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Reflujo, ardor por dentro

Martes 22 de marzo del 2016, 11:45 am, última actualización

El reflujo gastroesofágico es una condición en la que los ácidos digestivos del estómago suben hacia el esófago, ocasionando daños en los tejidos que lo recubren (mucosas), ardor y malestar. Aunque se asocia a niños pequeños, es un padecimiento común en personas mayores de 50 años debido a problemas naturales del envejecimiento.

Reflujo, Acidez estomacal, Pirosis, Antiácidos
Reflujo, ardor por dentro

Al reflujo se le asocia de inmediato con los molestos síntomas de la acidez estomacal o pirosis: sensación de que algo "brota" del estómago ocasionando quemazón o ardor en la zona media del pecho (esternón) hasta el cuello, la cual es más frecuente tras el consumo de productos irritantes como grasas, chocolate, alcohol, café y tabaco.

Este padecimiento es relativamente frecuente, ya que 7% de las personas lo sufren a diario, y 15 % cada mes; además, se estima que 27% de los individuos consumen antiácidos más de dos veces al mes.

Sin embargo, el mal también puede volverse constante en personas con una edad comprendida entre 45 y 61 años, y derivar en un cuadro de síntomas más severo, en el que se incluyen regurgitación de alimentos, sabor ácido en la boca y eructos, entre otros; no está por demás indicar que en estos casos se requerirá la evaluación por parte de un gastroenterólogo para evitar el avance del mal.

¿Qué ocurre por dentro?

El estómago recibe alimentos de la boca a través del esófago, y tiene como función fraccionarlos en moléculas pequeñas; para tal actividad, genera ácidos que disuelven la comida, por lo que cuenta con un revestimiento que lo libra de ser lesionado por sus mismas secreciones.

El esófago no tiene la misma protección en contra de los jugos digestivos, ya que sólo cuenta con una "compuerta" controlada por un músculo (esfínter) que evita el regreso de la comida a causa de los movimientos que se dan en el estómago. Sin embargo, el mal funcionamiento de esta barrera puede ocasionar que los líquidos gástricos regresen hacia la boca por este segmento del tracto digestivo, más aun si el individuo se encuentra acostado, ocasionando dolor, inflamación y diversas lesiones.

Cuadros más avanzados del padecimiento se caracterizan por dolor en el pecho, sensación de quemadura que asciende desde la boca del estómago hasta la garganta, impresión de que los alimentos "se atoran" y bajan muy despacio, eructos (o intentos) frecuentes sin lograr descanso, vómito, e incluso miedo a comer, faringitis y tos frecuentes, asfixia nocturna y anemia por sangrados prolongados.

Aunque el uso de antiácidos es insuficiente cuando se presentan complicaciones mayores, e incluso pueden ser contraproducentes al encubrir las causas del mal, también es cierto que el hecho de sentir acidez estomacal de modo ocasional no es sinónimo de que se padezca reflujo gastroesofágico; para confirmar la presencia de este mal deben presentarse otros síntomas y realizarse una serie de exámenes y exploraciones médicas.

Causas y consecuencias

Pueden existir diferentes causas de reflujo gastroesofágico, pero las principales son:

  • Fuerza o tono deficiente de las fibras musculares que forman el esfínter que separa a esófago y estómago.
  • Alteración en los movimientos del esófago.
  • Problemas para que el estómago se vacíe luego de concluir su proceso digestivo.
  • Hernia hiatal, que ocurre cuando la parte superior del estómago se introduce en el tórax a través de una apertura (hiato) en el diafragma.
  • Tabaquismo y alcoholismo.
  • Obesidad.
  • Consumo de alimentos grasosos, muy condimentados o bebidas gaseosas.
  • En bebés, por falta de maduración del área inferior del esófago.
  • También se puede presentar durante el embarazo, debido a que el feto presiona el estómago y, en consecuencia, los alimentos y jugos gástricos tienden a subir.

Dada la constante irritación que los jugos gástricos ocasionan a la mucosa del esófago, pueden presentarse una serie de complicaciones que dependerán del grado de evolución del mal. En una primera instancia se percibirá sólo inflamación en la zona, a la que pueden seguir pequeñas lesiones que suelen convertirse en úlceras lineales (llagas) y ocasionar sangrado; a su vez, las cicatrices que se generan por estas heridas se endurecen e impiden el paso normal de los alimentos (estenosis). Finalmente, esta situación llega a ocasionar cambios en las estructuras a nivel celular, creando tejidos precancerosos (esofagitis de Barret) y cáncer.

El tiempo en que las complicaciones pueden aparecer no es muy preciso, pues dependerá de cada caso, pero si los síntomas son mayores, también lo serán las complicaciones.

De manera menos frecuente, otras regiones del cuerpo se ven afectadas por el reflujo, de modo que además de los problemas mencionados pueden presentarse resequedad de boca, infecciones dentales frecuentes, irritación constante de garganta y cuerdas vocales, espasmos en garganta (laringe) y tráquea, bronquitis crónica por aspiración nocturna de jugos digestivos (con posibilidad de convertirse en asma), neumonía, tos (sobre todo en la noche), ronquidos, dolor en el pecho que se confunde con problemas cardiacos, anemia por sangrado agudo o crónico y desnutrición.

Detección y tratamiento

Si se presentan algunos de los síntomas ya citados, es preferible acudir a un gastroenterólogo para que recopile la información necesaria, realice algunas evaluaciones y solicite algunos estudios, como:

  • Esofagograma o serie esófago-gastro-duodenal, que es una exploración con rayos "X" en distintas posiciones (de pie, acostado, boca abajo) utilizando contrastadores para observar el movimiento de líquidos en el aparato digestivo.
  • Gastroscopía, que se realiza con un tubo de luz y visión en un monitor para ver la mucosa del esófago y estómago en busca de alteraciones.
  • pH-metría, o medición continua del nivel de acidez en el esófago durante 24 horas.
  • Manometría esofágica o monitoreo de la fuerza y tono muscular del esófago en sus diferentes niveles.
  • Endoscopia o visualización directa del esófago.

Una vez que se tiene una evaluación adecuada del caso se procede a un tratamiento elegido por el médico especialista. Generalmente se aconseja el uso de fármacos y un cambio de dieta, reducción de peso en caso de obesidad y modificar algunos hábitos; por ejemplo, se pedirá subir la cabecera de la cama 3 a 8 centímetros para evitar que el reflujo se presente por las noches, que la cena u otra comida se dé 3 ó 4 horas antes de dormir, y que se eliminen al máximo alimentos como café, alcohol, tabaco, especias, menta y chocolate.

Sólo en 10% de los casos se recomienda cirugía; concretamente, nos referimos a la presencia de síntomas incontrolados, complicaciones de esofagitis de Barret o ante problemas como hernia hiatal.

Por último, recordemos que en todo caso se requerirá la evaluación y ayuda del médico para erradicar síntomas recurrentes de reflujo gastroesofágico, y que para lograr una mejoría real se deberá seguir la prescripción médica al pie de la letra.

SyM - Sofía Montoya

 

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