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Tengo diabetes, ¿qué puedo hacer?

Martes 31 de enero del 2017, 04:55 pm, última actualización.

La persona a la que se le diagnostican elevados niveles de glucosa en sangre generalmente se siente abrumada porque piensa que, a partir de ese momento, vivirá con numerosas privaciones y sufrirá las terribles consecuencias de su enfermedad. En realidad, los tratamientos de diabetes actuales pueden hacer que su vida sea prácticamente normal.

Tengo diabetes, ¿qué puedo hacer?
Tengo diabetes, ¿qué puedo hacer?

De acuerdo con estimaciones de la Federación Internacional de Diabetes, la población mundial con esta enfermedad en la que la deficiente o nula producción de insulina genera alta concentración de glucosa en sangre, pasó de 30 millones de pacientes en 1985 a 150 millones en el año 2000. Más aún, se estima que en el 2025 podrían existir, al menos, 230 millones de personas con este problema.

En lo particular, México está sufriendo un cambio notable en su perfil poblacional, el cual es más cercano al de las naciones desarrolladas, y por ello las enfermedades infecciosas y epidemias han dejado de ser nuestra preocupación; sin embargo, los males crónicos (de larga duración y asociados al envejecimiento) son ahora los que más nos aquejan, y cabe destacar que a partir del año 2004 las complicaciones de la diabetes se han convertido en la primera causa de fallecimientos, amputaciones no relacionadas con accidentes y práctica de diálisis (filtrar sangre cuando el riñón ya no es capaz de hacerlo).

Si profundizamos más en las cifras encontraremos que “una de las dificultades más serias para hacer frente a este problema de salud, junto con la falta de detección oportuna y escasas medidas de prevención, es que el paciente no siempre sigue el tratamiento. La diabetes es una enfermedad a la que se le asocia de inmediato con complicaciones como ceguera, amputaciones, infartos y problemas en corazón y riñones, pero esto se debe a desinformación, pues las herramientas terapéuticas actuales y la autovigilancia pueden evitar que se sufran consecuencias graves”.

La opinión es del Dr. Rafael Bravo, especialista mexicano en Endocrinología, afiliado a la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes, y quien considera que la falta de educación también hace que parezcan fastidiosos la toma de medicamentos, la práctica de rutinas de ejercicio o el cambio de hábitos nutricionales (se sustituye el consumo de grasas, azúcar, harinas refinadas y carne roja por el de cereales integrales, frutas, verduras y pescado).

“La percepción del paciente —señala— es que tiene que llevar una dieta extremadamente rígida en sus raciones, contenido y horario, y que toda su vida va a girar en torno a su enfermedad. En realidad, con las terapias disponibles, que incluyen fármacos e insulinas modernas, este panorama se ha transformado. Ahora la idea del tratamiento es, en efecto, realizar cambios importantes en cuanto a dieta y actividad física, pero también que nos adaptemos al estilo de vida del paciente.”

Por ello, la labor de los especialistas en salud que ayudan a la persona con diabetes a apegarse al tratamiento, como endocrinólogo o médico internista, consiste en hacerle ver que sus nuevos hábitos no son “privaciones”, sino una forma de vida saludable que puede flexibilizarse. “Por ejemplo, si un paciente no tiene hora fija para comer, ya sea por su trabajo o estilo de vida, podemos enseñarle que con el buen uso de medicamentos novedosos y una dieta balanceada es suficiente para que tenga buen control de los niveles de azúcar en sangre sin modificar su horario”.

Educación vs. prejuicios

Está claro que en el tratamiento de la diabetes se involucran varios aspectos de la vida, pero es indiscutible que una de las áreas más destacadas y menos estudiadas es la psicosocial. “Hay poca investigación al respecto, ya que la terapia se ha enfocado casi siempre hacia la parte física, y se ha descuidado el aspecto humano”, refiere el Dr. Bravo.

En años recientes, afirma el endocrinólogo, ha ganado terreno en la comunidad médica la tendencia a conocer los factores psicológicos y sociales que afectan a las personas con diabetes, “porque esto puede impactar en las medidas de control, en la relación del paciente con el médico e, incluso, en vencer las barreras que hacen que el tratamiento no se cumpla a cabalidad. Si pensamos en alguien a quien se le diagnostica esta enfermedad a los 60 años, y que a lo mejor lleva 40 años con las mismas rutinas (comiendo en exceso y con poca actividad física), nos daremos cuenta de cuán complicado puede ser un cambio de hábitos para él”.

Además, destaca que son varios los aspectos emocionales e ideológicos que pueden influir en el tratamiento:

  • Cuando el paciente recibe la noticia de que tiene diabetes, el impacto que experimenta puede ser similar al que se genera en otros males, como cáncer, y ocasiona depresión o duelo.
  • Aunque se tenga el diagnóstico, es probable que el afectado no siga el tratamiento por dos razones: porque niega su problema y asegura que “no le va a pasar nada”, o bien, porque en forma voluntaria, y a sabiendas de las complicaciones que pueda tener, decide que no va a modificar sus costumbres.
  • La relación con la familia cambia. Por un lado, los demás miembros del grupo pueden darle trato “de enfermo”, al grado de que no le dejan cargar objetos pesados o subir escaleras, y por el otro puede haber recelo porque el tratamiento del paciente absorbe muchos recursos económicos.
  • Varios pacientes se resisten a tomar medicamentos porque “son artificiales” o “de laboratorio”, y ello es motivo para que prefieran el uso de remedios naturistas de dudosa eficacia y sin supervisión de un médico profesional.
  • Los niños con diabetes pueden ser discriminados por sus compañeros (y maestros) al creer que el padecimiento se contagia, y se ha dado el caso de algunos chicos que han sido expulsados de la escuela debido a la enfermedad, lo que genera sentimientos de desánimo y frustración.

El manejo de estas situaciones es muy difícil y puede requerir la ayuda de un psicólogo, pero en todo caso hay que destacar la importancia de “educar a la persona con diabetes (y a su familia), porque sólo cuando comprende su padecimiento se vuelve su responsabilidad y lo enfrenta. Los médicos podemos dar información y ofrecer tratamientos, pero la decisión final siempre quedará en manos de quien sufre el problema, y entre más conozca su enfermedad, mejores serán sus perspectivas”.

Asimismo, explica que en épocas recientes ha surgido una figura que puede ser trascendente en años próximos: el educador en diabetes. Dicho personaje puede encargarse de apoyar emocionalmente al paciente y enseñarle nuevas destrezas que mejoren el tratamiento, además de que “puede jugar un rol muy importante porque brinda trato individualizado, más cercano a la persona. Los médicos trabajamos cada vez más con ellos, pues ya existe en México una Asociación de Educadores en Diabetes y, ante todo, porque cuentan con la capacidad de auxiliar al paciente para acompañarlo, resolver sus dudas o indicarle cómo preparar sus alimentos y realizar automedición de glucosa”.

Para ser más claros, vale la pena señalar que una persona con diabetes puede requerir la medición de hasta cuatro veces al día de su nivel de azúcar en sangre, debido a que éste podría variar por factores tan diversos como ejercicio, alimentación, estrés o enfermedades. El educador puede ser la persona más indicada para enseñarle al paciente a usar adecuadamente su monitor de glucosa y, con ayuda de este instrumento, desarrollar la destreza de combinar bien sus recursos terapéuticos (insulina, fármacos, dieta) para prevenir o tener un progreso mucho más lento de las complicaciones de la enfermedad.

Además, con buena instrucción sobre automonitoreo es posible que el paciente enfrente situaciones cotidianas con mayor certeza y las resuelva favorablemente:

  • Si empieza a experimentar escalofrío, mareo, palpitaciones, mala coordinación de movimientos, temblores y confusión, el uso del monitor puede mostrar bajos niveles de glucosa (hipoglucemia) y que es mejor que tome una bebida con azúcar.
  • Por el contrario, en caso de somnolencia, hambre, sed excesiva, visión borrosa, respiración agitada y orinar con frecuencia, la medición puede revelar exceso de glucosa en sangre (hiperglucemia) y la necesidad de consultar a su especialista para hacer un ajuste en el tratamiento.
  • Cuando el paciente se ve obligado a consumir medicamentos para atender una enfermedad o a cambiar de alimentación (al comer fuera de casa o salir de vacaciones), el automonitoreo le permitirá conocer la reacción de su organismo en dichas circunstancias.
  • También podría ayudarle a decidir si en determinado momento es seguro hacer ejercicio, manejar automóvil o realizar otras labores en las que se requiera concentración.

Nueva mentalidad

Las investigaciones recientes sobre aquellos aspectos sociales y psicológicos que influyen en el apego a la terapia nos han dado algunos resultados sorprendentes, ya que indican que no toda la responsabilidad recae en la persona afectada, sino también en los médicos.

Y es que, de acuerdo con el estudio DAWN (Actitudes, deseos y necesidades en torno a la diabetes, por sus siglas en inglés), realizado a través de la consulta a 5,100 pacientes y 3,800 trabajadores de la salud en 13 países, sólo 22% de los enfermos consideran que la insulina les ayudará a mejorar su condición. La razón de este rechazo, de acuerdo con la misma investigación, es que muchos médicos sólo indican el uso de esta hormona a modo de “castigo” o chantaje, o como una consecuencia negativa por mal apego al tratamiento (“si no hace lo que le indicamos, le van a tocar ‘piquetes’, ¿de acuerdo?”).

En opinión del Dr. Rafael Bravo, este hecho redunda en la educación. “Los galenos más indicados para atender este problema son el endocrinólogo o el médico internista, pero el número de pacientes es tal que muchos casos son tratados por el médico general, que no siempre tiene la capacitación adecuada. Me parece que debemos enfocarnos a que los facultativos que se han especializado en el tema se sigan actualizando, y también a que quienes conocen menos reciban buena preparación”.

Ahonda sobre este punto: “En nuestros días hay procedimientos de actualización y Medicina basada en evidencia, los cuales ayudan a que el galeno fundamente la atención a sus pacientes con información novedosa, sustentada en investigaciones científicas y estadísticas, en vez de que se guíe por conocimientos anecdóticos adquiridos en el hospital o con sus colegas. La intención es que no tengan duda o miedo de usar aquellos recursos novedosos que, a través de estudios serios, hayan demostrado su conveniencia para facilitar la vida del paciente”.

Para concluir, el Dr. Bravo asegura: “El panorama de la diabetes en México es un reto que no nos podemos negar, pues existe una realidad palpable y estadísticas que reflejan el avance de obesidad e incidencia de la enfermedad. Puede parecer un hecho alarmante, pero eso no significa que no hagamos algo. Con educación y la interacción entre especialistas y pacientes es posible emprender cambios reales”.

SyM - Rafael Mejía

 

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