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Homeopatía a la mexicana

Jueves 18 de agosto del 2016, 03:41 pm, última actualización

A pesar de críticas, ataques y conflictos internos, la Homeopatía mexicana sigue escribiendo páginas brillantes en sus más de 150 años de historia, no sólo por la dedicación y entrega de sus médicos, sino porque goza de amplia aceptación entre la población.

Homeopatía a la mexicana

La Homeopatía es práctica única en su género que fue fundada en Alemania por el Dr. Christian Friedrich Samuel Hahnemann a finales del siglo XVIII, tomando como base el principio de que “toda sustancia capaz de generar síntomas de una enfermedad en un individuo sano puede, a dosis muy bajas y especialmente preparada, desaparecer síntomas parecidos en el enfermo”.

Las ideas de Hahnemann cruzaron cielo, mar y tierra, literalmente, y llegaron hasta territorio mexicano a mediados del siglo XIX. “Todo inició cuando vinieron algunos médicos homeópatas españoles entre 1850 y 1856; estrictamente, el primero fue el Dr. Cornelio Andrade y Baz, aunque se suele señalar a Ramón Comellas como el pionero de la Homeopatía en nuestro país porque empezó a difundir su enseñanza y escribió el primer libro sobre la materia en México”.

La narración es del Dr. José Noé Ibáñez Hernández, director del Hospital Nacional Homeopático, adscrito a la Secretaría de Salud y localizado en la Ciudad de México, quien explica que en esos años “se registró en la prisión de San Juan de Ulúa (Veracruz, oriente de la República) una epidemia de fiebre amarilla, y un grupo de médicos homeópatas trató a los prisioneros con éxito. Gracias a ello el presidente Santa Anna, y luego don Benito Juárez, dieron la anuencia para la práctica de nuestra disciplina”.

Durante esos románticos y convulsos años inició la formación de varias asociaciones y agrupaciones, e incluso se fundó un primer hospital en San Miguel de Allende (Guanajuato, occidente de México) en 1871, seguido de otro en Puebla (centro de la República). Sin embargo, muchos de estos intentos se desvanecieron al poco tiempo.

Cabe señalar que, como indica el Dr. Fernando Darío François-Flores, catedrático de la Escuela Libre de Homeopatía de México y autor del libro Historia de la Homeopatía en México, la primera agrupación homeopática del país, llamada Sociedad Homeopática de México (1861), “tuvo una existencia efímera, de apenas unos meses, pero nos dejó un legado importante: la primera revista homeopática publicada en nuestro país, denominada La Gaceta”.

Luz y sombra

A decir de ambos especialistas, cuatro médicos homeópatas mexicanos, Joaquín Segura y Pesado, Ignacio María Montaño, Fernando Gómez Suárez e Ignacio Fernández de Lara (fundador en 1890 de la Farmacia Central Homeopática), le pidieron al entonces ministro de Gobernación, el Lic. Manuel Romero Rubio, que abogara ante el Presidente en turno, el Gral. Porfirio Díaz, para que les facilitara el uso de un predio en la Ciudad de México dedicado inicialmente al tratamiento de enfermos de fiebre tifoidea.

El Dr. Ibáñez Hernández indica que “los médicos aprovecharon que el Dr. Segura y Pesado había tratado al Gral. Díaz de una fístula que tenía desde los días de la Batalla de Puebla (1862) y de la que se alivió hasta que se atendió con Homeopatía. Gracias a eso se logró la donación del terreno en las calles de 5 de Febrero y Chimalpopoca”.

En dicho terreno se fundó el Hospital Nacional Homeopático, en 1893, y ahí permanece hasta la fecha (aunque se encuentra en reconstrucción). Debido a los buenos resultados obtenidos en este centro y a la creciente demanda de la población, se creó la Escuela Nacional de Medicina Homeopática tres años después, a fin de formar a los médicos requeridos por el naciente hospital. A esta serie de brillantes logros, opina el Dr. François-Flores, se sumó la fundación de la Escuela Libre de Homeopatía (ELH) en 1912.

A pesar de tan notable inicio los nubarrones comenzaron a aparecer en el horizonte, debido a conflictos ocurridos después del movimiento revolucionario (1910-1917). “A partir de 1918 —explica el catedrático— inició un periodo de inestabilidad y persecución contra los médicos homeópatas y su doctrina, además de que, por desgracia, también hubo luchas entre ellos. Por ejemplo, la relación entre las escuelas Nacional y Libre era muy mala”.

Fueron varios los obstáculos que se presentaron. En 1918 se emitió un decreto que intentó sancionar la práctica de la Homeopatía en Puebla (centro de México) y, por su parte, la ELH se enfrascó en controversias jurídicas desde 1921. De hecho, dicha institución sufrió en 1926 un bloqueo por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que impidió que sus egresados se titularan, y el problema se relajó hasta 1930, cuando el presidente Emilio Portes Gil emitió un decreto que respaldó la existencia de las Escuelas Libres.

La Escuela Nacional también tuvo malos momentos a partir de 1923. Durante un tiempo fue incorporada a la UNAM, donde se le relegó poco a poco, y a partir de 1928 fue administrada por la Secretaría de Educación Pública. Cambió de sede en varias ocasiones, suspendió clases en 1934 y, luego de varias movilizaciones estudiantiles, se incorporó al Departamento de Enseñanza Técnica en 1935, para finalmente convertirse en una de las instituciones fundadoras del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en 1937, indica François-Flores.

Mención aparte merece el hecho de que la Cámara de Diputados revisó en 1933 el artículo 4 de la Constitución, que regula el ejercicio profesional en México, e intentó excluir a la Homeopatía. “En esa ocasión el proyecto fue frustrado gracias a la vigorosa respuesta de los médicos homeópatas; sin embargo, no en todos los casos hubo un final feliz, ya que la Escuela de Medicina Homeopática de Yucatán y el Hospital Hahnemann, en ese mismo estado del sur del país, fueron clausurados por la arbitrariedad del gobierno local”.

A pesar de todo, en esos años difíciles la ELH organizó en 1929 el primer Congreso Homeopático Internacional en suelo latinoamericano (sólo se habían celebrado en Europa) y dos importantes laboratorios de medicamentos homeopáticos fueron fundados: Propulsora de Homeopatía S.A. (1936), en la Ciudad de México, y Laboratorios Gliser (1937), en San Luis Potosí.

Lenta recuperación

A partir de 1940 la historia empezó a sonreírle de nuevo a la Homeopatía mexicana. Si bien desapareció la Escuela de Medicina Homeopática de Occidente, en Jalisco, reinició el crecimiento de las instituciones y se reanudaron los congresos locales e internacionales.

En 1951 se fundó en Irapuato, Guanajuato, “la Asociación de Médicos Homeópatas Cirujanos y Parteros del Centro A. C., primera organización que aglutinó egresados de las escuelas Libre y Nacional en armonía y cooperación, y que funciona actualmente, sólo que constituida como colegio”.

Asimismo, detalla el Dr. François-Flores, en 1960 se creó Homeopatía de México A.C., organización que se ha dedicado a difundir, estudiar y practicar la Homeopatía hahnemanniana, y que además dio cabida a un grupo de homeópatas excluidos de la ELH, que años atrás había comenzado a sufrir transformaciones sustanciales.

Homeopatía de México logró que la labor hecha en nuestro país volviera a situarse en el campo internacional pues, por ejemplo, motivó la participación de sus profesores en cursos en el extranjero y ha organizado congresos de la Liga Médica Homeopática Internacional en Acapulco, Guerrero (1980), la ciudad de Oaxaca (1995) y Puebla (2005)”, puntualiza el experto.

Hay otros dos hechos que vale la pena destacar. En primer término, la ahora llamada Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía (ENMH) del IPN logró ocupar un edificio construido especialmente para ella, en el norte de la Ciudad de México, en 1973. Por supuesto, esto ha facilitado su consolidación y desarrollo de manera notable.

En segundo lugar, a partir de 1982 se generalizó la impartición de posgrados, lo que ha permitido que médicos formados en el sistema tradicional aprendan Homeopatía en centros como la ENMH, la Escuela de Posgrado de Homeopatía de México y los institutos de Estudios Superiores de Oaxaca, Superior de Medicina Homeopática (Monterrey, Nuevo León) y de Estudios Tecnológicos y Superiores “Matatipac” A.C., de Tepic, Nayarit.

En contraste, refiere François-Flores, a mediados de la década de 1980 la Escuela Libre sufrió una dolorosa reestructuración que le costó varios años de rezago, y se corrió el riesgo de que el Hospital Nacional Homeopático (HNH) cerrara sus puertas, tanto por cambios emprendidos en la Ley General de Salud como por los daños que sufrió su inmueble a raíz de los temblores de 1985.

Por suerte, dicho panorama ha cambiado. Además de que las actividades en la ELH se han regularizado paulatinamente, el Dr. José Noé Ibáñez asegura que el futuro del HNH luce prometedor.

“Los daños sufridos por los sismos nos obligaron a reducir la capacidad del hospital a sólo 67 camas, y trabajamos así hasta 2008, pero con una productividad muy alta (70 mil consultas al año). En la actualidad el inmueble se encuentra en reconstrucción y se tiene contemplada la creación de un área de investigación clínica en Homeopatía; esto nos va a dar el respaldo en la corroboración de la acción terapéutica de nuestros medicamentos”, apunta.

Además, se planea ofrecer la residencia médica (posgrado basado en la práctica) en el HNH a especialistas formados en Medicina alopática, sin olvidar que se ha convertido en el núcleo de un plan piloto para la instalación de consultorios homeopáticos en nosocomios de la Secretaría de Salud.

“Hemos abierto consultorios homeopáticos dentro de los hospitales General, Juárez y G. A. González (los tres en la Ciudad de México), y hemos tenido una respuesta excelente, pues únicamente en el Hospital General de México, con sólo dos doctores, brindamos cerca de 5,000 consultas al año. No hay otro consultorio con esa respuesta”, acota el director.

Credibilidad

En palabras del Dr. Ibáñez Hernández, los mexicanos creen en la efectividad de la Medicina homeopática. De hecho, en el marco de ExpoSALUD y Bienestar 2008 “se hizo una encuesta con los asistentes, y 8 de cada 10 personas habían usado alguna vez la Homeopatía. Ya hay una gran apertura en la sociedad que por fortuna se está reflejando en el sector educativo”.

Al ser cuestionado sobre por qué no se le ha dado la importancia que merece a este sistema terapéutico, opina: “Creo que en eso influyen aspectos económicos. El medicamento homeopático es más barato, y obviamente hace competencia a los productos tradicionales”.

En cuanto a la crítica común que indica que no existen pruebas sobre cómo actúan los medicamentos homeopáticos, el especialista comenta: “el proceso no se ha determinado con exactitud, pero eso no quiere decir que no exista. Por mucho tiempo los médicos alópatas no supieron cómo actuaba el ácido acetilsalicílico y, sin embargo, lo utilizaban. Con el tiempo los conocimientos científicos avanzaron al grado de descubrirlo, y creo que algo similar ocurrirá con los medicamentos homeopáticos: conforme se desarrolle la Medicina molecular, se entenderá mejor cómo y dónde actúan”.

Por último, el Dr. Ibáñez se muestra optimista en cuanto al futuro de la Homeopatía en México, pues esta Medicina cuenta con una base sólida que la sostiene. “Nuestro país ha dado numerosos investigadores con reconocimiento internacional, muchos de nuestros médicos participan en congresos en el extranjero, y no hay que olvidar que varios medicamentos homeopáticos exitosos se han desarrollado en México”.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista de la Asociación Nacional de la Industria Farmacéutica Homeopática, A.C. (Anifhom).

SyM - Rafael Mejía

 

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