Consecuencias de la contaminación por ruido - SyM
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Ruido, incómodo acompañante del ser humano

Miércoles 06 de septiembre del 2017, 09:24 am, última actualización

Hoy tenemos mayor conciencia sobre la contaminación del aire, agua o suelos porque generalmente son problemas demasiado evidentes, en cambio, los altos índices de sonido no son observables y tal vez por ello hemos desatendido las consecuencias que pueden tener para la salud.

Ruido y consecuencias en la salud

Contaminación por ruido

"En los estudios realizados nunca se ha especificado qué es el ruido, es decir, lo que para una persona constituye contaminación auditiva, para otra no lo es", indica el arquitecto Omar Saad, de la empresa Saad Acústica, especializada en el acondicionamiento de recintos para la propagación conveniente del sonido.

A pesar de la falta de consenso generalizado, el arquitecto refiere que la contaminación por ruido es "cualquier sonido desagradable o que no se desea oír, lo cual resulta ambiguo pues no es fácil establecer una definición sólo con base en el volumen o intensidad. Encontramos ruidos con nivel muy alto, pero no molesto (como el sonido del mar), y otros que siendo leves generan incomodidad (por ejemplo, el que emite una persona que come con la boca abierta o cuando habla con altibajos en la oficina). Esto sucede porque el oído se acostumbra a los murmullos continuos, pero también detecta las diferencias, aquello que pudiera ser una alerta", explica el especialista.

Incluso el lugar donde nos encontremos y la hora del día pueden modificar los valores de percepción auditiva. Los cambios de temperatura hacen que las estructuras de un inmueble generen ruidos y aunque estos sonidos son más frecuentes en el día, de noche son más notorios. Por otro lado, cuando hablamos lo hacemos aproximadamente a 65 decibeles (unidades para medir la intensidad del sonido), y esto puede pasar desapercibido si estamos al lado de una calle transitada, pero llega a ser muy intenso en una zona residencial.

Sonidos que causan estrés

El especialista en arquitectura acústica señala que los principales generadores de sonidos perjudiciales son los vehículos (camiones, automóviles o ferrocarriles). "Esto es particularmente notorio en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, debido a su alta densidad poblacional (demasiadas personas en poco espacio) y a que el aeropuerto está en su interior. La gente que trabaja en oficinas cercanas a él tienen que dejar de hablar cuando el sonido de las aeronaves es muy intenso y por ello, presentan problemas de productividad, estrés y salud emocional".

Otras fuentes importantes de contaminación sonora son los sistemas de aire acondicionado, las plantas de emergencia para producir luz y el transporte público.

Respecto al ruido generado por maquinaria industrial, quienes trabajan en estas instalaciones están expuestos a vibraciones sonoras de baja frecuencia que, si bien "son inaudibles, provocan que el cuerpo entre en resonancia, es decir, también vibra y a largo plazo, esto puede afectar el funcionamiento de los riñones, principalmente", advierte el especialista.

Otras fuentes emergentes de ruido son las construcciones de obras públicas y edificios de vivienda. "La transportación de materiales puede ser muy costosa, por ello, muchas empresas economizan al fabricar bloques de concreto en el lugar donde edifican, pero a cambio generan contaminación auditiva considerable".

Más ruido, menos productividad

Si bien los sonidos que se generan en una oficina no son tan intensos, sus efectos pueden ser más notables. "Más que el nivel del ruido, lo que genera malestar (y estrés) es tener junto a tu lugar a alguien que habla mucho e impide la concentración, sobre todo cuando se intenta realizar una labor silenciosa, como leer o analizar. Está comprobado que estas interrupciones pueden disminuir la productividad de la gente, y si a eso se le añade que el jefe suele regañar a su personal cuando no hace sus entregas a tiempo, se puede tener presión extra".

A pesar de ello, la queja número uno por ruido en el mundo surge por los ladridos de perro. "El sonido de los autos es intenso, pero constante, y llega el momento en que no le prestamos atención; también son habituales las protestas respecto a centros comerciales y bares, pero no se comparan en cantidad con las reclamaciones a causa de los sonidos generados por mascotas, pues se producen en cualquier momento y resultan muy molestos", señala Saad.

Consecuencias en la salud

Estrés y tensión son, a juicio del experto en acústica, los principales problemas que causa la contaminación auditiva y cuando se viven de manera prolongada, pueden desencadenar:

  • Alteraciones del ritmo cardiaco e hipertensión arterial: junto con poca actividad física y dieta rica en grasas, aumentan el riesgo de infarto.
  • Insomnio: la persona afectada se siente con sueño durante el día, lo que disminuye su capacidad de concentración y productividad; incluso, puede incrementar la posibilidad de sufrir accidente laboral o al manejar automóvil.
  • Trastornos digestivos: como diarrea, estreñimiento, lenta circulación en los intestinos (colitis nerviosa) e inflamación estomacal (gastritis).
  • Dolor: de espalda, cuello, brazos y piernas debido a contracturas musculares (las fibras de estos tejidos se mantienen tensas y no pueden relajarse).
  • Trastornos psicológicos y de la conducta: es común encontrar actitudes agresivas y falta de interés en socializar.

Daños a los oídos

Algunas organizaciones médicas, como la Administración de Salud y Seguridad Ocupacional de Estados Unidos (OSHA, por sus siglas en inglés), manejan tablas que identifican las situaciones en que el sonido puede ser dañino para el oído y que se han adoptado en todo el mundo como indicadores confiables.

Las tablas de medición van de los 0 hasta los 120 o 140 decibles, que son emisiones sonoras que romperían el tímpano (membrana interna del oído) y ocasionarían pérdida de la audición.

Como ejemplo, en un área rural lo más bajo que podemos registrar por la noche son 30 decibeles; en la Ciudad de México generalmente promediamos durante el día 60 decibeles; junto a una calle transitada o vía rápida estaremos en 70, y en una construcción o en algunas fábricas se alcanzan fácilmente 80 o 90 decibeles.

Para cuantificar una situación de riesgo para el oído no sólo se debe tomar en cuenta la intensidad del ruido, sino el tiempo que se mantiene contacto con él: "en ambientes de 90 decibeles se recomienda permanecer solamente 8 horas continuas al día; 92 decibeles son tolerables durante 6 horas; 95 por 4 horas, 97 durante 3 horas y 100 decibeles durante 2 horas. En un concierto o una discoteca deberíamos permanecer entre una y dos horas, pues los niveles de la música alcanzan 100 o 105 decibeles, sin embargo, los jóvenes permanecen 4 o 5 horas en esos lugares, lo que ocasiona daños severos al oído", señala el experto.

¿Cómo proteger la salud de los oídos?

Actualmente existe mayor conciencia sobre este problema y en México contamos con leyes que protegen a la población contra el ruido. Las autoridades hacen lo posible para que estas normas se cumplan y continuamente sean revisadas, sin embargo, su alcance puede ser limitado debido a que la regulación de muchos sonidos (como las emisiones generadas en vialidades, el aeropuerto o los sonidos incidentales) es más complicada de lo que parece.

"Es difícil combatir la contaminación auditiva porque en muchas ocasiones no podemos hacer cambios en el origen del ruido o en el camino que siguen las ondas sonoras; lo ideal es hacer modificaciones en casa para lograr su aislamiento", sugiere Saad:

  • Resulta efectivo tapar los orificios donde entra el sonido, por lo regular, se encuentran en las ventanas.
  • Las ventanas de tipo corredizo no son buenas para aislar el ruido, ya que no cierran por completo; en cambio, las abatibles son más recomendables y cuando no cierran por completo, pueden ajustarse con una cinta autoadherible (se coloca en los bordes y tapa los huecos).
  • Se recomienda que trabajadores que se expongan a altos niveles de ruido o vibraciones tomen descansos periódicos.
  • En oficinas o bancos se colocan sistemas de audio que generan un sonido suave y continuo de unos 40 decibeles, que hace que nuestro umbral de percepción ‘se eleve’ y dejemos de prestarle atención a lo que nos distrae.

Finalmente, toda persona que sospeche de alguna alteración generada por el ruido, como pérdida de audición, estrés o insomnio, debe acudir a evaluación con un especialista (audiólogo o médico general) para determinar la magnitud de su problema.

SyM - Rafael Mejía

 

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