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Intestino irritable, motivo de incapacidad laboral

Miércoles 17 de agosto del 2016, 03:04 pm, última actualización

También conocido como síndrome de colon irritable, trastorno funcional digestivo y coloquialmente con el nombre colitis, esta enfermedad cobra mayor importancia dadas las condiciones de la vida moderna. Es crónica (de larga duración) e incurable, y afecta más a las mujeres, pero se puede controlar si se cambian hábitos alimenticios y se canaliza el estrés.

Intestino irritable, motivo de incapacidad laboral

Es muy probable que alguna vez, poco tiempo después de desayunar o comer, hayas tenido que desabrochar tu pantalón o falda ante la presencia de gran inflamación abdominal, la cual se acompaña frecuentemente de dolor y estreñimiento o, en otros casos, diarrea.

Si esta clase de signos son frecuentes en tu vida tal vez estés en la antesala del llamado síndrome de intestino irritable (SII), trastorno que se cree puede afectar hasta a 23% de la población mundial y es probablemente la alteración más frecuente de los trastornos del aparato digestivo.

La persona que cursa este padecimiento presenta alteraciones en alguna o varias partes del tracto gastrointestinal, es decir, estómago, intestino delgado y grueso, lo cual determina que haya desequilibrio en el número y consistencia de las evacuaciones. Los síntomas característicos son, vale reiterarlo, dolor abdominal, sensación de distensión (inflamación) y estreñimiento o diarrea.

Causas ocultas

En entrevista para saludymedicinas.com.mx, el doctor Juan Manuel Blancas Valencia, jefe de endoscopia del Centro Médico Nacional Siglo XXI, comenta que "aunque se sabe que el SII es una enfermedad determinada por diversos factores, no se conocen los mecanismos que desencadenan este padecimiento, por eso el tratamiento es difícil. Es evidente que la gente con muchos problemas emocionales, tensión en su trabajo y alguna alteración psicológica tiene más tendencia a padecer síndrome de intestino irritable, pero lo mismo ocurre con quien sigue una dieta en la que abundan las grasas, irritantes y condimentos, así como baja ingesta de fibra, es decir, personas que habitualmente consumen poca agua y no comen frutas, verduras y cereales".

El especialista en gastroenterología por la Universidad Nacional Autónoma de México afirma que siempre existe un mecanismo desencadenante, por ejemplo "una diarrea por comer en lugares insalubres, o un cuadro infeccioso mal atendido, es decir, que no haya tenido un tratamiento adecuado o que éste no se haya cumplido, pues es común que la gente lo suspenda en cuanto se siente mejor".

Para entender mejor lo que sucede es interesante saber que en el intestino intervienen vías nerviosas y hormonales que regulan su movimiento y grado de sensibilidad. Este tipo de señales son enviadas al cerebro en donde se traducen en forma de sensaciones y se hacen conscientes. Por ello, estrés, ansiedad y depresión, que se identifican como factores a nivel cerebral, pueden actuar también en el intestino y provocar variaciones en el grado de sensibilidad, lo cual se puede percibir como dolor y, en otros casos, promover alteraciones en la movilidad de los intestinos y con ello generar diarrea o estreñimiento.

Arriba las mujeres

El síndrome de intestino irritable es considerado un padecimiento característico de la edad adulta (afecta entre 16% y 21% de la población), principalmente a mujeres entre 20 y 40 años. De hecho, se cree que hay una relación de 2.5 mujeres por cada hombre enfermo; sin embargo, la frecuencia del padecimiento disminuye ligeramente entre la población de edad avanzada, y se sabe que las personas caucásicas (de raza blanca) sufren la enfermedad cinco veces más que las de raza negra.

El doctor Blancas Valencia, quien es vicepresidente de la Asociación Médica del Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional, avala lo dicho al afirmar que la proporción en contra de la mujer pude deberse "al factor hormonal, pues se sabe que ellas tienen más propensión al estreñimiento, ya que las hormonas femeninas relajan el músculo liso y hay una tendencia a que en los últimos días de su ciclo menstrual, justo antes de que se presente la menstruación, haya gran concentración de hormonas femeninas circulando dentro de su cuerpo que hace que la contracción del colon sea menos importante y se presente más el estreñimiento".

Sin embargo, esto es una sospecha porque, a ciencia cierta, dice el gastroenterólogo "no sabemos por qué se presenta más en las mujeres, de hecho algunos dicen que puede ser un factor de engaño, porque las mujeres se preocupan más por su salud y acuden con mayor frecuencia a consulta que los hombres".

Impacto social y laboral

Como ocurre con casi cualquier enfermedad, en México se carece de un registro confiable de datos o estadísticas; el síndrome de intestino irritable no es la excepción y los registros que existen al respecto no pueden considerarse reales. Así lo afirma el Dr. Blancas Valencia, quien abunda en su comentario y explica que los datos que se contabilizan "son los de aquellos pacientes que se hospitalizan, debido a que los médicos estamos obligados a hacer un diagnóstico de entrada y otro de salida.

"Habitualmente, el SII no es una enfermedad que obligue a hospitalizar al afectado, pero este problema es de tal magnitud que se considera la primera causa de consulta en la mayoría de los consultorios especializados en gastroenterología. Por otro lado, si atendemos el servicio de primer contacto en instituciones de salud pública y hacemos a un lado los problemas pediátricos, infecciosos y la atención a mujeres embarazadas, el SII tendría el quinto o sexto lugar en frecuencia".

Sirva como referencia decir que en Estados Unidos los reportes médicos establecen que hasta 30% de la población se ve afectada por este mal, lo cual significa que una persona, en promedio, falta a su trabajo entre 10 y 14 días al año. Se calcula, asimismo, que el gasto que tiene que realizar un enfermo de SII por la compra de medicamentos es muy elevado y que, aproximadamente, se surten 2.5 millones de recetas médicas cada año debido a este trastorno.

La experiencia del médico

Se puede decir, en opinión del Dr. Blancas Valencia, que la instalación de la enfermedad es insidiosa o traicionera, "pues un paciente comienza con dolor leve, come y tiene un poco de inflamación abdominal y alivia el malestar con algún medicamento o un té de manzanilla. De hecho, la persona se despierta bien y las molestias se van haciendo más intensas o graves conforme avanza el día, al grado de tener que desabrocharse la falda o aflojar su cinturón para sentirse aliviado.

"En ocasiones, el síndrome de intestino irritable se confunde con otras enfermedades, como diarrea infecciosa, amibiasis, tumor o cáncer de colon, sangrado por enfermedad diverticular (formación de bolsas en el intestino) e incluso con apendicitis". Sin embargo, cabe destacar que hay bajo porcentaje de pacientes con síntomas considerados graves, como dolor abdominal fuerte e intenso, lo cual determinaría que el paciente fuera internado y le practicaran exámenes de laboratorio (rayos X, por ejemplo) así como evaluaciones médicas para descartar que se trate de un problema abdominal que requiera otro tipo de tratamiento".

Desde el punto de vista clínico, afirma el Dr. Blancas Valencia, se dice que si un paciente acude al consultorio con signos muy sugestivos de SII, y no hay algún dato de enfermedad orgánica, se puede establecer un diagnóstico presuncional. Lo ideal para contar con un análisis completamente acertado, explica el especialista, sería realizar exámenes de laboratorio y gabinete (endoscopia o radiografías, por ejemplo) a todos los enfermos, pero existe un gran problema: habría que gastar mucho dinero para excluir las enfermedades ya mencionadas, pues un paciente tendría que practicarse pruebas como ultrasonido, tomografía, colonoscopía y exámenes de materia fecal y sangre, por lo que la persona gastaría entre 5 y 50 mil pesos.

Dadas estas circunstancias, se debe recurrir a la experiencia y capacidad del especialista, el cual, una vez que asume que el afectado padece este trastorno, debe dar tratamiento, el cual estará dirigido a modificar la dieta, recomendar al paciente que duerma mejor, que tome mucha agua, así como investigar si existe algún factor que genere estrés; generalmente se requiere la administración de fármacos.

Si con estas medidas desaparecen los síntomas se dará como un hecho que el paciente padece este trastorno y no serán necesarios otros estudios, pero si las molestias persisten deberán realizarse los exámenes complementarios ya citados. No ocurre lo mismo con una persona de 50 o 60 años que nunca había tenido molestias de este tipo. En este caso, afirma el gastroenterólogo, "estoy obligado a no dar un tratamiento de primera elección (aquel que se proporciona cuando se tiene la certeza del padecimiento que se combate), sino a hacer estudios para diagnosticar si en verdad presenta síndrome de intestino irritable.

"En cambio, en los enfermos jóvenes, en donde no hay datos de alarma y la posibilidad de contraer cáncer es mínima, no tiene caso hacer estudios que descarten la presencia de una enfermedad grave que requiera atención específica".

¿Cómo lo controlo?

Si bien es cierto que el tratamiento se debe adecuar a los síntomas del enfermo, lo primero que recomienda el médico es la administración de los llamados antiespasmódicos, porque prácticamente todos los enfermos con síndrome de intestino irritable tienen dolor.

Este tipo de fármacos (los más utilizados son los que contienen butilhiocina) ayudan a que los intestinos no se contraigan, es decir, evitan que se muevan y los paralizan, al mismo tiempo que calman el dolor en forma casi inmediata, aunque la duración del efecto es transitoria; el paciente debe tomar el medicamento entre 2 y 4 veces al día, dependiendo de la intensidad del malestar.

Por otro lado, se puede recurrir a los inhibidores de la recaptura de calcio, como el bromuro de pinaberio, que actúan relajando el músculo liso y quitando el dolor. Tienen un efecto de acción más largo que los anteriores, y como algunos se administran cada 8 horas y otros dos veces al día resulta más fácil para el paciente seguir el tratamiento.

En caso de que el enfermo con SII tenga predominio de diarrea deberán administrarse antidiarreicos (los más conocidos son a base de difonexilato y loperamida), que inhiben las contracciones de los intestinos.

En palabras del Dr. Blancas Valencia, la forma de presentación más común del SII es con estreñimiento y dolor, "por lo cual se deben prescribir bromuro de pinaberio y habitualmente algún laxante (hay varios grupos), pero los que más se utilizan son los que forman materia fecal".

También es común el uso de astringentes, que hacen que el intestino se mueva más rápido.

Lo más novedoso

Desde hace tres años, aproximadamente, se cuenta con un medicamento (cuya sustancia activa es tegaserod) que ha sido sumamente exitoso en su aplicación clínica, pues regula las contracciones del intestino y disminuye su sensibilidad, lo que da como resultado que desaparezca el dolor y se evite la inflamación, al mismo tiempo que promueve que el enfermo tenga regularidad en las evacuaciones.

En opinión del Dr. Blancas Valencia, este fármaco sería el medicamento de primera elección si es que en el enfermo predomina el dolor y estreñimiento, pero comenta que "desgraciadamente ninguno de los medicamentos, ni siquiera éste último, tiene la posibilidad de curar el SII. Son fármacos que se usan entre 6 y 8 semanas, mientras el paciente empieza a modificar su dieta y canaliza el estrés, al mismo tiempo que realiza actividad física.

"Si esto se cumple, logrando que el enfermo cambie los factores que causan su malestar, los síntomas desaparecerán 1 ó 2 meses después y no regresarán si es capaz de seguir con estas medidas".

Desafortunadamente, si no se le explica todo esto al paciente, abunda el especialista, "la posibilidad de éxito disminuye, por lo que es fundamental que el afectado entienda su enfermedad, es lo mismo que ocurre con un individuo que padece miopía, si se quita los lentes no podrá ver, o alguien con diabetes, si no se inyecta insulina o no se toma los medicamentos para bajar el azúcar, seguramente tendrá complicaciones. Aquí es igual, si el paciente como chiles rellenos, carne de cerdo, si tiene dificultades emocionales en el entorno laboral, si cree que lo van a despedir o no tiene trabajo será difícil remediar el problema.

"El papel del médico es hacer que la persona tome conciencia de que este trastorno es crónico, y por ello requiere modificar sus hábitos y resolver sus conflictos emocionales, o al menos canalizarlos a través de alguna actividad, como nadar, pintar o practicar yoga".

Como se puede ver, esta situación es más común de lo que parece y tiene repercusiones importantes en la calidad de vida de miles de personas, lo que a la postre repercute directamente en su productividad laboral o profesional.

Como siempre, la información calificada y la cercanía con el médico serán fundamentales para evitar este problema, y si ya convive con él, controlarlo de la mejor manera.

SyM - Fernando González G.

 

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