Manos resecas
Las manos son, por excelencia, las extremidades encargadas de efectuar labores de todo tipo desde el inicio hasta el final del día; su capacidad de asir y presionar objetos, así como de detectar estímulos a través del tacto, las hace particularmente útiles tanto para vestirnos, abrir una ventana, dar "clic" al ratón de la computadora o extender un saludo, como para hacer uso de tijeras, bolígrafo, abrelatas, control remoto o reproductor de discos compactos, sin olvidar que cualquier ajuste y labor de limpieza en casa o automóvil requieren su participación.
Debido a esto son también una de las regiones corporales que más se someten a factores tan variados como cambios climáticos, contaminación, contacto con sustancias irritantes, consumo de tabaco y mala alimentación, los cuales son sumamente agresivos y, con el paso de los años, pueden generar aspecto maltratado en las células de la piel.
El factor más importante para que esto ocurra es la alteración en el manto (o barrera) hidrolopídico, formado por agua y grasa que generan glándulas especializadas que se localizan en la piel. Esta capa ayuda a conservar la humedad, además de que brinda protección a las células contra infecciones y agentes ambientales, de modo que al debilitarse existe el riesgo de que la epidermis sufra daño.
A fin de evitar o contrarrestar este problema de estética y salud con medidas concretas y bien dirigidas, los especialistas en Dermatología y arreglo personal han determinado las causas de resequedad de manos y las han clasificado en dos grandes categorías:
Agentes externos
- Frío. Este factor disminuye la actividad de las glándulas que secretan grasa o lípidos (sebáceas) y sudor (sudoríparas), de modo que el manto hidrolipídico se produce de manera deficiente. Debido a ello la piel sufre más durante la temporada invernal o en regiones con bajas temperaturas.
- Falta de humedad. Clima seco, calefacción y aire acondicionado provocan la evaporación del agua que hay en la superficie de la piel y en las capas de células más externas, dando lugar a deshidratación y resequedad.
- Radiaciones ultravioleta (UV). A través de distintos estudios se ha demostrado que estas emisiones solares producen deshidratación y aceleran el envejecimiento cutáneo.
- Detergentes y solventes. Dado que éstos son empleados en labores de limpieza y están formulados para eliminar grasa, provocan la erradicación del manto hidrolipídico. Si el uso de estos productos es muy frecuente puede haber descamación de la piel.
- Jabón. Lavar muy a menudo las manos o usar productos muy agresivos genera problemas similares a los ocasionados por los detergentes, aunque de menor gravedad.
- Contaminación. El humo daña la composición del manto hidrolipídico y maltrata la piel debido a la acción de sustancias conocidas como radicales libres, responsables del envejecimiento celular.
- Humedad excesiva. Impide la formación del manto hidrolipídico, ante todo si el vital líquido está muy caliente.
Agentes internos
- Disfunción sebácea. La falta de producción de las glándulas sebáceas debido a factores genéticos, nerviosismo o mala alimentación vuelve a la epidermis más sensible y vulnerable a factores externos, por lo que la piel luce reseca y con pequeñas arrugas. Se sabe que existe este tipo de disfunción al observar que la generación de grasa es deficiente en otras regiones del cuerpo (como espalda y rostro) durante todo el año, o a través del diagnóstico de un dermatólogo.
- Disfunción sudorípara. Si la producción de sudor es mayor o menor que la de grasa, no es posible que se forme adecuadamente el manto hidrolipídico, por lo que la piel no cuenta con la misma protección. El problema se debe, principalmente, a alteraciones en el estado de ánimo, consumo inadecuado de agua y, en menor proporción, a características hereditarias (hay personas cuya piel posee más o menos número de glándulas productoras de sudor).
- Nerviosismo. Estados de estrés y ansiedad son factores que generan hiperhidrosis (excesiva sudoración de las palmas de las manos); el exceso de agua genera deficiente formación del manto hidrolipiacute;dico.
- Alteraciones hormonales. Son comunes en mujeres, sobre todo durante la etapa premenstrual, al aproximarse la menopausia y cuando hay falta de ovulación, los cuales son responsables de hiperhidrosis.
- Medicamentos. Aquellos destinados a disminuir el apetito o a estimular la emisión de orina (diuréticos) provocan, a la larga, deshidratación cutánea.
- Tabaquismo y contaminación. Fumar o vivir cerca de regiones industriales favorece el ingreso de radicales libres al organismo, mismos que llegan a la piel a través de la sangre y que, como ya se mencionó, generan envejecimiento celular.
- Alimentación deficiente. Desnutrición y falta de agua en la dieta dañan la salud de la piel, ya que ésta carece de los nutrientes necesarios para regenerarse y, por tanto, luce opaca, reseca y con pequeñas arrugas.
Diversas soluciones
Aunque un solo factor puede ser la causa predominante de un problema de resequedad en manos, es de imaginar que en la mayoría de los casos intervienen dos o más motivos; por ejemplo, una persona con mucho trabajo puede pasar por periodos de estrés intenso en los que fuma demasiado, se alimenta deficientemente por falta de tiempo y suda mucho, en tanto otra puede realizar labores de mantenimiento en el hogar, al aire libre y bajo el Sol, a la vez que utiliza detergente o solventes.
Por ello se recomienda que, tanto en el tratamiento como en la prevención de un problema de manos resecas, se sigan varias medidas simultáneas que permitan mejorar la salud y buen estado de la piel de las mismas. En primer lugar, es fundamental seguir una rutina de higiene, para lo cual es indispensable contar con jabón suave, creado especialmente para las manos, que puede ser neutro o estar enriquecido con agentes humectantes como miel, glicerina, lanolina y vitaminas. Hay que evitar productos agresivos.
Acto seguido, se debe proteger a la epidermis con crema que contenga principios hidratantes y nutritivos; ésta deberá aplicarse desde la punta de los dedos hasta los antebrazos mediante suave masaje que permita la absorción de los ingredientes activos y que estimule la circulación de la sangre. Con este acto también es posible reafirmar los tejidos y mejorar su apariencia, ya que algunos productos incluyen compuestos que eliminan a los radicales libres (antioxidantes) o que combaten la flacidez, tales como colágeno y elastina (proteínas que dan su estructura y fortaleza a la piel).
Para mejor efecto es conveniente practicar este sencillo tratamiento por la noche, justo antes de acostarse, para que las manos no se ensucien y queden libres de impurezas. El agua que se utilice para el aseo debe estar tibia. Además, puede dormir con guantes de algodón, lo que ayudará en gran medida a que la piel de la región se torne lisa y suave.
Si a pesar de estas indicaciones continúan la aspereza y aspecto descuidado, se puede recurrir a mascarillas elaboradas con arcilla, aceites, plantas medicinales, frutas y otros agentes que sirven para exfoliar (eliminar células muertas), fortalecer y nutrir la piel. Un remedio casero de este tipo se prepara con el jugo de medio limón, una cucharada de azúcar y otra de glicerina; con la mezcla resultante se deben frotar las manos durante cinco minutos y luego enjuagarse con agua tibia. El procedimiento se puede realizar dos veces a la semana, aunque se suspenderá su uso (y el de cualquier otro tratamiento) en caso de presentarse enrojecimiento o alguna lesión.
Otros consejos para cuidar las manos y prevenir su resequedad son los siguientes:
- Usar guantes cada vez que se realice alguna actividad doméstica; de tela para los trabajos en seco y de látex si se trata de alguna tarea con agua (lavar platos, alguna prenda o regar el jardín).
- Proteger las manos con guantes de piel al manejar automóvil, sobre todo en temporada invernal.
- Reducir el consumo de tabaco para que, a su vez, disminuya la cantidad de radicales libres.
- Beber al menos dos litros de agua al día, es decir, ocho vasos medianos.
- Utilizar filtro solar en las manos para detener el efecto de los rayos UV, sobre todo en días soleados o en vacaciones.
- Preferir cremas que contengan elastina, colágeno y vitaminas A, C y E; deberán aplicarse en regiones como nudillos o palmas, principalmente, pues están casi desprovistas de glándulas sebáceas y sudoríparas.
- Controlar el estrés y ansiedad mediante técnicas de relajación para evitar la sudoración excesiva.
Mención aparte merece el cuidado de la dieta, ya que de ello depende que la piel de las manos y del cuerpo en general se mantenga saludable. Los nutrientes que se aconsejan son:
Grasas insaturadas. Favorecen el funcionamiento de las glándulas sebáceas sin consecuencias negativas en el sistema circulatorio. Se incluyen en aguacate, frutos secos, aceite de oliva y pescados.
Vitamina A. Potente antioxidante que abunda en hígado, leche y sus derivados, huevo, hortalizas de hoja verde y frutas de color rojo, anaranjado y amarillo: zanahoria, jitomate, melón, durazno, papaya y calabaza de castilla.
Vitamina E. También neutraliza la acción dañina de los radicales libres; se encuentra en aceites vegetales, frutos secos, germen de trigo, cereales integrales y vegetales de hoja verde.
Vitamina C. Es antioxidante y se utiliza en la producción de colágeno, proteína que mantiene a la piel tersa y sin arrugas. La mejor forma de incorporarla es a través de frutas y verduras frescas como naranja, limón, toronja, mandarina, guayaba, kiwi, melón, fresas, zarzamoras, pimiento, brócoli, col y tomate verde.
Complejo B. Interviene en el buen estado de la piel y en los procesos de renovación celular. Está presente en gran variedad de alimentos: frutos secos, hortalizas de hoja verde, cereales, levadura de cerveza, carne, vísceras, pescados, mariscos, huevos y lácteos.
Selenio. Es un mineral con acción antioxidante que se encuentra en carne, pescados, mariscos, cereales, huevos, frutas y verduras.
Zinc. forma parte de nuestra epidermis y está presente en mariscos, pescados, carnes, vísceras, huevos, cereales integrales y legumbres.
Hierro. Favorece la transportación de oxígeno en la piel; se incluye en vísceras, carne, pescados y huevo, así como cereales, legumbres y vegetales de hoja verde.
Azufre. Ayuda a regular el funcionamiento de las glándulas sebáceas y abunda en huevo, leche y sus derivados, cereales integrales y levadura de cerveza.
Proteínas. Son constituyentes básicos de la piel; provienen de la adecuada ingesta de carne, pescados, huevo, lácteos, legumbres, cereales y frutos secos.
Finalmente, cabe señalar que cuando estas medidas sean insuficientes para mejorar el estado de las manos se deberá consultar a un dermatólogo para saber si el problema se debe a alguna enfermedad, deficiencia hormonal o problema hereditario que no se haya diagnosticado y que requiera de otras atenciones.
Consulte a su dermatólogo.
SyM
Última actualización: 04-2013















