Hernia discal, dolor o tensión en la espalda - SyM
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Hernia discal, pocas veces la cirugía es lo ideal

Jueves 23 de marzo del 2017, 05:23 pm, última actualización

Accidentes, grandes o repetidos esfuerzos sobre la columna vertebral, sobrepeso y pérdida de fuerza en los músculos de la zona son las principales causas de una hernia de disco, la cual es capaz de generar dolor severo e incapacitante; ¿qué puedes hacer?

Hernia discal, pocas veces la cirugía es lo ideal

La espalda tiene su eje en la columna vertebral, constituida por varias unidades óseas llamadas vértebras (7 cervicales, 12 dorsales, 5 lumbares, 5 sacras y 3 ó 4 coxígeas), gracias a las cuales cumple la función de sostén, con la particularidad de que debe mantener elevado grado de flexibilidad para ajustarse adecuadamente al movimiento.

Esta movilidad se debe, en gran parte, a los discos intervertebrales, especie de "almohadillas" que se ubican entre una vértebra y otra —en el denominado espacio intervertebral—, los cuales tienen forma de anillo que rodea a un centro carnoso; se trata de un cartílago cuya función es amortiguar el choque entre los cuerpos vertebrales.

Los mencionados discos pueden perder elasticidad e irse desplazando fuera de su sitio habitual, que es cuando aparece la lesión que denominamos hernia de disco o discal. Lo anterior puede suscitarse ya sea por edad avanzada, como consecuencia de un muy fuerte golpe o por sobreesfuerzo al cargar mayor peso del que se está acostumbrado, pudiendo suscitar alguno de los tres tipos de hernias discales:

  • Prolapso. Se llama así a la inflamación del contorno del disco intervertebral, la cual se produce como consecuencia de fisuras en el anillo fibroso del mismo por las que se introduce material procedente del núcleo del disco.
  • Extrusión. Adquiere esta categoría cuando las grietas a las que nos hemos referido rompen las fibras externas que conforman al anillo del disco; es el tipo de hernia discal más común en jóvenes.
  • Secuestro. Esta es la forma más grave, ya que además de lo anterior las hendiduras perforan las fibras y permiten el paso de líquido procedente del núcleo del disco o bien que la raíz nerviosa tienda a salir y que sea comprimida por las estructuras cercanas a la raíz nerviosa, con considerable aumento del dolor.

Cabe destacar que las hernias de disco son mucho más habituales en la zona lumbar (parte baja de la espalda) que en la cervical (a la altura del cuello), aunque estas últimas pueden ocasionar complicaciones más severas si llegan a producirse.

Igualmente importante es mencionar que si la presión ejercida en el disco es débil se altera la sensibilidad del enfermo, pero si es mayor se afectará su función motora, es decir, complicará su desplazamiento. Si la lesión se produce a nivel de las vértebras cervicales C5-6 se comprime la sexta raíz nerviosa, lo que traerá como consecuencia dolor en uno o ambos brazos, antebrazos y dedos pulgares, además de pérdida de firmeza en el bíceps (músculo flexor del brazo caracterizados por tener dos cabezas). En cambio, si es a nivel de C6-7, se oprime la séptima raíz con aparición de dolor en el dorso de uno o ambos hombros, brazos y dedos índices y medios de las manos, con flacidez del tríceps (músculo del brazo de tres cabezas).

En la región lumbar, si la lesión es a nivel de L4-5 se comprime la raíz L5, por lo que se observa alteración sensitiva en la parte lateral de una o ambas piernas, dorsos y los tres dedos mediales de los pies, con alteración en la flexión de los mismos. Si la lesión es a nivel de L5-S1 se comprime la raíz S1 produciéndose la pérdida sensitiva en las partes laterales y en los dos dedos extremos de cualquiera de los pies, habiendo dificultad considerable para pararse de puntas y para flexionar los dedos; en ambos casos se produce dolor en las partes lateral y posterior del muslo.

¿Qué se puede hacer?

Algunas mujeres desarrollan hernia discal como consecuencia de varios embarazos y/o por ciertas tareas domésticas que requieren mucho esfuerzo; en los hombres, el problema es común en trabajadores de la construcción y entre quienes ejercen tareas físicas excesivas.

Si sufres la desagradable experiencia de una hernia lumbar, hay una serie de medidas que puedes realizar para reducir o aliviar el dolor:

  • Aplicar frío o calor en la zona afectada.
  • Algunos analgésicos y antiinflamatorios de libre venta mejoran la condición.
  • Dormir en colchón duro.
  • De ninguna manera intentes levantar cosas del piso; si tienes que hacerlo, dobla las rodillas, nunca la espalda.
  • Masajes y técnicas de relajación de los músculos de la espalda también pueden ayudar a reducir la presión en el disco y, por tanto, mejorar la movilidad de la espalda.
  • De acuerdo al tipo de lesión y dónde se encuentre ésta, el ortopedista pueden prescribir ejercicios que fortalecerán los músculos de la zona.

Lamentablemente, las lesiones más severas no cederán con las medidas aquí expuestas y es posible que se tenga que recurrir a cirugía, aunque apenas 20% de los casos se resuelven mediante esta vía.

Los especialistas médicos en el tratamiento de este problema son traumatólogos u ortopedistas, quienes a partir de los síntomas que expone el paciente y la exploración de la sensibilidad, movilidad y reflejos motores podrán tener una idea clara del disco o raíz afectada.

No obstante, habrá ocasiones en que el diagnóstico deba complementarse con:

  • Resonancia magnética. Sofisticado equipo que emplea ondas magnéticas para crear imágenes tridimensionales de la columna y/o de cada una de las vértebras, para ser analizadas a través de un equipo de cómputo.
  • Tomografía axial computarizada. Mediante el uso de ondas ultrasónicas se crean imágenes (especie de radiografías) de cortes transversales de las vértebras, las cuales son registradas por una computadora.

Los métodos anteriores determinarán igualmente si el problema de compresión del disco también afecta al nervio ciático, el cual proviene de la columna y se dirige hacia cualquiera de las piernas, pudiendo generar dolor en las zonas adyacentes y llegar desde la parte baja de la espalda hasta los dedos de los pies, con una inmovilización casi total de la persona que lo sufre.

El médico indicará al paciente moverse lo menos posible, de manera que si la lesión es en la región del cuello colocará un collarín que debe ser utilizado a lo largo del día durante 3 o 4 semanas. A nivel lumbar se debe plantear el descanso total en cama, boca arriba, administrándose analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares.

Si el cuadro no mejora debe recurrirse a la intervención quirúrgica, la cual tomará calidad de urgente si el dolor de espalda irradia a las extremidades, afecta al nervio ciático o a la médula espinal, lo que bien puede reconocerse si hay pérdida de control de esfínteres (incapacidad para dominar la emisión de orina o heces) e insensibilidad en la entrepierna y parte interna de los muslos. De acuerdo al tipo de lesión el especialista decidirá entre los siguientes tipos de cirugía:

  • Laminotomía o laminectomía. Consiste en abrir el espacio que hay entre las dos vértebras opresoras de la hernia discal para descomprimir la raíz nerviosa.
  • Discectomía. Se extrae exclusivamente el material discal herniado, sin romper ni extraer el hueso vertebral.
  • Artrodesis. Consiste en fijar dos vértebras colocando un injerto de hueso entre ambas o usando además placas metálicas para fijar los dos cuerpos vertebrales. No es el método más empleado en nuestros días.
  • Quimionucleolisis. Se inyecta una sustancia especial —quimiopapaína— en el interior del disco, la cual destruye el núcleo del mismo a fin de disminuir la presión que sobre él se ejerce y la compresión sobre la raíz nerviosa; existe el riesgo de reacción alérgica al compuesto, por lo que no se considera la mejor opción.
  • Ozonoterapia. Se inyecta ozono en el interior del disco para que disminuya la inflamación, efecto que dura sólo algunos días.
  • IDET. Estas siglas corresponden a electrotermocoagulación intradiscal, técnica en la que se colocan electrodos en el disco intervertebral, los cuales son calentados, a fin de quemar los nervios responsables de transmitir el dolor originado en él y, eventualmente, unir las fibras lesionadas del disco; prácticamente en desuso por los resultados poco alentadores que arroja.

Debe quedar claro que después de la intervención pueden pasar de varios meses a un año o más para que el paciente pueda reanudar todas sus actividades sin sentir dolor o tensión en la espalda. Para que así sea, el paciente deberá modificar ciertos hábitos que tienen que ver con esfuerzo físico, para que la lesión no reaparezca. 

SyM - Raúl Serrano

 

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