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El lado bueno de las grasas

Tanto se habla en contra de las grasas, que quienes desean perder peso o mejorar su salud circulatoria las consideran su principal enemigo. Sin embargo, el consumo de estos nutrientes es irremplazable, así que en vez de erradicarlos hay que ingerirlos con inteligencia.

Las grasas son nutrientes poco comprendidos, pues a pesar de que el organismo humano es incapaz de funcionar sin ellas, se les sigue señalando como responsables de problemas de salud como obesidad e infartos (obstrucción del suministro de sangre que daña tejidos del cerebro o corazón, principalmente), y ello hace que las veamos con desconfianza.

No obstante, debemos señalar que estos compuestos orgánicos, pertenecientes al grupo de los lípidos, cumplen funciones que no pueden ser cubiertas por otros nutrientes:

No todas las grasas son iguales. El secreto para incorporarlas en nuestra dieta sin sufrir obesidad ni alteraciones en el sistema circulatorio radica en la cantidad y tipo que vayamos a consumir, pues mientras algunas nos benefician otras pueden ser contraproducentes.

Familia numerosa

Desde el punto de vista de la Química, las grasas están constituidas fundamentalmente por carbono, hidrógeno y oxígeno. Pueden agruparse de acuerdo a sus características en:

También debemos señalar que las grasas insaturadas se dividen en dos:

De esta forma, queda claro que para alimentarnos sanamente lo mejor es ingerir grasas o aceites de tipo insaturado, aunque debemos aclarar que su contenido de calorías es considerable y, por ello, hay que limitar su consumo para evitar sobrepeso.

En este sentido, los expertos en Nutrición sugieren que la proporción de energía que obtenemos diariamente de las grasas no debe rebasar 30% (60% debe provenir de carbohidratos y 10% de proteínas, aproximadamente), además de que la aportación calórica de grasa saturada no debe superar 10% diario.

Recomendaciones

Si te preguntas cuál es la mejor forma de incorporar las grasas en la dieta, aquí algunas sugerencias:

Sólo queda recomendarte que al momento de consumir carne procures elegir aquellos cortes con menor cantidad de grasa (magros) o, mejor aún, que la sustituyas por pescado. Además, modera el consumo de productos de pastelería y embutidos, y trata de mantener una dieta basada en cereales integrales, frutas y verduras, sin olvidar que debes practicar ejercicio en forma regular.

Grasas trans

Quizá podría considerarse que estas grasas son sanas, ya que son de origen vegetal, pero lo cierto es que pierden sus cualidades benéficas debido a que son aceites que se someten a proceso de industrialización para solidificarlas. En concreto, se les añaden átomos de hidrógeno y entonces su estructura se vuelve similar a la de una grasa saturada.

Las grasas trans se encuentran en margarinas y productos industrializados como papas fritas, algunos quesos y chocolates, así como repostería. Diversas investigaciones han permitido descubrir que elevan el colesterol “malo” (LDL) a la vez que reducen el colesterol “bueno” (HDL), con lo que favorecen el riesgo de sufrir infarto.

Aunque muchos fabricantes de alimentos se han comprometido a eliminar estos ingredientes de sus productos, no está de más que leas la etiqueta de información nutrimental de los alimentos industrializados para verificar que en realidad sea así. Las grasas trans pueden ser mencionadas de diferentes formas:

  • Ácidos transgrasos.
  • Aceite vegetal hidrogenado.
  • Aceite vegetal parcialmente hidrogenado.
  • Grasa vegetal.
  • Manteca vegetal.