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Embarazo: de la concepción al alumbramiento

Miércoles 12 de abril del 2017, 12:41 pm, última actualización.

El embarazo es período que transcurre desde la concepción hasta el alumbramiento, el cual dura en promedio 280 días o 40 semanas (aproximadamente 9 meses) a partir de la última menstruación de la madre.

Embarazo: de la concepción al alumbramiento
Embarazo: de la concepción al alumbramiento

Cada mes el organismo de la mujer permite la maduración de un óvulo, el cual se desprende del ovario y entra en una de las trompas de Falopio (conductos que se prolongan hasta la parte superior del útero o matriz); después del coito, el esperma depositado por el hombre se desplaza hasta ahí para concretar la fecundación.

El cigoto u óvulo fertilizado se convierte en sólido conglomerado de células, luego en esfera hueca llamada blastocisto, el cual se adhiere a la pared uterina (endometrio), y más adelante se transforma en embrión (estructura sin características humanas). Por su parte, en el interior de la matriz se desarrolla la placenta, tejido esponjoso que permite el intercambio de oxígeno y nutrientes entre la madre y el producto a través del cordón umbilical, además de que se encarga de generar las hormonas que ayudan en la gestación:

  • Hormona gonadotropina coriónica humana. Sólo se produce durante el embarazo, primero en los ovarios y luego en la placenta. La concentración de esta sustancia, fácil de detectar en sangre y orina, aumenta en forma drástica durante el primer trimestre del embarazo y desencadena sensaciones de náuseas y vómito.
  • Lactógeno de la placenta humana. Asegura el correcto desarrollo fetal y cumple la función de estimular a las glándulas productoras de leche que se encuentran en los senos como preparación para la lactancia.
  • Estrógeno. Es responsable del desarrollo de las características sexuales femeninas y ayuda a que la gestación ocurra de manera saludable. Esta hormona se forma normalmente en los ovarios, pero durante el embarazo también la produce la placenta.
  • Progesterona. Estimula el engrosamiento del recubrimiento del útero, preparándolo para proteger al óvulo fecundado. Es producida por los ovarios y la placenta durante el embarazo.

De acuerdo con estimaciones de organismos internacionales de salud, para mantener un embarazo saludable es necesario que la madre incremente 300 calorías diarias a su dieta. Tales nutrientes deben provenir de una dieta equilibrada, basada en frutas, verduras, granos integrales y proteínas; dulces y grasas deben ingerirse poco.

Una alimentación sana y bien equilibrada durante el embarazo también ayuda a reducir algunos síntomas del embarazo, como náuseas y estreñimiento. Las siguientes son las raciones diarias de alimentos que se aconsejan para una mujer encinta:

  • 9 porciones de pan y/o cereales integrales (cada una equivale a una rebanada de pan de caja, una tortilla, media taza de arroz o una taza de cereal para desayuno con fibra).
  • 4 porciones de verduras (cada una es igual a media taza de verduras crudas o cocidas, 3/4 de taza de jugo o una taza de hortalizas crudas de hoja, como lechuga, acelga y espinaca).
  • 3 porciones de frutas (cada una equivale a una manzana o un plátano medianos, media taza de fruta picada o 3/4 de taza de jugo o zumo).
  • 3 porciones de leche y productos lácteos (cada una es igual a una taza de leche o yogurt, o 40 gramos de queso fresco).
  • 3 porciones de carne o fuentes de proteína (cada una equivale a 90 gramos de carne sin grasa, una taza de frijol cocido, un huevo, 2 cucharadas de crema de cacahuate o 1/3 de taza de frutos secos como nuez, pistache o almendras).

Dichas cantidades son recomendadas para mujeres que contaban con peso normal antes de quedar embarazadas; quienes se encontraban debajo o encima de su cifra ideal deben analizar sus necesidades alimenticias particulares con ayuda del ginecólogo o nutriólogo.

Asimismo, cabe señalar que la práctica regular de ejercicio, con la aprobación del médico, ayuda a aminorar las molestias físicas del embarazo y contribuye a la recuperación de la madre después del parto. Algunos estudios revelan que las mujeres que practican algún deporte de manera regular y se encuentran en buen estado físico pueden continuar con su práctica durante todo el embarazo sin riesgo alguno; empero, las que son inactivas o que presentan complicaciones médicas deben consultar a su ginecólogo antes de realizar alguna actividad de este tipo.

Características y diagnóstico

Las manifestaciones y molestias ocasionadas por el embarazo varían de una mujer a otra; sin embargo, podemos considerar las siguientes como las más habituales:

  • Amenorrea o suspensión del sangrado menstrual.
  • Náuseas y vómitos matutinos (hiperemesis gravídica), sobre todo durante el primer trimestre del embarazo, debido al incremento en el nivel de las hormonas.
  • Aumento de peso, que durante todo el embarazo debe ser entre 10 y 14 kg.
  • Excesiva necesidad de orinar, tanto por cambios hormonales como porque la vejiga se llena más rápido.
  • Formación de estrías por el estiramiento de la piel en el abdomen, espalda baja y senos.
  • Cambios emocionales que influyen en la manera en que se llevan las relaciones familiares y amistosas. La mujer suele sentirse ansiosa e inquieta, a la vez que con deseo de estar protegida.
  • Aceleración del pulso cardiaco en razón de 10 a 15 latidos por minuto; ello se debe a que el organismo tiene más sangre para transportar nutrientes al feto y el corazón debe hacer mayor esfuerzo.
  • Calambres en piernas, principalmente en las noches, debido al incremento de peso. También puede deberse a falta de algunos minerales, como calcio.
  • Acidez gástrica, pues el proceso digestivo se hace lento y, adicionalmente, porque el útero tiene mayor tamaño y empuja al estómago hacia arriba.
  • Estreñimiento y hemorroides. Los estrógenos y progesterona hacen más lento el tránsito en los intestinos, sin olvidar que la presión del útero sobre el sistema digestivo ocasiona dificultad para evacuar.
  • Hipersensibilidad mamaria ocasionada por la acción de las hormonas del embarazo; ambas sustancias incrementan el tamaño de los senos y los vuelven más sensibles al tacto.
  • Presencia de flujo vaginal sin olor debido a que el cuello uterino forma un tapón mucoso para bloquear su orificio y así ayudar a que el bebé no adquiera infecciones.
  • Paño o cloasma, que son manchas oscuras en la piel causadas por las hormonas. Aparecen en cara, abdomen y senos.
  • Dolor de espalda y dificultad respiratoria, ambos también como consecuencia del aumento de volumen del abdomen y del incremento de peso.
  • Hinchazón, especialmente en pies, por la retención de agua en los tejidos.
  • Sangrado nasal y de las encías. Ambos problemas se deben a que el flujo de sangre aumenta, incidiendo de manera desfavorable en nariz y boca.

El embarazo puede confirmarse de manera temprana mediante exámenes de laboratorio con muestras de orina o sangre, los cuales permiten detectar la presencia de hormona gonadotropina coriónica humana. También se puede identificar en la comodidad del hogar a través de pruebas que se exponen a orina, disponibles sin receta médica.

Otra forma de comprobar la condición de gravidez o embarazo es con la ayuda del ultrasonido, sistema que funciona con ondas sonoras y que permite obtener imágenes del interior del vientre materno para descubrir la presencia del feto y placenta.

Mes a mes

La gestación se divide en tres fases, cada una con sus propios eventos importantes. Durante el primer trimestre se forman todos los órganos y sistemas del niño, pero también es el período de mayor fragilidad y en el que se generan la mayoría de los defectos congénitos y abortos espontáneos. Por su parte, el segundo y tercer trimestre se caracterizan por el rápido crecimiento y maduración del bebé.

De manera más detallada, los cambios que se presentan en la madre y su hijo son los siguientes:

Primer mes. El útero de la mujer tiene un tamaño parecido al de una pera, y sus paredes internas se hacen más gruesas para anidar al embrión; el cuello de la matriz se ablanda, en tanto que la placenta y el cordón umbilical comienzan a formarse. Asimismo, hay ligeras molestias en la pelvis, cansancio, aumento de las secreciones vaginales, posibles nauseas y vómitos, así como necesidad de orinar con más frecuencia. Psicológicamente es común que haya cambios anímicos, así como sensaciones contradictorias acerca de la maternidad.

En el embrión se inicia la formación de los pulmones, extremidades y tubo neural (estructura que formará al cerebro y médula espinal, y que para su desarrollo requiere el consumo de ácido fólico o vitamina B9), sin olvidar que el corazón empieza a latir aproximadamente al día 24 o 25. Al finalizar las primeras 4 semanas, el pequeño mide 9 mm y pesa 0.5 g. Se deben practicar exámenes de sangre para conocer la compatibilidad sanguínea, estado nutricional de la madre y presencia de posibles infecciones que pudieran alterar la gestación.

Segundo mes. La futura madre puede padecer indigestión e inapetencia debido a los cambios hormonales; crece su cintura, se acentúa la fatiga, hay retención de agua y llegan a presentarse brotes de acné, además de que el tamaño de los senos se incrementa y hay sensación de ardor en los pezones. El cordón umbilical adquiere su forma definitiva y se acumula el líquido amniótico, mismo que protegerá al bebé, facilitará sus movimientos y mantendrá su temperatura.

En el embrión comienza la formación de los sistemas y principales órganos del cuerpo; también da inicio el desarrollo de tobillos, muñecas, orejas, dedos y párpados. Al terminar este período el embrión mide 4 cm y pesa 5 g.

Tercer mes. La madre tiene mejor apetito y experimenta antojos, aunque ciertos olores de alimentos pueden generarle náuseas. La matriz se llena de líquido amniótico (es del tamaño de una naranja grande o una toronja mediana), en tanto que la placenta, aunque todavía no se desarrolla por completo, cumple ya la función de segregar hormonas y permitir el intercambio de nutrientes de la madre al bebé y de productos tóxicos del hijo a su progenitora. Aumenta el volumen de sangre, por lo que venas y arterias son visibles en estómago, senos y piernas.

A partir de este momento podemos dejar de hablar de embrión y utilizar la palabra feto para referirnos al bebé. Se le han formado las uñas, inicia el desarrollo de dientes, sus órganos maduran, sus latidos son audibles y hay considerable aumento en talla y peso, pues al final de esta etapa mide cerca de 10 cm y pesa 20 g. Se incrementa la necesidad de vitaminas y minerales, y se debe realizar al menos un estudio de ultrasonido para rectificar las semanas de embarazo y descartar posibles daños en el tubo neural.

Cuarto mes. Inicia el segundo trimestre del embarazo; la mayoría de las sensaciones desagradables han pasado, aunque el aumento en el volumen abdominal ocasiona dolor y molestias por el estiramiento de los ligamentos que mantienen a la matriz en su sitio. Las aureolas de los senos se oscurecen ligeramente y aumentan su diámetro. Puede sentirse que el bebé comienza a moverse.

El niño ya escucha los sonidos del exterior; su piel, aunque translúcida, comienza a adquirir su coloración habitual. El cordón umbilical crece y la placenta se acaba de formar. Al terminar esta etapa el pequeño mide 15 cm y pesa poco más de 90 g.

Quinto mes. El útero alcanza el tamaño de un melón y el aumento de peso es notable; pueden presentarse molestias en la espalda y cansancio en las piernas, además de que se recomienda consumir alimentos con fibra para mejorar el tránsito intestinal. Los movimientos del bebé son más intensos y notorios, y el estiramiento de la piel puede dar lugar a la formación de estrías. Aparecen ciertos cambios superficiales debido a la acción de las hormonas, como algunas manchas en mejillas, nariz y barbilla (cloasma o máscara del embarazo), además de oscurecimiento de la línea de vello que hay entre el ombligo y el pubis. Emocionalmente hay mucha mayor estabilidad.

Por lo que respecta al feto, se mueve con tanta intensidad que puede dar giros bruscos, además de que duerme y se despierta a intervalos regulares. Al terminar este período mide 25 cm y pesa 250 g.

Muchos médicos recomiendan la realización de una amniocentesis o estudio del líquido amniótico para supervisar el estado de la gestación, ante todo cuando hay antecedentes de trastornos genéticos como síndrome de Down (retraso mental y bajo desarrollo muscular debido a la existencia de un cromosoma extra en el par cromosómico 21), si se sospecha la presencia de malformaciones como espina bífida (espina abierta, en donde las vértebras no se cierran) y anencefalia (condición en la que el cerebro se encuentra incompleto o está ausente), así como en caso de que la madre tenga 35 años de edad o más.

Sexto mes. La presión del útero genera dolor en la parte de atrás de la pelvis y espalda baja, además de dificultad para respirar, pues los pulmones no pueden extenderse totalmente; pese a ello, madre y bebé tienen adecuado suministro de oxígeno gracias a la acción de las hormonas del embarazo. Es común que se presenten contracciones en el útero, similares a los calambres menstruales, pues la matriz se prepara para el trabajo de parto. La vigilancia médica se enfoca a saber si la madre desarrolla diabetes gestacional (elevación temporal de niveles de azúcar en sangre). Aumentan los pensamientos sobre él bebe y se sueña con él a menudo.

La piel del feto ha terminado de formarse, pues tiene color rosado uniforme y está cubierta por fina capa de vello (lanugo). Sus pulmones son todavía inmaduros, por lo que si tuviera que nacer necesitaría de cuidados intensivos. Los párpados se despegan y el niño abre los ojos. Su talla es de 30 cm, en tanto que su peso alcanza 640 g. Se recomienda otro estudio de ultrasonido para rectificar el desarrollo del bebé, detectar posibles defectos congénitos y, si los padres lo desean, conocer el sexo de su hijo.

Séptimo mes. Inicia el último trimestre, y con él nuevas molestias para la madre. El útero mide ya 28 cm, por lo que genera problemas en el tránsito intestinal, indigestión, irritación en la piel del abdomen y pies hinchados. El aumento en el volumen de sangre puede desencadenar el surgimiento de venas varicosas en las piernas. Llegan a presentarse problemas para dormir, y para solucionarlos se recomienda descansar sobre el costado izquierdo, pues así no se interrumpe el flujo en las principales vías sanguíneas (arteria aorta y vena cava), que están ubicadas ligeramente a la derecha.

El bebé puede chupar su dedo, abrir los ojos y llorar; también hace ejercicio pateando y estirándose, responde a estímulos de luz, voces y música, y tiene un desarrollo considerable en sus sistemas óseo y muscular, por lo que sus necesidades de calcio, proteínas, hierro y ácido fólico son mayores. El niño mide 40 centímetros, pesa 1.200 kilos y tendría alta probabilidad de sobrevivir si naciera.

Octavo mes. El crecimiento del útero acentúa los problemas de estreñimiento e indigestión, por lo que es importante tomar mucha agua para ayudar al tránsito intestinal; también hay mayor dificultad para respirar y hacer esfuerzo. El peso de la madre aumenta 500 g por semana y el cuello de la matriz comienza a dilatarse para permitir el paso del bebé en unas semanas (se considera que este proceso termina hasta que la apertura es de 10 cm). El médico vigila el posible aumento de la presión arterial acompañada de eliminación de proteínas por la orina e hinchazón en las piernas, pues son síntomas de preeclampsia, complicación muy seria del embarazo. La mujer puede sentirse asustada y preocupada por el parto, de modo que requiere sentir atención, afecto y protección.

Continúa el desarrollo del sistema nervioso y del cerebro. El útero ha detenido su crecimiento acelerado y el feto se encuentra más apretado; a pesar de ello, sus patadas son más fuertes y puede tener movimientos bruscos. Los huesos de la cabeza son suaves para permitir la salida del bebé por el canal de parto (vagina). Los pulmones son todavía inmaduros, pero si el niño naciera tendría buenas probabilidades de sobrevivir. El producto mide 45 cm y pesa 2.500 kg.

Noveno mes. El útero mide 33 cm y el flujo vaginal puede ser constante; comienzan las contracciones uterinas, que pueden ser de dos tipos: falsas, que son irregulares, muy dolorosas y se llegan a sentir en varias partes del cuerpo (pelvis y espalda, por ejemplo), y verdaderas, que empiezan en el fondo del útero. Los senos pueden producir calostro, que es un líquido que genera la madre antes de la leche. La tensión emocional y ansiedad pueden ser muy intensas, y el aumento de peso llega a 800 g por semana.

El feto recibe anticuerpos de la madre y sus pulmones ya están preparados para funcionar en el exterior. La piel deja de estar arrugada y el lanugo se cae casi por completo; el bebé pesa cerca de 3 kg y mide 50 cm. Es útil un nuevo estudio de ultrasonido para revisar la cantidad de líquido amniótico, los movimientos del bebé y la posición en que éste se encuentra, pues seguramente será la misma en que estará al momento de nacer.

Cabe señalar que aquellas ocasiones en que se presentan preeclampsia o presión arterial elevada, obstrucción del canal de parto, infección genital, sufrimiento fetal (baja aportación de oxígeno al bebé) o el pequeño está en posición podálica (con los pies hacia abajo), el alumbramiento puede requerir de cesárea, una intervención quirúrgica que permite la salida del bebé mediante una incisión que se realiza por encima del pubis, en el abdomen inferior.

Cuidados generales

Es muy importante que la gestante siga algunas medidas que le permitirán tener un embarazo saludable y con menos molestias:

  • Visitar al ginecólogo o médico tratante de acuerdo a la agenda convenida. Por lo regular, se aconseja una consulta mensual.
  • Consumir alimentos ricos en proteínas, vitaminas y minerales, sobre todo ácido fólico, hierro y calcio. Esto puede apoyarse con multivitamínicos y complementos alimenticios.
  • Evitar el consumo de medicamentos sin la aprobación del ginecólogo tratante, ya que pueden dañar al bebé.
  • No fumar ni tomar bebidas alcohólicas.
  • Evitar contacto con insecticidas, herbicidas, gases o sustancias químicas tóxicas.
  • Dormir 8 horas diarias y evitar trabajos pesados.
  • Impedir cualquier tipo de contacto con personas enfermas de sarampión o rubéola, pues si la gestante se contagia el bebé puede infectarse y sufrir graves daños en su salud.
  • Realizar ejercicios ligeros para evitar calambres y mantener en buen estado la circulación sanguínea; asimismo, son de gran ayuda los masajes e ingerir alimentos ricos en vitamina B y calcio.
  • Usar zapatos de tacón bajo y no cargar objetos pesados resulta benéfico para eliminar la tensión de los músculos de la espalda.
  • Para aliviar la acidez se recomienda comer de 5 a 6 veces al día en pequeñas cantidades, evitar grasas y especias, y no acostarse inmediatamente después de haber consumido los alimentos. Al dormir se puede adaptar la posición semisentada con la ayuda de almohadas.
  • Estreñimiento y hemorroides pueden prevenirse mediante el consumo de alimentos ricos en fibra (salvado y germen de trigo, pan integral, verduras y fruta) y gran cantidad de agua.
  • Las náuseas que se presentan en la mañana pueden aliviarse al consumir algunas galletas saladas o cereal seco antes de levantarse.
  • El cloasma puede desaparecer después del parto, pero debe evitarse la exposición a la luz solar para prevenir las manchas. Como medida preventiva es conveniente aplicar bloqueador solares aún cuando el día esté nublado.
  • La piel debe hidratarse con cremas especiales para evitar la aparición de estrías.

Asimismo, es imprescindible informar de inmediato al médico tratante de la presencia de aquellos síntomas que durante cualquier etapa del embarazo pudieran revelar alguna complicación. Éstos pueden incluir:

  • Presencia de sangre o fluidos por la vagina.
  • Visión borrosa o alteración de la visión.
  • Inusuales e intensos dolores abdominales o de espalda.
  • Dolores de cabeza frecuentes, intensos o continuos.
  • Contracciones del útero o matriz cada 10 minutos o menos.
  • Disminución de los movimientos del bebé.
  • Mareo persistente, así como diarrea y vómito excesivos.
  • Fiebre superior a los 38ºC.
  • Dolor o ardor al orinar.
  • Calambres fuertes y constantes.
  • Inflamación del rostro, dedos y pies.
  • Escalofríos.
  • Incapacidad de tolerar alimentos o líquidos.
  • Convulsiones musculares.

Finalmente, resta señalar que las medidas de vigilancia médica han reducido considerablemente las complicaciones durante la gestación y el parto, pero para que tengan el efecto deseado es necesario que la madre y su pareja hagan lo posible por seguir las indicaciones del médico tratante, asistan a revisión con el ginecólogo de manera puntual y tengan la disposición de colaborar en aquellos casos en que se requiera tratamiento.

SyM

 

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