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Antimicóticos, eficaces para combatir hongos en la piel

Viernes 14 de febrero del 2014, 07:45 am, última actualización.

Los encontramos en crema, solución, gel, aerosol o polvo, y suelen ser parte indispensable en el botiquín familiar. Los antimicóticos de libre acceso son productos que acaban con los hongos y evitan su crecimiento o reproducción en zonas húmedas de la piel.

Antimicóticos, Hongos en la Piel

Probablemente términos como ácido undecilénico, terbinafina, ketoconazol, clotrimazol, miconazol o tolnaftato le suenan tan complicados como una ecuación de álgebra y, por tanto, poco familiares; sin embargo, es posible haya estado en contacto con ellos alguna vez, pues constituyen parte de los principales ingredientes de antimicóticos de libre acceso.

El amplio espacio que hoy ocupan dichas fórmulas en los anaqueles de las farmacias y tiendas de autoservicio no sólo se debe a la creciente variedad que ofrecen los laboratorios farmacéuticos, sino también a su justamente ganada reputación como eficaces “exterminadores” de hongos.

Así, ya sea en crema, comprimidos, solución, gel, aerosol o polvo, estos productos son indispensables dentro de cualquier botiquín de primeros auxilios, ya sea en casa u oficina, pues las infecciones micóticas cutáneas son más frecuentes de lo que imaginamos.

De hecho, es probable que algún familiar (o quizás usted mismo) tenga síntomas de tales trastornos (“pie de atleta”, tiña en las manos, ingles, axilas y tórax, entre los más comunes), ya sea irritación, comezón, ardor, excesiva sudoración y grietas cutáneas, los cuales pueden comenzar siendo leves molestias a las que frecuentemente no se les brinda suficiente atención... hasta convertirse en problema capaz de hacer que la persona se resista a mostrar aquella parte de su cuerpo afectada por los microscópicos y molestos organismos.

Adecuado empleo

El objetivo de los antimicóticos es eliminar los diferentes tipos de hongos causantes de infecciones de la piel que suelen contraerse a través del contacto directo con un individuo infectado, al compartir ropa, toallas, sábanas, fundas de almohada, jabón, peines, cepillos y, particularmente, con el uso de vestidores y baños, como los que se encuentran en clubes deportivos y centros vacacionales.

Para aliviar el problema, la clave radica en el uso adecuado y constante de estas formulaciones siguiendo fielmente las indicaciones del laboratorio fabricante, las cuales conviene leer con detenimiento antes de utilizar por primera vez el medicamento. De esta manera, el usuario puede asegurarse de que el fármaco responda a su problema como es debido.

En cuanto a dosis y modo de empleo, la mayoría de los artículos deben utilizarse por lo general 2 ó 3 veces al día, durante 2 ó 3 semanas o hasta que la lesión desaparezca. Asimismo, es importante considerar que los mejores resultados se obtienen cuando se continúa el tratamiento 10 ó 15 días después de que las “señales” de infección se han borrado, particularmente cuando se busca prevenir nuevos episodios.

Ahora bien, antes de aplicar cualquiera de las presentaciones elegidas, es indispensable que se lave el área afectada con agua y jabón, secando luego perfectamente. Otra ventaja de los antimicóticos es que algunas presentaciones ofrecen doble acción, es decir, tienen efecto fungicida (contra los hongos) y antiséptico, por lo que también combaten bacterias.

Más no es mejor

Al igual que con cualquier otro medicamento, con los antimicóticos más no es mejor, es decir, utilizar dosis mayores de las indicadas en la etiqueta no significa obtener alivio en menor tiempo, ni tampoco que se obtendrán mejores resultados.

De hecho, al hacerlo lo único que se consigue es aumentar la posibilidad de causar efectos secundarios, entre los que encontramos sensación local de irritación leve (suele desaparecer al descontinuar su uso), comezón y ardor.

Con el propósito de asegurar el buen empleo de estos fármacos, conviene aplicar cuidadosamente la cantidad indicada por el fabricante en el centro del área afectada, extendiéndola hasta formar delgada capa, evitando el contacto con los ojos y/o heridas abiertas. En el caso de aerosol (spray), agite el recipiente antes de usarlo, sosténgalo aproximadamente a 15 centímetros de la zona a ser tratada y aplique la fórmula.

Prevención

El sabio consejo de que prevenir es mejor que lamentar se aplica perfectamente en el caso de infecciones de la piel ocasionadas por hongos, particularmente en épocas de intenso calor ambiental pues, al aumentar en gran medida la sudoración, crece la posibilidad de contraer dichas afecciones.

Por ejemplo, tratándose del “pie de atleta”, para obtener mejores resultados de los antimicóticos se deben mantener los pies limpios y secos, utilizar calcetines o medias limpias todos los días, bañarse con sandalias y emplear calzado cómodo y no ajustado (nunca de plástico) para permitir que el aire ventile la piel.

Algo similar sucede con aquellas infecciones superficiales que atacan a otras partes del cuerpo, por ejemplo, manos o axilas, por lo que es preciso bañarse a diario, utilizar ropa de algodón (favorece el libre paso del aire y, por tanto, evita que se acumule exceso de humedad) y procurar que las áreas afectadas permanezcan tan secas como sea posible, a fin de combatir la afección.

Finalmente, recuerde que para mayor seguridad los antimicóticos no deben emplearse cerca de los ojos ni en la boca; tampoco están indicados para niños menores de dos años, durante el embarazo y la lactancia. En cuanto a su almacenamiento, se recomienda conservarlos lejos del alcance de los infantes en lugar seco y fresco, pues recuerde que el calor, humedad y luz directa pueden alterar tanto los ingredientes del producto como su acción terapéutica, dejando atrás su eficacia.

SyM - Arturo Calvillo

 

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