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Obesidad, grave problema en México

Obesidad, Grave Problema en México

Adriana Nolasco

México encabeza el índice de obesidad infantil y femenil en el mundo, así como el segundo a nivel general, sólo después de Estados Unidos. Si no se realizan acciones concretas en menos de 10 años, ocuparemos el primer puesto en todos los renglones respecto a esta epidemia.

De acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut 2006), la prevalencia de obesidad (personas con 20% o más del peso adecuado) es de 37% en hombres, 60% en mujeres y 30% en niños. Por su parte, 70% de los adultos y 4.5 millones de niños mexicanos de entre 5 y 11 años de edad tienen sobrepeso (exceso de 10 a 20% de su cifra ideal).

Cabe recordar que la obesidad acarrea un sinfín de trastornos crónico-degenerativos (de larga duración y que empeoran con el tiempo) como diabetes (elevada concentración de azúcar en la sangre por la incapacidad del organismo para asimilarla), hipertensión (presión arterial elevada) y otros que pueden desembocar en infartos. Además, aunque en sí misma es una enfermedad, no hay que olvidar que se relaciona con problemas articulares y diferentes tipos de cáncer (vesícula, colon o mama).

“Los datos son alarmantes: padecen obesidad 2 de cada 10 niños de 0 a 5 años de edad; 3 de cada 10 entre 5 y 9 años; 4 de cada 10 niños y adolescentes de 10 a 19 años; 7 de cada 10 adultos de entre 20 y 59 años y, finalmente, 8 de cada 10 adultos mayores de 60 años”, explica Martha Leticia Martínez Viveros, responsable del área de Nutrición y Dietética de la Coordinación de Programas Integrados de Salud del Instituto Mexicano del Seguro Social (PrevenIMSS).

Frente a esta epidemia, como fue calificada recientemente por el secretario de salud, Dr. José Ángel Córdova Villalobos, se han creado y puesto en práctica estrategias sobre alimentación, ejercicio y salud que permitan revertir y prevenir esta situación.

“La primera acción es medir la circunferencia de la cintura, y con esta sencilla medida se puede iniciar la lucha para prevenir el desarrollo de enfermedades crónico-degenerativas. En el hombre debe medir 90 cm o menos, mientras que en la mujer 80 cm o menos. Debemos recordar que 90% de las personas que hoy tiene diabetes, padecieron sobrepeso u obesidad como antecedente, pues además de tener escasa actividad física llevaban dieta rica en azúcares simples y grasas saturadas”, asegura la entrevistada.

Cambiar los malos hábitos

Hay dos factores que provocan sobrepeso y obesidad. El primero es tener alimentación sin balance e incorrecta, con alta ingesta de azúcares, miel, piloncillo y aquellos productos industrializados que contienen estos productos en grandes cantidades, como galletas, jugos, golosinas y panecillos.

“Basta con revisar los empaques de galletas y pastelitos para descubrir que en sus ingredientes se incluyen muchos endulzantes y alta cantidad de grasas saturadas y trans, asociadas con problemas circulatorios. Además, la gente consume sin saber cuántas porciones contiene el paquete, ni el valor nutritivo de cada producto”, agrega Martínez Viveros.

El segundo factor clave es la falta de ejercicio y actividad física que ha traído la vida moderna: se utiliza automóvil para recorrer distancias cortas y se camina poco; se prefieren las escaleras eléctricas y elevadores para desplazarse pocos pisos en un edificio, y se pasa muchas horas sentado en el trabajo. “Hay que saber que con tan sólo 30 minutos diarios practicando nuestro deporte favorito son suficientes para tener buena salud. Puede ser caminata, bicicleta, natación, gimnasia o zumba; lo que a uno le guste”, explica la dietista.

De acuerdo con la especialista, en los últimos 30 años se ha duplicado o triplicado el número de obesos en México por ambas deficiencias en nuestros hábitos, sin olvidar que “hay acceso ilimitado a comida rápida en cualquier esquina: refrescos, frituras, cigarros, alcohol, pastelitos y jugos, que son el pan nuestro de cada día”.

Acciones por la salud

“A la gente se le hace más cómodo no tener que planear sus comidas e ingerir lo que pueda, sin saber que dicha alimentación es más costosa a largo plazo para su bolsillo y su salud. Se abandona el buen hábito de comer frutas y verduras, que nos proporcionan vitaminas, minerales y fibra, sobre todo cuando las consumimos crudas, a mordidas, masticando todo su jugo y bagazo”.

Lamentablemente, expresa la dietista, entre más pronto se desarrolle obesidad en la infancia y adolescencia más riesgo hay de padecer enfermedades circulatorias a temprana edad.

Ante esto, explica Martha Leticia Martínez, “el IMSS junto al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y las secretarías de Educación Pública y de Salud, entre otras instituciones tanto gubernamentales como de la iniciativa privada, firmaron el 25 de enero de 2010, el Acuerdo Nacional sobre Salud Alimentaria, a fin de unificar esfuerzos y hacer frente a la epidemia, con miras a que en el 2012 se frene esta epidemia”.

No se trata de esfuerzo aislado, pues diversos organismos se han dedicado desde hace algunos años a intensificar medidas para que la población se alimente correctamente y retome el hábito de practicar algún deporte o de hacer ejercicio.

Por lo que al IMSS corresponde, “evaluamos a los derechohabientes una vez al año, medimos su cintura y con base en esto tomamos las medidas de diagnóstico y tratamiento; también impartimos sesiones educativas en las Unidades de Medicina Familiar, creamos guías de Cuidado de la Salud y, en 2008, organizamos la Cruzada Nacional Vamos por un millón de kilos, donde promovimos planes de alimentación y actividad física acordes con normas internacionales”.

Este tipo de esfuerzos deberán continuar, pues la situación que enfrentamos no es fácil: México junto con Estados Unidos, Gran Bretaña y Rusia, es uno de los países con mayor índice de obesidad en el mundo. En contraste y como ejemplo a seguir, encontramos a naciones como Japón o Corea, que tienen mejor cultura de salud, actividad física y alimentación sana.

“Debemos hacer un cambio en nosotros y eso significa que la comida rápida ya no debe ser la base de nuestra alimentación, sino que se debe consumir de forma esporádica. Hay que tener decisión para cambiar nuestro estilo de vida, sobre todo por el cuidado de nuestra salud, y más aún si sufrimos obesidad, alta concentración de colesterol en sangre u otro padecimiento”, puntualiza Martha Leticia Martínez Viveros.

En beneficio de la salud

Estas medidas pueden salvar su vida: 

  • Planee sus alimentos de toda la semana.
  • Revise lo que hay en la despensa para comprar sólo lo necesario.
  • No compre ni tenga en la despensa lo que no debe comer.
  • Acuda sin apetito a las compras para evitar los antojos.
  • Incluya en cada comida por lo menos una verdura diferente.
  • Consuma una fruta distinta en cada comida.
  • Combine leguminosas con cereales integrales para tener excelente fuente de proteínas, misma que se encontrará libre de la grasa que suele acompañar a la proteína animal.
  • No añada grasas de origen animal a las leguminosas.
  • Prefiera leche y queso bajos en grasa, además de carne blanca como pollo y pescados como atún, sardina y salmón. Reduzca o evite carne de res, cerdo, barbacoa, birria y carnitas.
  • Tome agua simple potable o jugo de frutas sin agregar azúcar.
  • Ingiera solo 2 cucharas de azúcar al día.
  • Evite pan dulce y pastelitos, o cómalos una vez a la semana.
  • Elimine de su dieta las frituras y galletas.
  • Consuma un mínimo de sal.
  • Prefiera los cereales y panes integrales en vez de aquellos elaborados con harina refinada.

 

SyM
Última actualización: 03-2013

 

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