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17 Diciembre 2017 | Iniciar Sesión



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Medicina del sueño, respuesta a insomnio, somnolencia, sonambulismo

Martes 21 de marzo del 2017, 01:30 pm, última actualización.

Son tantos los trastornos del sueño que existe un área de la Medicina especializada en analizar las variaciones fisiológicas que ocurren mientras dormimos, diagnosticar problemas durante nuestro descanso y decidir el tratamiento más conveniente.

Medicina del sueño, respuesta a insomnio, somnolencia, sonambulismo
Medicina del sueño, respuesta a insomnio, somnolencia, sonambulismo

Dormir es absolutamente necesario, tanto, que los seres humanos dedicamos una tercera parte de nuestra vida a esta actividad que cumple con funciones fundamentales para el buen funcionamiento del organismo, toda vez que nos permite recuperar la energía, almacenar la información recibida durante el día e, incluso, consolidar el aprendizaje de las experiencias cotidianas.

La falta de sueño provoca cambios en la conducta, fatiga, bajo rendimiento, irritabilidad, desorientación, ansiedad y, en casos más graves, hipertensión arterial, infarto cardíaco y problemas psiquiátricos. Algunos estudios han aventurado una hipótesis que parece tener argumentos de peso para afirmar que existe una conexión entre los trastornos del sueño y el estrés del sistema inmune, lo que significa que mientras haya un desequilibrio en nuestro ciclo de sueño estaremos en desventaja ante el ataque de microorganismos indeseables.

De acuerdo con estadísticas recientes se sabe que casi un tercio de la población mundial padece trastornos del sueño, lo que, por otra parte, se traduce en problemas de salud con alto costo social y económico.

Ciencia e historia

El interés científico y clínico por las alteraciones del sueño surge a principios del siglo XX, con la aparición de los libros La interpretación de los sueños, del austriaco Sigmund Freud (1900), y Fisiología del sueño, del francés Henri Piéron (1913). Sin embargo, se considera que el despegue definitivo de las investigaciones se produjo durante el decenio 1950-60, con la demostración de la existencia del sueño de movimientos oculares rápidos (sueño MOR o REM, por sus siglas en inglés) a través de registro electroencefalográfico (EEG), y del ciclo del sueño/vigilia.

Con el encefalograma se obtuvieron lecturas eléctricas durante el sueño y se detectaron dos etapas: sueño rápido y sueño lento, MOR y no MOR, respectivamente, conducta ésta última que se refiere al tiempo que pasa un individuo dormido (entre 75 y 80% del total) y que se caracteriza por respiración lenta, relajación de los músculos y descenso de la presión sanguínea.

Estos fueron los primeros pasos y el antecedente directo de laboratorios del sueño, los cuales, a su vez, sirvieron como base para el desarrollo de las modernas clínicas del sueño con las que cuentan numerosos hospitales en la actualidad.

Con el mismo propósito y con mejores medios técnicos, la Medicina del Sueño opera hoy desde una perspectiva multidisciplinaria que implica disciplinas como Psicología Clínica, Neurofisiología, Neumología y Medicina Interna, y se vale de la más avanzada tecnología para estudiar las alteraciones asociadas al sueño.

“Rey de los trastornos”

El padecimiento del sueño más común es el insomnio, mismo que “se define como la incapacidad para iniciar y continuar el sueño en cualquiera de sus modalidades, ya sea porque un individuo tarda en dormirse o, ya dormido, se despierta y no pueda volver a ese estado, o incluso se despierta más temprano de lo habitual. Esta conducta puede catalogarse como insomnio temprano o inicial, intermedio o final”.

Así lo establece el médico psiquiatra Alfonso Martín del Campo Laurents, fundador de la Clínica de Trastornos del Sueño del Hospital General de México, dependiente de la Secretaría de Salud y localizado en la Ciudad de México, quien asevera que el insomnio se puede dividir en dos grandes grupos: “El insomnio primario o psicofisiológico, que aparece a consecuencia de estrés, tristeza o nerviosismo, es decir, situaciones específicas que alteran el ciclo del sueño durante una o varias noches, y que no debe considerarse propiamente una patología (enfermedad)”.

En cambio, el insomnio secundario “es el que le sigue a una lista interminable de problemas, entre los que destacan como causas principales el dolor y alteraciones gastrointestinales o respiratorias. Hablamos de personas que tienen una enfermedad crónica degenerativa (de larga duración y que se acentúa), como artritis, problemas de columna y dificultad para respirar, lo que frecuentemente promueve que se pierda la continuidad del sueño”, dice el experto.

Dentro de los trastornos del sueño más comunes también hay que citar a la hipersomnia, que consiste en cantidad excesiva de sueño, o bien, en somnolencia exagerada durante el día que no cede, aunque se aumenten las horas de sueño nocturno.

Otro caso muy frecuente es la parasomnia, trastorno en el que un individuo presenta un despertar parcial desde los niveles más profundos del sueño no MOR; ocurre una vez cada noche, normalmente durante las 2 ó 3 primeras horas desde el inicio del sueño. Aquí se incluyen terrores nocturnos, pesadillas, sonambulismo (moverse o caminar dormido), calambres nocturnos en las piernas, síndrome de muerte súbita nocturna en niños y adultos (suspensión inesperada de la respiración), así como crisis epilépticas (desorden eléctrico en el cerebro) asociadas al sueño.

Una alteración bastante conocida es la narcolepsia o tendencia incontrolable a dormirse durante el día, acompañada de alteración del sueño nocturno con manifestaciones anormales de la fase MOR del sueño. Se desconoce el origen de esta conducta en muchos de los casos, aunque se sabe que hay un componente genético debido a que los hijos de este tipo de personas tienen hasta 60% más probabilidades de desarrollar la enfermedad, sin olvidar que también puede deberse a golpes y tumores cerebrales.

“Se me subió el muerto”

El Dr. del Campo Laurents, quien realizó estudios de posgrado en Cambridge, Inglaterra, explica que se han catalogado hasta el momento entre 90 y 100 trastornos del dormir en el poco tiempo que tiene de existencia la Medicina del Sueño. No obstante, “podemos mencionar que, en consulta, los más frecuentes son insomnio y apnea del sueño (ronquido y obstrucción en el suministro de aire)”.

Sobre esta última explica que “cuando dormimos todo el organismo se relaja, y así como estamos gorditos hacia afuera también lo estamos hacia adentro; entonces, como tenemos una vía aérea (canales por donde circula el aire) muy sinuosa, nos podemos encontrar con muchas estructuras que obstruyen el paso del aire y provocan el ronquido”.

Si la obstrucción es un poco mayor, “entonces se impide el paso del aire y se deja de respirar, y aunque la persona no esté consciente de ello, sale de los ciclos de sueño continuos y no puede pasar a las fases más profundas, que es cuando descansamos”.

Ahonda al respecto: “Salir de esa secuencia de los ciclos del sueño se conoce como alertamiento o despertar eléctrico, lo que significa que el paciente piensa que durmió bien, pero no descansó y tiene sueño todo el día. Así, apnea e hipersomnia diurna excesiva se asocian con frecuencia y, para corroborarlo, basta con subir al Metro o transporte público para contar a las personas que se van durmiendo. Seguramente tienen un problema como el que describimos”.

Roncar no es la única causa de hipersomnia. “El movimiento anormal de las extremidades (síndrome de piernas inquietas) es otro factor que interrumpe el sueño y evita que se llegue a las fases de sueño profundo. Uno más es la famosa parálisis del sueño, que muchos refieren con la frase: ‘se me subió el muerto’. Se trata de cierto tipo de inmovilización en la que se ‘despierta’ al momento en que nos estamos quedando dormidos. Durante algunos segundos no hay capacidad de movimiento y, en lugar de investigar al respecto, la gente se asusta y dice que tuvo una experiencia paranormal”.

Sonámbulos y alucinaciones

Recientemente se conoció el caso de una persona estadounidense que, en estado de sonambulismo, mató a sus suegros y regresó a su casa a dormir plácidamente. El individuo quedo en libertad tras comprobarse que actuó en forma inconsciente. El Dr. del Campo Laurents afirma que esto suena fantástico, pero ha tenido pacientes con sonambulismo complejo, “que se levantan, se ponen zapatos y salen con pijama hacia su carro, lo encienden, manejan, regresan y se vuelven a acostar”.

Ejemplifica con otro caso: “Tuve otro paciente que se ponía sonámbulo sólo cuando tomaba alcohol y tuvimos que analizarlo así, en estado de ebriedad. Se durmió aquí, en la clínica, y efectivamente se comportó con sonambulismo. El remedio para él fue dejar de consumir bebidas etílicas”.

El entrevistado, quien actualmente funge como coordinador de Investigación de Salud Mental en el Hospital General de México, refiere que la gente suele impresionarse con situaciones que tienen explicaciones científicas, “como en el caso de las alucinaciones, entre las que podemos mencionar a las hipnagógicas, que son aquellas que suceden al momento que nos estamos quedando dormidos, y las hipnopómpicas, que son cuando estamos despertando.

“Aquí lo que sucede es que se mezcla parte del sueño con la realidad, y ello ocurre normalmente con la gente que se tarda en dormir y tiene el sueño ‘pesado’, o bien, con aquellos que se tardan en despertar. En tales casos se cree que ‘se aparece’ alguno de los personajes propios del sueño, cuando en realidad ocurre una mezcla entre la realidad con ensoñación”, indica el especialista.

Lo mismo ocurre “con los niños que presentan terrores nocturnos, porque se despiertan en medio de la madrugada y creen que una sombra es un monstruo. Estos casos no son graves ni deben ser motivo de preocupación; son simplemente llamativos”.

Tenemos que entender, dice el experto, que el sueño es una función de costumbres y que en nosotros está muchas veces la solución a trastornos que impiden que descansemos en forma reparadora. Hay muchos mitos en torno a este tema, explica el psiquiatra, “por lo que lo más recomendable es buscar ayuda profesional, hacer caso de las indicaciones médicas y no a los rumores, porque hasta la tía opina y sus consejos no sirven. Cuando hablamos de un problema que ya interfiere con la calidad de vida, actividades laborales, familiares o sociales, hay que visitar a un especialista en trastornos del sueño”.

En la Ciudad de México se puede acudir a la Clínica del Sueño del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, o bien, a la que se encuentra en el Hospital General de México y que depende directamente de la Universidad Nacional Autónoma de México. Si lo prefiere, puede consultar directamente al Dr. del Campo Laurents en el correo duerme_bien@hotmail.com, a fin de despejar tus dudas.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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