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Pastillas para bajar de peso, riesgo para la salud

Martes 31 de enero del 2017, 03:42 pm, última actualización

Sin duda, mantener un peso adecuado con ejercicio y buena alimentación es de gran beneficio para la salud del individuo; sin embargo, hacerlo de manera riesgosa, echando mano de procedimientos sin evaluación ni consentimiento médico, puede generar efectos lamentables de por vida. Entérate y evita ser víctima de charlatanes.

Pastillas para bajar de peso, riesgo para la salud

Reducir tallas y regular la cantidad de grasa corporal se ha convertido para muchas personas en un tema trascendental, incluso obsesivo, debido a que sienten la necesidad de proyectar una imagen esbelta que se asocie con belleza, éxito y triunfo. Como puede apreciarse, este impulso obedece a fines estéticos antes que de salud y, por tal motivo, el control y disminución de peso se suele tomar con frivolidad, exponiendo al organismo a desórdenes muy serios que ponen en riesgo la integridad de la persona.

Desafortunadamente, hay quienes se han aprovechado de este anhelo y, por ello, “a partir del decenio 1960-70 hemos sido testigos del establecimiento de clínicas que ofrecen tratamientos para bajar de peso en un período muy corto, lo cual logran, según dicen, ‘sin sacrificios, sin riesgo y sin dejar de comer’. Por desgracia, este tipo de negocios no son atendidos por profesionales en la salud y, más aún, su presencia se ha incrementado de manera alarmante porque ofrecen algo que a la gente le parece atractivo”.

Tal es la opinión de la Dra. Martha Leticia Martínez Viveros, responsable del área de Nutrición y Dietética de la Coordinación de Programas Integrados de Salud del Instituto Mexicano del Seguro Social (Prevenimss), quien añade que en aquellos centros de soluciones ‘mágicas’ se ofrecen medicamentos que no tienen nombre, no están empaquetados ni se encuentran en las farmacias, por lo que los pacientes suelen llamarles “pastillitas rojas, verdes o amarillas”, debido a su apariencia.

“Las personas ingieren estos fármacos porque quienes se las proporcionan, faltos de ética y conocimiento, les dicen que sólo son para quemar grasa corporal; yendo más lejos, se atreven a decirles que una vez que tengan un peso adecuado los van a estabilizar, y que nunca más en la vida, coman lo que coman, van a volver a subir tallas”, especifica la nutrióloga.

A pesar de que en un mes o dos de llevar estos tratamientos se registra notable pérdida de peso, su realización es poco recomendable. “Cuando el paciente abandona este tipo de tratamientos viene un efecto ‘de rebote’, en el que recupera su peso inicial y hasta lo aumenta un poco. Hemos visto muchas veces la historia de la persona que toma productos ‘milagro’, lleva dietas prácticamente basadas en agua y verduras (que no incluyen todas la sustancias nutritivas que el organismo necesita), baja de talla dramáticamente, recibe elogios de sus amistades porque se ve muy bien, y después de un tiempo vuelva a ser la misma gordita o el mismo obeso de toda la vida”.

Esto ocurre en el mejor de los casos, porque la especialista aclara que el uso de ciertos fármacos puede desencadenar desórdenes cardiacos y alteraciones hormonales, los cuales deterioran la calidad de vida y a veces pueden tener consecuencias fatales.

¿Sin riesgos?

El principal factores que a juicio de la Dra. Martínez Viveros ha propiciado el avance de estos procedimientos dañinos es el exceso de grasa corporal. “En la primera Encuesta Nacional de Coberturas de los Programas Integrados de Salud (Encoprevenimss 2003), se pudo observar que 40% de la población derechohabiente tiene sobrepeso (aumento de peso entre un 10% y 20% de su cifra ideal) y que 30% sufre obesidad (incremento en 20% o más del peso ideal). Dicho de otro modo, 70% de las personas atendidas por el Instituto Mexicano del Seguro Social cuentan con peso excesivo, y sólo 3 de cada 10 tienen una cifra adecuada a su estatura”.

Es verdad que tener exceso de peso se traduce en alta probabilidad de sufrir alteraciones importantes, entre ellas elevación de la presión arterial, colesterol y triglicéridos, diabetes (alta concentración de azúcar en sangre), insuficiencia renal (incapacidad del riñón para eliminar sustancias tóxicas del torrente sanguíneo), infartos (muerte de tejido en corazón o cerebro por falta de oxígeno y nutrientes), osteoporosis (pérdida de minerales en huesos) e incluso algunos tipos de cáncer (formación de células malignas que interfieren el funcionamiento de un órgano o de todo el organismo).

Sin embargo, “cuando la población acude a clínicas y consultorios que prometen bajar de peso sin esfuerzo, en términos generales no lo hacen por salud, sino por verse bien cuando se avecina un evento social importante, una boda, graduación, fiesta de 15 años o vacaciones en la playa”, de modo que no hay una auténtica toma de conciencia sobre el peso corporal y el control de éste se toma a la ligera.

Por ello, enfatiza, “la gente debe saber que hasta ahora la Medicina no ha comprobado un solo fármaco o método que nos permita bajar de peso de inmediato y saludablemente. Si en verdad funcionaran las pastillas que se dan en estas clínicas u otros sistemas que ofrecen (balines, acupuntura, fajas, cremas), ya hubiéramos solucionado el problema del sobrepeso y la obesidad, los cuales son la principal causa de las enfermedades que hemos mencionado y que están ocasionando numerosas muertes en todo el mundo”.

De manera detallada, la nutrióloga explica cuáles son los medicamentos que se emplean comúnmente en los métodos reductivos ‘mágicos’, así como sus posibles efectos:

  • Estimulantes de la tiroides. Hacen que esta glándula localizada en el cuello secrete mayor cantidad de tiroxina, hormona que es útil para el aprovechamiento de los nutrientes.

“Al acelerar esta actividad hay una mayor termogénesis, es decir, una mayor capacidad para asimilar sustancias nutritivas, pero también para quemar grasa. Sin embargo, su uso tiene consecuencias secundarias importantes: en alto porcentaje de quienes recurren a estos productos se presenta disminución en la actividad de la tiroides (hipotiroidismo), y este problema no se cura, es para toda la vida. El paciente requerirá de tratamiento con un endocrinólogo y tendrá que monitorear su función tiroidea toda la vida”, asegura la Dra. Leticia Martínez.

  • Anfetaminas. Medicamentos para controlar el peso que inhiben la sensación de apetito a nivel cerebral, pero en la actualidad han entrado en desuso por los efectos adversos que ocasionan: incremento en la frecuencia cardiaca, presión arterial y temperatura corporal, comportamiento agresivo y, ante todo, adicción. En la actualidad, están prohibidas en muchos países.
  • Diuréticos. Son pastillas o hierbas que estimulan la pérdida de líquidos a través de la orina; por lo general, se emplean bajo prescripción médica para dar tratamiento a personas que sufren edema o acumulación de líquidos por insuficiencia renal o cardiaca (el corazón no bombea sangre con la eficiencia que se requiere). No obstante, muchos centros los utilizan para lograr un descenso acelerado de peso. El inconveniente, sostiene la facultativa, es que “el peso que se pierde no es porque se elimine grasa, sino agua, que además se expulsa del organismo con minerales. El uso prolongado y excesivo ocasiona cansancio, mareo, calambres, presión arterial baja y, cuando se pierde demasiado potasio, se compromete el ritmo cardiaco. Hay pacientes que han llegado en estado crítico al servicio de urgencias por falta de este elemento, y algunos han perdido la vida”.
  • Fibra. Pueden considerarse como el producto menos perjudicial, ya que son hidratos de carbono que el organismo no puede digerir y que se expanden al estar en contacto con el agua, dando la sensación de saciedad. El problema es que cuando no se acompaña con suficiente consumo de líquidos y actividad física, hace que la materia fecal sea más seca y ocasione molestias gastrointestinales importantes, como estreñimiento o diarrea. Las personas que no están acostumbradas a consumirla también pueden sufrir daño en las vellosidades que hay al interior de los intestinos y que se encargan de absorber nutrientes.

En contraparte a lo anterior, Martínez Viveros afirma que en la actualidad sólo hay dos fármacos autorizados para el control de peso, y que ambos deben administrarse por prescripción y bajo vigilancia médica, ya que su uso puede tener efectos adversos.

El primero de ellos inhibe la absorción de grasas en el intestino y “su consumo debe acompañarse de un régimen de alimentación bajo en grasa, porque si el paciente come lo que acostumbra, que casi siempre son alimentos con muchas calorías, va a sufrir una diarrea terrible, dolor gastrointestinal, inflamación de abdomen y gases. El otro fármaco actúa sobre los centros que regulan el apetito y, aunque es seguro, puede ocasionar efectos secundarios como aumento de presión arterial y sensación de sed persistente”.

Asimismo, la nutrióloga hace hincapié en que el uso de estos dos productos aceptados por la comunidad médica requiere de vigilancia y, contrario a lo que ofrecen los tratamientos ‘mágicos’, “necesitan que el paciente cambie sus hábitos alimenticios y que practique ejercicio regularmente”, es decir, exigen uso de voluntad y esfuerzo para dar resultados satisfactorios.

Cambio de ideas

Al explicar de qué manera es posible mantener un peso adecuado para no exponerse a sufrir enfermedades como diabetes o hipertensión, la nutrióloga Leticia Martínez asegura que existen dos medidas básicas y muy efectivas: practicar ejercicio y llevar una alimentación sana y equilibrada.

Sin embargo, lograr este objetivo requiere que el paciente haga una reflexión sobre lo que desea y por qué lo hace. “Las personas con sobrepeso u obesidad deben tener claro que la pérdida de grasa corporal debe ser por salud y no por apariencia física; de esta manera, en vez de ir con charlatanes sabrán que tienen que asistir a con médicos que conozcan aspectos nutricionales. También pueden acudir a centros de salud y unidades médicas en donde se dan pláticas especiales para que aprendan a comer correctamente, incluyendo verduras, frutas, leguminosas y cereales integrales en su dieta”.

En términos generales, explica la especialista, “tenemos que cambiar nuestro concepto de lo que es una alimentación correcta, ya que todavía pensamos que es una cuestión de cantidad y no de calidad. Es muy común que en la consulta el paciente nos diga que desayuna muy bien porque toma un litro de leche y se come 6 huevos fritos, medio kilo de tortilla y dos panes de dulce. Además, cabe señalar que los mexicanos no tomamos agua y preferimos el refresco”.

En cuanto a la actividad física, especifica que “hacer ejercicio no significa que se tenga que pagar un gimnasio o la inscripción a un centro deportivo. Simplemente, basta con ponerse tenis y ropa cómoda, y salir a caminar al menos cuatro días a la semana por 30 minutos. Si no se tiene el hábito, se puede comenzar con un paso lento o moderado, hasta alcanzar en unas semanas el ritmo intenso o de caminata”.

Asimismo, la nutrióloga aclara que la pérdida de peso saludable debe ser lenta, progresiva y sostenida, por lo que se recomienda reducir sólo de un kilogramo a medio kilogramo por semana. Pérdidas mayores no son aconsejables.

Finalmente, la Dra. Martínez reafirma la importancia de cambiar aquellos conceptos que enfatizan la búsqueda de un estereotipo de belleza extremadamente delgado, mismo que representa éxito, poder y una forma de adquirir status social, así como erradicar la idea de que “estar gordo es sinónimo de ‘llevar la buena vida’, o que una barriga es ‘la curva de la felicidad’”, pues en ninguno de estos extremos en que se halagan la esbeltez o la obesidad se atiende lo más importante para el ser humano, que es mantener un estilo de vida saludable.

“La Organización Mundial de la Salud pretende que se difunda educación a toda la población en este sentido, pues 60% de las muertes a nivel mundial son por causas que tienen que ver con alimentación, falta de ejercicio y un estilo de vida poco saludable. En la actualidad, hasta 43% de las enfermedades se pudieron prevenir o disminuir sus efectos si los pacientes hubieran mantenido un peso sano y hubieran realizado actividad física regularmente”, concluye la especialista en Nutrición.

SyM - Rafael Mejía

 

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