Alimentación compulsiva, trastornos de la alimentación - SyM
Salud y Medicinas, Sitio líder en salud y prevención de enfermedades, Cuidados de la salud

22 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



Hacer fuente pequeña
Hacer fuente normal
Hacer fuente grande
Imprimir

¡Auxilio, no dejo de comer!

Martes 21 de febrero del 2017, 05:31 pm, última actualización

La alimentación compulsiva es una condición frecuente, pero ignorada, y generalmente quienes sufren este problema son señalados como “tragones sin voluntad para controlar su apetito”, sin tomar en cuenta que su problema es, más bien, psicológico.

Obesidad

Mi amigo Ricardo es un tipo inteligente, sencillo, de buen corazón y no te deja solo. Casi nadie fue a mi fiesta de cumpleaños, pero ahí estaba él, pregonando con su sonrisa franca que se la estaba pasando muy bien, haciéndole plática al borrachín de mi vecino y diciéndole a mi tío que le prestara sus aburridos vinilos de Frank Pourcel, porque se le ocurrió hacer con ellos una mezcla en sus osadas tornamesas.

A pesar de esas cualidades, hay algo más que lo hace inconfundible: su peso. “Mi tamaño es reflejo de mi alma”, comentó una vez con humor, haciéndose el fuerte mientras se burlaban de él y le colgaban apodos como “Keiko”, “Ñoño” o “Porky”. Se notó que le dolía y trataba de esconderse en sus pantalones y camisas holgadas.

Hace varias semanas se le veía triste y, aunque le pregunté si podía ayudarle en algo, no me dijo nada. “No te preocupes, bro; el capitán Yuri Gagarin —tal es su apodo de Dj— está en una misión especial, dándole la vuelta a algo muy gruexo que se llama planeta Tierra, pero volverá”, me explicó en forma extravagante.

Para mi sorpresa, Maru, su novia, me platicó que también estaba preocupada, que casi no había visto a “su gordo” en los últimos días y que lo notaba deprimido. Como broma, le dijo a Ricardo por teléfono que si no le estaba “pintando el cuerno” con una niña que le hace ojitos en la facultad, y él le contestó con la voz entrecortada: “¡No, amor, nunca te haría eso! Además, como parezco tambo, nadie se fija en mí”.

Antes de sentirme mal por lo que oía, lo único que se me ocurrió fue sugerirle que buscáramos algo en Internet, para ver si lo podíamos ayudar. “Ya lo hice —me dijo con ojos de “Remi”—, llevo una semana leyendo páginas y mira lo que encontré”.

Me enseñó información de la página de una clínica de trastornos alimenticios en donde se leía: “Las personas que sufren de comer compulsivamente con frecuencia se identifican con su peso, talla corporal y patrones alimentarios. Característicamente experimentan intensos sentimientos de vergüenza y culpa, y tratan de ocultar sus problemas mediante el aislamiento, usan ropa de tallas más grandes para no mostrar exactamente su talla y comen a escondidas”.

Continué leyendo y conforme avanzaba pensé que Maru tal vez exageraba. ¿Ricardo un comedor compulsivo? ¿Qué no sólo es un poco glotón? “Por favor —pidió ella—, sólo quiero pedirte que me acompañes a la clínica a preguntar; tú lo conoces, te estima mucho, y sé que no te reirías de él. Ayúdame a salir de la duda”.

No sólo es apetito

Llegamos a mediodía a Interdisciplinas Cognitivo Conductuales, localizado en Polanco (Ciudad de México), donde pudimos conversar con la psicóloga Claudia González Martínez, quien es directora de la subclínica Karuna, especializada en trastornos de la alimentación.

Ni tarda ni perezosa, Maru le comentó a grandes rasgos el caso de Ricardo. En cuanto terminó, le expliqué a la maestra González que, en mi opinión, Ricardo era tal vez un poco tragón, pero que igual me pasaba a mí en época de exámenes, y que entonces yo también podría ser un comedor compulsivo.

Ella nos aclaró que, generalmete, “el término se maneja en forma errónea y muchos consideran que son comedores compulsivos porque tienen especial apetito por algo, como dulces, pan o algo calórico, o por su nula habilidad para medirse con la comida. También se usa el término cuando alguien come por nerviosismo, pero no es preciso”.

Así, nos explicó que un comedor compulsivo es alguien que tiene una serie de funciones y actividades en torno a la comida, y que relaciona a ésta con un manejo erróneo de emociones. “En realidad —ahondó— un comedor compulsivo tiene exceso de alimentación constante y en el día a día presenta 1 ó 2 episodios en los que come cantidades que para cualquier otra persona serían francamente desmedidas”.

Y hay algo muy peculiar: “Los pacientes nos reportan que parece que entran en trance cuando están en contacto con la comida, como si tuvieran una laguna mental y volvieran a conectarse al terminar. Pocas veces pueden decir qué se comieron y cuánto, salvo que recuerden que tenían una caja de galletas nuevecita y no queda una sola”.

Maru se veía un poco decaída, pero asentía con la cabeza y, para mi sorpresa, murmuró que tenía sospechas de que Ricardo hacía eso. Luego le preguntó sobre la actitud triste y melancólica que “su gordo” había tenido en los últimos días, y a ello le contestó la psicóloga que, por desgracia, la gente que come descontroladamente está muy devaluada en lo emocional, se oculta, se viste como “casa de campaña” y tiene problemas para desenvolverse en su entorno social.

En el caso de “adolescentes y jóvenes que cursan secundaria, preparatoria y los primeros años de la universidad, están en un proceso de definir su identidad, tratan de encajar socialmente y de probar que son atractivos, y se comparan con sus compañeros. Ahí viene el problemón, porque sólo se les acepta como ‘el gordito simpático’ que es chistoso y es objeto de burla, o como persona obesa rechazada y hostil”.

También aclaró que ni todos los obesos son comedores compulsivos, ni todos los comedores compulsivos son obesos. Hay quienes a veces se dan cuenta de lo que comen y se provocan el vómito o se la pasan tomando pastillas para bajar de peso, laxantes (aceleran el tránsito intestinal) y diuréticos (estimulan la emisión de orina), de modo que se confunde con otro trastorno alimenticio, la bulimia, y por eso existen algunos pocos casos en que no hay sobrepeso.

Exigencia interna y externa

Todavía me resistía a creer que Ricardo tuviera un trastorno alimenticio y le comenté a la psicóloga que me costaba trabajo pensar en que mi amigo se autodevaluaba. No sólo eso, yo lo conocía como alguien vivaracho, muy disciplinado, con buenas calificaciones y talento musical.

La maestra nos explicó entonces que “otra parte de la problemática de quien come descontroladamente es que suele ser perfeccionista, exitoso en muchas áreas de su vida, como en su faceta de estudiante o cuando trabaja. Puede ser alguien que tú dices: ‘¡guau!’, con buen desempeño y buen sueldo, pero no está satisfecho; siente que pudo ser mejor, se angustia por el día en que no rinda igual y no lo alaben, o se reprocha por tener cierto éxito, menos en el control de su forma de comer”.

Y en efecto. Ricardo ganó una vez un concurso de Dj’s. Estuvo genial, “prendió” a todos los asistentes y, cuando terminó, ofreció disculpas porque tuvo un error. Todos lo vieron como una broma o falsa modestia, pero en realidad estaba molesto consigo mismo.

Justamente de estas actitudes proviene el enganche hacia la comida. “Consumen alimentos para lidiar con su presión interna y por eso se ‘desconectan’; es casi como si ‘hiciera explosión la olla exprés’ y se van contra el refrigerador, la alacena o la tienda de la esquina”.

Maru le preguntó a la maestra González si Ricardo también podría verse afectado por las críticas de otras personas, y le contestó que sí. “Las descalificaciones y el famoso ‘como te ven te tratan’ les pesa mucho; notan cuando alguien los ve feo, los relegan o los descalifican por ser gorditos, o cuando no consiguen pareja. Además, por su autoexigencia no se fijan en sus 10 éxitos, sino en su único ‘fracaso’, y con esto quiero decir que son muy sensibles, siempre buscan donde está el errorcito, ‘la chinche en el papel’ o ‘la mosca en la sopa’”.

A esto, añadió, podemos sumar una falla cultural que tenemos, y que es la polarización en cuanto al valor de comer tal o cual cosa. “Desde chicos nos meten en la cabeza qué engorda o qué es sano, y nos percibimos de acuerdo con lo que comemos. Si alguien ingiere un pastelito, se ve como un ‘gordo marrano’, pero si come jícamas, está ‘in’. Todo esto, paradójicamente, no nos ayuda, porque estamos rodeados de productos light, pero nunca había existido tanta obesidad. No hemos atendido lo emocional, y por eso vemos el caso de la señora que frente a su familia sólo come verduras y se encierra en su recámara a comer una caja de galletas. Desaparece la comida y nadie sabe por qué sigue gorda, si sólo come verduras”.

Falsa salida

En mi último intento por resistirme a que mi amigo tuviera un problema así, le comenté a la psicóloga que había entendido que detrás del deseo de alimentarse desaforadamente hay depresión, angustia constante por el perfeccionismo y autoexigencia. Sin embargo, Ricardo había mostrado voluntad de cambio y en varias ocasiones trató de hacer ejercicio o dietas, con muchas ganas, y quizá eso era algo que poca gente con este problema podía hacer, dada su incapacidad para dejar de comer.

De inmediato me atajó: “Los comedores compulsivos buscan solucionar el problema de sobrepeso en forma caótica, recurriendo a barbaridad y media cuando el problema está en el ámbito interno y en aprender a controlar todo el ‘rollo’ que se echan ellos solos y su manejo de emociones para dejar de conectarse a la comida”.

Como no ha trabajado sobre sus emociones, un comedor compulsivo actúa periódicamente en forma brusca para tratar de dar solución al sobrepeso y empieza una dieta, la rompe, vuelve a someterse a régimen, lo abandona, y crea un círculo vicioso de ‘no puedo’ que, con su autoexigencia, acentúa su angustia y depresión”.

Además, por perfeccionismo, hacen las dietas más restrictivas e ilógicas, y a pesar de haber sufrido el “rebote” en muchas ocasiones, siguen recurriendo a estas prácticas.

En efecto, “se meten al gimnasio, le tupen durísimo por 3 semanas y de repente abandonan todo porque no se cumple su expectativa, Son ‘llamaradas de petate’ y compran productos milagro, cremas, jabón reductivo, licuados, chochos y visitan al médico mágico de la colonia Roma. No logran entender que esto no se soluciona en 3 días, sino que hay que chambearle, corregir varias cosas, desarrollar la tolerancia y romper la idea de ‘baje 5 kilos en 3 días’”.

Ya sin argumentos, pasaron por mi mente los numerosos tips para bajar de peso empleados por Ricardo, así como su colección de credenciales de numerosos gimnasios, todas vencidas...

Salvemos al “gordo”

Maru y yo preguntamos qué solución podría existir para Ricardo, y la maestra Claudia González nos dijo que existe un tratamiento efectivo, el cual consiste en entrelazar una terapia psicológica con asesoría nutricional. Lo ideal es asistir cada semana o cada 15 días a ambas consultas, durante no menos de 6 meses.

Desafortunadamente, nos confesó la especialista, si la terapia psicológica y nutricional se llevan a cabo en forma aislada, que es lo más común, no se obtienen buenos resultados. “Casi siempre se busca sólo la ayuda de un bariatra (especialista para bajar de peso), pero no a un psicoterapeuta”.

Asimismo, está visto que un adulto tiene mejor capacidad para llevar terapia “y es raro ver a un chavo en tratamiento por ser comedor compulsivo, a menos que tenga la fortuna de contar con un familiar con información sobre estos problemas psicoemocionales. Y pueden dar tumbos horribles, pues casi siempre tienen a un familiar persiguiéndolos, diciéndoles: ‘qué horror, estás muy gordo, come menos, vuelve a hacer dieta’”.

Por si fuera poco, la especialista nos indicó que es poca la gente que completa el tratamiento, y se debe a que los pacientes casi siempre quieren perder 20 kilos de golpe. Al no tener los resultados en el tiempo que esperan, “tiran la toalla”. Otra posibilidad es que, ya sobre la meta de peso ideal, abandonan el apoyo psicológico, no concluyen con los temas del aspecto emocional y reinciden en la alimentación compulsiva.

A pesar del panorama adverso, Maru le pidió a la maestra que le explicara en qué consiste el tratamiento, pues había hablado con la mamá de Ricardo y ella también notó una depresión profunda en su hijo, y parecía dispuesta a ayudar. Caray, eso es amor... y audacia.

“El trabajo —aclaró la psicóloga— se encamina a resolver el perfeccionismo, adquirir habilidades para encontrar soluciones adecuadas y tomar conciencia de cómo y en qué momento ocurre el consumo compulsivo. También se atienden factores que pueden dar origen al problema depresivo y, por supuesto, se revisa su alimentación, se verifica su estado de salud y, si hay otro tipo de problemas, se busca la ayuda del gastroenterólogo (especialista en problemas del aparato digestivo) o endocrinólogo (atiende problemas hormonales).”

Finalmente, le comenté a la maestra Claudia González que me parecía asombroso que un problema común pasara desapercibido y no tuviera tanta popularidad como otros. Por ello, nos dijo: “La anorexia y la bulimia le ‘roban cámara’ al comedor compulsivo. Es raro que alguien llegue en busca de tratamiento para este problema, porque casi siempre los médicos identifican a los pacientes como ‘tiene anorexia’, ‘tiene bulimia’ y ‘necesitas hacer dieta, lo tuyo sólo es sobrepeso’. Hay poca conciencia sobre esta condición psicoemocional, y seguimos pensando que alguien obeso sólo necesita una dieta”.

Nos despedimos de la especialista, y luego de unas semanas llegaron los exámenes y las vacaciones. Perdí contacto momentáneamente con Ricardo y Maru, pero él me encontró vía redes sociales para invitarme a la fiesta de cumpleaños de su novia.

  • Dj Gagarin: Bro, cáele, porque tengo mucho qué agradecerte. Ya bajé dos kilos y una parte de mi set de pinchadiscos está dedicada a ti :p
  • Toñito (no salí de La Academia): Ah, no me presumas, ¡¡¡¡yo estoy tragando horrible!!!!
  • Dj Gagarin: jojojojojo.
  • Dj Gagarin: Venga, entonces te esperamos con unos bocadillos para que entres en órbita.
  • Toñito (no salí de La Academia): ‘ora pues’n xD
  • Dj Gagarin: Bye, bro, me tengo que desconectar, TQM xD
  • Toñito (no salí de La Academia): TQM, a’i nos vemos xD

Apagué la computadora, más tranquilo, con la esperanza de que Ricardo no abandonará el tratamiento... Y de que la parte de su tocada que piensa “dedicarme” no incluya los mágicos acordes de Frank Pourcel.

SyM - Toño Medina

 

Comenta el tema desde Facebook... Si tienes alguna consulta médica, regístrate gratuitamente en Pregunta al Médico. Nuestros especialistas te responderán en forma privada sólo a través de dicha sección.

Comenta el tema desde Facebook... Si tienes alguna consulta médica, regístrate gratuitamente en Pregunta al Médico. Nuestros especialistas te responderán en forma privada sólo a través de dicha sección.

Hoy en Obesidad

¡Programa a tu cerebro para perder peso!


Ver más...

Sabías que...

El cáncer de mama es la principal causa de muerte por cánceres en la mujer mexicana. Su detección oportuna posibilita una sobrevida de más de 5 años en la mayoría de pacientes.




Comscore