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Homeopatía: qué es, cómo actúa y cuáles son sus beneficios

Jueves 02 de marzo del 2017, 12:24 pm, última actualización

Aunque la Ciencia todavía no ha explicado por completo cómo funciona la Homeopatía, es un hecho que millones de personas en todo el mundo se han beneficiado con su acción curativa a lo largo de dos siglos de historia. ¡Conoca más sobre ella!

Homeopatía: qué es, cómo actúa y cuáles son sus beneficios

Adentrarse en el mundo de la Homeopatía es apasionante, de ahí que llame la curiosidad de muchas personas cuando se enteran de que algún familiar, amigo o conocido suyo ha sido tratado exitosamente con ella. No obstante, hay que reconocer que el escepticismo persiste en muchos, ya sea porque es poco lo que se difunde sobre esta rama de la Medicina o debido a que se han formado una idea distorsionada.

La mejor forma de hacer frente a las dudas es con información, sobre todo cuando proviene de una voz autorizada como la del Dr. David Duarte, médico homeópata adscrito a la Asociación Nacional de la Industria Farmacéutica Homeopática, A.C. (Anifhom), quien dictó la conferencia Homeopatía: qué es, cómo actúa, y qué beneficios obtienes con su uso, en el marco de ExpoSALUD y Bienestar 2009.

“La Homeopatía lleva aproximadamente 200 años de práctica, y podemos definirla como un sistema médico, no sólo terapéutico, que tiene un conjunto de ideas y fundamentos diferentes a los de la alopatía. Es vitalista porque postula la existencia de una fuerza sin la que la vida no podría explicarse, y eso la distingue de la escuela convencional, que ve al ser humano de manera mecanicista o anatomista”, es decir, atendiendo sólo los fenómenos observables en la materia.

Antes de Hahnemann

Durante su ponencia, el experto señaló los antecedentes de esta rama de la Medicina para detallar sobre sus fundamentos. “Cuando se habla de Homeopatía casi siempre se vincula con su descubridor, el alemán Samuel Hahnemann (1755-1843), pero lo cierto es que el principio de semejanza (sostiene que una enfermedad puede ser curada mediante un medicamento que genere síntomas similares) ya se conocía y fue enunciado por el griego Hipócrates (460-377 a.C.), conocido como el padre de la Medicina occidental”.

De acuerdo con el Dr. Duarte, Hipócrates enunció que “las enfermedades por causa conocida (o más bien, de origen material próximo, como cuando alguien se enferma por comer tacos en la esquina) deben curarse por contrarios, mientras que las enfermedades de causa desconocida (o de causa distante al cuerpo y la materia, como un desorden por estrés o problemas familiares), deben curarse por lo semejante”.

Más aún, el especialista señala que en la Ilíada (el poema más antiguo de la literatura occidental, escrito por Homero) hay un ejemplo curioso sobre la aplicación del principio de semejanza. En el inicio de la expedición contra Troya, los aqueos, dirigidos por Aquiles, desembarcaron por error en la ciudad de Misia, donde fueron atacados por el rey Télefo y sus tropas.

Télefo fue herido por la lanza de Aquiles y, como no sanaba, consultó a un oráculo para saber qué podía hacer. El oráculo le dijo que su lesión “sólo sanaría al ser curada por lo mismo que la causó”. Así, Télefo se disfrazó y le pidió ayuda a Aquiles, quien se negó por no ser médico; no obstante, uno de sus compañeros de expedición, Odiseo, dedujo que si la lanza había causado la herida, también podría cicatrizarla. Entonces se hizo una talladura de la punta, se colocó sobre la herida y cicatrizó.

La Medicina que cura por lo semejante, narra el Dr. Duarte, “también fue practicada por los árabes, como ocurrió con los médicos Avicena (980-1037) o Maimónides (1135-1204). Ellos fueron grandes médicos y alquimistas que practicaban la medicina griega, pero además de comulgar con ella le hicieron muchas aportaciones”.

En sus escritos, Hahnemann criticaba duramente a los médicos de su época, pero se refería con mucho respeto sobre los conocimientos de los especialistas árabes. “Esto no se reconoce frecuentemente en los libros de Historia de la Medicina, pero la teoría de Hahnemann derivó de esta línea greco-árabe de pensamiento, cuyo máximo expositor fue el suizo Teofrasto Paracelso (1493-1541)”.

Más aún, abunda el ponente, los escritos de Paracelso y Hahnemann son muy parecidos en cuando a planteamientos sobre el ser humano y la curación. La labor del médico alemán fue dar una nueva lectura a este conocimiento, reestructurarlo y enriquecerlo con sus propias aportaciones, dándole una nueva forma a la que nombró Homeopatía.

El nacimiento de una nueva Medicina

El Dr. Duarte describe a la Homeopatía como “un fenómeno maravilloso e increíble al que no hemos podido terminar de entender. Podemos decir que es fenomenológica, lo que significa que observamos sus efectos curativos, pero no podemos explicar cómo suceden. Hacen falta muchos años de investigación para lograrlo”.

Para aclarar su idea, el experto indica que en la época de Hahnemann (finales del siglo XVIII e inicios del XIX) se empleaban sustancias muy fuertes para tratar enfermedades, por ejemplo, arsénico, que en dosis de 100 a 200 miligramos es mortal. Sencillamente, si la persona sobrevivía a estos “remedios”, se curaba.

A Hahnemann le molestaba mucho la agresividad de dichos procedimientos, y buscó la forma de administrar medicamentos sin afectar a los pacientes. La clave la encontró en Paracelso, quien sostenía que toda sustancia tiene la capacidad de ser un veneno o un medicamento, y que la diferencia se encuentra en la dosis.

El médico alemán tuvo una idea genial: diluir el veneno para reducir su toxicidad. “Este fenómeno es muy interesante, porque lo que hacemos en Homeopatía es diluir 1 parte de la sustancia en 99 partes iguales de agua, y las agitamos. Luego, de la solución resultante tomamos una parte y otras 99 de agua, y repetimos la operación, por ejemplo, 30 veces. La Química dice, a través de una fórmula conocida como el número de Abogadro, que después de 12 repeticiones ya no hay sustancia activa en la solución, pero los médicos homeópatas observamos que entre más diluimos, más efecto tiene el medicamento e influye en planos más profundos”.

El siguiente paso de Hahnemann representó una labor agotadora, y consistió en hacer una recopilación de los efectos que genera cada sustancia. Para ello, contó con la participación de numerosos voluntarios que tomaban nota de sus reacciones.

Este procedimiento “pudo llevarse a cabo en ratones, conejos o perros, pero la constitución y funcionamiento orgánico de los animales no es como en los seres humanos; reaccionamos diferente y tenemos distintos temperamentos. Por eso, Hahnemann hizo preparados homeopáticos de diversas sustancias tóxicas y, sabiendo que eran inofensivas, las administró a sus colaboradores. A esto le llamamos experimentación pura”.

El médico alemán no decía el nombre de la sustancia que administraba para evitar sugestiones. “Imaginemos el trabajo de atender a 200 o 300 personas con sus respectivas anotaciones. Con esa cantidad monstruosa de información, Hahnemann creó los primeros libros de registro de síntomas, llamados materia médica”.

En las notas de los voluntarios aparecieron síntomas muy comunes, presentados, digamos, en un 80% de los casos, pero otros tenían una frecuencia menor, de 60, 50 o 40%, e incluso algunas manifestaciones ocurrían sólo en 5 o 10 personas. En el caso del arsénico, “la mayoría de la gente reportó cansancio, agotamiento con esfuerzo pequeño, ansiedad, dolores ardorosos, temor a la muerte, agitación física o mental de la 1 a las 3 de la mañana, vómito violento, ardor al orinar y micción involuntaria”.

Hecha esta recopilación, el siguiente paso fue la administración de los preparados homeopáticos como medicamentos. Así, cuando llegaba con Hahnemann un enfermo con asma (inflamación de las vías respiratorias que genera tos e incapacidad para respirar) ocasionada por humedad, que se agravaba por la madrugada, que tenía mucha ansiedad y sentía que iba a morir, le administraba arsénico tratado homeopáticamente, ya que esta sustancia genera síntomas similares, y lograba la curación por ley de semejantes.

“Esa es la razón por la que los homeópatas somos muy preguntones y muy específicos al indagar sobre los síntomas; lo que a nosotros nos interesa es individualizar el tratamiento, y para ello debemos conocer todos los detallitos de las manifestaciones. Somos muy meticulosos porque no podemos dar medicamentos para enfermedades, sino para personas”, enfatiza el Dr. Duarte.

Yendo más a fondo, subraya que los médicos alópatas dan el mismo tratamiento a todas las personas con una misma enfermedad; en cambio, los médicos homeópatas analizan cada caso y con base en ello se administran los medicamentos. “No le recetamos lo mismo a una persona con asma que es gordita, de 35 años y que presenta crisis cuando se acuesta, se asusta o toma agua, que a una persona con asma que es delgada, de 20 años y que siente temor a la muerte. No recetamos al asma, sino a la persona, que tiene una forma particular de sufrir una enfermedad, con su propia historia personal y familiar”.

Esto, señala el ponente, también toma en cuenta un principio que es tan antiguo como la humanidad misma, llamado el poder curativo de la naturaleza. “Hay un dicho que me encanta y que dice que los médicos no curamos; la naturaleza se cura sola y el médico sólo la acompaña y le da lo que pide”.

Concluye el Dr. David Duarte: “Veamos otro ejemplo. Hay niños con fiebre a los que les da mucha sed o calor, pero otros que tienen mucho frío. Aunque en ambos casos hablamos de temperatura elevada, en el primer caso el cuerpo pide enfriarse, mientras que en el segundo desea calentarse; así, no siempre es bueno enfriar al niño, porque estaríamos en contra de lo que requiere. Los médicos homeópatas estamos a favor de la naturaleza y tratamos de escuchar lo que nos dice”.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista de la Asociación Nacional de la Industria Farmacéutica Homeopática, A.C. (Anifhom).

SyM - Rafael Mejía

 

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