Incontinencia fecal en la tercera edad, soluciones - SyM
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Soluciones ante incontinencia fecal

Martes 23 de febrero del 2016, 10:35 am, última actualización

La evacuación involuntaria del intestino es un problema frecuente en la tercera edad que suele ocultarse a familiares, amigos e, incluso, al médico, por lo que genera aislamiento social; sin embargo, existen numerosas soluciones para enfrentarlo y mejorar la calidad de vida.

Soluciones ante incontinencia fecal

La pérdida del control de las evacuaciones es un problema al que mucha gente suele considerar penoso e inevitable acompañante durante la vejez, de modo que lo único que se puede hacer ante él es resignarse; sin embargo, esta forma de pensar debe desterrarse de una vez por todas, ya que el paso del tiempo y numerosas observaciones médicas nos han permitido comprender que la mayoría de los casos pueden atenderse con éxito o prevenirse.

Más aún, es indispensable que toda persona de la tercera edad que sufre este padecimiento busque la atención de un geriatra (médico especializado en trastornos de la tercera edad) o gastroenterólogo (especialista en enfermedades del sistema digestivo), no sólo porque puede mejorar su estado y evitar bochornosos momentos, sino también porque esta condición anormal puede ser síntoma de alguna enfermedad que requiere tratamiento.

A pesar de que las estadísticas sobre este tema son inexactas, ya que importante número de pacientes ocultan su estado, se ha logrado establecer que aproximadamente 10% de las personas mayores de 65 años padecen incontinencia intestinal o fecal, y que el número de casos dentro del citado rango de edad es, aproximadamente, tres veces mayor en mujeres que en hombres.

Clínicamente, la incontinencia fecal o intestinal puede manifestarse de dos formas que suelen manchar la ropa y cama: con la pérdida casi continua de heces semilíquidas o mediante la excreción de materia fecal sólida, 1 ó 2 dos veces al día. Empero, hay que destacar que ambas son atribuibles a distintas causas, de modo que por sí mismas no permiten la obtención de diagnóstico certero.

Síntoma, no enfermedad

Para los especialistas ha quedado claro que la incontinencia fecal no es enfermedad por sí misma, sino que, más bien, manifiesta la presencia de algún problema relacionado con hábitos de vida, dieta, infecciones, tratamientos médicos o trastornos digestivos. Por ello, lo mejor es exponer uno a uno los motivos más frecuentes.

Estreñimiento. Se le considera la causa de incontinencia intestinal más común entre personas mayores; se distingue por la eliminación poco frecuente de excrementos duros alternada con periodos de diarrea, y se asocia con:

  • Dieta baja en fibra (pobre en frutas, verduras y cereal integral).
  • Beber escasa cantidad de agua y otros líquidos.
  • Poca o nula actividad física (sedentarismo).
  • Consumo de medicamentos, como laxantes (facilitan el tránsito intestinal, pero en exceso lo entorpecen) y analgésicos (controlan el dolor).

 Diarrea. La evacuación de heces semilíquidas puede ser intermitente o constante, y suele deberse a:

  • Infección causada por bacterias.
  • Efecto secundario de ciertos medicamentos, como antibióticos y complementos con hierro empleados en exceso.
  • Síndrome de colon irritable, en el que el intestino falla ante episodios de estrés, dieta inadecuada o uso de laxantes.
  • Diverticulosis o protuberancias del revestimiento interno del intestino, las cuales pueden inflamarse (diverticulitis).
  • Tratamiento con radiación para atender tumores (radioterapia).

 Trastornos intestinales. Son de naturaleza variada, pero todos impactan en el funcionamiento del tramo final del sistema digestivo:

  • Sufrir heridas o ulceraciones en el ano (fisura o fístula anal)
  • Hemorroides o dilatación de las venas del recto o ano.
  • En caso de que el tejido que recubre el recto “caiga” o sobresalga a través de la abertura anal (prolapso).
  • Cáncer o formación de tumores de células malignas.

 Debilidad muscular. La falta de fuerza en esfínteres (músculos del ano que cierran el paso de las heces) se relaciona con:

  • Alumbramiento, debido a que el esfuerzo puede afectar la funcionalidad de los músculos de la zona.
  • Lesiones generadas por golpes.
  • Contener de manera prolongada la salida de materia fecal.
  • Alguna cirugía practicada en la región, por ejemplo, para curar hemorroides.

 Padecimientos neuronales. La incontinencia fecal también puede ser resultado de alguna afección del sistema nervioso:

  • Pérdida de sensación de llenado intestinal y de necesidad de defecar. Esto puede ser ocasionado por diabetes, ya que el elevado nivel de azúcar en sangre que distingue a esta enfermedad afecta a las terminaciones nerviosas (neuropatía).
  • Atrofia del impulso nervioso para contraer el esfínter anal, que suele vincularse con compresión o golpes en la parte baja de la médula espinal, es decir, donde se localizan las terminaciones que controlan la actividad de la porción final del sistema digestivo.
  • Presencia de tumores localizados en lugares cercanos a las terminaciones nerviosas.
  • Padecimientos que ocasionan la muerte de algunas zonas del cerebro, como infarto cerebral (interrupción del suministro sanguíneo a causa de obstrucción o ruptura de algunos vasos) y demencia o pérdida de funciones de dicho órgano (el ejemplo más conocido es la enfermedad de Alzheimer).

Soluciones a la mano

Queda claro que con tantas posibles causas es necesario tomar este problema muy en serio y visitar al médico a la brevedad, ante lo cual no hay por qué temer, ya que el geriatra o gastroenterólogo no intentará juzgar a sus pacientes, sino ayudarles.

Para efectuar un diagnóstico certero, el especialista pregunta al paciente cuáles son los síntomas que presenta, e inicia la elaboración del historial médico, a fin de conocer sus hábitos alimenticios y de vida. Además, efectúa examen físico y es probable que encargue algunos estudios, por ejemplo:

  • Pruebas de sangre.
  • Análisis de materia fecal (coprocultivo).
  • Colonoscopía o exploración del intestino grueso con ayuda de pequeña cámara adherida a una sonda flexible.
  • Radiografía especial del intestino grueso, auxiliada con cierto medio de contraste, llamada enema de bario.
  • Electromiografía, es decir, examen que evalúa la salud de los músculos y los nervios que los controlan.
  • Ultrasonido, que permite obtener imágenes de la cavidad abdominal con ayuda de ondas sonoras.

Una vez que haya identificado la causa del problema, el médico iniciará el tratamiento correspondiente:

Estreñimiento. A menudo se resuelve con el consumo de 2 litros de agua al día (8 vasos), dieta rica en fibra, práctica regular de ejercicio y, en caso de acumulación de excrementos endurecidos (impactación fecal), se aconsejan supositorios, laxante o lavado intestinal (enema).

Diarrea. En caso de que el padecimiento sea resultado de infección, se recomendará abundante consumo de líquidos, dieta basada en verduras y frutas y, en ocasiones, antibióticos. Asimismo, cuando es efecto de alguna medicación, se reajustará la dosis o se reemplazará el producto para no interrumpir el tratamiento.

Ahora bien, cuando la diarrea es resultado de enfermedad intestinal, se requerirán medicamentos que ayuden a hacer más firmes los excrementos o disminuir la actividad intestinal. También es probable que se programe cirugía para extirpar la porción comprometida del colon (intestino grueso), como sucede en algunos pacientes con diverticulosis.

Trastornos intestinales. Cada padecimiento tiene distinto abordaje médico; así, la fístula anal se corrige adicionando fibra y líquido a la dieta, a fin de ablandar las heces y permitir que cicatrice la herida; sólo en casos graves se recurre a cirugía.

Para las hemorroides se indican baños de asiento y antiinflamatorios locales, a fin de disminuir dolor e hinchazón; en aquellos casos en que no hay respuesta adecuada se puede aplicar tratamiento de calor, llamado coagulación infrarroja, para encoger las hemorroides internas. Si nada funciona, se recurre a intervención quirúrgica.

De presentarse prolapso, es necesario devolver la mucosa rectal a su sitio manualmente; para tal fin se puede utilizar una compresa suave, húmeda y tibia, mientras el paciente se coloca en posición fetal para que la gravedad facilite el proceso. Nuevamente, la cirugía es el último recurso que se contempla en estos casos.

Por su parte, contra el cáncer se prescriben medicamentos especiales (quimioterapia), tratamiento con radiaciones (radioterapia) y cirugía para extirpar células malignas. En aquellos pacientes en que se debe retirar el ano o recto, se recurre a cirugía de ostomía en la que el intestino grueso se dirige a una abertura en la pared abdominal y las heces pasan a bolsa especial.

Debilidad muscular. El tratamiento se basa en ejercicios y estimulación eléctrica para fortalecer los músculos del piso pélvico (aquellos que dan soporte a los órganos de la pelvis) y ano; suele ser supervisado por fisioterapeuta especializado. Ocasionalmente puede requerirse cirugía de reparación del esfínter.

Trastornos neurológicos. En ocasiones se opta por estreñir deliberadamente al paciente con medicamentos, y esto se combina con vaciado regular del intestino mediante lavados o supositorios. En casos extremos se recurre a trasplante del músculo recto, tomando tejidos del muslo, o colocación de esfínter intestinal artificial, el cual consta de manguito o anillo de presión inflable.

Finalmente, en pacientes con demencia u otros trastornos a nivel cerebral se suele llevar registro de sus hábitos intestinales durante algún tiempo; con ello es posible determinar cuándo se va a producir una acción intestinal, y en qué momento llevar a la persona al baño.

Como puede observarse, el paciente que sufre incontinencia fecal no tiene por qué pensar que su problema se debe a “la edad”; más bien, debe acercarse a su médico y confiar en las alternativas de atención, las cuales no siempre ofrecen una solución total del problema, pero mejoran notablemente su calidad de vida.

SyM - Mario Rivas

 

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