La antidieta, adecuada combinación de los alimentos - SyM
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La antidieta

Jueves 20 de abril del 2017, 12:49 pm, última actualización

No se trata de un régimen alimenticio que dicte qué debe comerse y en que horario, sino del conocimiento de lo que nos alimenta y por qué, de forma que no hagamos combinaciones perjudiciales que impidan mantener nuestro peso ideal.

La antidieta

Harvey y Marilyn Diamond publicaron hace casi 20 años el libro La antidieta, el cual no fue un éxito de ventas en su aparición, pero al paso del tiempo su popularidad creció, al grado que hay quien considera que cambió la manera de percibir la alimentación en Estados Unidos.

La obra es una guía minuciosa de nutrición equilibrada, la cual trae como recompensa pérdida de peso, sin los acostumbrados sacrificios o descompensaciones, por el contrario, se logra un aumento de energía increíble y sensación general de bienestar como nunca la había experimentado quien recurre a ella.

El fundamento que rige a los autores parte de la relación directa que hay entre lo que comemos y el estado de nuestro organismo. Es así que resulta primordial conocer los ciclos naturales del cuerpo, los cuales se basan en funciones bastante obvias: apropiación (ingestión y digestión de alimentos), asimilación (absorción y uso) y eliminación (desalojo). De manera que una buena absorción de la energía contenida en los alimentos y una eliminación eficiente de los residuos equilibra al organismo para acabar con los excesos y que conserve su máximo poder para recuperar la salud o defenderse de las enfermedades.

Aunque estas funciones se mantienen en constante actividad, cada una se intensifica durante ciertas horas del día:

  • Apropiación: de 12 p.m. a 8 p.m.
  • Asimilación: de 8 p.m. a 4 a.m.
  • Eliminación: de 4 a.m. a 12 p.m.

¿Por qué engordo?

Para los autores, la toxemia (acumulación de residuos tóxicos) constituye la base para ganar peso; en otras palabras, si se generan más toxinas de las que se eliminan se producirá una reserva excesiva (en tejido adiposo y músculos), lo que da como resultado el aumento de kilos.

La toxemia se origina por dos causas esenciales: la primera cuando se altera la función de eliminación a través de intestinos, vejiga, pulmones o piel; mientras haya suficiente cantidad de energía a disposición del cuerpo, estos desechos son adecuadamente desalojados. La segunda se da a partir de los subproductos que no son adecuadamente digeridos, asimilados e incorporados a la estructura celular; prácticamente todo lo que comemos sufre un proceso de preparación antes de ingerirlo que lo aleja de su estado natural (se deshidrata, congela, fríe, cuece, hierve o guisa, o se le incorporan aditivos, conservadores, saborizantes y aromatizantes artificiales), lo cual contribuye a que se asimilen en forma incompleta y generen cierta cantidad de residuos tóxicos, además de que el sistema digestivo se vea sobrecargado de trabajo.

De lo anterior se desprende lo que Harvey y Marilyn Diamond señalan como el primer principio que ayudará a mantener el equilibrio metabólico y conseguir eliminar los residuos tóxicos del organismo sin dejar de disfrutar de la comida: el consumo de frutas y verduras con alto contenido de agua. Cualquier alimento que comamos al que se le haya retirado el contenido de agua, mediante cualquiera de los procesos mencionados con anterioridad, es un concentrado.

Nuestro cuerpo es agua en 70%, así que debemos ajustarnos a una dieta que contenga aproximadamente esa misma proporción, lo que significa que en ella deben predominar frutas y verduras, donde se encuentran todos los nutrientes que el organismo requiere (vitaminas, minerales, proteínas, aminoácidos, enzimas, carbohidratos y ácidos grasos); el otro 30% estará integrado por alimentos concentrados: pan, granos, carne, productos lácteos, legumbres, etc.

Los autores son enfáticos al indicar que la antidieta no trata de imponer a nadie una especie de régimen carcelario. "Seguramente, durante un día el consumo no estará perfectamente equilibrado 70% de alimentos con elevada proporción de agua y 30% de concentrados; ¡no importa!, siempre y cuando se asegure que al día siguiente predominen los primeros. Lo fundamental es tener presente la importancia de consumir regularmente alimentos con alto contenido de agua".

Es importante aclarar que tomar agua durante las comidas ejerce efecto debilitante, ya que el vital líquido diluye los jugos digestivos que actúan sobre los alimentos, impidiendo una correcta digestión; además, se obstruyen apropiación y asimilación, lo que a su vez afecta negativamente el ciclo de eliminación, desperdiciándose mucha energía.

Saber combinar es saber comer

El segundo principio que rige a la desintoxicación del cuerpo es la adecuada combinación de los alimentos. No hay proceso que el organismo realice que consuma más energía que la digestión, incluso más que correr, nadar o andar en bicicleta. Por ello, es de vital importancia disponer de energía que elimine cualquier cantidad de toxinas de reserva, lo cual se consigue al saber mezclar los alimentos de fácil digestión con los más complejos.

El principio de la adecuada combinación de alimentos se limita a sugerir que no debemos desperdiciar energía, lo cual sucede cuando la comida permanece ocho horas en el estomago, tiempo en el que se pudre (sucede con las proteínas) o fermenta (carbohidratos), generando gases y ácidos que contaminan a los intestinos. Lo ideal es que permanezca tres horas o menos, y la manera de asegurar esto es no consumiendo más de un alimento concentrado por comida. Si queremos comer carne, pasta al ajo con mantequilla, papas o pan deberemos acompañarlos de verduras y ensalada, a la cual podemos agregarle un poco de queso picado, rallado o derretido, pero sin crotones (pan frito en cuadros).

El cuerpo humano no está diseñado para digerir más de un alimento concentrado por vez en el estómago. Esto no significa que no se puedan comer juntas dos clases diferentes de carne o dos tipos diferentes de nueces, pero si quiere decir que no se deben comer simultáneamente dos proteínas diferentes: carne, huevos, lácteos o nueces. Saber combinar los alimentos no nos priva de comer las cosas que nos gustan, simplemente no hay que comerlas todas al mismo tiempo.

Hay gente que cree que consumir mucha fruta engorda; la antidieta demuestra lo contrario, y en ello basa su tercer principio: su correcto consumo. Excepto plátanos, dátiles y frutas secas, que permanecen durante más tiempo en el estómago, todas las demás aproximadamente 20 o 30 minutos, tiempo en el que se descomponen y liberan sus sustancias nutritivas en los intestinos. Para que así suceda es esencial nunca comerlas como acompañamiento de ningún otro alimento, ni inmediatamente después, sino cuando el estómago esté vacío, pues si entran en contacto con jugos digestivos y lo que ahí se encuentre comenzarán a descomponerse como una sola masa generando acidez; por cierto, tanto frutas como verduras tienen la peculiar propiedad de neutralizar los ácidos que se forman en nuestro organismo.

Asimismo, los autores hacen dos precisiones acerca del consumo de frutas: es mejor comerlas enteras que en trozos, y si las prefiere en jugo debe tener cuidado de no beberlo de un trago, sino en pequeños sorbos para dejar que se mezcle con la saliva antes de tragarlo. La segunda consideración se refiere a que mientras el estómago esté vacío se puede comer toda la fruta que uno desee, durante un periodo tan largo como se quiera.

Ten en cuenta que entre la última fruta ingerida y la comida deben haber, por lo menos, entre 20 y 30 minutos (si consumió plátanos, dátiles y frutas secas necesitará esperar entre 45 minutos y una hora); por la tarde, a su vez, deben dejarse pasar por lo menos tres horas para volver a comer fruta (si lo que comió fue carne, el lapso mínimo será cuatro horas).

Últimas observaciones

De acuerdo a los autores, los mejores resultados de la antidieta se verán si se respetan las funciones básicas del organismo que se presentaron al inicio del presente artículo. Es así que desde el momento en que uno despierta en la mañana hasta el mediodía, por lo menos, lo ideal es consumir únicamente fruta fresca y jugos, sin limitaciones; nada de pan, café o cereal. En la comida deberán preferirse ensaladas y hortalizas, las cuales acompañarán a sopas, arroz, carne o pescado, pasta o papas, nunca rebasando las 8 pm; en la cena, nuevamente frutas o verduras. Los postres sólo deben comerse de vez en cuando y alejados de las comidas, ya que la combinación de sus ingredientes es, por lo general, no tan saludable y no corresponde a lo que propone la antidieta.

Otras observaciones que Harvey y Marilyn Diamond refieren tienen que ver con usar aderezos y condimentos que no contengan aditivos, conservadores químicos, azúcar o glutamato, ya que sólo agregan toxinas al cuerpo; asimismo, debe evitarse el vinagre, pues su fermento afecta la producción de saliva y retarda la digestión de almidones (como la papa). El único pan permitido es el hecho con harina integral y, finalmente, sustituya los lácteos por otros alimentos que contengan calcio, como hortalizas de hojas verdes, nueces crudas o semillas de ajonjolí.

SyM - Regina Reyna

 

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