Leches en polvo, fuente de calcio, vitaminas y proteínas - SyM
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Leches en polvo

Lunes 19 de junio del 2017, 12:54 pm, última actualización

La leche ha sido desde siempre uno de los alimentos básicos en la dieta del ser humano, pues su consumo contribuye al desarrollo de dientes, huesos y uñas, construcción y reparación de músculos, tejido y órganos, y ayuda a prevenir la anemia; esto se debe a que es excelente fuente de calcio, proteínas, grasas, azúcares y vitaminas

Leche en polvo

Por lo anterior, es importante tomar en cuenta que dicho lácteo es muy necesario en todas las etapas de la vida, pero especialmente durante la lactancia, infancia, embarazo y en la tercera edad.

Ante ello, la industria alimenticia ha puesto a nuestro alcance dicho producto en diversas presentaciones, líquida, semilíquida, evaporada, condensada y leche en polvo. Cabe destacar que esta última se encuentra en múltiples variedades, ya que al ser de fácil preparación y conservarse sin refrigeración (antes de ser mezclada con agua) se convierte en la opción ideal para muchas personas, ya que se mantiene en buen estado aun en climas calurosos, puede trasladarse a cualquier lugar y consumirse en todo momento.

Deshidratación, pieza clave

Por su carácter perecedero, la leche requiere ser sometida a diversos procedimientos para prolongar su periodo de conservación, si bien aquellos que utilizan la pasteurización destruyen a las bacterias causantes de enfermedades (por ejemplo, intoxicación o diarrea), no liberan a este líquido de los microorganismos culpables de su descomposición; motivo por el que se hace indispensable la refrigeración. Aunque ya hay productos lácteos que sólo la requieren después de ser abiertos, ya que adquieren la capacidad de conservarse a temperatura ambiente por varios meses al ser envasados en el llamado empaque aséptico (tetrapak), el cual se fabrica con cartón, aluminio y polietileno, resistiendo a diferentes condiciones climáticas y evitando que la leche se contamine y fermente.

Asimismo, se procede a la técnica de deshidratación, mediante la cual se retira el agua y, posteriormente, es tratada con calor (135°C aproximadamente) para eliminar microbios. Es importante saber que lo anterior no reduce la cantidad de los nutrientes naturales de este lácteo, sobre el cual se han diseñado diversas variedades para alimentar a diferentes tipos de personas, que van desde recién nacidos cuyas madres no pudieron lactar (ya sea porque padecen alguna enfermedad, toman medicamentos fuertes o no producen leche en cantidad suficiente), niños, adolescentes y adultos sanos, hasta pequeños prematuros (nacidos antes de las 37 semanas de embarazo) y quienes padecen alguna alergia, intolerancia a la lactosa y trastornos gastrointestinales o metabólicos.

Tipos de leche

A continuación se describen las características de los diferentes tipos de leche en polvo:

Inicio. Preparación destinada a los lactantes de 0-6 meses, la cual cubre todos los requerimientos diarios de los pequeños para que tengan correcto desarrollo. Se elabora con leche de vaca, misma que es sometida a diferentes procesos químicos que tienen como fin disminuir la concentración de proteínas, sustituir parte de la grasa láctea por grasa vegetal y adicionar lactosa y nutrientes. Entre los principales elementos incorporados en su fórmula se encuentran:

  • Nucleótidos. Mejoran la respuesta inmune (defensas) y desarrollo intestinal.
  • Carnitina. Contribuye en la maduración del cerebro y composición de las membranas celulares.
  • Taurina. Colabora en el desarrollo de la función visual.

La dosificación está tipificada y estandarizada en todas las marcas, pero es necesario considerar que no todos los niños tienen las mismas necesidades, por lo que el pediatra deberá establecer cuál es la leche y dosis indicadas.

Prematuros. Aportan los nutrientes extra que requiere el bebé nacido antes de las 37 semanas de gestación.

Continuación. Se recomienda su consumo desde los 6 meses hasta 2 años de edad (a menos que el especialista en salud infantil indique lo contrario) como parte de alimentación mixta, en la cual los nutrientes son aportados por otros comestibles (frutas, cereales, verduras y carnes). Al igual que las fórmulas de inicio, son elaboradas con leche de vaca y modificadas para reducir la cantidad de proteínas y grasas.

Leches especiales. Diseñadas para cubrir las necesidades nutritivas de los lactantes y niños con algún tipo de trastorno fisiológico o metabólico para absorber, digerir o metabolizar determinadas sustancias. Para su elaboración se suele partir de las leches infantiles convencionales, a las que se les realizan las modificaciones necesarias para adaptarlas a cada caso. Así, se pueden encontrar las siguientes variantes:

  • Leche deslactosada. El azúcar de la leche se sustituye por otro carbohidrato y están indicadas para aquellas personas que tienen deficiencia de la enzima llamada lactasa.
  • A.R. Las fórmulas antirregurgitación son más espesas y están indicadas en bebés en los que el paso del alimento del estómago a la boca es habitual.
  • Leche de soya. Se indican a quienes padecen intolerancia a la lactosa, alergia a proteínas de leche de vaca o a los vegetarianos, no contienen colesterol y proporcionan más proteínas y menos grasas.
  • Hipoalergénicas. Se elaboran con leche de vaca, la cual es sometida a un proceso que se encarga de digerir las proteínas para facilitar la absorción del lácteo.

Leche fortificada. Contienen aporte extra de vitaminas, ácidos omega (aportan calorías y cumplen importantes funciones, entre las que destacan la formación del cerebro, mejoramiento del estado de ánimo, y prevención de enfermedades del corazón), minerales y/o calcio, por lo que son ideales después de los tres años o cuando se sufre alguna deficiencia nutricional.

Leche entera. Contiene de 30 a 35 g de grasa por litro.

Leche semidescremada. Incluye de 16 a 18 grasa de grasa por litro.

Leche descremada. Posee menos de 16 gramos de grasa por litro.

Su preparación es sencilla, ya que sólo se requiere esterilizar los biberones (si se le va a dar a bebés) y mezclar agua hervida (previamente en el vaso) con la leche en polvo de acuerdo con las indicaciones contenidas en la etiqueta de la lata. Puede consumirse hasta después de tres horas, por lo que si se pretende conservarla por más tiempo es conveniente refrigerarla antes de que transcurra dicho periodo y, en estas condiciones, se mantendrá en buen estado durante tres días.

Como puedes ver, no hay motivo para privarse del consumo de leche, pues aunque se padezca algún problema para digerirla, en la actualidad la industria alimenticia pone a nuestro alcance variadas formulaciones. Además, considera que este lácteo resulta imprescindible para el ser humano desde que nace hasta la etapa adulta, pues su consumo ayuda a prevenir problemas en dientes y huesos debido a que aporta gran cantidad de calcio; siendo también fuente de energía, proteínas y vitaminas.

Consulta a tu médico.

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