Enfermedades psicosomáticas causadas por la emociones - SyM
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Cuando las emociones nos enferman

Martes 21 de febrero del 2017, 05:29 pm, última actualización

Los procesos psicológicos participan directamente en el origen o agravamiento de algunos padecimientos, llamados psicosomáticos. Ello puede acentuarse en la tercera edad, debido al aislamiento y falta de atención al anciano.

Cuando las emociones nos enferman

Aunque se acepta que los trastornos psicosomáticos se originan a partir de factores psicológicos, hay que dejar en claro que para que una enfermedad como tal se desarrolle deben coexistir también aspectos biológicos, ambientales, sociales y genéticos.

Para ilustrar lo anterior citemos el ejemplo de alguien que en general goza de buena salud pero se enferma cuando está muy nervioso o preocupado por algo. Esta situación es común y casi todos conocemos a alguien así, aunque hay quienes se encuentran en situación más complicada: los hipocondriacos, personas con exagerado temor de enfermar, quienes interpretan erróneamente ciertas señales de su cuerpo y que serán tema de discusión en otra oportunidad.

Sistema integral

De acuerdo con el Dr. José Luis González de Rivera, del Centro de Investigación Psicosomática, en España, existe una relación directa entre ciertos factores psicológicos y una enfermedad determinada.

Lo anterior quiere decir que los síntomas psicosomáticos son “perpetuaciones inapropiadas de reacciones orgánicas que sirvieron, en algún momento, para adaptarse o protegerse de un tipo de estrés específico”. En otras palabras, una persona que se angustia o siente ansiedad hará que su organismo reaccione con la aparición de un dolor de estómago, mientras que otra sufrirá alguna alteración muscular que le impida moverse con agilidad.

El Dr. González de Rivera puntualiza que una enfermedad psicosomática debe considerarse como tal cuando su curso es influido de manera importante por factores psicológicos (actitudes afectivas y modos de conducta). De esta forma, una persona podrá tener una “personalidad coronaria”, por ejemplo, si es proclive a sufrir una alteración cardiaca originada por un conflicto psíquico no resuelto, o bien, podrá resentir en los pulmones la represión crónica de un afecto.

Los especialistas han establecido ciertas características de las enfermedades psicosomáticas:

  • La aparición de síntomas o malestares asociados a una enfermedad es precedida por intensa experiencia afectiva, como enojo, angustia, tristeza, desamparo o desesperanza. Es común que el paciente no verbalice directamente estos sentimientos, aunque pueda percibirse que los está experimentando debido a su comportamiento o lenguaje corporal.
  • La condición orgánica se relaciona temporalmente con una situación estresante, pérdida, derrota o descontento ocupacional, matrimonial o personal. El paciente percibe que su ambiente social e interpersonal es sumamente desagradable.
  • Es común que las alteraciones en la salud se desarrollen a partir de cambios importantes en la vida, como dejar la soltería y empezar a vivir en matrimonio, la llegada del primer hijo o el cambio de residencia o trabajo.

Los rostros de la enfermedad

Las instituciones de salud deberían considerar los aspectos ligados a las enfermedades psicosomáticas, a tal grado que su personal médico advierta a los pacientes que las emociones pueden desembocar en malestares físicos como asma bronquial, resfriados, obesidad, úlcera gástrica, artritis reumatoide, dermatitis e hipertensión arterial, entre otras.

Ese tipo de trastornos podrían ser manifestaciones de conflictos emotivos no resueltos y afectarían hasta a 40% de la población. Tal es la opinión de la psiquiatra Lourdes López Sánchez, adscrita al Hospital General de Zona 2A del Instituto Mexicano del Seguro Social (MSS), en la Ciudad de México, quien añade que esas enfermedades se agudizan en periodos de estrés, ansiedad o depresión. La solución, dice, es “romper el círculo vicioso que se establece, porque mientras persista el problema emocional seguirá existiendo la dolencia física u orgánica”.

Es fundamental, asevera la experta, que primero se realicen estudios para descartar que la causa de la enfermedad sea orgánica, así como adjuntar a la historia clínica del paciente su situación personal, familiar y laboral, ya que estos aspectos podrán ayudar a definir con exactitud el origen de la situación y el tratamiento a seguir.

Asimismo, se debe distinguir perfectamente entre un padecimiento psicosomático y la hipocondría, ya que esta última se refiere a la creencia infundada y persistente de padecer alguna enfermedad, mientras que en la otra se presentan alteraciones físicas evidentes.

Tercera edad, ¿terreno fértil?

El Dr. Luis Gerardo Osorio Espinoza, prestigiado geriatra del Hospital General de Zona 32 del IMSS, también ubicado en la Ciudad de México, afirma en entrevista con saludymedicinas.com.mx que, contrario a lo que se piensa, estas situaciones no ocupan mucho tiempo de la consulta de los expertos en Geriatría, aunque se tiene la idea de que los ancianos son el grupo en que más problemas emocionales se transforman en afecciones orgánicas.

“Lo que hacemos es realizar estudios para diagnosticar cierta enfermedad, pero si los resultados son normales debemos sospechar algo emocional. El geriatra tiene que indagar en aspectos familiares y sociales para saber cómo se encuentra el anciano, y apoyarse en psicólogos y psiquiatras para solventar la situación, si lo considera necesario”, afirma el entrevistado.

La personalidad influye para que haya un cuadro de depresión, ansiedad o angustia, padecimientos que muchas veces ceden ante la prescripción de un medicamento (ansiolítico) suave, relata el Dr. Osorio Espinoza, aunque “también es común que estos trastornos permanezcan enmascarados por la actitud defensiva que toma el anciano”.

Sucede así por varios factores, como el hecho de que muchos adultos de la tercera edad vivan solos por el rechazo de sus familiares, sean maltratados en su hogar, subsistan en condiciones precarias por depender de una remuneración insuficiente o requieran la ayuda de un cuidador para controlar una afección discapacitante.

Lamentablemente estas situaciones son muy frecuentes, señala el también tanatólogo y especialista en urgencias médicas, quien recuerda que ante estos casos se deben poner por delante la comprensión y el amor.

Abunda al respecto: “En ocasiones es difícil relacionarse con ancianos, pero debemos tratarlos con sutileza y explicarles a ellos y a sus familiares la manera en que puede mejorar su relación. Hay que armarse de paciencia y tomar en consideración que muchas veces el cuidador primario sufre gran desgaste e, incluso, puede asumir que padece alguna enfermedad psicosomática”, explica.

Es tan cierto lo que le sucede a quien está al tanto de un enfermo que incluso se ha dispuesto en la literatura científica el término “síndrome de desgaste del cuidador”, que caracteriza a la persona que, en el afán de controlar la medicación y velar por la salud del paciente bajo su cuidado, descuida sus propios padecimientos. No resulta extraño, por ello, que muchos de esos asistentes mueran antes que el paciente o discapacitado que tenían a su cargo.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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