Alimentos ricos en hierro para evitar anemia - SyM
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Hierro para una salud de acero

Viernes 17 de marzo del 2017, 09:51 am, última actualización.

El hierro es uno de los minerales más importantes para el ser humano, ya que de él depende la adecuada distribución de oxígeno en todo el organismo; por desgracia, algunas costumbres alimenticias actuales le dan poca importancia.

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Hierro para una salud de acero

Sabemos que el hierro interviene en reacciones químicas de todo el organismo y, ante todo, que es un componente de la hemoglobina, proteína que se aloja en los glóbulos rojos de la sangre con la finalidad de transportar oxígeno desde los pulmones a todas las células, de manera que ayuda a proveer de energía a todos los órganos y tejidos del organismo.

Sin embargo, llama la atención que diversos grupos humanos, principalmente mujeres en edad reproductiva y niños, padecen de manera generalizada una deficiencia de hierro que ocasiona daños importantes en lo concerniente al desarrollo físico, funcional y social, hecho que a su vez repercute en limitaciones en el progreso no sólo individual, sino también comunitario.

De acuerdo con diferentes estudios, la falta de hierro es la deficiencia nutricional más común en el mundo, pues afecta a más de 2 mil 100 millones de personas, y se estima que más de la mitad de las mujeres en edad reproductiva, y una cifra muy similar de adolescentes, padecen deficiencia de hierro. Asimismo, se calcula que entre 10 y 30% de las féminas latinoamericanas en edad reproductiva y más del 50% de las embarazadas pueden presentar este problema, además de que 1 de cada 4 personas y 1 de cada 2 niños menores de cuatro años sufren esta condición.

Por ello, es necesario conocer más sobre la importancia de este mineral, las consecuencias que tiene su insuficiencia y, ante todo, cómo podemos consumirlo para evitar estragos en nuestro organismo.

Anemia

La deficiencia de este importante mineral se conoce como anemia por carencia de hierro, y repercute en todo el organismo debido a que la falta de oxígeno se resiente de manera generalizada.

Los grupos de la población con mayor riesgo de padecerla son:

  • Lactantes y niños. Requieren dosis mayores del mineral porque su organismo se encuentra en crecimiento; en ocasiones el suministro en su dieta es insuficiente.
  • Mujeres embarazadas. Su necesidad es mayor, debido a que deben sostener el crecimiento del embrión.
  • Mujeres en edad reproductiva. Necesitan el doble de hierro en su dieta que el hombre, debido a que pierden este mineral a través de la menstruación; también pueden aunarse desórdenes nutricionales debidos a anorexia nerviosa (pérdida de peso por dejar de comer y someterse a intensas rutinas de ejercicio) o bulimia (episodios repetidos de excesivo consumo de alimentos seguidos de vómito o uso de laxantes.
  • Personas de la tercera edad. Habitualmente se presenta por problemas digestivos, como colitis y gastritis, que ocasionan pérdida de sangre. Es común que los ancianos sufran falta de apetito y, consecuentemente, deficiencia de nutrientes.

Mediante consenso médico, se ha establecido la existencia de cinco distintas fases en el desarrollo de la anemia, si bien los síntomas son detectables en etapas avanzadas. En la primera de ellas, la pérdida de hierro es mayor que las cantidades consumidas, de modo que disminuyen las reservas del mineral (principalmente en médula ósea) y los valores de ferritina (proteína que almacena el hierro en la sangre).

En las siguientes dos etapas, la cantidad de glóbulos rojos producida por el organismo disminuye debido a que no se dispone del mineral necesario; la sangre parece normal, pero comienzan a disminuir los valores de hemoglobina y el número de células transportadoras de oxígeno. La anemia está en desarrollo.

La cuarta fase se distingue por el esfuerzo de la médula ósea por tratar de compensar la falta de hierro, acelerando la división celular y produciendo glóbulos rojos muy pequeños (microcitos). En la última etapa, la deficiencia del mineral se intensifica, empeora la anemia y el rendimiento general del organismo disminuye, hecho que se manifiesta con síntomas característicos:

  • Fatiga.
  • Sensación de que falta el aire.
  • Incapacidad para hacer ejercicio o esfuerzos considerables.
  • Dolor de cabeza.
  • Falta de memoria y dificultad para concentrarse.
  • Irritabilidad.
  • Pérdida de apetito.
  • En algunos casos diarrea o estreñimiento.
  • Baja resistencia a infecciones.
  • Palidez alrededor de encías, ojos y uñas.
  • Sensación de frío.
  • Latidos del corazón irregulares.
  • Hemorragias nasales y de encías.
  • Antojo de elementos no alimenticios, como hielo, tierra, almidón o barro.
  • Inflamación de lengua.
  • Heridas en comisuras de la boca.
  • Deformaciones en las uñas.

En particular, estudios que se realizan desde el decenio 1970-1980 han demostrado que la deficiencia de hierro durante lactancia e infancia altera de manera importante el desarrollo de las funciones cognitivas, es decir, aquellas que permiten el aprendizaje, lenguaje y conocimiento del mundo; esta situación se presenta debido a que la falta de oxigenación por disminución de glóbulos rojos impide que cerebro y sistema nervioso funcionen adecuadamente.

Ello, junto con la hipótesis de que los niños anémicos no logran una mejoría total de sus capacidades de aprendizaje y memoria a pesar del tratamiento que normaliza los niveles del mineral en el organismo, se ha establecido que es determinante una buena administración de hierro en el primer año de vida, debido al elevado requerimiento para el crecimiento rápido que se tiene luego del nacimiento.

Pero no sólo eso, ya que recientes investigaciones demuestran los problemas derivados por la falta de hierro en otros períodos de la existencia humana, como la publicada en 1996 por la reconocida publicación británica Lancet, donde se demostró que adolescentes con deficiencia de este mineral, aunque no necesariamente anémicos, presentan alteraciones significativas en su memoria y capacidad de ubicación en un lugar determinado.

Alimentación y terapia

La mejor forma de procurar hierro al organismo es a través de una dieta balanceada que haga énfasis en el consumo de alimentos como hígado, carnes sin grasa, pollo, sardinas, mariscos (camarones, almejas y calamares), yema de huevo, hortalizas de hojas verdes (como brócoli, espinaca y perejil), así como frijoles, alubias, garbanzos, lentejas, dátiles, ciruelas, higos secos, almendras, uvas pasas y cereales enriquecidos.

Se sabe que cuando este mineral proviene de frutos, semillas y plantas es más difícil de asimilar, pero a través de distintos estudios realizados en personas con dieta vegetariana se ha demostrado que el intestino logra excelente absorción de hierro cuando se incluyen alimentos ricos en vitamina C (guayaba, naranja, limón, lima, mandarina, toronja y kiwi) y ácido málico (calabazas, ciruelas y manzanas).

Desafortunadamente, un régimen alimenticio inadecuado sigue siendo la principal causa de anemia, mucho más en nuestros tiempos debido a desórdenes ocasionados por dietas mal planeadas o porque muchas personas suprimen comidas o disminuyen la cantidad de alimentos que ingieren para "no subir de peso"; mención aparte merecen problemas como anorexia y bulimia, que no sólo requieren de ayuda nutricional, sino también psicológica.

El déficit de hierro se detecta a través de evaluación médica y análisis de sangre (el más sensible es la evaluación de ferritina); la interpretación de resultados corresponde siempre al especialista (pediatra, general, ginecólogo o internista, dependiendo del caso), y él mismo determinará el tratamiento a seguir, si bien en adultos y niños pequeños consiste casi siempre en la administración de hierro vía oral o inyectable.

Asimismo, se localizará la causa de la anemia para atender el problema de origen; por ejemplo, si es por sangrado, los médicos necesitan saber qué lo ha provocado; si se trata de dieta inadecuada se aconsejará una con alimentos ricos en hierro, y en caso de niños pequeños se puede recurrir a fórmulas lácteas enriquecidas.

Cualquier refuerzo de hierro durante embarazo y lactancia será supervisado por un médico (nutriólogo o ginecólogo), y sólo él evaluará la necesidad de incorporar multivitamínicos que aseguren una ingesta adecuada tanto para la madre como para su hijo. Cabe mencionar que aunque se sabe que un niño prematuro o con bajo peso al nacer tiene bajas reservas del mineral (pueden durarle dos meses en vez de los seis habituales), éste no le será proporcionado directamente durante los primeros meses, sino a través de su madre.

Asimismo, los lactantes no deben ser alimentados con leche de vaca, té, café y cereales antes de lo establecido por el pediatra, pues todos estos nutrientes incluyen moléculas que favorecen la eliminación de hierro. En contraparte, se considera que la leche materna es insustituible, ya que si bien tiene igual concentración del mineral que la que produce la vaca (0.5 a 1 miligramo por litro), posee un factor químico que permite mejor absorción.

Como puede apreciarse, es indispensable para nuestra salud llevar una dieta en la que se consuma suficiente hierro incorporando alimentos que lo contengan, pero también es muy importante que ante la posibilidad de que tú o alguno de tus familiares padezca anemia, ésta sea evaluada por un médico, quien podrá aconsejar el tratamiento a seguir.

SyM - María Elena Moura

 

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