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Hemorroides mal tratadas, peligrosas complicaciones

Hemorroides mal tratadas, peligrosas complicaciones

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

Se estima que 50% de la población adulta padece enfermedad hemorroidal; sin embargo, no todos los pacientes acuden al médico por vergüenza o porque confían en productos “milagro” cuya publicidad es engañosa. El resultado: dolorosas complicaciones.

Es común que para referirse al problema que nos ocupa utilicemos de manera coloquial la palabra almorranas, pero también solemos recurrir al término hemorroides por considerarlo más correcto.

No obstante, “hemorroide se define como complejo anatómico constituido por tejido vascular (red de comunicaciones arteriovenosas), músculo liso y tejido fibroelástico, presentes normalmente en el ano-recto y que forma las ‘almohadas’ o ‘cojines’ anales, estructuras participantes en la continencia anal (capacidad de retener el contenido intestinal) que protegen a este segmento de posibles lesiones durante la defecación”, explica el Dr. Francisco Javier Barrientos Castro, coloproctólogo egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM y especializado en el Centro Médico Nacional Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), localizado en la capital del país.

Asimismo, precisa el también médico adscrito al Hospital Ángeles Metropolitano, cuando se presenta alguna alteración en dicha zona es cuando debemos hablar de enfermedad hemorroidal, “cuyas causas no son del todo conocidas y precisadas, aunque sí se han reconocido diversos agentes que contribuyen en la alteración”.

 

¿Qué sucede?

De acuerdo con el entrevistado, un factor que participa en el desarrollo del padecimiento es el debilitamiento o deterioro de los tejidos de soporte de las almohadillas anales. “Esta condición facilita su deslizamiento distal y hacia la luz del ano-recto, lo que produce distensión venosa, engrosamiento de las paredes, erosión o ulceración, hemorragia, trombosis y, finalmente, salida de las mismas hemorroides (prolapso)”.

Lo anterior se asocia a edad avanzada, posición erecta del humano, realización de actividades de pie, esfuerzo en la defecación y permanencia prolongada en el inodoro durante las evacuaciones. Además, en el caso de las mujeres deben considerarse el embarazo, trabajo de parto y alumbramiento.

Cabe destacar que los síntomas de la enfermedad dependen de cuál de los plexos (redes) hemorroidales está más comprometido. Al respecto, advierte el Dr. Barrientos Castro: “De acuerdo a su localización, existen dos variantes, conocidas como hemorroides internas y externas; las primeras se ubican en la porción inferior del recto, en tanto las segundas surgen en el conducto anal. Por cierto, es importante aclarar que al hacer referencia a las externas no significa que estén fuera del ano, aunque pueden exteriorizarse”.

El coloproctólogo refiere que cuando se trata de hemorroides internas, el signo más evidente de la enfermedad es la hemorragia rectal con sangre de color rojo rutilante (brillante), la cual se asocia, la mayoría de las veces, con la defecación. “La cantidad de sangre expulsada es variable y puede presentarse acompañada de materia fecal en forma de estrías, como mancha en el papel higiénico o dejando rastro en el espejo del agua del inodoro”.

Asimismo, en ocasiones puede haber prolapso o salida de las hemorroides (básicamente las internas) a través del orificio del ano. Y esto es lo que las a clasificar a las internas en diferentes grados, en tanto salgan y puedan regresar a su sitio original:

  • Grado 1. No descienden durante el acto defecatorio, pero habitualmente se asocian con hemorragia.
  • Grado 2. Las hemorroides salen por el ano, pero regresan a su sitio en forma espontánea, una vez que cede el esfuerzo.
  • Grado 3. Las que prolapsan o salen durante la defecación, y requieren reducción en forma manual para reubicarlas en el conducto ano-rectal.
  • Grado rectal. Las que no reducen y permanentemente están de fuera (o prolapsadas).

En cuando a las externas, habitualmente son causa de dolor, sobre todo si se inflaman; pueden sangrar, aunque con menor frecuencia que las internas, o generar incomodidad, comezón y ardor en la región anal.

 

Acabe con las molestias

Si presenta los síntomas antes citados, acuda de inmediato con el coloproctólogo, especialista que tras realizar cuidadosa historia médica y adecuada exploración, hará diagnóstico del problema que se trate y el diagnóstico diferencial a fin de descartar, entre otras entidades y en forma destacada, al cáncer rectal.

“Es necesario hacer inspección de la región ano-perianal, realizar tacto rectal y revisar con anoscopio, instrumento pequeño que nos permite observar el interior del conducto anal y la porción inferior del recto. Finalmente se completa la exploración en el consultorio con la rectosigmoidoscopia, método que nos permite revisar por dentro los últimos 25 centímetros del intestino grueso”, detalla el Dr. Barrientos Castro.

Una vez que se establece el diagnóstico, es importante considerar que el tratamiento a aplicar se elige de acuerdo al grado de la enfermedad. Cuando ésta es leve a moderada, la terapéutica a seguir incluye modificación de hábitos dietéticos del paciente, quien deberá evitar o disminuir el consumo de alimentos irritantes e incrementar el de líquidos, frutas, verduras y cereales integrales, los cuales favorecen la defecación y, por tanto, reducen molestias en la zona afectada.

“Si el paciente sufre estreñimiento pese a haber incrementado el consumo de fibra y líquido, puede recurrirse a laxantes suaves, por ejemplo, aquellos elaborados con Psyllium plántago, ingrediente que ayuda a regular el hábito intestinal”, aconseja el experto, quien se ha desempeñado como presidente de la Sociedad Mexicana de Proctología y del Consejo Mexicano de Especialistas de Enfermedades del Colon y del Recto. Otra de las medidas importantes es practicar ejercicio con regularidad, pues beneficia la actividad intestinal.

En ocasiones, y durante cortos periodos, se recomienda la aplicación de pomadas antihemorroidales, cuya fórmula contiene analgésicos, anestésicos locales y antiinflamatorios; “estos productos no deben utilizarse más de 7 a 10 días porque pueden causar en algunos pacientes dermatitis medicamentosa, que a veces resulta más molesta que la propia enfermedad”, recomienda el especialista.

También se aconseja mejorar el aseo de la región afectada, lo que consiste en tomar baño de asiento durante cinco minutos tras haber defecado, de 1 a 2 más en el día, y limpiar la zona con papel higiénico.

 

Necesidad de cirugía

Cuando la enfermedad se encuentra en fase avanzada, no responde al tratamiento o existen complicaciones de la misma como trombosis masiva (formación de coágulos en la venas y arterias locales), se requerirá intervención quirúrgica. “Este procedimiento consiste en extirpar las venas enfermas, con lo que se resuelve el problema en forma radical y, en términos generales, sin el dolor excesivo que le ha dado mala fama a esta cirugía”, comenta el Dr. Barrientos Castro.

Ahora bien, añade el coloproctólogo, existen otros procedimientos alternos “que en lo personal no utilizo, porque están enfocados básicamente al componente interno de la enfermedad hemorroidal. Entre ellos se incluyen los denominados térmicos (funcionan a base de calor), como fotocoagulación, sea con láser, rayos infrarrojos o radiofrecuencia; electrocoagulación monopolar o bipolar (mediante corriente eléctrica destruye tejidos) y criocirugía (utiliza temperaturas muy bajas), aunque hay que señalar que esta última se encuentra prácticamente en desuso”.

Asimismo, existen procedimientos químicos, como la inyección de alguna sustancia esclerosante (que transforman a la vena en cordón fibroso que posteriormente se desprende o desaparece), como la combinación de urea y quinina, morruato de sodio y fenol al 5%.

Otros métodos son de tipo mecánico, por ejemplo, la ligadura elástica (colocación de banda elástica en las venas inflamadas que reduce la circulación sanguínea y así el tejido muere y cae). Recientemente se han comenzado a aplicar la mucosectomía (hemorroidopexia) con anoplastía, que se realiza con una engrapadora, y la ligadura de la arteria hemorroidal superior, guiada con doppler (sistema de permite obtener imágenes de la región, a través del uso de ondas de sonido).

Sin embargo, cabe mencionar que estos métodos “son aplicables, la mayoría de las veces, cuando la enfermedad afecta, principalmente, al territorio de las hemorroides internas. Por lo regular, el paciente que llega a consulta con el especialista tiene compromiso en ambos territorios hemorroidales, aunque eventualmente la enfermedad puede ser de mayor predominio en las hemorroides externas o en las internas, pero el proceso es casi siempre de tipo mixto”, insiste el especialista.

Ante cualquier síntoma o molestia de tipo hemorroidal, es indispensable acudir al médico colopróctologo, quien le dará el tratamiento adecuado. Olvide los productos “milagro” que se anuncian como solución al problema, pues de acuerdo con el entrevistado, si acaso funcionan como coadyuvantes en el manejo de la enfermedad.

SyM
Última actualización: 01-2013

 

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