Radicales libres, promotores de la oxidación en el organismo - SyM
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Radicales libres

Lunes 19 de junio del 2017, 09:35 am, última actualización

El cuerpo humano está compuesto por átomos (partículas minúsculas) agrupados en estructuras llamadas moléculas, las cuales están provistas de electrones (elementos con carga negativa) alineados en pares. Ahora bien, cuando estas entidades no tienen pareja se les denomina radicales libres, unidades inestables que requieren de otro electrón para adquirir estabilidad.

Radicales libres, Antienvejecimiento

Para conseguir su cometido, un radical libre recorre al organismo para "robar" el electrón que le hace falta, acción que ejecuta mediante ataque a una célula, la que a su vez perderá su estabilidad y se convertirá en otro radical libre; de esta manera, inicia una reacción en cadena que dañará a múltiples moléculas.

Es importante saber que los radicales libres toman los electrones de las grasas y proteínas de las membranas (capas protectoras) de las células, lo que les genera grave daño que les impide cumplir sus funciones, como el intercambio de nutrientes y la limpieza de materiales de desecho, haciendo imposible el proceso de regeneración y reproducción celular.

Cabe destacar que la vida biológica media del radical libre es de microsegundos; no obstante, tiene la capacidad de reaccionar con todo lo que esté a su alrededor ocasionando gran daño a las moléculas y a las membranas celulares.

¿De dónde vienen?

Contrario a lo que pudiera pensarse, no todos los radicales libres son dañinos, ya que hay algunos que son producidos por el sistema inmunológico (aquel que nos defiende de las agresiones externas) para matar bacterias y hongos. Una vez que cumplen su objetivo son neutralizados por el organismo, mediante la activación de enzimas llamadas catalasa y dismutasa, las cuales "desarman" a los radicales libres para evitar que generen estado de desequilibrio.

Por otra parte, dichos elementos también ingresan al organismo a través de procesos naturales como el de la respiración; para entender mejor lo anterior, conviene considerar que el cuerpo utiliza oxígeno para obtener energía de los alimentos y a su vez suministrarla para que todos los órganos realicen sus funciones bioquímicas. El procedimiento se desarrolla en la sangre, donde participa importante proteína llamada hemoglobina (que contiene hierro), gracias a la cual el vital líquido puede absorber 50 veces más oxígeno que el agua.

A este complejo proceso esencial para vivir se le denomina oxidación, y durante él se generan los populares radicales libres a fin de matar bacterias y brindar cierta protección al organismo. Sin embargo, factores como la contaminación, determinados productos químicos de uso doméstico, ciertos medicamentos, tabaco, rayos X y pesticidas pueden incrementar su producción y con ello generar problemas importantes de salud, por ejemplo, cáncer.

Asimismo, dichos elementos contribuyen al proceso del envejecimiento cuando toman el electrón que les hace falta de las células del tejido colágeno de la piel, lo que deriva en pérdida de elasticidad, resequedad y aparición de arrugas.

Papel de los antioxidantes

Para inhibir la oxidación y el consecuente daño celular ocasionado por los radicales libres se cuenta con los antioxidantes, que son sustancias que actúan a nivel intracelular (dentro de las células) y en la membrana de las células (siempre en conjunto para proteger a los diferentes órganos y sistemas).

Ahora bien, en términos generales, los antioxidantes son nutrientes con capacidad de neutralizar el exceso de radicales libres, acción que efectúan mediante la liberación de electrones en la sangre para que sean captados por los radicales y se conviertan en moléculas estables.

De manera natural, el organismo los produce y otros son obtenidos a través de la alimentación, entre los que se encuentran las vitaminas A, C y E, así como los minerales selenio y zinc. Sin embargo, hay ocasiones que ese aporte no es suficiente, por lo que puede complementarse con multivitamínicos, suplementos y complementos alimenticios, así como con productos fortificados. A continuación se describen las características principales de dichos nutrientes.

  • Vitamina A. También se le denomina retinol (cuando se obtiene de alimentos animales) o betacaroteno (si procede de frutas y vegetales) y es necesaria para la vista, desarrollo de huesos, mantenimiento de tejidos y prevención de infecciones. En belleza es útil para mejorar la elasticidad de la piel, suavizarla y humectarla. La vitamina A se encuentra en hígado, pescado graso, yema de huevo, leche, queso, mantequilla, zanahoria, espinaca, durazno, brócoli, pera, naranja, col de bruselas, mango, melocotón y manzana.
  • Vitamina C. Necesaria para producir colágeno, importante en el crecimiento y reparación de las células de los tejidos, encías, vasos, huesos y dientes, y para el metabolismo de las grasas, por lo que se le atribuye el poder de reducir el colesterol; asimismo, refuerza el sistema inmunológico. La cosmética aprovecha sus propiedades en favor de la piel, ya que le aporta elasticidad, afina su textura, uniforma su tono y desvanece manchas. La vitamina C está presente en naranja, toronja, guayaba, fresa, limón, col de bruselas, coliflor, grosellas, kiwi, melón y tomate verde.
  • Vitamina E. También llamada tocoferol, impide la oxidación generada por los radicales libres, mantiene la integridad de la membrana celular, evita la destrucción del mineral selenio y de las vitaminas A y C, previene y disuelve los coágulos sanguíneos, acelera la cicatrización y retarda el envejecimiento celular. Suele incluirse en productos de belleza debido a que aumenta la microcirculación de la piel (flujo sanguíneo) asegurando mejor alimentación de los tejidos, lo que incrementa la elasticidad de la epidermis y reduce líneas de expresión y arrugas. La vitamina E está contenida en aguacate, brócoli, ciruela, espinaca, espárrago, manzana, plátano y zanahoria. Su deficiencia puede producir destrucción celular y de glóbulos rojos, anemia, envejecimiento prematuro y trastornos en la reproducción.
  • Selenio. Actúa junto con la vitamina E como antioxidante, ayudando al organismo a luchar contra la acción de los radicales libres para prevenir el envejecimiento prematuro y la aparición de cáncer. En belleza es útil para tratar la caspa. El selenio se encuentra en carne, pescado, lácteos, germen y salvado de trigo, cebolla, ajo, tomate verde, brócoli y levadura de cerveza.
  • Zinc. Resulta vital para el crecimiento, regula los desarrollos sexual, epidérmico (referente a la piel) y capilar, y es necesario para la producción de insulina. Sus aplicaciones en belleza son múltiples, ya que ayuda a prevenir daños en la piel, acelera el alivio de pequeñas heridas y dermatitis, mejora la acción de desodorantes corporales y talcos (erradican malos olores al evitar la proliferación de bacterias), protegen la epidermis de la acción dañina de los rayos solares (por lo que se incluyen en bronceadores y filtros solares) y previene y trata el acné. El zinc está contenido en carne roja, leche, huevo, mariscos, legumbres, levadura de cerveza, frutos secos, cacahuates y semillas de girasol.

 

Hay que tener presente que los radicales libres siempre formarán parte de la vida; no obstante, sus efectos nocivos pueden reducirse al seguir dieta balanceada, la cual puede apoyarse con multivitamínicos y suplementos alimenticios.

Consulta a tu médico.

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