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El examen de Coombs revela riesgos en el embarazo

Viernes 01 de julio del 2016, 11:06 am, última actualización

En aproximadamente 1.5% de los embarazos existe incompatibilidad sanguínea entre madre e hijo, lo cual puede afectar a los glóbulos rojos del feto y poner en riesgo su vida. La prueba de Coombs o de antiglobulina ayuda a detectar el problema e iniciar su tratamiento.

Examen de Coombs, Incompatibilidad sanguínea

Aunque es verdad que la mayoría de los embarazos y alumbramientos ocurren sin pormenores, también es cierto que toda gestación implica riesgos. No por nada, cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revelan que 15% de las mujeres encinta presentan alguna complicación potencialmente mortal, para ellas o su hijo, la cual requiere atención médica calificada a fin de lograr que la gestación llegue a buen término.

Ejemplo de ello son la eritroblastosis fetal y la enfermedad hemolítica, ambas condiciones provocadas por incompatibilidad entre los grupos sanguíneos de la madre e hijo, y en las que el pequeño es quien lleva la peor parte. Suceden por que el sistema de defensas (inmunológico) de la mujer considera a las células sanguíneas del bebé como “extrañas” y, por ese motivo, crea anticuerpos para destruirlas, tal como sucede cuando hay una infección por baterias o virus en el organismo.

Es muy importante saber por qué ocurren estos eventos que pueden desencadenar anemia (abastecimiento insuficiente de oxígeno por daño a los glóbulos rojos, que son los encargados de transportar este elemento hacia las células), lesiones cerebrales y la muerte del pequeño, además de conocer la manera en que pueden detectarse y prevenirse gracias a exámenes sanguíneos como el test de Coombs o prueba de antiglobulina, que explicaremos a continuación.

Naturaleza sanguínea

La mejor comprensión de estos problemas nos obliga a remitirnos a los hallazgos del bacteriólogo y fisiólogo austriaco Karl Landsteiner (1868-1943), quien observó que, en ocasiones, al mezclar la sangre de dos personas se formaban visibles grumos constituidos por glóbulos rojos. Para saber por qué se producía tal fenómeno, analizó el vital fluido de más de 20 voluntarios, algunos de sus colaboradores y la suya propia. En 1901 sus investigaciones le permitieron llegar a la conclusión de que existen tres grupos sanguíneos (A, B y O), y a ellos sumó uno más en 1902 (denominado AB).

Los trabajos de Landsteiner le hicieron merecedor al Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1930, ya que permitieron crear una clasificación de los grupos de sangre con base en la existencia de dos antígenos (sustancias capaces de provocar reacciones alérgicas) en este fluido, que recibieron los nombres A y B. Entonces, cuando una persona tiene uno sólo de ellos, su grupo sanguíneo será del tipo A ó B, según le corresponda; si posee los dos será AB y, si no tiene ninguno, será tipo O.

Más importante aún, para entender a la incompatibilidad sanguínea entre madre e hijo fue el hecho de que este mismo científico descubrió, hacia 1940, otro antígeno en los glóbulos rojos al que bautizó como factor Rh (rhesus); si éste incluye una molécula denominada Rh0 (D) indica que la sangre es Rh-positivo y si no la tiene, el vital líquido es Rh-negativo.

Así, cuando la mujer tiene factor Rh-negativo (sin importar si su sangre pertenece a los grupos A, B, AB u O) y su pareja posee Rh-positivo, procrearán un hijo con el mismo factor Rh del padre, lo que ocasionará que la progenitora desarrolle anticuerpos específicos anti-Rh debido a que su sangre no contiene los antígenos que el bebé heredó del padre.

Lo anterior se debe a que parte de la sangre del bebé puede entrar en contacto con la de la madre a través de la placenta, sobre todo en los últimos días del embarazo y durante el parto (ocasionalmente puede suceder con una caída o durante un examen prenatal invasivo, como la toma de una muestra de líquido amniótico o amniocentesis); si esto sucede, el organismo femenino produce anticuerpos que ingresan al torrente sanguíneo del feto, en donde se adhieren a los glóbulos rojos Rh-positivo para generar su destrucción. En caso de que este proceso se detecte durante el embarazo, recibe el nombre eritroblastosis fetal; en cambio, si el diagnóstico sucede en un neonato, hablamos de enfermedad hemolítica.

Cabe señalar que un problema de incompatibilidad también puede suceder por diferencias en los tipos de sangre, aunque son casos aislados: cuando el grupo sanguíneo de la madre es O y el bebé A ó B; cuando el de ella es A y el del niño B, y si el de la progenitora es B y el del pequeño A.

Es raro que la incompatibilidad sanguínea ocurra durante el primer embarazo, ya que el sistema de defensas de la madre debe reconocer primero el factor Rh-positivo (sensibilizarse), y es por tal motivo que los bebés que padecen eritroblastosis fetal o enfermedad hemolítica son generalmente productos de un segundo embarazo o posteriores.

Examen vital

Una vez que la mujer se sabe embarazada es oportuno realizar exámenes de sangre para determinar cuál es su grupo sanguíneo (A, B, AB, O) y factor Rh; en la medida de lo posible se debe efectuar idéntica prueba con el padre. Si se descubre que ella cuenta con factor Rh-negativo y, más aún, si además de esto el hombre posee Rh-positivo, será necesario efectuar una prueba de mayor precisión como el test de antiglobulina o examen de Coombs directo.

Dicha prueba no requiere preparación previa y para su realización se necesita una toma de sangre que se extrae de una vena, por lo general de la parte interior del codo o del dorso de la mano. El sitio de la punción se limpia con antiscéptico, se introduce una aguja estéril y se recoge el fluido en un frasco hermético. Todo este material se usa una sola vez, y el procedimiento requiere que el paciente invierta de 5 a 10 minutos.

La muestra se envía a un laboratorio para detectar anticuerpos que ataquen a los glóbulos rojos en la circulación. A través de la observación en el microscopio, se determina si existen conglomerados de glóbulos rojos o si algunos de éstos lucen anormales o destruidos; lo habitual es que no exista aglutinación. Así, en la embarazada con sangre Rh-negativa, un resultado positivo alto significa que el feto puede padecer eritroblastosis fetal.

La prueba de Coombs también se realiza para rectificar otros exámenes que sugieren la presencia de incompatibilidad sanguínea:

  • Cuando se realiza amniocentesis y se revela que el líquido amniótico tiene coloración amarillenta y/o altos niveles de bilirrubina.
  • En caso de que un ultrasonido o ecografía (imagen obtenida mediante sistema de ondas de sonido) del feto muestra crecimiento en el tamaño del hígado (hepatomegalia), bazo (esplenomegalia) y/o corazón (cardiomegalia), además de acumulación de líquido en el abdomen.

Por su parte, es recomendable que el test de antiglobulina se efectúe en el hijo recién nacido de una mujer con sangre Rh-negativo, aún cuando las pruebas realizadas durante la gestación hayan demostrado que no se generaron anticuerpos contra los glóbulos del bebé pero, ante todo, en caso de que un neonato presente síntomas de enfermedad hemolítica:

  • Palidez debida a anemia.
  • Ictericia o coloración amarillenta del líquido amniótico, cordón umbilical, piel y ojos, ya sea luego del alumbramiento o durante las siguientes 24 a 36 horas.
  • Inflamación del hígado y bazo (órgano que participa en la producción y el mantenimiento de glóbulos).
  • Hinchazón de todo el cuerpo.
  • Problemas para respirar.

Para tal efecto, uno de los dedos del niño se limpia con antiscéptico y luego se punza en la yema con una aguja o lanceta, a fin de recoger una muestra de su sangre con una pipeta (tubo de vidrio pequeño), lámina de vidrio, tira de exámen u otro recipiente. La toma se envía al laboratorio para continuar con el proceso descrito con anterioridad.

Más allá de su utilidad en problemas de la gestación y el alumbramiento, el examen de Coombs se emplea en la detección de:

  • Anemia. La destrucción de glóbulos rojos puede ser ocasionada por el mismo sistema de defensas del individuo (anemia hemolítica autoinmune) o al seguir algún tratamiento farmacológico (hemolítica inducida por medicamentos).
  • Mononucleosis infecciosa o “enfermedad del beso”. Infección viral que causa fiebre, dolor de garganta e inflamación de los ganglios del cuello; se puede originar por intercambio de saliva.
  • Infección por micoplasma. Genera inflamación de las articulaciones, infección en huesos y acumulación de pus en diversos lugares del cuerpo (edema).
  • SífilisInfección que suele transmitirse por vía sexual y que es causada por la bacteria Treponema pallidum .
  • Leucemia o cáncer de los glóbulos blancos (linfocitos). Se caracteriza por aumento de estas células en la sangre y en la médula ósea.
  • Lupus eritematoso sistémico. Las defensas se vuelven contra el propio organismo, generando daño en distintos órganos y tejidos.
  • Reacción adversa a transfusión. Ocasionada por unidades de sangre no compatible.

Asimismo, existe una prueba similar, el examen de Coombs indirecto, cuyo uso esencial es en laboratorios y bancos de sangre para conocer la posibilidad de que una persona sufra reacción adversa a la sangre que va a ser utilizada para una transfusión. Raras veces se emplea para diagnosticar una enfermedad.

¿Qué hacer cuando hay incompatibilidad?

Hemos dicho que la eritroblastosis fetal sin tratamiento puede generar anemia, pero hay que subrayar que cuando ésta es grave puede afectar al hígado, bazo y médula ósea del bebé; paralelamentene el corazón del pequeño comienza a fallar y grandes cantidades de líquido se acumulan en los tejidos y órganos (hidropesía). En tales condiciones, el riesgo de muerte intrauterina y aborto es grande.

Por su parte, la enfermedad hemolítica del neonato produce crecimiento del hígado y anemia persistente, eventos que influyen directamente en el desarrollo del niño. En casos muy graves, el infante es incapaz de controlar la gran cantidad de bilirrubina que se produce por la destrucción de los glóbulos rojos, por lo que padece una enfermedad llamada kernícterus, capaz de provocar convulsiones, daño al cerebro, sordera y hasta la muerte.

Es por ello que cuando la prueba de Coombs directa muestre la presencia de incompatibilidad sanguínea entre madre e hijo, se deben realizar, a la brevedad, las medidas de tratamiento correspondientes.

En caso de eritroblastosis fetal, son las siguientes:

  • Transfusión intrauterina de glóbulos rojos en la circulación del bebé. Este procedimiento se lleva a cabo colocando una aguja a través del útero de la madre y en la cavidad abdominal del feto, o directamente en la vena del cordón umbilical. Puede ser necesario administrar un medicamento sedante para evitar que el bebé se mueva.
  • Parto prematuro. Si el feto continúa desarrollando complicaciones, pero tiene los pulmones maduros, es posible inducir el trabajo de parto y alumbramiento para prevenir dificultades lamentables.

Para la enfermedad hemolítica neonatal, el abordaje puede incluir:

  • Transfusiones de sangre, en caso de anemia grave.
  • Administración de líquidos por vía intravenosa, en caso de que la presión sanguínea baje.
  • Ayuda para el sufrimiento respiratorio por medio de oxígeno o un respirador mecánico.
  • Realización de exsanguíneo transfusión, para reemplazar las células sanguíneas dañadas del bebé por otras sanas. Esta técnica también reduce los niveles de bilirrubina, y se lleva a cabo suministrando y extrayendo sangre en pequeñas cantidades de manera alternada a través de una vena o arteria.

Finalmente, nos resta decir que, por fortuna, la incompatibilidad sanguínea entre madre e hijo es prevenible. Debido a los avances en el cuidado médico prenatal, en casi todas las mujeres se identifica su tipo de sangre durante los primeros meses del embarazo.

Si la futura madre posee el factor Rh-negativo y no está sensibilizada (por lo general en su primer embarazo), se le administrará globulina hiperinmune Rh (RhIg), medicamento derivado de la sangre especialmente desarrollado para prevenir que los anticuerpos reaccionen contra células Rh-positivas del feto. Muchas mujeres reciben una nueva dosis de esta sustancia aproximadamente a la semana 28 del embarazo, así como dentro de las primeras 72 horas después del alumbramiento.

SyM - Ma. Elena Moura y Gonzalo De Garay

 

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