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Gastroenteritis, más que una simple diarrea

Miércoles 22 de marzo del 2017, 11:10 am, última actualización

En México, 6 de cada 10 consultas diarias corresponden a enfermedades intestinales, de las cuales casi 60% se debe a alteraciones que inflaman estómago e intestinos, procesos conocidos como gastroenteritis.

Gastroenteritis, Inflamación de estómago e intestinos, Diarrea

Infecciones del tracto digestivo

Los sectores de la población que más se ven afectados por gastroenteritis son el infantil y la tercera edad, principalmente en los países en desarrollo, como México.

Por lo general, la diarrea por gastroenteritis es de los principales signos de la enfermedad y la causa de gran número de fallecimientos, ya sea por las complicaciones del padecimiento, estar mal atendido, o no haber recibido tratamiento oportuno. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que se producen aproximadamente mil 700 millones de casos de enfermedades diarreicas cada año, y que éstas constituyen la segunda mayor causa de muerte en niños menores de 5 años.

Aunque la gastroenteritis afecta casi por igual a mujeres y hombres, éstos últimos presentan mayor riesgo de contraerla debido a que cuidan menos sus hábitos alimenticios e higiénicos (está demostrado que, por ejemplo, se lavan menos las manos que su contraparte femenina), lo que incluye comer en puestos callejeros.

Cabe destacar que esta condición engloba a diversos tipos de infecciones e irritaciones en el tracto digestivo, es decir, estómago e intestinos, los cuales pueden ser clasificados de acuerdo a su origen en:

  • Infecciosas: son causadas por bacterias, virus y hongos.
  • Gastroenteritis no infecciosa: provocada por alergia a ciertos alimentos, como gluten del trigo, fresas o duraznos, lácteos, irritantes (alcohol, picante y condimentos, entre otros) y parásitos.
  • Vinculadas a las emociones: se originan por alteraciones en el estado de ánimo, como estrés, depresión o angustia.

¿Cómo nos enfermamos?

En virtud de que la gastroenteritis es proceso inflamatorio del estómago e intestinos, generado por agentes que provocan daño a la mucosa intestinal, provoca cambios en el comportamiento de nuestro cuerpo. Las consecuencias, es decir, los síntomas de gastroenteritis incluyen diarrea asociada a fiebre, vómito y dolor abdominal, así como constante sensación de defecar.

En países en vías de desarrollo las infecciones gastrointestinales se adquieren por consumo de agua o alimentos contaminados y por la transmisión de la enfermedad de una persona a otra, ya que virus y bacterias inician un crecimiento desmedido dentro del intestino del receptor, pues ahí encuentran las condiciones propicias para su desarrollo.

En los casos no infecciosos, sucede que los alimentos que causan un proceso alérgico actúan como agente agresor de la mucosa que protege al intestino en su interior, estimulando la producción de movimientos (con mayor fuerza y frecuencia) para tratar de eliminar el origen de la agresión.

Por ejemplo, cuando se trata de parasitosis debida a E. Coli enterotoxigénica, ésta se encarga de la producción de toxinas que atacan a las células de la mucosa intestinal, lo que motiva una respuesta por parte del intestino que segrega agua y moco para disminuir la concentración de toxinas y recubrir la capa de células al interior del intestino (epitelio); sin embargo, la irritación producida inicialmente genera que los movimientos se incrementen con el afán de eliminar a los agresores, lo que desencadena diarrea.

La probabilidad de contraer una infección gastrointestinal depende de la cantidad de agentes dañinos que se hayan ingerido, así como su capacidad para hacer daño (virulencia), aunque también influyen factores propios del individuo invadido, como menor secreción de ácidos gástricos o de movimientos de evacuación, alteración de la flora intestinal habitual o un estado inmunodeprimido (disminución de las defensas naturales del organismo) que puede aumentar la susceptibilidad a la infección.

Causas de gastroenteritis

El origen de la enfermedad es diverso, por lo que se han identificado varios tipos de gastroenteritis, siendo el más común el causado por virus que se propagan rápidamente en diferentes ambientes a través del agua, alimentos contaminados o de persona a persona.

Los más frecuentes son rotavirus y adenovirus entéricos, microorganismos que se multiplican en la superficie del intestino delgado (en regiones conocidas como duodeno y yeyuno) y destruyen rápidamente las vellosidades, lo que reduce considerablemente la capacidad de absorción de ciertas sustancias; particularmente, los niños tienen problemas para digerir la lactosa o azúcar contenida en la leche.

El diagnóstico de esta gastroenteritis infecciosa se realiza por medio de estudios que determinan las características y tipo de virus; en este caso, la terapia suele incluir solamente medicamentos que controlen los síntomas, pues poco a poco el padecimiento cede. Es importante señalar que jamás debe interrumpirse la alimentación acompañada del suministro de suero oral, todo con el propósito de evitar deshidratación.

Por otro lado, las bacterias también son responsables de otro tipo de gastroenteritis, siendo las más populares los géneros Salmonella, Escherichia, Shigella y Campylobacter. Los mecanismos de transmisión son similares a los de los virus (aunque su forma de infección en ocasiones llega a ser más agresiva que la de éstos). El diagnóstico de gastroenteritis se realiza a partir de los síntomas y a través del estudio clínico coprocultivo (heces), el cual permite determinar el tipo de bacteria específico y seleccionar así el antibiótico ideal para el tratamiento.

Ahora bien, la gastroenteritis parasitaria es causada, principalmente, por Entamoeba histolytica (amiba), protozoario que infecta a 1% de la población mundial; se ingiere generalmente en forma de trofozoíto (huevo o quiste) en el agua y alimentos contaminados (verduras mal lavadas).

Los síntomas que se presentan por la infestación de este parásito se caracterizan por presentar diarrea sanguinolenta con trozos de materia fecal, y presencia de moco en las heces con coloración verde. El tratamiento consiste en la administración de sustancias antiamibianas, como metronidazol o la diyodohidrixiquinoleina (la combinación de ambas es magnífico fármaco).

Asimismo, la intoxicación alimenticia (mariscos, hongos o productos contaminados), o el consumo de cantidades excesivas de alcohol también pueden provocar irritaciones en el tracto digestivo.

En este caso, el tiempo transcurrido entre la incubación y la aparición de los síntomas es de unas cuantas horas; las heces, generalmente, son voluminosas, abundantes y acuosas, no presentan moco, sangre o pus, y el dolor abdominal es poco importante. El paciente suele no presentar fiebre ni quebrantamiento del estado general y, de no haber alguna anormalidad, cede transcurridos entre 3 y 5 días.

Ahora bien, cuando el agente causal invade la mucosa intestinal y/o libera toxinas, como en el caso de la salmonella, shigella y campylobacter, se inicia el proceso de inflamación por irritación que propicia diarrea por gastroenteritis; es común que se observen heces menos voluminosas y en ellas sangre y/o moco, también dolor abdominal intenso, fiebre y escalofríos. Normalmente, la enfermedad cede al transcurrir entre 10 y 14 días. Los síntomas incluyen náuseas, falta de apetito, fiebre y debilidad, la cual es causada por la eliminación de fluidos como sodio y potasio, lo que contribuye a sensación de dolores musculares; si no se reponen los líquidos que se pierden, puede haber deshidratación e hipotensión (presión arterial baja).

Es importante mencionar que el uso de antibióticos en el tratamiento de la gastroenteritis solamente puede darse cuando sea indicado por el médico, debido a que este tipo de medicamentos no distinguen entre la bacteria que nos está ocasionando daño y la flora bacteriana propia del intestino, la cual es susceptible de ser destruida. Si esto ocurriera, se generaría tal desequilibrio intestinal que existiría el riesgo de episodios de diarrea aguda o crónica y anemia.

Diagnóstico de gastroenteritis

Ante la sospecha de un cuadro de afección gastrointestinal debe hacerse detallada historia clínica y un estudio microbiológico de laboratorio, conocidos como exámenes coprológicos, para los cuales se requieren muestras fecales y su análisis microbiológico.

Dentro de este tipo de estudios se incluyen:

  • Coproparasistoscópico: se solicita en serie de tres y en el que se busca la presencia de huevecillos, restos o al parásito mismo.
  • Coprocultivo: se realiza el sembrado de pequeñas muestras de excremento, de entre 1 y 2 gramos, en medios de cultivo especiales con la finalidad de establecer tipo y características de los microorganismos y saber a qué medicamento son sensibles para su eliminación.
  • Amiba en fresco: consiste en la toma de una muestra de moco de la región anal por medio de un hisopo (cotonete), con la finalidad de establecer la presencia o infestación por amiba.
  • Citología en moco fecal: sirve para identificar el tipo de glóbulos blancos que contiene el moco fecal, de esta manera se puede tener idea de las características del agente que está produciendo la diarrea.
  • Azúcares reductores: se usa principalmente en niños para saber si existe intolerancia a los azúcares de la leche (lactosa).

¿Qué hacer ante las infecciones del tracto digestivo?

Ante todo, debemos cuidar el estado de hidratación de la persona enferma, ya que de eso dependerán o no las complicaciones. Para lograrlo se puede utilizar suero oral, ya sea adquiriéndolo en farmacias o tiendas de autoservicio o bien, preparándolo con un litro de agua purificada o hervida, 2 cucharadas de azúcar y una de sal común.

Conviene consumir el suero tan frecuentemente como sea posible, pero en pequeñas cantidades para permitir adecuada absorción de la solución; se recomienda que sea a cucharaditas o en pequeños sorbos.

La higiene de las manos antes y después de ir al baño es importante para evitar reinfecciones y contagios, así como estar alertas ante la presencia o aparición de los signos característicos de diarrea (sobre todo en niños), como pulso rápido, sed intensa, piel fría y húmeda, vómito, así como presencia de sangre en heces, fiebre y ojos hundidos. También debe tenerse especial cuidado cuando se identifique que la fontanela (mollera) está hundida en pequeños menores de un año.

Por último, es conveniente acudir a una clínica o centro hospitalario cuando se sospecha o reconoce alguno de los rasgos de gastroenteritis, el cual es minimizado por gran parte de la población. Vale más una falsa alarma que ser parte de una trágica estadística.

SyM - Dr. Eduardo Ramírez J.

 

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