Papillas, a partir de los cuatro meses
SyM - Israel Cortés
Cuando el bebé ha cumplido cuatro meses de vida su organismo se encuentra en condiciones de asimilar alimentos semisólidos, motivo por el que su dieta puede complementarse con papillas de frutas y verduras que le proporcionarán adecuado aporte de vitaminas y fibra. Conozca cuáles son las preparaciones más convenientes.
Se conoce como ablactación al proceso en que un infante pasa de nutrirse exclusivamente con leche materna a incluir otros alimentos de manera paulatina hasta que su dieta se vuelve similar a la de un individuo en edad mayor; dicho periodo inicia a los cuatro meses del nacimiento y concluye al primer año de edad.
En efecto, aunque el mejor alimento que puede recibir un niño recién nacido durante sus primeros 12 meses de vida proviene de la madre, ya que le proporciona los nutrientes y anticuerpos para luchar contra enfermedades y alergias, es conveniente combinar su consumo con otros elementos nutricionales, a fin de que cuente con minerales y vitaminas que requiere para su desarrollo.
Los productos más indicados para cumplir esta trascendental misión son los llamados alimentos semisólidos o papillas, en las que se incluirán, primeramente, legumbres, frutas y verduras; sólo hasta el año de vida se incorporarán productos que pudieran producir alergias, como huevo, trigo integral, crema de cacahuate, miel de abeja, pescados, carnes rojas, jugo de naranja o aquellos de los que se sepa generan reacciones desfavorables en algún miembro de la familia. Tampoco es aconsejable utilizar sal en la comida de los bebés menores de un año de edad, pues se cree que esto podría contribuir al desarrollo de hipertensión en el futuro.
El mejor modo, el mejor momento
Un bebé demuestra que puede ingerir papillas cuando es capaz de sentarse y mantener estables cabeza y cuello en dicha posición, amén de que pueda alejarse o girar el rostro cuando se sienta satisfecho o no le guste la comida; en contraparte, si el niño no está preparado mostrará dificultad para llevar el alimento a la parte posterior de la boca y tragarlo, por lo que suele empujarlo hacia fuera con la lengua.
Otro indicador de la madurez del pequeño es el interés creciente por lo que comen los adultos, de modo que durante la comida ve de manera intensa a sus padres y personas mayores a la vez que hace ruidos, se inquieta, sigue con la mirada los alimentos e intenta sujetarlos.
La cantidad de papilla debe ser individualizada para cada bebé, iniciando con muy poco, por ejemplo, tres cucharadas pequeñas que aumentarán de manera gradual, según el apetito que muestre el niño, sin forzarlo.
Asimismo, puede comenzarse con 1 comida diaria entre los 4 y 6 meses, 2 a los 7 u 8 meses, y 1 ó 2 más a los 9; téngase en cuenta que estas cifras sólo son una referencia, ya que si un bebé consume poco puede ser alimentado varias veces por día, y en caso contrario se recomienda que el numero de sesiones sea menor.
Ingredientes ideales
En un principio las papillas deben tener consistencia líquida, un tanto espesa y uniforme, de modo que se utilizará un poco de agua o fórmula láctea para ayudar a crear dicha textura; a excepción de algunas frutas que son fáciles de pulverizar, incluso con un tenedor, se recomienda procesar los alimentos con ayuda de la licuadora.
Con el paso del tiempo las papillas pueden tener una consistencia más grumosa, incluso los ingredientes pueden incorporarse finamente picados (aproximadamente cuando el pequeño cumpla ocho meses), ya que, de no ser así, los niños pueden malacostumbrarse y esperar que todo el tiempo se les dé la comida licuada.
Los ingredientes adecuados para elaborar papillas se integran poco a poco en la alimentación del niño de acuerdo a los nutrientes apropiados para cada edad y la dificultad que represente su digestión. Así, a los 4 y 5 meses se recomienda sólo un alimento al día, elaborado con una sola de estas frutas o verduras: manzana, pera, plátano, calabaza, chayote o zanahoria. Estos productos se deberán cocer ligeramente para que conserven sus nutrientes y es posible endulzarlos con muy poca azúcar.
A partir de los 6 meses se pueden incorporar papa y, sobre todo, cereales en las papillas del pequeño; se recomienda que los granos se integren a través de un atole espeso preparado con harina de maíz y fórmula láctea o arroz partido bien cocido. Por el momento se evitarán trigo y cereales integrales.
Un mes más tarde pueden efectuarse ya dos comidas semisólidas al día, además de que se amplía considerablemente el número de ingredientes que asimila el niño y, discretamente, pueden comenzar a mezclarse alimentos. Así, las papillas pueden incluir fórmulas de cereales especialmente diseñadas para bebés, carne de pollo cocida y licuada (sin piel), así como verduras de hoja (acelga y espinaca) y frutas de estación bien maduras, a excepción de kiwi, durazno, fresa, frambuesa o zarzamora, que pueden generar reacciones alérgicas.
A los ocho meses de edad ya es posible endulzar las papillas con miel de maíz, amén de que las elaboradas con verduras pueden llevar unas gotitas de aceite de oliva. También se pueden incluir cereales como avena y trigo (excepto integral), y leguminosas como frijol, chícharo y lenteja. La papilla debe tener una consistencia más sólida que las anteriormente elaboradas (parecida a un puré), y se vale dejar pedazos de alimento finamente picados para que el niño se habitúe a masticar.
Al llegar los nueve meses es posible incorporar sabores dulces en las papillas, pero sin exagerar para no acostumbrar al pequeño a este tipo de alimentos, en tanto que entre los 10 y 12 meses se pueden incorporar lácteos que pueden alternarse con la fórmula recomendada por el pediatra.
A partir de su primer año de edad, el pequeño es prácticamente capaz de compartir la dieta familiar, ya que incorpora comestibles como huevo, jugo de naranja, trigo integral, miel de abeja, crema de cacahuate, sopa de pasta, carnes rojas (en bajas cantidades) y pescado, aunque deben evitarse picante, embutidos, mariscos, productos enlatados, alcohol, café, chocolate y dulce de leche.
Las papillas serán de consistencia cada vez más sólida y estarán constituidas por tres tipos de alimentos: de origen animal (hígado machacado, carnes licuadas, huevo duro aplastado), tubérculos o harinas (papa, camote, fideos) y verduras (calabaza, chayote, zanahoria, col y espinaca).
Finalmente, aunque es cierto que el niño utilizará cubiertos para comer hasta el año de edad, los padres pueden facilitar su aprendizaje si lo estimulan a jugar con una cuchara mientras lo alimentan con otra. Asimismo, es importante que el ambiente durante la comida sea agradable, junto a la familia, para que se sienta integrado y pueda ver cómo sus padres y hermanos comparten el pan y la sal.
SyM
Última actualización: 03-2013
















