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Úlcera, 4 de cada 5 mexicanos la pueden padecer

Martes 28 de marzo del 2017, 05:25 pm, última actualización.

Diversos estudios han demostrado que más del 95% de las personas pueden desarrollar una lesión ulcerativa en estómago o duodeno (porción inicial del intestino delgado), en alguna etapa de su vida. Malos hábitos alimenticios, infecciones bacteriológicas y el consumo de algunos medicamentos pueden ser la causa. ¿Cuál es la solución?

Úlcera, Gastritis, Helicobacter pylori
Úlcera, 4 de cada 5 mexicanos la pueden padecer

Es probable que hayas despertado de madrugada como respuesta a fuerte dolor en la boca del estómago, lo que frecuentemente se acompaña de ardor en el tórax, agruras e inflamación abdominal. Si ésta es tu situación, es posible que te encuentres ante un caso de úlcera, padecimiento que involucra a una lesión que se genera en la cubierta interna (mucosa) del estómago o del duodeno (inicio del intestino), que se puede extender al resto de las capas de estos órganos y llegar a perforar sus paredes.

En los últimos años se ha establecido que este padecimiento se debe a gran cantidad de factores, y hasta hace poco se consideraba una enfermedad de toda la vida.

Sin embargo, se sabe que existen dos aspectos ambientales fundamentales en la mayoría de los pacientes con úlcera: la infección por la bacteria Helicobacter pylori y el uso indiscriminado de analgésicos antiinflamatorios no esteroideos (AINES), como aquellos que contienen naproxeno, ketoprofeno, ketorolato y ácido acetilsalicílico, entre otros. Paradójicamente, a pesar de que una de las dos principales causas de esta lesión se relaciona con el consumo de AINES, más del 90% de todas las úlceras se generan en individuos que no los usan.

Asimismo, hay que agregar que existen otros elementos que colaboran para que se produzca el daño interno gastrointestinal, entre ellos, tabaquismo, alcoholismo, deficientes hábitos higiénico-dietéticos (comer sin horario fijo, en puestos callejeros y consumir irritantes, por ejemplo), así como estrés, ansiedad e ira.

Es importante saber que 95% de la población adulta mexicana padece gastritis (inflamación del estómago), lo cual determina que 4 de cada 5 personas de este universo puedan contraer úlcera en algún momento de su vida.

Una bacteria muy latosa

Helicobacter pylori es una bacteria de forma elíptica (en espiral) y flagelada, es decir, tiene una especie de brazos o ramificaciones, que se aloja en el estómago o duodeno, debajo de la capa de moco que protege a la mucosa de las secreciones gástricas e intestinales. Dicho microorganismo causa la mayoría de las úlceras gastrointestinales, aproximadamente 80% de las lesiones gástricas y más del 90% de las duodenales.

Si bien no están seguros acerca de cómo se produce la infección con el H. pylori, investigadores suponen que es a través de alimentos o agua contaminados, aunque también se ha detectado su presencia en la saliva de algunos pacientes infectados, por lo que se sospecha que el beso podría ser una de las formas de transmisión de persona a persona.

Igualmente, se sabe que esta bacteria agrede a las células de la mucosa y genera un proceso inflamatorio que bloquea la secreción de moco, permitiendo con ello que el ácido gástrico lesione la capa interna; así, tanto el ácido como las bacterias irritan al tejido causando laceraciones y/o heridas que después formarán úlceras. El H. pylori es capaz de sobrevivir en el estómago porque segrega enzimas que neutralizan ese ácido, y así puede confeccionar un área segura donde establecerse (la línea de moco protector). Una vez allí, la bacteria cava su madriguera a través de la línea mucosa.

Sin embargo, y a pesar de que es la causa principal de este mal, la presencia de este microorganismo no se puede considerar sinónimo de úlcera, ya que entre 5 y 10% de los pacientes con herida duodenal y 30% de los que padecen lesiones gástricas no presentan evidencia de infección por esta bacteria.

Cuidado con los analgésicos

Es común que cuando una persona toma medicamentos se preocupe por la reacción que éstos causarán en su estómago, situación real si consideramos que 2 de cada 3 pacientes bajo tratamiento con AINES por tiempo prolongado llegan a desarrollar lesiones en la mucosa gastroduodenal, la mayoría de las cuales son de tipo superficial inicialmente pero si la administración de este tipo de medicamentos continúa las posibilidades de generar una úlcera aumentan en forma relevante.

Los AINES dañan a la mucosa del tubo digestivo en tres formas:

  • Bloquean la formación de sustancias celulares que estimulan la producción y secreción de moco que recubre y protege a la capa mucosa de estómago y duodeno de la agresión que pueden causar los jugos ácidos del estómago e intestino.
  • La agresión que sufre la cubierta interna del estómago y duodeno inicia un proceso inflamatorio que propicia que la nutrición y oxigenación de las células afectadas comiencen poco a poco a atrofiarse.
  • Por último, el tratamiento continuo con estos medicamentos -una vez que se ha iniciado el daño a la mucosa- genera un círculo vicioso de irritación-estimulación-secreción-daño-irritación, lo que propicia la formación de la úlcera.

Emociones y úlcera

Se sabe que los pacientes con úlcera u otra enfermedad digestiva tienen grados más altos de neurosis, depresión, angustia y ansiedad, lo que quizá se origine porque estos padecimientos provocan que a nivel cerebral se bloqueé la producción, liberación y secreción de diferentes sustancias como la serotonina y la adrenalina, que funcionan como transmisores nerviosos capaces de conseguir que se incrementen o disminuyan la formación de moco y movimientos tanto del estómago como del intestino.

Es así que cuando el recubrimiento en estas mucosas disminuye, los agentes irritantes como alcohol, café, tabaco y alimentos condimentados y ricos en grasa, así como el mismo jugo gastrointestinal, afectan con mayor facilidad a los órganos implicados.

Síntomas

Quizá hayas escuchado que quien sufre úlcera siente dolor en la boca del estómago (región epigástrica), que a menudo se describe como corrosivo, con ardor o como "dolor de hambre". Esta sensación se alivia mediante el consumo de alimentos, leche o antiácidos, pero retorna entre 1 hora y media y 4 después de comer. Cuando el dolor se vuelve persistente y se disemina hacia espalda o costado izquierdo del abdomen puede ser señal de una de las complicaciones de la úlcera, como lo es la penetración o perforación del estómago o el intestino, lo que puede generar una peritonitis química (inflamación de la membrana que recubre la cavidad abdominal y algunos órganos de la misma).

Otras síntomas de úlcera que hay que tomar en cuenta son:

  • Frecuencia con la que aparece el dolor.
  • Es común que el malestar se presente diariamente durante semanas, o incluso meses, y desaparezca por una temporada hasta su siguiente recurrencia.
  • Dado que el dolor desaparece con la ingestión de alimentos, el peso de los pacientes tiende a incrementarse.
  • En ocasiones, la fase en la que los alimentos ingeridos pasan al intestino delgado se retrasa (debido a la formación de cicatrices), lo que genera náuseas y en ocasiones vómito. Por otro lado, estos síntomas son raros en la úlcera duodenal.
  • A veces, las evacuaciones suelen estar acompañadas de sangre digerida u oculta en heces, lo que puede provocar anemia.
  • Algunas personas con úlcera duodenal desarrollan acedía acuosa, que es el llenado súbito de la boca con líquido claro, incoloro e insípido (saliva) que se llega a confundir con jugo gástrico, causado por reflujo gastroesofágico; este fenómeno causa otros de los síntomas como pirosis (ardor por detrás del esternón), regurgitación (devolución del contenido gástrico hacia el esófago) y agruras.
  • Si una persona con úlcera no recibe el tratamiento adecuado puede sufrir hemorragia o perforación y, en caso extremo, la formación de neoplasia (cáncer).

Diagnóstico acertado, la base de todo

El especialista (gastroenterólogo o médico internista) sospechará de úlcera basándose en el interrogatorio y la exploración al paciente, pero para ratificar el diagnóstico solicitará que se practiquen los siguientes exámenes:

  • Radiológicos con medio de contraste (papilla baritada), donde habitualmente se observan imágenes con forma de cráter típicas de la úlcera.
  • Otro estudio es el endoscópico en el que, por medio de una cámara de video introducida al tracto gastrointestinal alto, se visualizan directamente las lesiones e, incluso, en algunas ocasiones se pueden bloquear hemorragias por cauterización o hacer toma de biopsias (muestras de tejido) para descartar la posibilidad de neoplasias o células cancerígenas en la úlcera.
  • Para verificar la presencia de la bacteria H. pylori en el organismo se recurre a la prueba del aliento, método que consiste en lo siguiente: primero, se administra por vía oral una solución de urea (sustancia que sirve como alimento para el microorganismo invasor) marcada con carbono radiactivo. Después, el paciente sopla en una manguera conectada a un aparato llamado espectrómetro, el cual registra si hay liberación de CO2 (bióxido de carbono, prueba que demuestra que la mucosa gástrica está colonizada por el microbio.

Manejo integral

Anteriormente, el tratamiento de úlcera consistía en la administración de medicamentos que sólo neutralizaban o bloqueaban al ácido gástrico con sales antiácidas y algunos bloqueadores de la secreción (gel de hidróxido de aluminio y magnesio, bicarbonatos, cimetidina, ranitidina, etc.) los cuales, es cierto, son útiles en el control de los síntomas, mas no en la eliminación del problema.

Pero hoy, ya que se sabe que las dos causas más frecuentes de úlcera son la infección por H. pylori y la gastritis química debido a la administración de AINES, se hace una determinación específica de su origen y se ataca directamente, sin olvidar que hay que tomar en consideración el resto de factores que contribuyen a la aparición de la enfermedad.

Por ello, se sugiere seguir un tratamiento integral:

  1. Cambios en la dieta, o sea, disminución en la ingesta de alimentos ricos en grasa e irritantes como condimentos, picante, café, conservadores químicos, así como incremento en el consumo de fibra natural contenida en frutas y verduras.
  2. Modificación de los hábitos higiénico-dietéticos, que se refiere a la disminución o eliminación del consumo de tabaco y alcohol, evitar comer alimentos callejeros y el establecimiento de horarios fijos de comida.
  3. Tratamiento farmacológico, en el que se administrará un antibiótico como amoxicilina, tetraciclina o claritromicina con el fin de eliminar la bacteria causante de la inflamación. A ello se deberá agregar un segundo medicamento contra H. pylori, que puede ser metronidazol o claritromicina, así como la ingesta de sales de bismuto, que además de proteger al nicho ulceroso de la agresión del ácido, también presenta ligero efecto antibacteriano sobre el H.pylori. Por último, se complementa con un bloqueador de la secreción gástrica tipo omeprazol, pantoprazol o esomeprazol; si lo requiere el paciente se pueden prescribir sales antiácidas, en forma temporal, para mitigar los síntomas al inicio del tratamiento.
  4. Evitar el consumo de AINES indiscriminadamente y tomarlos sólo bajo prescripción médica.
  5. Psicoterapia de apoyo que ayude a controlar las emociones, y con ello mejorar los síntomas y eliminar la enfermedad.

La úlcera es problema muy común en México que puede controlarse si se identifica en su fase inicial, siempre y cuando se cumpla un tratamiento integral durante 8 a 12 semanas. El pronóstico en estos casos es muy favorable, pues tiene una eficacia de entre 90 y 97%. Sin embargo (y eso es muy frecuente), la enfermedad tiende a complicarse cuando se ignoran las indicaciones médicas.

Finalmente, toma en cuenta que debes evitar la automedicación y consultar directamente al médico (gastroenterólogo) para que sea él quien identifique el grado de afección y señale el tratamiento específico.

SyM - Dr. Eduardo Ramírez J.

 

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