Tejocote, invitado especial en invierno
Sofía Montoya
De aspecto modesto, pero importante por su aportación a la nutrición y salud humana, este fruto se emplea tradicionalmente en miles de hogares mexicanos durante las fiestas navideñas, ya sea para elaborar ponche, jaleas y postres, o para llenar la tradicional piñata que une a familiares y amigos.
El tejocote es un fruto que sólo se encuentra disponible durante la segunda mitad del año y que tiene mayor demanda durante diciembre; sin embargo, su valor y sabor son tan apreciados en el mercado nacional que su producción se incrementa año con año, sobre todo en estados como Durango (norte de México), Jalisco y Michoacán (occidente), y Guerrero y Oaxaca (sur).
El conocimiento de este aromático producto, agridulce, de color anaranjado o amarillo, semejante a una manzana pequeña de 1 a 2 centímetros de diámetro y que posee de cuatro o seis semillas en su interior, proviene de tiempos prehispánicos. De hecho, su nombre se deriva de la palabra náhuatl texócotl, que significa fruta agria silvestre o dura, y se sabe que su utilización inició desde antes de la Colonia.
En efecto, múltiples poblaciones asentadas en el actual territorio mexicano ya empleaban a este vegetal con fines nutricionales, medicinales y de ornato, aunque su cultivo era escaso y se prefería recolectarlo en bosques fríos localizados en las laderas de los montes, donde comúnmente crece junto a pinos y encinos.
El árbol que produce al tejocote se conoce con nombres como manzanillo y karhashi (en lengua purépecha, originaria de Michacán), aunque en casi toda su área de distribución se le designa con el mismo nombre que al fruto. Forma parte de la familia rosaceae, en la que se incluyen más de 2,000 especies (manzano, peral, ciruelo, cerezo, duraznero, frambueso y rosal, entre otros), y alcanza una altura de 4 a 10 metros. Cambia de hojas cada año y de él pueden aprovecharse su tronco, raíz y flores.
Útil por donde se le vea
El tejocote se suele consumir crudo, en conserva (en mermeladas y ate) o como parte esencial en postres decembrinos y del tradicional ponche navideño. Pero más allá de esto, cabe señalar que aporta importante cantidad de sustancias benéficas desde el punto de vista nutricional:
- Calcio. Indispensable en formación de huesos y dientes, además de que favorece la flexibilidad de los músculos, la coagulación sanguínea y la transmisión de mensajes a través de los nervios.
- Hierro. Mineral necesario en la producción de hemoglobina (sustancia contenida en glóbulos rojos que transporta el oxígeno a la sangre) y mioglobina (encargada de oxigenar músculos); también interviene en la formación de enzimas (sustancias empleadas en el organismo para desempeñar distintas tareas) y permite aprovechar a las vitaminas del complejo B.
- Vitamina C. A ella se debe el sabor agrio de este fruto; hace posible la formación y reparación de tejidos, fortalece al sistema de defensas (inmunológico), contribuye en la absorción de hierro y neutraliza sustancias que oxidan y destruyen a las células del organismo (radicales libres).
- Complejo B. Las vitaminas de este grupo ayudan a que el organismo utilice la energía contenida en grasas y carbohidratos, aceleran la renovación celular y de la piel, mejoran la recuperación de heridas y permiten el buen funcionamiento del sistema nervioso.
Además, es importante mencionar que el consumo del fruto cocido, acompañado con miel de abeja, es útil en caso de tos, resfriados, gripe, infecciones en estructuras de los pulmones (bronquitis, neumonía), por lo que incluirlo en la dieta habitual durante la temporada fría es muy benéfico. Asimismo, ayuda en caso de diarrea y estreñimiento, ya que posee sustancias digestivas (pectinas y fibra); por otro lado, puede reducir el dolor articular y sirve para disminuir los niveles de grasa en la sangre cuando se toma licuado con jugo de naranja o toronja.
A este respecto, cabe indicar que las distintas partes del vegetal son empleadas dentro de la herbolaria mexicana: la infusión que se obtiene de hojas, raíz y corteza de tejocote es útil en el tratamiento de problemas del aparato digestivo, y cuando se le agrega manzanilla y otras hierbas permite eliminar parásitos intestinales. Asimismo, sus hojas y flores son diuréticas (estimulan la eliminación de orina), por lo que ayudan a controlar la presión arterial elevada.
Resta decir que este vegetal puede tener otros usos, más allá de los alimenticios y medicinales. El tallo es muy apreciado en la elaboración de artesanías y utensilios, o bien, para utilizarse como leña; las hojas son consumidas por el ganado durante el pastoreo, además de que se ha visto que los frutos aumentan la cantidad de leche en la ordeña. Por su parte, la industria puede extraer de esta planta algunas sustancias de gran utilidad en la elaboración de alimentos, telas, cosméticos, medicamentos y papel.
Receta especial
Si desea conocer una manera novedosa de obtener los beneficios de este fruto, más allá del típico y delicioso ponche de frutas, le presentamos la siguiente sugerencia:
Pastel de tejocote
Ingredientes
- 200 gramos de tejocote, picado en cubitos.
- 300 gramos de harina (puede ser integral).
- 250 gramos de mantequilla.
- 1/2 lata de leche condensada.
- 3 huevos (deben separarse en claras y yemas).
- 50 gramos de nuez picada.
- 1 cucharadita de polvo para hornear.
Para decorarlo
- 200 gramos de tejocote, pelados.
- 200 gramos de azúcar.
- 1 taza de agua, aproximadamente.
Preparación
Comience por elaborar la decoración. Hierva los tejocotes pelados en poca agua hasta que suavicen, mientras añade el azúcar lentamente. Deje que se forme una miel y retire del fuego.
A continuación, bata la mantequilla hasta que tome consistencia cremosa y agregue la leche condensada y las yemas de los huevos. Una vez que obtenga una pasta homogénea, vacíe la harina y el polvo para hornear por partes. Siga mezclando e integre los tejocotes picados y la nuez.
Bata las claras de huevo hasta que tengan punto de turrón o nieve, e incorpórelas suavemente en la mezcla anterior, mediante movimientos envolventes. Vacíe toda la preparación en un molde, engrasado y enharinado, y colóquela en el horno a 180° centígrados, durante aproximadamente 30 minutos.
Deje que el pastel se enfríe, desmóldelo y, finalmente, decórelo con los tejocotes en almíbar. Le aseguramos que el sabor de este postre es delicioso y que cautivará a los paladares más exigentes en el hogar. ¡Buen provecho y felices fiestas decembrinas!
SyM
Última actualización: 05-2013















