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Cáncer esofágico, todos podemos estar en riesgo

Martes 21 de febrero del 2017, 04:59 pm, última actualización.

El cáncer esofágico es relativamente raro y se presenta con mayor frecuencia en hombres mayores de 50 años, pero en los últimos años ha incrementado su número entre mujeres jóvenes que en la adolescencia padecieron bulimia.

Cáncer Esofágico, Causas de Cáncer en Esófago
Cáncer esofágico, todos podemos estar en riesgo

El cáncer esofágico es difícil de diagnosticar en fase temprana y, lamentablemente, cuando la persona es detectada no sobrevive más de cinco años. Durante mucho tiempo se reconocieron como factores desencadenantes el consumo de alcohol y tabaco, así como problemas digestivos que provocan reflujo, es decir, cuando los ácidos gástricos del estómago suben hacia el esófago, ocasionando daños en los tejidos que lo recubren (mucosas).

Antes de continuar, recordemos que el esófago es el tubo hueco por el cual se transportan alimentos y líquidos desde la garganta hacia el estómago. La pared del órgano comprende varias capas de tejido, incluidos membrana mucosa, así como músculo y tejido conjuntivo.

Por otra parte, el cáncer se presenta cuando algunas células de nuestro organismo crecen en forma anormal y fuera de control alterando su estructura genética natural y la de millones de las adyacentes, hasta ir formando una masa de tejido, mejor conocida como tumor. Científicamente se ha comprobado que las células que no han sido afectadas no pueden impedir que las dañadas sigan multiplicándose, dejándoles la puerta abierta para su expansión o metástasis.

Es así que podemos entender que las células del esófago puede ver alterada su estructura genética natural por factores como los mencionados, o bien, por otros como contaminantes químicos, virus o cuando se tienen antecedentes familiares del padecimiento.

Sin embargo, es muy importante enfatizar que el reflujo gastroesofágico es un agente más y que mucha gente lo padece. Sucede que al comer los alimentos siguen una trayectoria del esófago al estómago, teniendo que pasar por una apertura que actúa como puerta, llamada hiato, el cual se cierra en cuanto la comida ha entrado a fin de que el bolo alimenticio no regrese; cuando el hiato no realiza adecuadamente su función el alimento tiende a regresar trayendo consigo al ácido clorhídrico que el estómago segrega para realizar la digestión, en una acción que recibe el nombre reflujo.

El mencionado ácido es tan corrosivo que desgasta las paredes del esófago y paulatinamente lo irá perforando —lo que se conoce como esófago de Barrett—, llegando en ocasiones a afectar de tal manera la estructura de las células hasta convertirlas en cancerígenas; ¿qué hábitos generan reflujo gastroesofágico?

  • Tabaquismo y alcoholismo.
  • Obesidad.
  • Cuando se dificulta que el estómago se vacíe luego de concluir su proceso digestivo, por ejemplo, al comer más de lo acostumbrado.
  • Consumir alimentos grasosos, muy condimentados o bebidas gaseosas.
  • Hernia hiatal. Ocurre cuando la parte superior del estómago se introduce en el tórax a través del hiato.
  • Vómito. Uno de los rasgos característicos de quien padece bulimia.

Debido al incremento de enfermos bulímicos en la actualidad, vale la pena entender que este problema se origina en la autopercepción distorsionada que el paciente tiene de su imagen corporal, es decir, se ve a sí mismo como alguien obeso a pesar de encontrarse en su peso ideal o incluso por debajo de éste. El miedo extremo al sobrepeso y a perder la figura esbelta lleva al enfermo a provocarse vómito, usar sin prescripción médica laxantes y/o diuréticos, practicar rutinas excesivas de ejercicio, así como ayunos o dietas muy rigurosas tras repetidas y abundantes comidas.

La autoprovocación del vómito expone al esófago a la potente acción de los ácidos digestivos, por lo que primeramente se experimenta sensación de quemazón o agruras que poco a poco se convierte en intenso dolor en el pecho, y a mediano plazo se desarrollarán úlceras (heridas o perforaciones) características del esófago de Barrett.

¿Cómo identificar el cáncer?

Se conocen dos tipos de cáncer de esófago, las cuales se clasifican de acuerdo al tipo de células que se tornan malignas:

  • Carcinoma de células escamosas. Se forma en las células delgadas o planas (escamosas) que recubren al esófago; se encuentra con mayor frecuencia en la parte superior y mediana del órgano, pero puede presentarse en cualquier otra sección; se denomina también carcinoma epidermoide.
  • Adenocarcinoma. Comienza en las células glandulares (secretorias) que recubren al esófago, las cuales producen y liberan líquidos mucosos; se forma generalmente en la parte inferior del esófago, cerca del estómago.

Las células malignas se presentan en primera instancia en el recubrimiento interior del órgano y se diseminan hacia afuera a medida que crecen. Como se mencionó, en las etapas iniciales no es fácil identificar que se trate de cáncer, pues los síntomas son confundidos frecuentemente con problemas de digestión, siendo los más comunes:

  • Acidez.
  • Regurgitación de alimentos.
  • Dificultad para tragar.
  • Vómito de sangre.
  • Dolor de pecho.
  • Pérdida de peso.

Si alguno de los signos mencionados se presenta con frecuencia es de vital importancia acudir al médico, sobre todo si a lo anterior se agrega ronquera y tos.

Ahora bien, para determinar si se trata de cáncer esofágico el médico puede realizar pruebas que determinen el estado del órgano, entre las que puede elegir:

  • Radiografía de tórax. Los rayos X pueden determinar la localización y tamaño de un tumor.
  • Tránsito con bario. El paciente bebe un líquido que contiene bario (componente metálico color blanco plateado) a fin de que recubra al esófago y después se toman radiografías para conocer en mayor detalle características del tumor; este procedimiento también se conoce como series de la parte superior gastrointestinal.
  • Esofagoscopía. Se inserta a través de la boca un esofagoscopio (tubo delgado, iluminado) que baja por la garganta hasta el órgano en cuestión, a fin de observar la parte interior del mismo en busca de áreas anormales.
  • Biopsia. Se extirpan células o tejido y se examinan bajo un microscopio para comprobar si existen signos de cáncer. La biopsia generalmente se lleva acabo durante una esofagoscopía.

Una vez localizado el cáncer esofágico y si éste no se ha extendido a ninguna otra parte, la opción de tratamiento es la cirugía, cuya finalidad, en la mayoría de los casos, es curar al paciente. En algunas circunstancias, se utilizan quimioterapia (administración de fármacos anticancerígenos), radioterapia (aplicación de radiación para impedir que las células cancerosas se sigan reproduciendo) o una combinación de las dos, con el fin de facilitar el éxito de la cirugía.

La curación se tornará muy difícil para los pacientes que han experimentado metástasis fuera del esófago, y el tratamiento se centra en el alivio de los síntomas. Por otra parte, y como puede entenderse, un paciente en estado avanzado tendrá mucha dificultad para tragar, por lo cual habrá pérdida de peso muy peligrosa que puede complicar aun más el cuadro del enfermo.

Debido a que cuando se detecta cáncer esofágico de manera temprana es más alta la posibilidad de recuperación, debemos insistir en acudir al médico al hacerse presentes los síntomas antes mencionados.

Advertencia especial debemos hacer a quienes padecen bulimia, pues la afectada (95% de los casos se presentan en mujeres) no siempre reconocerá encontrarse en un problema y no buscará ayuda por su cuenta; por ello es muy importante reconocer signos que puedan evidenciar que alguien la padece, como cambios de peso y talla constantes, erosión del esmalte dental, irritación en garganta o cicatrices en los nudillos de las manos.

El siguiente paso será hablar con la afectada sobre los riesgos de desarrollar cáncer de esófago, entre otros problemas de salud, y la posibilidad de recuperación si se recibe tratamiento psicológico y orientación nutricional a tiempo.

SyM - Regina Reyna

 

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