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Homeopatía: atención a enfermos, no a enfermedades

Viernes 20 de enero del 2017, 08:33 am, última actualización

La Homeopatía apuesta por la atención al paciente y los factores personales que provocan desequilibrio en su energía vital. Es por ello que esta escuela médica, para la cual no existen enfermedades, sino enfermos, ofrece tratamientos individuales en vez de generalizados.

Homeopatía: atención a enfermos, no a enfermedades

Desde su mismo nacimiento, la Homeopatía ha tenido una pugna con la escuela alópata, a pesar de que teóricamente comparten varios conceptos. Uno de ellos fue postulado por el médico más importante de la antigüedad, Hipócrates (460 al 370 antes de nuestra era), quien aseguró: “No existen enfermedades, sino enfermos”.

En efecto, todo sistema terapéutico debería compartir este concepto, aunque un análisis profundo demostraría que sólo los médicos homeópatas lo siguen día con día, ya que estos especialistas consideran que cada individuo debe analizarse integralmente desde los planos que lo componen: mental, funcional y orgánico. Estos tres aspectos, a su vez, están subordinados a la energía vital, principio inmaterial a partir del cual conservamos la salud o nos enfermamos.

Así las cosas, para la Homeopatía cada ser humano sufre enfermedades de manera particular, y las alteraciones en su energía vital generan, a la vez, padecimientos físicos y mentales.

La Dra. Vivian Suttin, adscrita a la Federación de Asociaciones Médicas Homeopáticas Argentinas (FAMHA) aclara este concepto: “Es absurdo considerar que pueden coexistir un órgano sano y otro con una afección, o un cuerpo con un padecimiento y una mente sana. Se tiene una enfermedad porque se está enfermo; no se está enfermo porque se tiene una enfermedad. Una úlcera estomacal, eccema (afecciones en la piel que causan comezón) o lesiones articulares, no son una enfermedad en sí, sino síntomas de un trastorno general que padece el organismo”.

Opinión de altura

El estadounidense James Tyler Kent (1849-1916) ha sido uno de los médicos más reconocidos de la Homeopatía. Realizó numerosas investigaciones siguiendo los pasos del padre de este sistema médico terapéutico, el alemán Samuel Hahnemann, y se distinguió tanto por ser el primero en experimentar con medicamentos homeopáticos muy potentes, como por escribir el tratado Filosofía homeopática, que es muy consultado hasta nuestros días.

Precisamente en este libro, el experto define su postura en pocas palabras: “Debemos restituir la salud a la persona enferma, y no sólo a su cuerpo o a sus tejidos”.

A fin de ejemplificar esta postura, el médico homeópata detalla en el mismo texto el caso de “un niño nervioso, que duerme agitadamente, tiene sueños espantosos, excitación nerviosa, manifestaciones histéricas y, no obstante, si examinamos sus órganos, no hallaremos uno solo que esté afectado. Si dejamos que los síntomas de este niño nervioso sigan su curso durante 20 ó 30 años, encontraremos que sus órganos están atacados, lesionados”.

Así las cosas, el Dr. Kent reflexiona: “¿No es cierto que este paciente estaba ya enfermo desde que lo vimos por primera vez? Lo estaba en el principio vital que lo anima. En otras palabras, la fuerza dinámica que le da vida estaba perturbada desde hace años”, y anticipaba la aparición de desórdenes funcionales y estructurales, algo que un médico alópata hubiera dejado pasar de largo.

Concluye el especialista, resaltando por qué se debe atender al paciente en su totalidad y no sólo sus síntomas: “Antes que una patología tenemos una fisiología desarreglada, cuyo origen se remonta al principio vital desordenado. Los tejidos no hubieran enfermado, pero algo anterior a ellos (algo que los rige) los perturbó”.

Ejemplo inmejorable

El Dr. Tomás Pablo Paschero es considerado el homeópata más prestigiado de Argentina y uno de los más importantes del mundo; participó en la fundación de la Asociación Médica Homeopática Argentina (1932) y, cuarenta años más tarde, publicó el libro Homeopatía, uno de los más populares hasta la fecha.

En dicha obra, Paschero cita el diálogo ocurrido durante una consulta que aclara los conceptos en Homeopatía de enfermedad y enfermo. El caso es el de “un abogado, culto, alto, delgado, pálido y ostensiblemente excitado, de 38 años y soltero”, que se presentó a consulta por una alergia respiratoria (rinitis). Siendo una persona letrada, la entrevista tuvo tono ampliamente explicativo.

Luego de detallar sus síntomas (obstrucción nasal, estornudos, dolor de cabeza por congestión de los senos paranasales), estudios a los que se había sometido y tratamientos que llevó a cabo sin éxito, el paciente comentó ante los cuestionamientos del médico sobre su estilo de vida, carácter y relaciones sociales: “Lo importante, doctor, es que usted me cure esta rinitis que me tiene desesperado. Otras molestias que pudiera tener carecen de importancia al lado de esto”.

No obstante, Paschero respondió ante la sorpresa del abogado: “Las molestias sobre las que le pregunto, aparte de sus resfríos, tienen para mí más importancia. Mi propósito es averiguar cómo es usted, pues es a usted a quien debo curar, no a su rinitis. Todo síntoma tiene como origen un proceso crónico general del organismo. La causa de su problema, como ha visto, no está en sus amígdalas ni en bacterias, sino en una disposición a enfermar que abarca la totalidad de su ser, inclusive su carácter, es decir, toda su persona”.

En cuanto a los numerosos estudios a los que el paciente se había sometido, el Dr. Paschero afirmó: “está bien que se haya hecho todas esas investigaciones físico químicas y reacciones de laboratorio, pero los resultados nos informan aspectos parciales de su afección, no sobre la naturaleza de la perturbación de su organismo como totalidad. Más bien, todo lo que pueda decirme sobre sus malestares, como sentirse mal o tener sensaciones, rechazos o intolerancias, me darán la pauta de su verdadero estado dinámico interno”.

Desconcertado y algo molesto, el paciente preguntó entonces si debería hablar de sus hábitos cotidianos y personalidad, a lo que el especialista respondió afirmativamente y añadió: “Hábleme de su forma particular de reaccionar al ambiente, su comportamiento y relación con los seres humanos; en suma, todos los aspectos de la vida misma, tanto en el aspecto psíquico como físico”.

Luego de dar detalles sobre su vida personal, gusto por la comida y personalidad, entre otros, el médico homeópata resumió las características del consultante:

  • Agitado.
  • Deprimido.
  • Irritable.
  • Con deseo de estar solo.
  • Siente aversión a la gente (antropofobia).
  • Rechaza el consuelo.
  • Se siente peor por el calor y el Sol.
  • Tiene aversión por el pan.
  • Desea comer cosas saladas.
  • Sed intensa.
  • Transpira por la palma de la mano por excitación.
  • Siente palpitaciones.
  • Manifiesta incapacidad para subir de peso, aun comiendo abundantemente.

Al escuchar estas características, el abogado cuestionó sobre el diagnóstico que le correspondía, a lo que el Dr. Tomás Paschero respondió: “El diagnóstico terapéutico de su problema lleva el nombre de aquel medicamento capaz de provocar síntomas semejantes en personas sanas; en su caso, hablamos de Natrum muriaticum. De esta manera, como enfermedad con criterio nosológico (sólo para describir, explicar, diferenciar y clasificar) tiene usted rinitis, pero como enfermo, usted es Natrum muriaticum”.

El caso que acabamos de resumir es sumamente elocuente para comprender la diferenciación que hace la Homeopatía entre enfermo y enfermedad, además de que, reiteramos a modo de conclusión, deja en claro que este sistema médico atiende todos los síntomas de una persona y busca restablecer en ella su centro vital, en vez de atender o suprimir las manifestaciones del problema.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista de la Asociación Nacional de la Industria Farmacéutica Homeopática, A.C. (Anifhom).

SyM - Juan Fernando González G.

 

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