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Cirugía, nueva alternativa ante anorexia y bulimia

Martes 28 de marzo del 2017, 12:27 pm, última actualización

Anorexia y bulimia son responsables de casos alarmantes en donde los pacientes se someten a métodos autodestructivos para bajar de peso, tienen una nueva posibilidad de tratamiento cuando todos los recursos conocidos han fallado: una intervención quirúrgica que permite controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida.

Bulimia, Anorexia

Aunque en México no contamos con estadísticas precisas que muestren el porcentaje de personas con anorexia (pérdida de peso por dejar de comer) o bulimia (episodios repetidos de excesivo consumo de alimentos seguidos de vómito o uso de laxantes), los especialistas reconocen que la incidencia de ambas condiciones se ha incrementado dramáticamente en fechas recientes, ante todo por la difusión de estereotipos de belleza basados en la delgadez. Así, varios estudios han mostrado que 60% de las adolescentes están insatisfechas con su constitución física, a pesar de cumplir con parámetros normales.

Cabe aclarar que la falta de cifras confiables no es exclusiva de nuestro país, ya que la mayoría de las personas que sufren estos trastornos ocultan sus síntomas para no ser descubiertas. A pesar de ello, algunos cálculos conservadores muestran que la anorexia se presenta en 1% de la población mundial y la bulimia en poco menos del 3%, siendo las mujeres de 11 a 30 años el grupo más afectado en ambos casos.

En términos generales, la persona que sufre uno o los dos padecimientos puede adoptar conductas inimaginables con tal de reducir tallas, pues se encuentra obsesionada con el sobrepeso y la imagen que tiene de su propio cuerpo está distorsionada. No es extraño que se someta a dietas rigurosas, a jornadas excesivas de ejercicio y consuma laxantes (favorecen el tránsito intestinal) o diuréticos (permiten eliminar orina), y desafortunadamente hay ocasiones en que los síntomas son tan severos que no se logra una recuperación satisfactoria, incluso aunque se lleve a cabo el tratamiento adecuado.

Sobre este último punto, un grupo de especialistas del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, perteneciente al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), localizado en la Ciudad de México, ha desarrollado exitoso procedimiento quirúrgico “que mejora la condición de pacientes con problemas severos de anorexia y bulimia; en un principio, este método se desarrolló para tratar a pacientes agresivos, pero descubrimos que en general podía funcionar para enfermedades en las que se presentan depresión, ansiedad y comportamiento obsesivo-compulsivo (pensamientos y sentimientos fijos y recurrentes, además de patrones de conducta repetitivos) que no mejoran con los métodos habituales”.

Tal es la explicación del Dr. Óscar Meneses Luna, quien forma parte de este equipo de trabajo y ahonda al respecto: “Desde 2003 iniciamos la preparación de la primera intervención, efectuada a principios de 2005, y para ello nos basamos en literatura médica que documenta casos atendidos de manera similar en otros países. También se debe mencionar que realizamos valoraciones exhaustivas de la paciente en áreas como Neurología, Psiquiatría y Psicología, apoyados en un sistema de neuronavegación (software o programa especial para computadora) que nos permite obtener y analizar imágenes de los tejidos neuronales”.

Precisión milimétrica

La región cerebral en que se lleva a cabo esta cirugía es el sistema límbico, el cual se localiza en la zona central del cerebro y se relaciona con la actividad emocional. Además, “se sabe desde hace tiempo que esta vía se vincula con problemas obsesivo-compulsivos, y trabajos realizados desde 1934 en Chile y otros países han permitido la localización de una serie de regiones o blancos neuronales donde se debe intervenir”.

Las operaciones iniciales de este tipo eran muy rudimentarias en comparación con las actuales, pues ahora se cuenta con equipo mucho más sofisticado y preciso.

El Dr. Meneses Luna detalla que el primer paso a seguir en esta técnica es la realización de estudios de resonancia magnética (sistema que utiliza campos magnéticos para obtener gráficos del interior del organismo desde múltiples perspectivas, con gran nitidez y en tercera dimensión) y tomografía (examen especial de rayos X que permite contar con imágenes “en rebanadas”), cuyos resultados deben analizarse con ayuda de una computadora para localizar las regiones en donde se practicará la neurocirugía (la cual es realizada por el Dr. Manuel Hernández Salazar).

Una vez que el paciente es trasladado al quirófano, “se le anestesia y se le coloca un marco o anillo estereotáxico, es decir, un instrumento que se fija en la cabeza y que se encuentra graduado como una regla; está hecho de un material especial (titanio, por ejemplo), y sirve tanto para montar el equipo con que se trabajará como para dar una ubicación exacta de las zonas en que se tiene que intervenir”.

A continuación se realizan dos pequeñas incisiones en el cráneo (trépanos), y a través de ellas se introducen dos “agujas” muy delgadas, de punta roma (no cortan), que se denominan electrodos. Se verifica que su localización sea la correcta y se procede a emitir descargas de calor que interrumpan las conexiones neuronales que se localizaron desde el principio, logrando con ello el mejoramiento de los síntomas obsesivo-compulsivos.

Sobre este hecho aclara el psiquiatra: “La recuperación no es inmediata, sino que deben pasar aproximadamente 6 meses después de la cirugía para ver los resultados en plenitud (nadie sabe por qué ocurre esto, pero así es), y aunque hasta el momento hemos tenido muy buenos resultados, siempre existe el riesgo de que las conexiones que se interrumpieron vuelvan a generarse o de que los alcances de este método sean más modestos de lo esperado”.

También aclara que en todos los casos se debe continuar con el tratamiento psicológico y el uso de medicamentos, aunque es evidente que se requerirán en dosis mucho menores y que el nivel de vida mejora notablemente.

A pregunta expresa, el Dr. Meneses indica que esta neurocirugía se reserva “para pacientes con síntomas refractarios o de difícil control, como intentos de suicidio, carácter violento y depresión severa, mismos que no pueden ser controlados con medicamentos ni terapia de apoyo psicológico. Por otra parte, también se indica en personas con casos muy graves de trastorno obsesivo-compulsivo, depresión y agresividad”, siempre que se descarten otros problemas que pudieran generar las alteraciones en la conducta y el estado de ánimo, epilepsia o tumores cancerosos.

Los riesgos de la intervención son los mismos de una cirugía habitual, es decir, que se presente alguna hemorragia o infección, además de efectos adversos hacia la anestesia. “Fuera de eso no representa mayor problema y el paciente puede ir a su casa en un par de días, una vez que se hayan descartado los riesgos posoperatorios”.

Futuro promisorio

El Dr. Óscar Meneses explica que este tipo de neurocirugía se practica en al menos tres centros hospitalarios de México, pero para atender casos de anorexia o bulimia sólo se realiza en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre. “Hasta la fecha, nuestro grupo de trabajo, que involucra a unas 20 personas (incluyendo a neurólogos, psicólogos, neurocirujanos y psiquiatras), ha realizado dos intervenciones en pacientes con trastornos de alimentación, y seis más para disminuir la agresividad asociada a retraso mental o esquizofrenia (enfermedad psiquiátrica en la que se alteran el comportamiento, la personalidad y los pensamientos del paciente, quien se siente perseguido y pierde la noción de la realidad.)”.

El especialista confía en que este procedimiento quirúrgico logrará la mejoría de muchos pacientes cuyos síntomas obsesivo-compulsivos son muy severos, pero especifica que en nuestros días “todavía enfrenta alguna resistencia y es mal visto, incluso por parte de psiquiatras y otros médicos, porque se piensa que puede afectar a la capacidad intelectual y habilidades físicas del paciente. Sin embargo, nos respaldan la precisión de los recursos tecnológicos que se utilizan y, más aún, los resultados que hemos obtenido”.

Por último, Meneses Luna asegura como conclusión: “Considero que la neurocirugía es una alternativa real que podemos ofrecer en casos graves de bulimia y anorexia, pues he sido testigo de la notable mejoría en pacientes con síntomas depresivos que incluso trataban de suicidarse mientras estaban en hospitalización. Ahora se les ve mejor anímica y físicamente, inclusive con una vida sentimental estable”.

SyM - Rafael Mejía

 

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