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21 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



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Cáncer de colon y recto, cada vez más frecuente

Viernes 06 de octubre del 2017, 10:19 am, última actualización

El cáncer colorrectal dejó de ser una enfermedad rara en México, ya que tan sólo en unas décadas se ha situado entre las 10 primeras causas de muerte por tumoración (junto con el de pulmón, mama, próstata y estómago). Además, no es un padecimiento que afecte sólo a la población de adultos mayores, sino a individuos cada vez más jóvenes.

Cáncer colon y recto, Cáncer colorrectal
Cáncer de colon (Intestino grueso)

¿A quién afecta?

Es paradójico, pero cierto. A pesar de que actualmente contamos con información detallada del contenido nutricional de alimentos, así como sobre las necesidades de vitaminas, minerales, proteínas y carbohidratos del organismo humano, es cada vez mayor el número de personas que tiene una dieta abundante en grasas, carne y harinas refinadas, pero pobre en frutas y verduras.

Este mal hábito ha originado dramático aumento en el número de pacientes con problemas en el sistema digestivo, concretamente cáncer de colon (intestino grueso) y recto (porción del sistema digestivo anterior al ano) a la vez que hoy afecta a poblaciones que antes eran más sanas.

Este padecimiento está presente en la población mexicana, ya que la adopción de la llamada "comida rápida" y el mantenimiento de algunas costumbres ha generado el aumento de la enfermedad. Mientras que en 1940 los distintos tipos de cáncer no aparecían dentro de las 10 principales causas de muerte, hoy se tienen como la tercera, detrás de la diabetes e infartos cardiacos.

Anteriormente, la mayor incidencia se ubicaba entre los 60 y 65 años de edad, sin embargo, se han descubierto que cada vez más casos en personas menores de 40, 30 y hasta 20 años. De igual manera, se ha incrementado en mujeres, por lo tanto el padecimiento se halla en ellas y hombres por igual.

Formación y etapas

Aunque no se han precisado todas las causas que desencadenan este mal, se sabe que su origen radica en el crecimiento desordenado de células de la mucosa (tejido liso que recubre el interior del tubo digestivo) del colon y recto. 95% de los tejidos cancerosos inician en el epitelio o "piel" que forma la capa más superficial, y reciben el nombre de adenocarcinoma. El resto se originan en el músculo o en los ganglios linfáticos (que impiden el paso de bacterias o toxinas provenientes de alimentos al torrente sanguíneo), éstos últimos también se conocen como linfomas.

El Dr. Abel Jalife Montaño, médico cirujano especializado en Coloproctología, indica que el problema inicia con la formación de un pólipo o alteración en la parte superficial de la mucosa, similar a una verruga, que crece lentamente y puede convertirse en un tumor maligno que penetra paulatinamente en las paredes del colon.

Cuando la malformación de tejido es pequeña y no rebasa la membrana basal o capa que une a la mucosa con el músculo del intestino, se dice que se encuentra in situ o en etapa 0. En cambio, cuando supera esta barrera, se considera un tumor invasor, cuyas etapas clínicas se dividen en cuatro:

    I.       El tejido cancerígeno (clínicamente llamado neoplasia) rebasa la membrana basal y se empieza a desarrollar en el músculo del colon y recto.

    II.      La neoplasia abarca toda la pared intestinal, incluso la grasa que se encuentra alrededor.

    III.     El tumor se aloja en los ganglios linfáticos, que filtran a los nutrientes obtenidos de los alimentos antes de incorporarlos a la sangre.

    IV.     Las células cancerígenas se dispersan a otros órganos a través de la circulación sanguínea, generalmente el primer órgano afectado es el hígado, ya que es por donde la sangre del tubo digestivo pasa primero (metástasis).

El Dr. Jalife Montaño señala que los pacientes con esta enfermedad se sitúan en dos categorías, dependiendo del lugar donde se localice la neoplasia. Si el daño está en el lado derecho del colon, es probable que se presente sangrado abundante, visible durante las evacuaciones; y al ubicarse del lado izquierdo, donde el tubo digestivo es más delgado, hay estreñimiento o dificultad para expulsar las heces. Estas manifestaciones son más notorias cuando el tumor ha avanzado mucho.

¿Difícil detección?

Es casi imposible que una persona detecte, por sí misma, el cáncer de colon en fases 1 o 2, ya que, como en la mayoría de las neoplasias, casi no hay síntomas. Los pólipos que hay en las primeras etapas son muy pequeños (miden aproximadamente 5 mm), de modo que para generar alteraciones necesitan crecer mucho.

La única manera de diagnosticar este padecimiento en etapas iniciales es a través de revisiones periódicas efectuadas por médicos especialistas (coloproctólogo o gastroenterólogo endoscopista), cuya frecuencia se determinará de acuerdo al grupo de riesgo al que pertenezca:

  • Bajo. Son personas sin antecedentes familiares de cáncer colorrectal; se recomienda que asistan a revisión a partir de los 35 años cada dos años.
  • Intermedio. A quienes tengan un pariente en línea directa que haya padecido la enfermedad se les aconseja acudir a revisión desde los 20 años una vez cada 12 meses. Luego de 2 o 3 resultados negativos, pueden revisarse cada dos años.
  • Alto. Es la población con dos o más familiares en línea directa que hayan sido afectados o quienes tienen alguna enfermedad que predisponga a este mal, como colitis ulcerosa crónica (inflamación y ulceración intermitente del intestino grueso) o poliposis adenomatosa familiar (PAF, que es una enfermedad hereditaria que se caracteriza por la presencia de numerosos pólipos en el colon). Su seguimiento debe iniciar desde los 10 años de edad, en forma anual.

Los métodos de diagnóstico del cáncer colorrectal más empleados y útiles son:

  • Determinación de sangre oculta en heces. Prueba muy sensible (97% de efectividad) que permite encontrar restos de hemorragia intestinal en personas que no presentan síntomas.

  • Tacto rectal. Útil para determinar la presencia de neoplasias en recto, así como su forma y tipo.
  • Rectosigmoidoscopia. Examen interno del recto y la parte final del intestino grueso empleando pequeña cámara. En la actualidad es una de las herramientas más útiles de detección; no requiere anestesia, permite retirar muestras de tejido (biopsia) para su revisión en laboratorio y es fácil de efectuar.
  • Colonoscopía. Estudio más completo que abarca la totalidad del colon a través de diminuta cámara. También permite tomar células anormales para su estudio.

Tratamiento del cáncer colorrectal

La terapia de erradicación o control de cáncer de colon y recto, depende en gran medida de la etapa en la que se detecte el cáncer, así como el sitio en el que se localice.

El especialista también mencionó que en las etapas iniciales no realizan grandes operaciones, debido a que son relativamente sencillas:

  • Etapa 0: se retira el tumor y prácticamente se ha curado el mal.
  • Etapas 1 y 2: se recurre a la resección amplia, es decir, se seccionan 5 cm de tejido normal alrededor de la neoplasia, y se unen los extremos del colon. El tumor se vuelve más problemático cuanto más cerca esté del recto, y si se encuentra extendido, puede obligar a llevar a cabo una colostomía definitiva, que es una intervención quirúrgica radical, ya que se retiran recto y ano, y se hace una apertura en el vientre, por donde defecará la persona por el resto de su vida.
  • Etapa 3 (y algunos pacientes en fase 2): quimioterapia, es decir, tomar medicamentos que eliminen células cancerígenas. Algunos especialistas sugieren que los tumores en recto siempre requerirán radioterapia (materiales radiactivos que eliminan a las células dañinas).
  • Etapa 4: los pacientes en esta fase reciben tratamiento poco agresivo a fin de que tengan una existencia tranquila durante el tiempo que les reste de vida. El tiempo de supervivencia después de la terapia de quienes padecen cáncer colorrectal depende en gran medida del momento en que se diagnostique. "Cuando han pasado cinco años desde que recibieron atención médica, los pacientes en etapa 0 sobreviven casi en 100%; en etapa 1, 80%; en la 2, 60%; en la 3, 40% y en la 4 sólo del 20% al 30%", señala el experto.

Nada como la prevención

Se requiere seguir dos medidas básicas para evitar el desarrollo o evolución del cáncer colorrectal: cuidar la alimentación y asistir a revisiones periódicas de acuerdo al grupo de riesgo al que se pertenezca.

Asimismo, se recomienda el consumo de alimentos con vitaminas A, E y C, además de la fibra proveniente de productos vegetales (avena, lentejas, almendras, maíz, chícharo, zanahorias, calabaza, brócoli, guayaba, mango, higos, ciruelas y uvas), en una proporción de entre 25 y 30 g al día, lo que equivale a 1 o 2 platos de cereal. También destaca que es útil sustituir las harinas refinadas por integrales y cambiar azúcar blanca por morena o moscabado.

En contraparte, es recomendable eliminar la comida rápida, rica en grasas, y las carnes asadas (fuente de numerosas toxinas) y productos elaborados en aceite. Sumado a que los alimentos se deben masticar varias veces y despacio, para que el tubo digestivo procese adecuadamente.

Aunque todavía hay mucho miedo para someterse a estudios de detección de cáncer de colon, sobre todo en hombres, es recomendable una rectosigmoidoscopia: tarda entre 5 y 10 minutos y es un poco molesta porque tiene que vaciarse la parte final del recto y colon con ayuda de un laxante, más no tiene comparación con los problemas derivados de la quimioterapia o la colostomía, sin considerar que al no recibir atención el desenlace suele ser fatal.

SyM - Rafael Mejía

 

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