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Cómo hacer del hogar un lugar seguro

Jueves 20 de abril del 2017, 10:23 am, última actualización

Considerable número de adultos mayores tienen dificultad para desplazarse incluso dentro de su hogar, por lo que además de carecer de independencia en sus movimientos pueden sufrir accidentes que requieren rehabilitación prolongada. Por fortuna es posible aminorar esta desfavorable situación si se realizan adaptaciones en su entorno.

Seguridad en el hogar

Según estudios a nivel mundial, el mayor número de caídas por accidente se presenta en personas de más de 60 años de edad; dicho problema adquiere un giro relevante cuando las mismas fuentes confirman, una y otra vez, que tales desafortunados sucesos ocurren muchas veces en el mismo hogar del anciano, siendo responsables una superficie resbalosa, una escalera mal iluminada o una alfombra en mal estado. En otras palabras, sabemos que buen número de hospitalizaciones y sinsabores pudieron evitarse sólo con llevar a cabo algunas medidas preventivas.

Es conocido que, conforme envejece, el ser humano pierde parte de su capacidad de movimiento y fuerza muscular, además de que su sistema óseo se vuelve más frágil y sus sentidos auditivo y de la vista se ven disminuidos, de modo que sus desplazamientos se vuelven más difíciles y su propensión a sufrir lesiones se incrementa. Sin embargo, aún no se ha generalizado la idea de adaptar sitios públicos y casas particulares a las necesidades de marcha de las personas de la tercera edad, de modo que los accidentes continúan presentándose con alarmante frecuencia y alto índice de desfavorables secuelas.

Al respecto, la cifra más notable indica que más del 80% de las caídas en personas mayores de 70 años causan fractura de cadera. Los geriatras coinciden en que el largo período de convalecencia generada por estos sucesos, en el que se presentan escasa movilidad y necesidad de recurrir a personas o cuidadores, puede generar problemas psicológicos en los ancianos debido a que resienten la pérdida de independencia, incluso en las actividades cotidianas más elementales, sin olvidar que se originan ansiedad y falta de autoconfianza persistentes por temor a caer de nuevo.

Todo esto sin olvidar que muchas lesiones y fracturas pueden ser tan severas que causen incapacidad física posterior, o que el proceso de rehabilitación implique riesgos como padecer úlceras por decúbito, que son heridas en la piel ocasionadas por inmovilidad y el propio peso del paciente, así como exponerse a deshidratación y desnutrición por atención inadecuada y falta de colaboración del anciano, quien por orgullo o porque piensa que genera "molestias" no pide ayuda para satisfacer sus necesidades de agua o comida.

A pesar de lo abrumador de las cifras y los hechos, cabe indicar que tan negro panorama no tiene por qué ocurrir, ya que afortunadamente existen numerosos aditamentos y medidas de prevención para disminuir el riesgo de sufrir caídas en casa.

Población vulnerable

El proceso de envejecimiento se caracteriza por una serie de cambios físicos y mentales que, como hemos mencionado, afectan la capacidad visual y auditiva, hay menor fuerza y habilidad para efectuar movimientos, estado de agotamiento general y disminución en la velocidad para razonar y tomar decisiones.

Pero, además de esto, los ancianos pueden sufrir algunas enfermedades que incrementen todavía más el riesgo de caídas:

  • Problemas oculares. Glaucoma (aumento en la presión interna del ojo), retinopatía (lesiones en el tejido interno del ojo donde se forman las imágenes) o cataratas (pérdida de trasparencia del cristalino) pueden reducir aún más la capacidad visual.
  • Enfermedades neurológicas. Demencias (deterioro de los procesos mentales), mal de Parkinson (movimiento involuntario o temblor en manos, piernas y rostro, rigidez en extremidades o tronco y dificultad para iniciar movimientos) y enfermedad de Alzheimer (deterioro de memoria y conducta que impide la realización de actividades diarias) generan falta de atención, inestabilidad al caminar y pérdida del conocimiento.
  • Padecimientos circulatorios. Presión arterial elevada y períodos críticos de insuficiencia cardiaca (incapacidad del corazón para bombear sangre adecuadamente) pueden generar confusión y desvanecimientos.
  • Males reumáticos. Artrosis (desgaste de las articulaciones), artritis (inflamación, dolor y rigidez articular), espondilitis anquilosante (dolor en la parte baja de la espalda debido a malformaciones en la columna vertebral que en casos severos ocasiona pérdida progresiva de movilidad) y deformidades en los pies son causa frecuente de alteraciones en la marcha. Si a esto se suma un problema como osteoporosis, en el que los huesos se desmineralizan y se vuelven frágiles, el riesgo de fractura al caer aumenta dramáticamente.
  • Infecciones. La eficiencia del sistema inmunológico (que previene enfermedades) también se reduce con la edad, de modo que los ancianos son más vulnerables al ataque de bacterias y virus que ocasionan fiebre, mareos, dolor de cabeza y de músculos, los que a su vez son responsables de inestabilidad y malestar general. 

Además de esto, no hay que olvidar que algunos tratamientos de padecimientos pueden generar riesgos, pues cuando los medicamentos son utilizados incorrectamente (ante todo si la dosificación es mayor que la prescrita por el médico) se generan aletargamiento, lentitud y mareos. Es el caso, por ejemplo, de fármacos antihipertensivos (para controlar la presión arterial elevada), antihistamínicos (evitan reacciones alérgicas), diuréticos (incrementan la pérdida de orina) y antidepresivos (para tratar depresión).

Tomar conciencia de todo esto es el primer paso para prevenir caídas y accidentes en las personas mayores, ya que sólo a través del conocimiento de las posibilidades y necesidades individuales es posible emprender adaptaciones en el entorno que faciliten actividades como preparar alimentos, desplazarse por pasillos y escaleras, seguir higiene personal y realizar tareas del hogar.

Además de esto, cabe señalar que la adopción de medidas preventivas también ofrece notable beneficio a familiares y cuidadores, ya que se sentirán más tranquilos al saber que el anciano se encuentra en un lugar seguro y que no tendrán que prestar tantas atenciones.

Adaptación del hogar

Es importante que las modificaciones a la vivienda sean consultadas con las personas de la tercera edad y demás miembros de la familia para que todos se habitúen a los cambios y cooperen para mantener la funcionalidad de los aditamentos, mismos que se colocarán en distintos puntos del hogar. Los más comunes, habitación por habitación, son los siguientes:

Baño. Muchos accidentes en casa suelen ocurrir en este lugar, sobre todo por humedad, superficies lisas y uso de jabón. Sin embargo, algunos de estos problemas pueden disminuir con estas medidas:

  • Procurar que el piso no esté cubierto con mosaico resbaladizo.
  • Utilizar un tapete antideslizante en la tina o en la regadera.
  • Colocar barras asideras tanto en la ducha o bañera como cerca del inodoro para facilitar los movimientos de sentarse y levantarse. Dichos implementos deben ser fácilmente visibles, mediante colores contrastantes y no del mismo tono que las paredes.
  • El uso del inodoro también se facilita con ayuda de barras móviles o elevables que se encuentran fijas en la pared; se despliegan cuando se requieren y luego pueden plegarse para no interferir el tránsito.
  • Otra buena opción es la tabla de bañera, especie de "banca" removible que se sujeta a los bordes de la tina y permite a la persona sentarse durante el aseo; también hace más fácil y segura la entrada y salida a esta parte del baño.
  • Para la regadera es muy útil contar con un taburete de baño, que sea fácil de mover, antideslizante y a prueba de agua. Es ideal para quienes necesitan sentarse o requieren apoyo extra.
  • También es importante que la habitación cuente con buena iluminación, ante todo que permita ver el piso con claridad.
  • Una alternativa más es la instalación de una lámpara de luz nocturna, la cual se enciende de manera automática en cuanto el Sol se oculta y genera una iluminación tenue pero que permite observar detalles del piso y el mobiliario.
  • Otra sugerencia, ante todo para ancianos con algún padecimiento neurológico que altere sus facultades mentales, es colocar en la puerta de entrada una imagen que facilite la identificación del baño. 

Dormitorio. Es otro de los lugares en los que se generan caídas con frecuencia, ante todo por falta de iluminación. En este caso los consejos son:

  • Contar con piso antideslizante.
  • Si hay extensión telefónica en la habitación, debe colocarse en un lugar al que sea fácil acceder desde la cama.
  • El mobiliario debe ser cómodo (de altura moderada y con puertas fáciles de abrir) y que no entorpezca el paso para no tropezar con él.
  • Evitar que cables o extensiones eléctricas no se encuentren en el piso, menos aún si se trata de zonas de tránsito.
  • Procurar que el dormitorio se encuentre cerca del cuarto de baño o al menos que el acceso sea sencillo, a fin de facilitar su utilización durante la noche o en los períodos de reposo.
  • Colocar una lámpara que se pueda encender desde la cama para que el anciano no se levante a oscuras.
  • Si se utiliza una alfombra para cubrir el piso, deberá ser colocada de pared a pared, para que no se deslice ni se arrugue. 

Escaleras y pasillos. Ambos son sitios en los que pueden ocurrir numerosas caídas y resbalones, por lo que también hay que adaptarlos:

  • Es indispensable colocar pasamanos o barandal, si es posible a ambos lados para apoyar las dos manos. Se debe procurar que el espacio libre, a lo ancho, sea de 80 centímetros.
  • La superficie de piso y escalones deben ser antideslizante.
  • Es de utilidad que los bordes de los escalones sean de distinto color para distinguirlos con claridad.
  • La iluminación también debe ser buena; incluso, si es necesario, se pueden emplear varias luces, tipo direccional, para mejorar la visibilidad.
  • No se recomienda colocar objetos decorativos ni que haya cables que crucen por el piso. 

Cocina. Es otro lugar de caídas frecuentes, aunque la causa más común suele ser al tratar de alcanzar objetos a gran altura. Por ello se aconseja:

  • Nuevamente, que el piso sea a prueba de resbalones.
  • Instalar mesa y sillas que sean firmes y estables.
  • Preferir utensilios de cocina cómodos y de materiales que difícilmente puedan romperse.
  • Guardar los accesorios en armarios de fácil acceso, de modo que no haya necesidad de subir a una silla o banco para alcanzarlos.
  • Colocar llaves de agua fáciles de utilizar en el fregadero, a fin de evitar esfuerzos innecesarios. 

Otras medidas generales que no deben perderse de vista son:

  • Procurar que los interruptores estén situados siempre al lado de las puertas de cada habitación.
  • Evitar tener cables u otros objetos en el piso, en zonas de paso.
  • Procurar que los muebles sean estables y estén colocados siempre en el mismo sitio para evitar desorientaciones que facilitarían accidentes.
  • Instalar varias extensiones telefónicas, en distintas habitaciones de la casa, para facilitar su acceso.
  • Si se requiere el uso de cera para proteger pisos de madera, recurrir a aquellos productos que sean a prueba de resbalones.
  • Limpiar inmediatamente cualquier derrame que se produzca en el piso.
  • Reparar lo más pronto posible aquellos desperfectos que pudieran favorecer caídas.
  • Considerar que las personas en silla de ruedas, al estirar el brazo, no alcanzan aquello que esté debajo de los 40 o 50 cm, ni encima de 1.40 a 1.50 metros. Por ello, si el anciano requiere de este accesorio para desplazarse se deben tener en cuenta estas medidas en la disposición de interruptores y objetos.
  • Muchos ancianos utilizan muletas o andadera, por lo que se aconseja que el ancho de las puertas sea de 80 a 90 centímetros, para mayor comodidad. 

Además de todo esto, es importante resaltar que el anciano también debe llevar a cabo algunas medidas que mejoren su desplazamiento, le den mayor independencia y minimicen el riesgo de sufrir accidentes:

  • Utilizar ropa cómoda que no dificulte sus movimientos y que no pueda engancharse o pisarse.
  • Caminar atento, con paso seguro y sin prisas.
  • Usar calzado con suelas antideslizantes.
  • Caminar por lugares bien iluminados.
  • No pisar sobre zonas húmedas o mojadas (por ejemplo, un piso después haber sido limpiado) hasta que no se hayan secado por completo.
  • Emplear bastón o andadera cuando sea necesario, ya que son accesorios que brindan mayor seguridad.
  • Mantener buena condición física para contar con mejor equilibrio y fuerza. Se recomiendan actividades como caminar, trotar o practicar un arte marcial suave, como tai chi, que además brinda flexibilidad.
  • Revisar el buen estado de anteojos, prótesis auditivas, bastón, andadera, silla de ruedas, barandal y accesorios en general.
  • Mantener buena dieta, abundante en frutas, verduras, cereales y productos ricos en calcio. Asimismo, beber líquidos en cantidad suficiente (ocho vasos al día) para evitar deshidratación.
  • Visitar al médico una vez al año, reportando la aparición de cualquier problema que disminuya la capacidad de marcha o afecte la calidad auditiva o de la vista. Asimismo, reportar a la brevedad los efectos secundarios de algún medicamento (mareo, agotamiento o somnolencia) que se haya recetado para aliviar alguna enfermedad. 

Vale recordar que la cooperación de los familiares también es de gran importancia para preservar la salud de los ancianos y para crear, poco a poco, una cultura que mejore las condiciones para todos los grupos de la sociedad. Es evidente que el beneficio de este cambio de actitud será colectivo y que está en manos de todos.

SyM - Mario Rivas

 

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