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¡Cuidado con el estrés escolar!

Martes 02 de agosto del 2016, 12:16 pm, última actualización

Si te muerdes las uñas, te angustias y pasas noches sin dormir cada vez que se acerca el final del ciclo escolar, debes saber que tu problema tiene una solución mucho más efectiva. ¡Que no te dé pena, descúbrela!

Estrés, Ansiedad

Parecía un reporte de lectura sencillísimo, con todo y que serviría para evaluar el penúltimo periodo semestral. De hecho, mis amigos me decían que parecía a mi medida: sobre un tema que me agrada mucho, que domino, y basado en mi autor favorito.

Así las cosas, nadie pudo explicar por qué me dormí a las cuatro de la mañana para acabar algo tan mal hecho y, peor aún, por qué respondí a las preguntas del profe hecho un manojo de nervios, atropellándome al hablar, bostezando y con una apariencia tan desmejorada. Por pena no pude decirle que no fui capaz de organizar mi tiempo entre las obligaciones en el trabajo y un par de reuniones familiares...

Las palabras del profe fueron contundentes: “Tu trabajo pudo ser el mejor, pero apenas alcanzas un 6 (la mínima para aprobar). Sé que puedes mejorarlo y aportarle más al grupo. Entonces te propongo que la siguiente semana presentes una exposición sobre el mismo tema, pero tu máxima calificación sería 8”. Agradecí la oportunidad, todavía tartamudeando. Al verme así, el profe me recomendó: “Sólo controla tu estrés”.

Más común de lo que creí

Aproveché el primer receso para abrir mis redes sociales. Quería hablar con alguien sobre el nerviosismo que sentía y hallar una respuesta.

Encontré a mi amigo Martín Hernández, que estudia sistemas computacionales en el Tec de Monterrey campus Ciudad de México y además trabaja en el desarrollo de sitios web. Le pregunté cómo le hacía para cumplir con sus dos responsabilidades y me dijo que aunque le han tocado momentos de mucha presión, sobre todo al final de cada semestre, trata de no desesperarse.

“Tener dos actividades te obliga a madurar y a valorar tu tiempo. De plano hay veces en que prefiero no ir a fiestas para dormir bien, aunque sé de chavos de varias escuelas que toman las presiones como excusa para irse de reventón, o que toman bebidas energizantes y hasta pastillas para no dormirse mientras hacen sus trabajos o estudian para el examen del día siguiente”, me dijo.

También fue interesante la opinión de mi amiga Sofía Soares, que vive en Toluca (centro de México) y estudia dos carreras: letras hispánicas en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y canto en el Conservatorio de Música de la misma entidad. Me comentó que se enseñó “por la mala” a ser menos aprehensiva, pues con tanto estrés tuvo colitis nerviosa (inflamación del intestino grueso que causa indigestión y dolor abdominal).

Ya casi me desconectaba cuando apareció mi prima Ingrid, que acaba de terminar la carrera de Comunicaciones en la Universidad Iberoamericana, y también trabajaba y estudiaba a la vez. Le conté mi anécdota y, entre otras recomendaciones, me dijo que aprovechara mi experiencia para hacer una nota y que me iba a presentar a alguien que conoce mucho sobre el tema.

Errores frecuentes

Ingrid me citó en la Facultad Mexicana de Medicina de la Universidad La Salle, al sur de la Ciudad de México, y ahí me dijo que la entrevista sería ni más ni menos que con el director, el Dr. Pedro Martín Argüelles Domenzain, quien lleva más de 30 años trabajando con estudiantes.

El doc escuchó atentamente mis inquietudes y luego me explicó que “el estrés escolar es la sobrecarga emocional que sufre el estudiante en algunos momentos del ciclo escolar, y casi siempre tiene dos gatillos o desencadenantes: mala organización del tiempo y deficiente técnica de estudio”.

Sobre el primer punto me comentó que en México no tenemos el hábito del estudio autodirigido. “Los estudiantes están habituados a que en la primaria, secundaria e, incluso, preparatoria les digan qué tienen que hacer; no saben autogestionarse y por eso, cuando llegan a la universidad o al bachillerato, tienen dificultad para manejar su tiempo y sentarse a estudiar de manera libre y voluntaria”.

En cuanto al segundo, me explicó que los métodos tradicionales de estudio nos hacen memorizar en vez de interpretar. “Los chicos se acostumbran a repetir, no a fabricar mapas mentales o conceptuales, y esto genera problemas, sobre todo si estudian una carrera en que reciben mucha información. Y claro, en los exámenes son víctimas de un estrés pavoroso porque una noche antes, a pesar de estudiar seis horas, no adquieren conocimiento alguno”.

Además, el doc Argüelles me comentó que la tensión ocasionada por estos problemas se manifiesta con dolor de cabeza, fatiga, sueño excesivo o dificultad para dormir, mal humor y falta de concentración. Más aún, estos síntomas suelen desencadenar deterioro de la atención y del rendimiento académico, y ello, a su vez, genera más estrés y termina por crear un círculo vicioso.

Otras causas

Ya con la conversación animada, le pregunté al doc sobre el estrés que enfrentamos quienes estudiamos y trabajamos a la vez.

Me explicó que no en todas las carreras puede suceder esto, ya que hay algunas con las que es casi incompatible trabajar, tanto por la carga académica como por los horarios que se manejan.

En carreras más accesibles, añadió, es común encontrar casos como el mío: estudiantes que realizamos las dos actividades, pero no la pasamos muy bien a causa del estrés y del desgaste físico. Sin embargo, reconoció que hay quienes han aprendido a trabajar de manera estructurada: “jóvenes más organizados que el resto de sus compañeros, quienes saben que su tiempo es reducido, que no pueden perderlo, y por eso se administran muy bien”.

Aproveché entonces para preguntarle por aquellos estudiantes que cursan su carrera en el extranjero. “Ellos enfrentan estrés por diversos motivos: cambian de país, cultura, dieta, habitación, horario y personas con las que conviven; están lejos de su familia y tal vez no tienen un cuarto para ellos solos. Por eso, un muchacho con un nivel bajo de adaptación debe pensarlo muy bien antes de viajar, porque podría sufrir un estrés terrible”.

Pero por lo general, comenta, los jóvenes contamos con una ventaja especial: nos adaptamos bien a los cambios. “Es una cualidad que se acentúa en nuestros tiempos. Como han recibido mucha información, imágenes y sonidos desde pequeños, los jóvenes han creado mecanismos de adaptación intensos, rápidos”.

Mención aparte merecen quienes eligieron una carrera en donde se exigen ciertas habilidades de las que quizá carecen. “Un muchacho con escasa destreza con las escuadras no debería estudiar diseño o arquitectura, y quien no es bueno para las matemáticas no debería entrar a actuaría o física; sin embargo, si decide estudiar una especialidad en que no tiene tantas aptitudes, pero le gusta mucho, debe conocer su situación, estar consciente de que tendrá dificultades los primeros semestres, y evitar así el estrés”.

Otro tipo de problemas enfrentan quienes eligen mal su carrera. En estos casos lo más conveniente sería contar con adecuada orientación vocacional, la cual debe ser muy participativa para que los muchachos investiguen las carreras que hay en el área que les agrada, cuáles son sus planes de estudio, las universidades en que se ofrece y las habilidades que se requieren. A partir de esto podrían reorientar su destino en la medida de lo posible.

Cuando algo falla

Se me ocurrió preguntarle al doc Argüelles cuándo puede darse cuenta un estudiante de que algo está fallando en su estudio, a lo que me dijo: “afortunadamente en casi todas las escuelas existen exámenes parciales, antes de los finales, y gracias a ellos el muchacho puede notar que las cosas no le salen bien”.

Aguantándome la pena le pedí que fuera un poco más específico y dio “justo en el clavo” de mi caso: “Lo primero es que el joven descubra qué ocasiona su situación. Si es la falta de organización, debe aprender a no saturarse y a darle tiempo a todo: descansar, alimentarse, practicar deporte y divertirse”.

Al notar mi interés, el doc me comentó que lo más probable es que quienes tenemos este problema necesitemos la ayuda de un orientador o psicólogo escolar para estructurar nuestro horario, luego debemos tener la voluntad de cumplir con él. “No hay de otra: cuando es momento de estudiar, hacer deporte o divertirnos, debemos hacer sólo una de esas actividades, para concentrarnos”.

Sobre los problemas con la técnica de estudio, el doc Argüelles Domenzain me dijo que debemos descubrir cuáles son nuestros hábitos y posibles distractores. “Si estudias en tu cuarto puede ser terrible; ahí está la cama y seguramente vas a terminar dormido. También es ideal elegir un lugar sin ruido y ejercitar hábitos de lecto-escritura, pues las tecnologías de la información los han alterado”.

Siendo más claro, opina que “tener Internet es maravilloso pero, ¿aprendemos algo si sólo ‘cortamos y pegamos’? Aparentemente, un muchacho hace en poco tiempo lo que mi generación hacía con la estampita de Miguel Hidalgo: leerla, resumirla, copiar en el cuaderno y pegarla. Sin embargo, el joven deja de realizar las actividades que permanecen en su memoria a largo plazo: leer y escribir”.

De hecho, el doc suele aconsejar a otros profesores que pidan trabajos hechos a mano, ya que obligan a resumir, redactar y razonar, en vez de dominar al ratón. “Las neuronas son como cualquier célula de nuestro cuerpo y requieren preparación. Si quieres correr la maratón, debes entrenar para soportar los 42 kilómetros; de igual forma, nuestras neuronas sirven muy bien para almacenar información y pensar, pero sólo si las adiestramos”.

Consejo final

Para concluir, el doc me dijo que todo joven que lo crea necesario puede buscar el apoyo de un psicopedagogo o psicólogo, como el que puede laborar en su centro escolar. “Es cierto que hay escuelas con primaria, secundaria, preparatoria y licenciaturas que sólo tienen uno o dos psicólogos muy ocupados, pero ellos deben dedicar parte de su tiempo a dar orientación y enseñanza de estrategias de estudio para estos casos y que los muchachos dejen de tener dificultades”.

La reflexión final del doc es que estos problemas que enfrentamos los jóvenes no deben tomarse a la ligera y es mejor solucionarlos desde el principio, antes de que crezcan. “No hay que pensar que los chavos aguantan tanto desgaste por su edad. Con el tiempo, un conflicto de estrés escolar puede ser muy grave y causar deserción escolar, incorporación prematura a un empleo no calificado y frustraciones tremendas que, en casos extremos, pueden llevar al consumo de alcohol, drogas o suicidio, porque son vías de escape”.

Le agradecí mucho al Dr. Martín Argüelles y a Ingrid por la entrevista (y porque me ayudaron a estructurar mi horario), y me dispuse a enfrentar mi exposición con orden y sin distracciones.

La verdad, me fue muy bien. Disfruté mi calificación más que un 10, y no sólo porque me gustó mucho la exposición, sino porque esta experiencia me enseñó a organizarme mejor. Para darle la noticia a Ingrid, le envié por mensaje de celular una foto del Iztaccíhuatl desde Ciudad Universitaria, acompañada por el mensaje: “¡Felicidades por nuestro 8!”. Me contestó: “Muy bien, y para la otra queremos un 10, ¿eh?”.

Ahora ya no dudo de que sea así.

SyM - Toño Medina

 

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