¿Qué son lubricantes nasales? - SyM
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Lubricantes nasales

Jueves 06 de abril del 2017, 10:54 am, última actualización

Los lubricantes nasales son productos disponibles en gotas, atomizador o spray que ayudan a mantener adecuado nivel de humedad en el tejido interno de la nariz (mucosa), por lo que combaten la irritación, resequedad y congestión nasal, aumentan la resistencia a enfermedades respiratorias, reducen el riesgo de sufrir hemorragia nasal y mejoran el tratamiento en caso de reacción alérgica.

Lubricantes nasales, Gripe

Es importante señalar que la mucosa nasal es un tejido liso, cubierto por vellosidades y una capa de secreción fluida ligeramente espesa, el moco o mucosidad, cuya producción al día es cercana a 1 litro. Así, la región interna de la nariz está diseñada para capturar impurezas y microorganismos, pero también para calentar y humidificar al aire que respiramos, a fin de que éste cuente con la temperatura y saturación de agua necesarias para no causar daño a la garganta y pulmones.

Sin embargo, este sistema de protección puede alterarse a causa de factores como contaminación ambiental, aire demasiado seco o frío, infecciones, estrés y consumo inadecuado de agua, de modo que la humedad de esta región corporal disminuye, generando inflamación, incomodidad al respirar y, en ocasiones, sangrado. Los lubricantes nasales permiten compensar esta falta de humectación, mejorando notablemente los molestos síntomas de la resequedad nasal.

La mucosa y sus enemigos

La nariz se localiza en la sección media del rostro humano, y en su interior se encuentra un hueso, el tabique, mismo que se prolonga a través de un cartílago; ambas estructuras se encargan de dar forma a las dos fosas nasales. Estos conductos inician en los vestíbulos, que es por donde tomamos el aire del exterior, y concluyen en las coanas u orificios que desembocan en la rinofaringe, compartimiento que llevará el aire hacia la tráquea y pulmones.

Las fosas nasales también poseen en su parte superior al bulbo olfatorio, responsable de que podamos distinguir olores, además de que se encuentran conectadas con los senos paranasales (cavidades huecas que aligeran el peso del cráneo, mejoran la resonancia de la voz y ayudan a mantener la fortaleza y forma de los huesos craneales) a través de orificios llamados cornetes, los cuales tienen la finalidad de permitir la circulación de aire en su interior y drenar su contenido.

Fosas nasales, rinofaringe y senos paranasales están cubiertos por la membrana mucosa, que es como un tapiz o velo que consta de dos partes: epitelio, que es la superficial y entra en contacto con el aire, y tejido conjuntivo, que es profunda y está en contacto con el hueso. En esta segunda capa es donde se localizan las glándulas responsables de la secreción del moco nasal.

La generación de mucosidad puede alterarse por factores diversos, entre ellos:

  • Resfriado y gripe. Enfermedades originadas por virus que se acompañan de secreción clara y acuosa, al igual que fiebre, tos, dolor de cabeza, dolores articulares, dolores musculares o irritación de garganta. Afectan la mucosa nasal y, por tanto, le ocasionan resequedad.
  • Infecciones bacterianas. Suelen ser agresivas contra garganta y tejidos internos de la nariz, desencadenando el desequilibrio en la generación de mucosidad y, por tanto, disminución en los niveles de humedad.
  • Rinitis alérgica o fiebre del heno. Es una reacción de defensa exagerada hacia elementos como polen, polvo y pelo de animales (alergenos). Se acompaña de secreción clara y acuosa, comezón nasal, lagrimeo y estornudos. También puede secar la mucosa u ocasionar congestión nasal, que favorece el establecimiento de microorganismos como los antes mencionados.
  • Asma. Condición en la que la realización de esfuerzo físico considerable o el contacto con alérgenos desencadena la inflamación de las vías respiratorias y ocasiona la restricción del flujo de aire que entra y que sale de los pulmones. Favorece la producción de moco y la alteración de la mucosa nasal.
  • Sinusitis. Es la congestión e infección de los senos paranasales; regularmente se acompaña de secreción nasal amarillo-verdosa, opaca y espesa, al igual que de dolor o sensibilidad alrededor de los ojos y los pómulos que empeora al inclinar la cabeza hacia adelante.
  • Rinitis vasomotora o no alérgica. Inflamación del interior de la nariz que se acompaña de estornudos y congestión nasal; ocurre de manera ocasional y no tiene causa precisa, aunque se relaciona con sensibilidad a ambientes secos, baja temperatura, cambios en la presión atmosférica, consumo de alimentos picantes o alcohol, emociones fuertes y reacciones secundarias a medicamentos.
  • Contaminación y tabaquismo. El contacto directo con sustancias tóxicas se relaciona estrechamente con resequedad nasal.
  • Desviación del tabique nasal. Cuando el hueso y cartílago que dividen las fosas nasales se encuentran fuera de su posición normal, ocasionan mala circulación de aire y el padecimiento de infecciones, sobre todo en época invernal.
  • Sistema de defensas (inmunológico) debilitado. Desnutrición, deshidratación, estrés, dormir mal, control deficiente de diabetes (alto nivel de de azúcar en sangre) y otros factores pueden reducir la resistencia a enfermedades, por lo que hay mayor vulnerabilidad a infecciones respiratorias.

La resequedad de la mucosa nasal se caracteriza por la presencia de comezón, malestar o ardor al tomar aire (sobre todo si éste es frío o muy seco) y estornudos. Si la situación persiste es probable que se formen pequeñas heridas y costras al interior de la nariz, mismas que pueden ocasionar sangrado nasal.

A veces las molestias van más allá de la nariz y pueden extenderse hacia la garganta, ya que no recibe aire húmedo, cálido y libre de partículas, sino uno demasiado seco, frío y contaminado que da pie al establecimiento de microorganismos dañinos o complica la recuperación de enfermedades ya existentes. El olfato también se ve disminuido, pues la inflamación interna, resequedad, irritación y congestión impiden la adecuada percepción de aromas.

Benéfica solución

Los lubricantes nasales tienen la virtud de ser importantes auxiliares en el tratamiento y prevención de infecciones respiratorias, pues ayudan a limpiar la mucosidad de la nariz, disminuyen la hinchazón y molestias al respirar (en ocasiones son tan intensas que obligan a la persona a respirar por la boca, con lo cual se genera daño considerable a garganta y pulmones) y enjuagan los alergenos e irritantes.

Los principales ingredientes de los lubricantes nasales son agua y sal común (cloruro de sodio), ya que ambos ayudan a regular y reestablecer el funcionamiento de la mucosa nasal. Asimismo, hay ocasiones en que a esta combinación se le adiciona algún producto que forme por sí mismo delicada película de tipo aceitoso, como glicerina o esencias de plantas. En todo caso, es recomendable emplear los productos que se venden en farmacias y no elaborar estas soluciones por cuenta propia, ya que las fórmulas caseras no son estériles (libres de gérmenes) ni tienen la concentración adecuada de sal (si ésta es muy alta puede empeorar la resequedad).

Mención aparte merece la introducción al mercado de soluciones elaboradas con agua de mar purificada, ya que ésta, además de contener concentración salina adecuada, posee minerales (iones) que contribuyen al mejor estado de la mucosa nasal, como plata (elimina bacterias nocivas), cobre (es antiinflamatorio) y manganeso (controla reacciones alérgicas).

Los lubricantes nasales están disponibles en tres presentaciones: goteros, atomizadores (se ejerce presión sobre el envase plástico o se acciona una bomba para que el contenido salga en forma de rocío) y spray o nebulizador (la solución está contenida en un envase metálico con aire a presión, de modo que al presionar la válvula se libera el lubricante de manera uniforme).

Las indicaciones generales de uso para estos productos son las siguientes:

  • Suénate la nariz suavemente para eliminar el moco. Asegúrate de que puedes aspirar aire por cada orificio, pues de otro modo el medicamento no llegará a la parte profunda de la nariz.
  • En el caso particular del gotero se deberá inclinar la cabeza hacia atrás, luego se colocará el aplicador en una fosa nasal y se ejercerá ligera presión sobre el envase para depositar algunas gotas de solución (2 a 5, por lo general). La operación se repetirá en la otra fosa, y poco a poco se bajará la cabeza hasta que adquiera su posición normal.
  • Para atomizadores será necesario agitar la botella y, la primera vez que se utilice en el día, se deberá “purgar” la bomba haciéndola funcionar algunas veces hasta que el contenido salga como rocío fino. Luego se inclinará la cabeza ligeramente hacia delante, se introducirá el aplicador en una fosa nasal mientras se tapa la otra con el dedo; finalmente se oprimirá la bomba con suavidad. La solución se coloca en ambos orificios nasales y luego se regresará la cabeza a su posición normal
  • Al usar un nebulizador o spray no será necesario inclinar la cabeza, de modo que ésta permanecerá recta; se colocará el aplicador en una fosa nasal, mientras la otra es tapada con un dedo, y se oprimirá la válvula ligeramente. Estos pasos se repetirán para el otro orificio nasal.
  • Independientemente del tipo de producto que utilices, trata de no estornudar ni sonarse después de la aplicación.
  • Lava el dispositivo de aplicación al menos una vez a la semana, a fin de mantenerlo libre de gérmenes.

Cabe hacer hincapié en que los lubricantes nasales no tienen acción directa sobre la enfermedad que genera resequedad nasal, por lo que sólo se consideran auxiliares en el tratamiento de padecimientos respiratorios. Así, la terapia de base estará constituida, a grandes rasgos, por antibióticos (en caso de infecciones bacterianas), antihistamínicos (controlan las reacciones alérgicas), analgésicos (reducen fiebre e inflamación; se emplean para infecciones virales), alimentación rica en frutas y verduras, consumo adecuado de agua (al menos ocho vasos al día), reposo, no fumar y tratar de no frecuentar lugares contaminados.

Por último, cabe hacer el señalamiento de que no se deben confundir los lubricantes nasales con otros productos que se aplican directamente por las fosas nasales, llamados descongestivos, ya que éstos no necesariamente mejorarán los niveles de humedad ni lubricarán la mucosa, pues tienen la finalidad de reducir la actividad de los vasos sanguíneos para aminorar la inflamación y la congestión.

En este sentido, podemos afirmar que los lubricantes se emplearán en aquellos casos en que la respiración genere molestia, irritación y dolor, además de comezón en la nariz y hemorragia nasal; por su parte, los descongestivos se destinan a aquellos casos en que la mucosidad no permite respirar con facilidad y no hay falta de humectación (cuando no hay sangrado ni picazón). Si a pesar de lo antes dicho no sabes qué producto te conviene utilizar, mejor consulta a tu médico para resolver tus dudas.

En todo caso, suspende el uso de aquellas gotas, atomizadores o nebulizadores que generen irritación o con los que no mejoren sus síntomas, y acude con el especialista para cambiar el tratamiento. 

Consulta a tu médico.

SyM

 

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