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¿Qué es el síndrome de piernas inquietas?

Jueves 16 de marzo del 2017, 11:56 am, última actualización

La próxima vez que alguien manifieste movimiento incontrolable de piernas cerca de ti, evita criticarlo pues podría tratarse de algo completamente involuntario que incluso está afectando su calidad de vida. Aunque parezca irrisorio, puede que esté sufriendo el síndrome de piernas inquietas, ¡conoce más!

Síndrome de piernas inquietas, Acromelalgia

Síntomas de piernas inquietas

El también llamado síndrome de Ekbom es trastorno del que aún se conoce poco, aunque se ha observado que el género femenino suele ser el principal afectado (por cada hombre, ocurre en 2 mujeres).

Quien sufre el síndrome de piernas inquietas difícilmente puede describirlo y apenas reporta sensaciones de pesadez, calambres, dolor, quemazón y/o comezón en las extremidades inferiores, signos que en ocasiones se manifiestan en brazos u otras áreas del cuerpo.

En el intento de aliviar tales molestias, la persona siente la necesidad irresistible de moverse, por tanto, sacude sin parar el área afectada o realiza repetidamente otro tipo de movimientos, como estiramientos, flexiones o balanceos.

Los síntomas del síndrome de piernas inquietas empeoran cuando el paciente procura relajarse y descansar, por ejemplo, al sentarse en cómodo sillón o recostarse en la cama para dormir, lo que altera su ciclo de sueño; si esto se repite cada noche, afecta la calidad del sueño al igual que su ritmo de vida, pues también puede manifestarse durante lapsos prolongados de inactividad, como al estar sentado en teatro, cine o al conducir un auto.

Acromelalgia: enfermedad neurológica

Científicamente se conoce al síndrome de piernas inquietas como acromelalgia y se ha clasificado dentro de las enfermedades neurológicas (se originan en el cerebro) y motoras (que afectan al movimiento de las extremidades); se caracteriza por parestesias (sensaciones anormales) y disestesias (molestias y dolor) en los miembros inferiores, signos que por lo general ocurren durante el sueño o el descanso.

Desde el siglo XIX se observó este trastorno, aunque fue en los primeros años del XX cuando el neurólogo sueco Karl Ekbom (de ahí que el síndrome lleve su apellido) lo estudió a profundidad y definió por primera vez como enfermedad.

"La parestesia se manifiesta en la parte inferior de las piernas (no los pies), y al paciente le cuesta encontrar las palabras adecuadas para describirla; provoca una sensación de arrastramiento, irritante y enervante que no implica dolor real, sino algo nervioso. El síndrome de piernas inquietas aparece durante la noche, generalmente en la primera hora después de acostarse; disminuye al mover las piernas, pero no tarda en volver, lo que impide dormir, por lo que el paciente se ve obligado a cambiar continuamente de posición, o levantarse y caminar", refirió el científico en su primer reporte.

Según investigadores, la acromelalgia afecta aproximadamente a 12 millones de personas tan sólo en Estados Unidos; sin embargo, la cifra podría ser mayor porque el paciente no suele acudir a valoración médica al pensar que no se le tomará en serio, o bien porque el problema no se diagnostica correctamente, pues algunos facultativos atribuyen el origen de los síntomas a nerviosismo, insomnio, estrés, artritis (inflamación de articulaciones) o a manifestaciones típicas del envejecimiento (si se presentan en personas mayores).

Factores de riesgo de acromelalgia

El síndrome de piernas inquietas puede iniciar desde la infancia y aumentar su severidad con el paso del tiempo. Las primeras manifestaciones suelen aparecer 1 o 2 veces por semana, pero después se harán más repetitivas; para continuar con las rarezas de este problema, ocasionalmente algunos pacientes experimentan mejoría espontánea durante semanas o meses (sobre todo en etapas tempranas), o incluso algunos años.

Si bien se desconoce su origen, hay registros que consideran la acromelalgia un problema hereditario (aproximadamente en 50% de los casos hay antecedentes familiares), o la relacionan con:

  • Anemia: bajos niveles de hemoglobina, proteína transportadora del oxígeno por la sangre a través de los glóbulos rojos.
  • Diabetes: elevadas cifras de glucosa en sangre.
  • Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC): padecimiento en el que el sistema respiratorio sufre daños progresivos que disminuyen su capacidad de captar aire.
  • Deficiencia de minerales: hierro y magnesio.
  • Insuficiencia renal: mal funcionamiento de riñones.
  • Mal de Parkinson: ciertas zonas del cerebro se ven dañadas por deficiencia en la producción de dopamina, sustancia que interviene en el manejo de movimientos y equilibrio, los cuales se ven seriamente afectados.
  • Neuropatía periférica: daños en las terminaciones nerviosas.
  • Gestación: algunas mujeres sufren de piernas inquietas durante el embarazo (especialmente en el último trimestre), aunque los síntomas suelen desaparecer cuatro semanas después del parto.
  • Uso de medicamentos: el síndrome de Ekbom también puede ser efecto secundario de algunos fármacos para prevenir náuseas, convulsiones o males cerebrales (antipsicóticos). Además, cuando alguien padece acromelalgia y usa medicamentos para tratar gripe o alergias puede agravar los síntomas, al igual que al consumir cafeína, alcohol o tabaco.

Reto: lograr el diagnóstico del síndrome de Ekbom

Uno de los principales problemas que enfrenta el médico para el tratamiento de acromelalgia es el diagnóstico, pues el trastorno se define clínicamente evaluando el historial del paciente, síntomas (se pregunta a los afectados sobre frecuencia, duración e intensidad), historial familiar y medicamentos que utiliza.

Los criterios básicos que expertos usan para diagnosticar el padecimiento son:

  • Sensación anormal de molestias y dolor en piernas o brazos.
  • Los síntomas empeoran o sólo están presentes durante el reposo, y se alivian parcial o temporalmente con la actividad.
  • Inquietud motriz (deseo incontrolable de mover las extremidades).
  • El problema es más grave por las noches.

Además, si la evaluación clínica sugiere la presencia del trastorno, se prescribirán pruebas de laboratorio para descartar otras enfermedades.

Por la complejidad del problema, y la falta de investigación al respecto, el tratamiento para síndrome de piernas inquietas se dirige a controlar los síntomas y las posibles causas.

Los médicos pueden sugerir, por ejemplo, suplementos para corregir deficiencias de hierro y magnesio; en casos más graves, prescriben depresores del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal), opioides y anticonvulsivos, como los empleados para tratar el mal de Parkinson.

Estudios han demostrado que pueden reducirse los síntomas de piernas inquietas si se mantiene un patrón regular de sueño; cuando los pacientes con manifestaciones leves o intermitentes usan fármacos que inducen el sueño (clonazepam y diazepam, entre otros), los signos del trastorno disminuyen pero no se alivian por completo.

SyM - Regina Reyna

 

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