bolsa que contiene al niño en la parte alta del útero, lo cual genera pequeña salida de líquido que puede confundirse con orina y que en ocasiones pasa desapercibida para la madre.
  • Desprendimiento prematuro de placenta, que ocurre cuando el órgano que alimenta al feto se separa del útero antes de que ocurra el alumbramiento. Suele generar sangrado vaginal y dolor en abdomen y espalda.
  • Aspiración o inhalación de meconio y líquido amniótico, lo que ocurre cuando el bebé respira mientras aún está en el útero, lo que puede provocar bloqueo parcial o total de las vías respiratorias e intercambio deficiente de gases en los pulmones.
  • Accidentes, golpes o caídas de la madre.

Con base en su experiencia, la especialista considera que la mayoría de los casos de sufrimiento fetal en México se presentan en niños que nacen de manera prematura, los cuales presentan peso bajo y dificultad respiratoria. En contraparte, y a pesar del alto índice de diabetes e hipertensión en la población, tales enfermedades no suelen ser condicionantes frecuentes porque la gran mayoría de mujeres que las padecen han rebasado la edad reproductiva promedio.

Por otra parte, cabe subrayar que las manifestaciones clínicas más importantes de sufrimiento fetal se obtienen a través de revisiones periódicas en las que se visualiza el estado físico del bebé mediante ultrasonido, se auscultan sus latidos y se realizan análisis de líquido amniótico que sirven para detectan la posible presencia de meconio, sustancia que normalmente se acumula en el intestino del feto y que formará los primeros desechos del bebé una vez que nace, pero cuya presencia antes del nacimiento revela que el niño ha sufrido modificaciones en el ritmo cardiaco y episodios de estrés.

Además de esto es importante que la madre, luego de detectar el movimiento del pequeño (aproximadamente a partir de las 18 semanas de gestación), acuda al especialista en caso de que sienta que la actividad de su hijo disminuye de manera notable.

Consecuencias y prevención

El sufrimiento fetal no siempre es una emergencia médica, pues todo dependerá de la edad del feto y del problema que se presente. En términos generales, la mayoría de los casos crónicos permiten la posibilidad de dar atención especial que prevenga problemas; “por ejemplo, cuando el médico tratante sabe que la madre espera trillizos, debe tomar en cuenta el incremento de peso abdominal y la reducción de espacio a que se someterán los niños para establecer esquemas de maduración convenientes”, los cuales consisten en la programación de cesárea oportuna y cuidado especial de ritmo cardiaco, presión arterial, actividad respiratoria y nutrición de los pequeños en cuanto están fuera del vientre.

En cambio, el desprendimiento de placenta es una urgencia médica que requiere hospitalización inmediata, con el fin de realizar estudios, transfusión sanguínea y, en ocasiones, cesárea para proteger la vida de la madre y del niño. La ruptura de “fuente” también exige intervención y valoración por parte de especialistas, aunque no es un problema tan grave como el anterior.

A pregunta expresa, la Dra. Guadalupe Chávez comenta que el tratamiento para un recién nacido que tuvo sufrimiento fetal dependerá directamente del problema que haya tenido y de los resultados de los exámenes que se realicen, como pruebas de sangre del cordón umbilical para conocer los niveles de oxígeno y acidez, así como “una valoración conocida como clasificación de Apgar, que se realiza durante los primeros minutos después del alumbramiento y que sirve para definir las condiciones en que se recibe al recién nacido; su rango va de 0 a 10, y valora cinco parámetros: frecuencia cardiaca, esfuerzo respiratorio, tono muscular, reflejos y color de la piel. Una calificación de 7 a 10 nos habla de una condición buena, de 4 a 6 es moderada y de 0 a 3 es desfavorable”.

Por otra parte, comenta que uno de los problemas más comunes en niños que padecieron sufrimiento fetal, ligado sobre todo a nacimiento prematuro, es “la enfermedad de la membrana hialina, que significa que no han madurado sus pulmones; en estos casos tenemos que auxiliar al niño en su respiración con métodos artificiales y aplicar dosis específicas de medicamento de acuerdo a su peso y edad, además de que deben efectuarse exámenes sanguíneos, radiografía de tórax y, si hay infección, administrar antibiótico”.

En casos extremos, cuando el sufrimiento fetal no es atendido a tiempo, se puede generar hipoxia (falta de suministro de oxígeno al encéfalo), lo que puede desencadenar incremento de agua en el tejido cerebral (edema), hemorragia y daño neuronal con graves secuelas para el infante, como retraso mental y problemas de coordinación motora (deficiente control de movimientos).

Por ello, la Dra. Chávez Martínez explica que “el mejor recurso para evitar o al menos disminuir este problema es que el embarazo sea planeado, deseado y cuidado por ambos padres. También es muy importante que la madre asista a las citas del médico, siga una dieta adecuada y se apegue a los cuidados que se le indiquen, principalmente cuando sabe que tiene alguno de los factores que predisponen sufrimiento fetal”.

Asimismo, recuerda que las visitas al ginecólogo para control prenatal deben realizarse, en términos generales, una vez al mes durante el primer trimestre de gestación; dos veces al mes en el segundo trimestre, y cada 1 o 2 semanas en los últimos tres meses.

Además, finaliza la pediatra neonatóloga, se requiere que la madre consulte también al medico que trata su problema. “Por ejemplo, si la mujer tiene epilepsia debe someterse a pruebas sanguíneas, supervisadas y revisadas por el neurólogo, para determinar la concentración de los fármacos que consume, en tanto que cuando padece diabetes debe visitar al endocrinólogo para supervisar el azúcar en sangre y la presión sanguínea”.

SyM - Rafael Mejía

 

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