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Vitalismo, razón de ser de la terapia homeopática

Jueves 02 de marzo del 2017, 12:53 pm, última actualización

El vitalismo es uno de los fundamentos de la Homeopatía. Se trata de una corriente de pensamiento para la que la vida no es resultado de la organización de la materia, sino que es posible gracias a una energía especial que no percibimos, aunque notamos sus efectos.

Vitalismo, razón de ser de la terapia homeopática

La Medicina convencional posee una visión mecanicista, es decir, reduce a nivel orgánico la comprensión del cuerpo humano y las enfermedades que le aquejan. Sus bases se establecieron durante el siglo XVII, cuando el francés René Descartes (1596-1650) consideró que toda realidad natural es física, susceptible de ser medida, y posee una estructura comparable a la de una máquina.

A pesar del avance que ha significado esta ideología, su aplicación estricta ha subestimado el papel de los factores emocionales y mentales que colaboran en el origen de la enfermedad y su tratamiento, dejando un vacío notable en el abordaje de los padecimientos del ser humano.

En contraparte, explica el Dr. Fernando Darío François-Flores, la Homeopatía se basa en el Vitalismo, corriente filosófica “que defiende la existencia real en la constitución de los seres vivos de uno o más elementos inmateriales que ejercen distintos niveles de control sobre sus actividades conscientes e inconscientes, y que poseen diferentes grados de trascendencia y relación con la divinidad”.

Profundizar en esta escuela filosófica es apasionante y polémico, opina el catedrático de la Escuela Libre de Homeopatía de México, en la Ciudad de México, ya que nos obliga a abordar una de las mayores incógnitas que tenemos como especie y una gran fuente de curiosidad: la vida. “Es evidente que grandes pensadores de la humanidad han contemplado este tema y, por lo que respecta a la Medicina homeopática, abordamos este aspecto al hablar del dinamismo vital, que es uno de los principios de nuestra doctrina médica y uno de los más controversiales”.

De la antigüedad a Hahnemann

De acuerdo con el especialista, también secretario de archivos de la Liga Medicorum Homeopathica Internationalis (Liga Médica Homeopática Internacional, LMHI, que coordina el intercambio de información y recursos entre médicos homeópatas), desde tiempos remotos se ha reconocido la existencia de una energía natural intangible relacionada con la vida y la muerte, aunque en principio se buscó su comprensión a través de la magia o la religión.

“Desde los primeros curanderos o chamanes hasta los sacerdotes se ha reconocido la presencia de una fuerza invisible que gobierna la salud y la enfermedad. Diferentes religiones cuentan con conceptos que se refieren a un ánima o alma dotada de atributos ligados con la permanencia de la vida en el cuerpo”, señala el experto.

Por lo que toca a la Filosofía, el Dr. François-Flores comenta que desde los primeros pensadores griegos hay indicios claros sobre esta forma de pensamiento, pues entre los siglos VII y VI a. C. existió una corriente llamada hilozoísmo (del griego hylé, "materia", y zoé, "vida"), para la que el Cosmos es un ser viviente dotado de alma.

Un poco más tarde, los filósofos griegos Sócrates (470-399 a.C.) y Platón (427-347 a.C.) desarrollaron el concepto del alma como un principio inmaterial que vivifica a la materia y le da cohesión. Por su parte, Aristóteles (383-322 a.C.) profundizó en esta idea y comenzó a clasificar a los seres vivos en reinos (vegetal, animal, mineral).

Siglos más tarde el pensamiento vitalista se enriqueció con las aportaciones de filósofos “como el italiano Giordano Bruno (1548-1600), para el cual el Universo es una ráfaga de belleza donde el pensamiento descubre por todas partes la divinidad que la anima, o el alemán Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), para quien la realidad del mundo se expresa a través de una infinidad de mónadas”, es decir, ciertas unidades inmateriales e indefinibles que constituyen a los seres, como una especie de “átomos metafísicos”.

Por lo que toca a la Medicina, uno de los vitalistas más importantes fue, sin duda, el suizo Theophrastus Bombastus von Hohenheim, mejor conocido como Paracelso (1493-1541), “quien aportó el concepto del arcano para referirse a la fuerza vital del sujeto, misma que es invisible para el hombre y se encuentra ligada al universo. Mencionó además la existencia de un cuerpo visible y otro invisible, así como la relación que hay entre ellos”.

Otras aportaciones fueron las del belga Jan B. Van Helmont (1579-1644) y el inglés Thomas Willis (1621-1675). El primero habló del archeus, un ánima o alma que residiría en el estómago y en el bazo, mientras que el segundo postuló la existencia no de una, sino de dos ánimas: la racional (inmortal, específica del ser humano y que gobierna al juicio y raciocinio) y la material (compartida con los animales y encargada de sensaciones, movimientos e impulsos).

No obstante, considera el Dr. Fernando François-Flores, “el Vitalismo se inició formalmente en la Medicina a fines del siglo XVII y principios del XVIII gracias a Georg Ernst Stahl (1659-1734), que propuso al Animismo como alternativa a las teorías de su época, las cuales eran incapaces de explicar dos maravillosas propiedades del cuerpo humano: su conservación y autorregulación”.

Para este médico alemán, el ánima era el principio supremo que imparte vida a la materia muerta: participa en la concepción, genera al cuerpo humano como su residencia y lo protege contra la desintegración hasta que se produce la muerte.

A esta idea se sumaron las del también germano Friedrich Casimir Medicus (1736-1808), quien creó el concepto de fuerza vital utilizado por la Homeopatía, y las de Thomas Sydenham (1624-1689), El Hipócrates inglés, quien dijo que “la enfermedad no es otra cosa que el esfuerzo de la naturaleza por exterminar la enfermedad, procurando con todas sus fuerzas la salud del enfermo”.

El Vitalismo se consolidó en Francia gracias a la llamada Escuela de Montpellier. A ella pertenecieron François Boissier de Sauvages de Lacroix (1706-1767) y Théophile de Bordeau (1722-1776), quien escribió que una enfermedad crónica aparece siempre que se ha suprimido una enfermedad aguda.

Sin embargo, los pasos más notables fueron dados por Paul Joseph Barthez (1734-1806), quien no sólo postuló al principio vital como “la causa de los fenómenos de la vida en el cuerpo humano”, sino que le dio un carácter más científico. “El Vitalismo de Barthez es importante porque es mucho más biológico. Afirma que la vida es irreductible a dimensiones puramente físicas y/o químicas, pero aclara también que el ánima o principio vital no tiene relación con divinidad alguna, sino que se extingue con la muerte del individuo”.

El Vitalismo en la Homeopatía

De acuerdo con Ida Deschamps y el Dr. Marcelo Candegabe, autores del libro Bases y fundamentos de la doctrina y la clínica médica homeopáticas, la obra de Samuel Hahnemann está claramente relacionada con el Vitalismo desarrollado en los siglos XVIII y XIX, ya que la Homeopatía pone como fundamento de los fenómenos orgánicos la acción de una fuerza vital que determina la forma y el comportamiento de todos los seres vivos.

Como muestra de ello, explican los estudiosos argentinos, Hahnemann escribió en 1813: “En el organismo reina una fuerza fundamental que lo anima y lo somete a las leyes de la vida, es decir, lo mantiene en un estado dinámico casi espiritual. El cambio en el organismo al cual damos el nombre de enfermedad no es un efecto químico, físico o mecánico, sino el resultado de modificaciones en la manera viviente en que el hombre siente y actúa”.

Más aún, Hahnemann sostenía que “todas las sensaciones nacen y todas las funciones vitales se realizan por medio de ese ser inmaterial que lo anima tanto en el estado de salud como en el de enfermedad. Sin esta fuerza vital el organismo se entrega a la propia potencialidad del universo y aparece entonces la putrefacción, la desintegración de lo que hasta entonces estaba vivo”.

Aunque la fuerza vital es invisible, podemos reconocer los cambios y perturbaciones que hay en ella a través de los efectos que ocasiona en el organismo, es decir, las manifestaciones anormales de las sensaciones y del cuerpo, mejor conocidas como síntomas.

Deschamps y Candegabe detallan, en apego a los escritos del creador de la Medicina homeopática, siete cualidades de la energía vital:

  • Soberanía. La energía vital despliega su influencia en el organismo, tanto en la salud como en la enfermedad.
  • Autocrática. Ejerce el poder por sí misma y como una autoridad ilimitada.
  • Ciega (no inteligente). Aunque mantiene el orden orgánico cuando la persona es saludable, tiene escasa habilidad para aliviar la enfermedad o reestablecer el equilibrio por sí sola.
  • Inmaterial. Es invisible, inaudible e intangible. “Lo que la fuerza vital hace y el modo como lo realiza son misterios para nosotros”, escribió Hahnemann.
  • Innata. Todo ser vivo la posee, pues la vida depende de la existencia de esta fuerza desde la formación del embrión.
  • Eferente. A pesar de su accionar desconocido, el principio vital tiene una dirección de adentro hacia fuera, de modo que protege a los órganos vitales, “transporta” a la enfermedad interna y la exterioriza como una afección local sustituta.
  • Susceptible. Es posible que sufra modificaciones por la acción de agentes externos, como el clima.

Finalmente, debemos señalar que el Vitalismo no se detuvo en el siglo XIX, sino que ha sido enriquecido gracias a científicos como el estadounidense David Bohm o el ruso Ilya Prigogine, “quienes consideraron que la Física actual ha superado las concepciones mecanicistas-materialistas, y que hay fenómenos como la energía vital difícilmente concebibles a partir del pensamiento científico clásico. En su momento, Hahnemann consideraba que esta energía era de un orden similar a lo espiritual, pero la Ciencia actual permite pensarla como perteneciente al orden de los inmaterial o de los subatómico”, concluyen Candegabe y Deschamps.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista de la Asociación Nacional de la Industria Farmacéutica Homeopática, A.C. (Anifhom).

SyM - Sofía Montoya

 

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