Gérmenes causantes de enfermedades infecciosas - SyM
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Gérmenes

Miércoles 19 de abril del 2017, 12:37 pm, última actualización.

A partir del siglo XIX y gracias a las aportaciones hechas por científicos como el francés Luis Pasteur (1822-1895), reconocido como el padre de la Microbiología (ciencia que estudia la vida de aquellos seres vivos de proporciones diminutas), se sabe que las enfermedades infecciosas son provocadas por la acción de microorganismos que invaden nuestro cuerpo, como bacterias, virus y hongos, a los cuales denominamos gérmenes.

Gérmenes
Gérmenes

Bacterias

Son microorganismos formados por una célula (unicelulares) que pueden sobrevivir en ambientes calientes y fríos; constituyen una de las formas de vida más antiguas (aparecieron hace miles de millones de años) y pueden vivir donde no hay aire. Su tamaño es de milésimas de centímetro y adoptan diferentes formas: bastón (bacilos), esféricas (cocos) y espirales (espiroquetas). Se localizan en agua, aire, tierra o dentro de otros seres vivos.

Algunas bacterias son fotosintéticas, lo que significa que pueden fabricar su propio alimento a partir de energía solar, como lo hacen las plantas, mientras que otras absorben nutrientes del individuo en el que viven.

No todos estos microorganismos son nocivos, pues algunos ayudan a combatir a los que sí causan daño, limitando su reproducción, además de que son fundamentales para el desarrollo normal del sistema inmunológico (aquel que defiende al organismo de infecciones) de bebés o, incluso, colaboran en el proceso de digestión de los alimentos (flora bacteriana).

Las bacterias que perjudican la salud producen sustancias venenosas, llamadas toxinas, y son responsables de distintas enfermedades, como:

  • Bronquitis y neumonía. Infecciones en estructuras internas de los pulmones; se caracterizan por tos, fiebre, agotamiento y dificultad para respirar.
  • Faringitis. Dolencia de la garganta y nariz; produce tos, molestias al tragar alimento y flemas (mucosidades).
  • Laringitis. Afección en la parte baja de la garganta; puede ocasionar tos y voz ronca.
  • Sinusitis. Congestión de los senos paranasales, localizados a la altura de la frente y a los lados de la nariz.
  • Tuberculosis. Enfermedad que afecta a pulmones y puede extenderse a otros órganos.
  • Salmonelosis. Padecimiento gastrointestinal por ingerir alimentos o agua contaminados; sus síntomas característicos son diarrea, fiebre y dolores abdominales.
  • Gastritis. Erosión del tejido interno del estómago, responsable de dolor, indigestión, náuseas y pérdida de apetito.
  • Tétanos. Complicación en mordeduras y heridas que puede ocasionar rigidez en mandíbula y músculos de todo el organismo, además de que llega a desencadenar convulsiones e incapacidad para respirar.
  • Conjuntivitis. Inflamación y enrojecimiento de la conjuntiva o parte blanca del ojo; también genera síntomas como lagrimeo y lagañas.
  • Acné. Afección de la piel caracterizada por erupciones cutáneas.
  • Infecciones vaginales. Se relaciona con ardor, secreciones de color anormal y olor desagradable, así como molestias al orinar o tener relaciones sexuales.
  • Mal aliento. Se origina por higiene bucal deficiente y la acción de un grupo de microorganismos (placa bacteriana) que se alimenta de los restos de comida.
  • Mal olor corporal. Sudor y otras secreciones sirven para mantener la temperatura corporal y ayudan a que la piel resista las inclemencias ambientales; su olor no es desagradable, pero la acción de diversas bacterias y falta de higiene adecuada pueden desencadenar este problema.

Generalmente, estos padecimientos se combaten con ayuda de antibióticos, fármacos que eliminan a las bacterias o que generan condiciones desfavorables para su reproducción. Siempre deben ser administrados por un médico y el tratamiento debe seguirse al pie de la letra, a fin de evitar que los microorganismos se vuelvan resistentes a dichos productos.

Virus

Son mucho más primitivos que las bacterias y no tienen la capacidad de reproducirse por cuenta propia, así que se convierten en parásitos de células vivas para multiplicarse (replicarse). Son más diminutos que otros gérmenes, pues sólo pueden verse a través de microscopios de gran potencia, y ocasionan diversas enfermedades en organismos animales y vegetales.

Cuando invaden una célula controlan todos los procesos que en ella se realizan y, una vez dentro, se multiplican y producen toxinas, pero al mismo tiempo actúan como antígenos, es decir, producen anticuerpos que combaten la infección.

Aunque las enfermedades virales no se atacan con antibióticos, muchas de ellas se pueden prevenir por medio de vacunas, como la rubéola (responsable de granitos rosas, inflamación en los oídos y problemas en el embarazo), poliomielitis (ocasiona parálisis temporal o permanente de extremidades) y viruela (erupción cutánea que en épocas pasadas tenía alta tasa de mortalidad), entre otras.

Debido a que los virus no llevan consigo suficiente información genética (aquella que determina las cualidades específicas de una especie) para replicarse, deben tomar por asalto los mecanismos de una célula o de microorganismos como bacterias y utilizar algunas de sus enzimas para generar nuevos virus. Este proceso es conocido como infección viral, y todos los organismos vivos son susceptibles a sufrirla.

El cuerpo humano posee barreras físicas, como piel y membranas mucosas, que impiden el acceso de los virus al interior del cuerpo. Sin embargo, cuando esta resistencia es débil nos sentimos enfermos, y es entonces cuando el sistema inmunológico del cuerpo humano elimina tanto a virus como a células infectadas, gracias a los anticuerpos conocidos como glóbulos blancos o linfocitos (defensas).

Una excepción al proceso antes citado es el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), el cual infecta a linfocitos, es decir, células necesarias para erradicar enfermedades. Por eso, a pesar de que dicho microorganismo no causa directamente los síntomas del síndrome de inmunodeficiencia humana (sida), provoca tal debilidad en el sistema de defensas que éste se vuelve incapaz de oponer resistencia a otras enfermedades.

Probablemente las infecciones virales más frecuentes y conocidas sean las de pulmones y vías respiratorias, como catarro, gripe, faringitis, laringitis o bronquitis. Pero también hay infecciones por virus que producen ampollas en piel, como los denominados herpes virales, uno de ellos es el simple, que produce llagas o úlceras pequeñas y dolorosas llenas de líquido sobre piel o mucosas de boca, mejor conocidas como fuegos. Aunque desaparece gracias a la acción del sistema inmunológico, el virus se mantiene en estado latente y puede activarse ante lesiones ocasionadas por golpes y prótesis dentales, fiebre y resequedad labial, cuyos síntomas pueden ser aliviados con soluciones antisépticas. A su vez, al herpes zoster, otra infección viral que afecta a la piel, también permanece latente en el organismo y está alojado en nervios espinales y craneales.

Asimismo, existen virus que provocan infecciones en cerebro, médula espinal y, en ocasiones, afectan a las membranas que los rodean (meninges). La afección de este tipo más común es la rabia.

Algunas enfermedades de transmisión sexual son también ocasionadas por virus, como es el caso del mencionado VIH, herpes y verrugas genitales. Dado que se contagian al tener relaciones por vía vaginal, oral o anal, la mejor forma de evitarlas es mediante el uso correcto del preservativo o condón.

Hongos

En forma habitual nuestro organismo aloja este tipo de microorganismos que, cuando se reproducen con rapidez pueden causar infecciones. Éstos encuentran condiciones propicias para su proliferación en ambientes húmedos y con poca ventilación, por ejemplo, entre los dedos de los pies, áreas genitales, cabello y uñas.

Producen infecciones en piel como las tiñas o dermatofitosis, que se presentan en la epidermis (capa externa de la piel) y reciben un nombre específico de acuerdo con el lugar en que se ubiquen: si se desarrolla en pies, se le llama tinea pediso o pie de atleta; en ingles o área genital, eccema marginado de Hebra, y en cuero cabelludo, tiña tonsurante o Tinea capitis.

El padecimiento ginecológico causado por hongos que se presenta con mayor frecuencia es candidiasis, producida por Candida albicans, microorganismo que habita en forma natural en boca, tracto intestinal y vagina de muchas mujeres sanas. Sin embargo, puede encontrar condiciones favorables para su crecimiento en quienes descuidan su higiene íntima, o bien, consumen anticonceptivos orales y antibióticos. Este padecimiento se manifiesta con comezón en el área genital externa y ardor al orinar o tener relaciones sexuales, pero es aún más notoria la secreción vaginal de consistencia espesa y color blanco.

Para evitar este padecimiento se debe conservar el área genital seca y fresca, evitando el uso prolongado de trajes de baño mojados o ropa para hacer ejercicio, pues humedad y sudor favorecen el desarrollo del hongo. También es recomendable no utilizar pantimedias o ropa interior sintética y ajustada, y sustituirlas por prendas de algodón, ya que dicho material absorbe la humedad.

Parásitos

No son gérmenes estrictamente, ya que no todos son microorganismos, pero se les suele incluir en esta denominación. Tienen la característica de que, para sobrevivir, sólo pueden habitar dentro de otro organismo más grande (huésped). Su contagio es más común en zonas rurales o con poca higiene.

Las enfermedades parasitarias son producidas por gusanos como la solitaria o taenia, que se aloja en los intestinos y ocasiona dolor en la parte superior del abdomen, diarrea y pérdida de peso, y protozoarios (seres microscópicos) como las amebas, las cuales son causantes de estreñimiento intermitente, heces con moco y sangre, mayor cantidad de gas intestinal y retortijones abdominales.

Por otra parte, cabe señalar que dichos padecimientos se propagan a través del consumo de agua y alimentos contaminados, como sucede en el caso de la cisticercosis (infección generada por los huevecillos de la taenia, mismos que se alojan en la carne de cerdo cuando este animal es criado en condiciones insalubres), o bien, mediante insectos (vectores) que al entrar en contacto con el ser humano transmiten una enfermedad. Ejemplo de esto último son el mosquito anófeles, que contagia el paludismo o malaria (genera malestar general, fatiga, dolor de cabeza, escalofrío, dolor muscular y molestias abdominales) y la chinche besucona, que hace lo propio con la enfermedad de Chagas (desencadena deformaciones en el sistema digestivo y corazón).

Medidas preventivas

Las siguientes recomendaciones pueden ayudarte a evitar la acción nociva de los gérmenes:

  • Manten estricta limpieza en baños y cocina, ya que son los espacios en el hogar con mayor riesgo de alojar microorganismos.
  • Lávate las manos, de preferencia con jabón antibacteriano, después de ir al baño, antes de cocinar y comer, y después de tocar alimentos crudos.
  • Asegúrate de que manos, pies y genitales queden limpios y secos, pues los gérmenes suelen reproducirse en ambientes húmedos.
  • Nunca camines descalzo.
  • No compartas objetos de uso personal, como toallas, pañuelos o peines.
  • Lava y desinfecta aquellas áreas donde prepares los alimentos; también manten limpios las esponjas, trapos y demás utensilios que requiera, antes y después de cada uso.
  • Guarda en el refrigerador comida cocida y alimentos crudos por separado.
  • No permitas que las gotas generadas por la carne cruda en proceso de descongelación tengan contacto con otros alimentos.
  • Consume alimentos preparados higiénicamente y evita aquellos que se elaboran en la calle.

Consulta a tu médico.

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