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Biorresonancia: energía que alivia

Tranquilidad, belleza y salud pueden recobrarse si mejoramos nuestra “vibra”. Al menos eso dicen los seguidores de esta terapia alternativa, misma que se basa en el uso de sistemas que miden y regulan la actividad electromagnética del organismo.

Las distintas ramas de la Medicina Tradicional han sostenido desde tiempos remotos que cada persona e, incluso, todo ser vivo posee cierto tipo de vibración única, misma que puede armonizarse para experimentar paz, o alterarse y permanecer en caos, ocasionando malestar. Así, el manejo de las energías del organismo es el secreto para alcanzar, o no, vida saludable.

Pues bien, descubrimientos realizados en las últimas décadas han confirmado esta ancestral creencia, y ahora sabemos que todos poseemos cierto espectro de oscilaciones electromagnéticas (generamos energía eléctrica y magnética, como si fuéramos una batería y un imán) que puede ser modificado por diversos factores internos y externos.

Tal es el fundamento de la Biorresonancia o Moraterapia, rama de la Medicina Holística o Alternativa formulada por el Dr. Franz Morell y desarrollada tecnológicamente por su compatriota, el ingeniero alemán Erich Rasche, la cual tiene un objetivo muy claro: sintonizar nuestras ondas en la frecuencia exacta para sentirnos y lucir bien.

Y es que, de acuerdo con quienes practican esta terapia, nuestras células, tejidos y órganos se expresan a través de ondas electromagnéticas y, cuando éstas se alteran debido a la interferencia causada por microorganismos, sustancias tóxicas, alimentación inadecuada o tensión, surge desajuste que provoca enfermedades. De esta forma, al neutralizar las vibraciones negativas y estimular aquellas que son benéficas, se devuelve el equilibrio al cuerpo.

Tecnología y tradición

Se reconoce que el surgimiento de la Moraterapia ocurrió durante el decenio 1970-1980, pero las primeras investigaciones al respecto se iniciaron desde la primera mitad del siglo XX.

Probablemente fue en 1930 cuando comenzó la aventura científica que nos permite entender esta técnica. El físico ruso Georges Lakovsky publicó entonces su libro Teoría de la oscilación celular, en el que afirmaba que “la vida es cuestión de ondas electromagnéticas y se basa en los principios de resonancia (capacidad de recibir cierta vibración y luego reproducirla) de las mismas”. En otras palabras, las células son unidades de vida que reciben información y la emiten, siembre en base a los mismos principios.

Más tarde, durante la década de 1950, un equipo de médicos alemanes dirigido por Reinhold Voll comprobó que los puntos que configuran los meridianos utilizados en acupuntura (especie de “pistas” que permiten la circulación de energía vital o chi) tenían propiedades eléctricas. Así, los investigadores no tardaron en poner manos a la obra para crear un aparato capaz de medir y localizar dichos puntos (e, incluso, otros nuevos), y observar que, en efecto, tenían relación con determinados órganos.

Se han creado muchos instrumentos que toman como base las ideas de Lakovsky y Voll sobre vibración celular y regulación de la misma a través de puntos específicos en el organismo, pero el sistema de mayor aceptación y difusión es el denominado Mora (nombre construido a partir de las primeras dos letras de los apellidos Morel y Rasche), empleado para diagnóstico y tratamiento, y adoptado, principalmente, por neurólogos, reumatólogos y dermatólogos europeos.

Queda claro que el principal mérito de este desarrollo tecnológico es el restablecimiento de la salud en el paciente, pero otra de sus virtudes ha sido la de poder conjugar el conocimiento ancestral de Oriente con el desarrollo científico de Occidente, sin que ello represente motivo de conflicto.

¡Buena onda!

Las sesiones de Biorresonancia se desarrollan colocando dos electrodos en las manos del paciente, dos en los pies y, ocasionalmente, algunos más en aquellas zonas que corresponden a los órganos donde se registran dolencias o problemas, de tal suerte que las vibraciones son recibidas en forma parecida a como sucede con la actividad del corazón en el electrocardiograma, o la del cerebro en el electroencefalograma.

Con la ayuda de filtro especial (biológico-físico), el aparato de Mora puede determinar cuál es el espectro de información electromagnético del organismo y, a partir de ello, permite trabajar de dos formas:

Uno de los hechos más sobresalientes de este procedimiento es que el aparato de Moraterapia no emite propiamente ningún tipo de radiación o impulso eléctrico, sino que se define como técnica biofísica que actúa a nivel celular y emplea la misma energía que produce cada persona, de modo que sólo la regula o “recicla”.

Por otra parte, los especialistas señalan que gracias a este sistema las deficiencias electromagnéticas pueden debilitarse o eliminarse, siendo muy útiles en el tratamiento de:

Finalmente, cabe mencionar que el cuerpo quizá deba desechar sustancias dañinas (toxinas) liberadas por la terapia antes de que se produzca mejoría, lo cual puede provocar reacciones adversas iniciales (cansancio, malestar general). Presumiblemente, esto no debe ser motivo de preocupación, ya que es problema temporal que se minimiza bebiendo mucha agua para facilitar la salida de dichos compuestos.

Sin sufrimiento

  • La Biorresonancia es método seguro que, dicen sus entusiastas seguidores, puede aplicarse a partir de los cinco años de edad.
  • La frecuencia y duración del tratamiento varía en cada paciente, aunque por lo general se recomienda una sesión al mes. De cualquier forma, la última palabra la tiene el terapeuta.
  • En caso de enfermedades agudas (de corta duración), infecciones, dolor o intoxicación, a veces es suficiente una sola sesión para estimular con éxito el proceso de autocuración; sin embargo, en los padecimientos crónicos (prolongados y progresivos) suele ser necesario mayor número de visitas.
  • La Moraterapia no causa dolor y no requiere la prescripción de fármacos ni inyecciones. En ocasiones puede auxiliarse de técnicas de acupuntura sin agujas (con bolígrafo especial).
  • Los resultados pueden apreciarse desde la primera sesión.