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Cerveza sin alcohol: beneficios sin consecuencias

Lunes 24 de marzo del 2014, 04:49 pm, última actualización.

Creada a principios del siglo XX tomando como base a la cerveza tradicional, esta refrescante bebida cuenta con numerosas virtudes alimenticias que la convierten en una opción nutricional muy recomendable, de acuerdo con estudios recientes.

Cerveza sin alcohol: beneficios sin consecuencias

Muchas investigaciones han demostrado que el consumo de cerveza ofrece numerosos beneficios para el ser humano, ya que además de estimular la producción de “colesterol bueno”, que previene la formación de depósitos de grasa en las arterias y disminuye el riesgo de padecer infarto en corazón y cerebro, contiene antioxidantes que frenan el envejecimiento y deterioro de las células del organismo, e incluso ayudan a prevenir el cáncer.

Sin embargo, científicos y nutriólogos han señalado con mucha razón que tales ventajas no son motivo para iniciar peculiares cruzadas por la salud y dedicarse alegremente al consumo desmedido de esta bebida, pues no hay que perder de vista que también posee considerable porcentaje de alcohol etílico, mismo que al entorpecer reflejos y funciones mentales es responsable de numerosos accidentes laborales y automovilísticos, sin olvidar alguna que otra discusión conyugal.

Pues bien, nuevos estudios han encontrado que desde hace varias décadas contamos con una manera de sacar provecho de las cualidades nutricionales de la cerveza sin sufrir efectos adversos: beber la que carece de alcohol. Evidentemente, el consumo de esta modalidad del producto genera menos algarabía que el de la tradicional, pero también es cierto que de esta manera se pueden explotar de mejor forma las propiedades de la milenaria bebida.

Un poco de historia

La cebada es un grano que ha sido empleado por el hombre cuando menos desde el año 3,000 antes de nuestra era, ya que hay vestigios de su presencia en la dieta de pueblos asiáticos y europeos; crece con mayor facilidad en clima frío, de modo que no es extraño que su cultivo haya prosperado en países como Alemania e Inglaterra. Su semilla es muy dura, por lo que se tenía la costumbre de sumergirla en agua y hervirla para ablandarla y facilitar su aprovechamiento.

Hay pruebas arqueológicas de que este grano era almacenado en cuevas, así que se cree que en alguna ocasión un tipo de hongo microscópico (levadura) invadió las bolsas húmedas donde se almacenaba, y que al entrar en contacto con el agua y una temperatura adecuada inició su fermentación (proceso mediante el cual los microorganismos se alimentan de los carbohidratos de las semillas y los transforman en alcohol), dando lugar a rústica cerveza.

Con el paso del tiempo se fueron añadiendo nuevos ingredientes, como romero, tomillo, frutas u otros granos, a fin de que la bebida tuviera un sabor más agradable y para evitar que se echara a perder. Existe la creencia de que el gusto por experimentar nuevas recetas alcanzó su punto culminante en el siglo XV, cuando los comerciantes holandeses introdujeron hojas de lúpulo (planta trepadora) en la fórmula; tal combinación no sólo sirvió para que la cerveza tuviera cierto sabor amargo, sino ha sido la base de la abrumadora mayoría de los procedimientos empleados en su elaboración desde el siglo XVIII.

Concretamente, el origen de la cerveza sin alcohol se remonta a 1919, cuando se prohibió la comercialización de cualquier vino, licor o similar en Estados Unidos (Ley Seca). Para satisfacer el gusto de miles de personas se comenzó a experimentar con productos de porcentaje alcohólico no superior al 2.5% (la cerveza tradicional posee entre 4% y 5%), hasta que se obtuvieron y comercializaron bebidas con contenido que variaba entre 0.1 y 0.3 %.

El proceso de elaboración consistía, a grandes rasgos, en someter a la cerveza tradicional a altas temperaturas (destilación), aprovechando la cualidad química del alcohol de evaporarse mucho antes que el agua durante este proceso. Actualmente se sigue empleando dicho método, aunque hay innovaciones importantes que consisten en utilizar levaduras especiales o filtrar la bebida en forma especial.

Así pues, se considera que una “cerveza sin”, como se le conoce, es aquella con nivel de alcohol inferior al 1% del volumen total; de acuerdo con catadores expertos, su sabor es agradable al paladar, casi igual al de una cerveza con alcohol, aunque suelen comentar que es un poco más dulce y proporciona menos energía.

¡Brindis a su salud!

A semejanza de la convencional, la “cerveza sin” posee más de dos mil sustancias distintas, entre ellas numerosas vitaminas, minerales, carbohidratos que proporcionan energía y hasta proteínas, mismas que son responsables de la cremosidad y estabilidad de su distintiva espuma o “cabeza”, como le llaman los conocedores.

Sin embargo, las investigaciones nutricionales en años recientes se han enfocado más en dos tipos de componentes: los compuestos fenólicos o fenoles, que son un grupo de antioxidantes que reducen el envejecimiento celular, previenen el cáncer y detienen el deterioro del tejido cerebral, y los antiagregantes plaquetarios, que ejercen función positiva en la prevención de enfermedades del sistema circulatorio, como aterosclerosis (endurecimiento de venas y arterias por acumulación de grasa), presión arterial elevada e infarto en cerebro y corazón (obstrucción del suministro de sangre a estos órganos, ya sea por taponamiento o ruptura de vasos sanguíneos, lo que ocasiona muerte de parte de sus tejidos).

A todo esto podemos incluir los resultados del peculiar estudio Cerveza sin alcohol: sus propiedades, realizado por los investigadores Jesús Román Martínez Álvarez, Antonio Luis Villarino Marín y José María Cobo Sanz, adscritos a la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación.

En el documento se revelan varios detalles de importancia sobre esta bebida:

  • La cerveza sin alcohol tiene alto porcentaje de agua (95%), por lo que se puede considerar una bebida con cualidades hidratantes.
  • Es estupenda fuente de ácido fólico, vitamina del complejo B que participa en la construcción del ADN (ácido desoxirribonucleico, proteína que recoge el material genético y rige al metabolismo de las células), así como en la formación y maduración de glóbulos rojos en la sangre. Dos botellas normales de esta bebida (cada una de 330 mililitros, aproximadamente) aportan 12.5% de la cantidad diaria recomendada de dicho nutriente.
  • Su contenido de minerales y vitaminas la convierten en adecuado complemento dentro de la dieta de la mujer, incluso durante el embarazo y la lactancia, aunque en tales casos siempre bajo supervisión del ginecólogo o pediatra, según corresponda.
  • La “cerveza sin” se caracteriza también por su bajo contenido en sodio (4.5 miligramos por cada 100 mililitros), por lo que puede recomendarse ocasionalmente a personas con presión arterial elevada, siempre que lo autorice el médico.
  • Una botella de esta bebida aporta alrededor de 10 miligramos de calcio, útil para el funcionamiento del sistema óseo, a la vez que contiene cantidades considerables de potasio (de 200 a 466 miligramos por litro), el cual ayuda al buen funcionamiento de músculos y corazón.
  • Igualmente, puede ser muy favorable al incluirla como bebida refrescante en la comida de las personas de la tercera edad, especialmente en aquellas que tengan problemas de deshidratación y desnutrición, pues aporta antioxidantes y micronutrientes como calcio, magnesio, zinc, potasio y vitaminas del complejo B.
  • El consumo moderado de este producto (entre 1 y 2 botellas al día) puede incluirse en dietas de adelgazamiento gracias a su bajo valor energético (14 kilocalorías por cada 100 mililitros), aunque siempre requiere la aprobación del nutriólogo.
  • Este producto también aporta razonable cantidad de fibra soluble, que en una dieta bien balanceada puede contribuir a evitar el estreñimiento.

Por último, el estudio considera que las personas con enfermedades del sistema digestivo, como úlcera (perforación de la pared estomacal) o colon irritable (trastorno en el funcionamiento del intestino grueso que causa dolor abdominal, estreñimiento o diarrea), problemas en riñón o hígado, diabetes (acumulación excesiva de glucosa en sangre debido al deterioro absoluto o parcial de la secreción de la hormona insulina), altos niveles de colesterol, que sufren alcoholismo o se encuentran bajo tratamiento farmacológico deben ser valoradas minuciosamente por su médico de cabecera antes de consumir cerveza sin alcohol, ya que la falta de control en estos casos puede ser perjudicial.

Sólo nos resta señalar que aunque el consumo de este producto todavía es reducido en México, existen ya productores, distribuidores y locales que se dedican a proveer al naciente mercado nacional de bebidas sin alcohol, entre ellas la “cerveza sin”. No dude que en el futuro próximo se hable más de este tipo de productos como una alternativa a las tradicionales.

SyM - Sofía Montoya

 

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