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Fiestas decembrinas: terror de los trastornos alimenticios

Miércoles 21 de junio del 2017, 08:54 pm, última actualización

Para la mayoría de las personas, la abundante comida de Navidad y Año Nuevo es una delicia, pero quienes padecen trastornos alimenticios, viven con temor a disfrutarla. Si crees que un ser querido padece estos problemas, sólo obsérvalo… ¡Te decimos cómo ayudarlo!

Trastornos de la alimentación en Navidad
Fiestas decembrinas: terror de los trastornos alimenticios

Obsesión por la alimentación

Un trastorno de la alimentación es enfermedad que causa serias perturbaciones en la dieta diaria, por ejemplo, consumir cantidades muy pequeñas o, por el contrario, caer en los excesos. Quien sufre trastornos alimenticios puede haber comenzado por comer limitadas porciones de determinado alimento, o bien, demasiado grandes, pero en algún momento el impulso de ingerir menos o más se disparó y quedó fuera de control.

Igualmente, experimentar angustia severa o preocupación por la forma o el peso del cuerpo también son señales que delatan los trastornos de la alimentación, siendo más comunes la anorexia y la bulimia.

Según expertos, este tipo de problemas generalmente aparecen durante la adolescencia o adultez temprana, aunque en ocasiones se manifiestan desde la niñez o en personas de edad avanzada.

Un trastorno alimentario implica más que simplemente hacer dieta para perder peso, contar las calorías en todo momento o hacer ejercicio todos los días, es decir, se trata de comportamientos que ponen en peligro la salud, pero que muchas veces pasan desapercibidos porque quien los sufre ha aprendido a "ocultarlos".

Sin embargo, las celebraciones decembrinas pueden ser de gran ayuda en estos casos, pues las exquisitas carnes, pastas, ensaladas y postres que se sirven generosamente en esta temporada pueden convertirse en una lupa con la que la obsesión por la alimentación sale a flote.

Trastornos de la alimentación en Navidad

Si sospechas que tu prima, cuñada o el mejor amigo de la familia enfrentan este tipo de problemas y han comenzado a evitar festejos donde se sirve abundante comida, podría ser por anorexia o bulimia, y aunque no lo creas, tu ayuda puede ser muy valiosa en estos casos.

Quienes padecen anorexia sienten un temor real a engordar y experimentan miedo a los alimentos; además tienen una imagen distorsionada de las dimensiones y forma de su cuerpo, por lo que no es extraño escucharlos decir: "me siento gordísima", "odio mi sobrepeso" o cosas peores cuando su silueta es casi perfecta.

En la mayoría de casos, las personas apenas comen, y lo poco que ingieren se convierte en una obsesión, aunque también puede ocurrir que recurren a los atracones y las purgas, es decir, ingieren grandes cantidades de alimentos y luego tratan de deshacerse de las calorías induciendo el vómito, tomando laxantes o haciendo ejercicio físico en exceso.

En estos casos, es común que el afectado desaparezca de la reunión en cuanto ha terminado de comer, dirigiéndose de inmediato hacia el baño, o bien, en su obsesión por perder peso, despierte al otro día para encerrarse largas horas en el gimnasio intentando quemar las calorías de la cena; si esto ocurre, puedes considerar que esa persona tiene señales de anorexia.

Síntomas de bulimia

Las personas con bulimia se dan grandes atracones de comida (comen en exceso) y después tratan de compensarlo con medidas drásticas, como el vómito inducido o el ejercicio físico en exceso para evitar subir de peso. Con el tiempo, esto compromete su salud física y emocional, además de que puede conducir a comportamientos compulsivos (son difíciles de evitar).

Los médicos determinan un caso de bulimia cuando una persona recurre a los atracones y a la purga de manera regular, al menos dos veces por semana, durante un par de meses.

Los síntomas de bulimia se observan, por ejemplo, cuando alguien ingiere grandes cantidades de comida de golpe (su ansiedad por los alimentos lo lleva a consumir todas las botanas de la fiesta) y lo hace a escondidas, es decir, mientras los demás bailan o están abriendo sus regalos y parecen no ponerle atención.

Con frecuencia, el afectado come alimentos que no están cocidos o aún están congelados (incluso, saca comida de la basura); además, siente que no puede dejar de comer y sólo lo hace cuando está demasiado lleno como para seguir probando un trozo de pastel o una ración adicional de pierna al horno.

Si tomas en cuenta que la mayoría de individuos que padecen bulimia luego recurren a vómitos, laxantes o al ejercicio físico extenuante, es probable que esa persona no acuda al tradicional "recalentado", pues ha decidido evitar los alimentos y enfocarse en "liberar" su cuerpo de los excesos alimenticios cometidos el día anterior.

Angustia ante el exceso de alimentos

Si bien la anorexia y la bulimia son trastornos alimenticios muy similares, las personas anoréxicas suelen ser muy flacas o tener peso inferior al normal, mientras una joven bulímica, por ejemplo, puede tener un peso normal o estar un poco excedida de peso. En cualquier caso, se trata de hombres o mujeres con un profundo temor a verse gordos cuando en realidad no lo son.

Sin embargo, es importante señalar que el aspecto de una persona no es suficiente indicador de que sufra trastornos de la alimentación. En todo caso, puedes tomar en cuenta otros factores como:

En caso de anorexia:

  • Obsesión por la alimentación.
  • Pesarse de manera reiterada.
  • Llenarse con agua deliberadamente cuando visitan a un profesional para pesarse.
  • Contar las calorías o racionar los alimentos cuidadosamente.
  • Comer sólo determinados alimentos y evitar lácteos y carnes, por ejemplo.
  • Practicar ejercicio en exceso.
  • Aislarse socialmente, sobre todo, en las fiestas decembrinas en las cuales hay comida en abundancia.
  • Deprimirse, sentirse sin energía y con frío todo el tiempo.

En caso de bulimia:

  • Tener miedo a aumentar de peso.
  • Sentirse realmente insatisfecha con el tamaño, forma y peso corporal.
  • Inventar excusas para ir al baño inmediatamente después de comer.
  • Consumir sólo alimentos dietéticos o con bajo contenido en grasa.
  • Comprar laxantes o diuréticos con regularidad.
  • Pasar la mayor parte del tiempo ejercitándose para quemar calorías.
  • No acudir a cualquier festejo para no sufrir angustia ante el exceso de alimentos.

Personas con anorexia o bulimia evitan festejos donde se sirve abundante comida

Más que racionar los alimentos…

Muchas personas con trastornos alimentarios también presentan un estado depresivo y ansiedad permanente porque no se sienten satisfechas con su imagen.

Si existe anorexia, la autoestima suele estar muy influenciada por las percepciones de la forma y el peso del cuerpo, o bien, por la negación de la gravedad del bajo peso corporal.

Igualmente, se perciben cambios psicológicos por anorexia que en los días de celebraciones decembrinas resultan más notorios, ya que el afectado se deprime aun cuando está rodeado de toda su familia, pues el hecho de sentirse gordo se ha convertido en una obsesión.

Por otro lado, el miedo permanente al aumento de peso es solamente uno de los cambios psicológicos por bulimia, pues la persona también padece ansiedad y pasa gran parte del día inventando excusas para ir al baño después de que ha ingerido cantidades excesivas de alimentos, lo cual suele provocarle dolor estomacal constante, deterioro de los dientes (debido a la exposición a los ácidos estomacales), ausencia de menstruación y pérdida de potasio (bajo nivel de potasio puede reducir los latidos del corazón, generando que la persona se sienta mareada, se desmaye o, incluso, que su corazón se detenga).

¿Cómo ayudar a quien sufre trastornos alimenticios?

Las celebraciones decembrinas pueden ayudarte a identificar si alguien no lleva una dieta saludable, aunque no significa que enfrente trastornos alimenticios.

En todo caso, si has identificado alguna de las señales descritas, puedes intentar acercarte a esa persona y hablar con ella sobre la importancia de una nutrición adecuada. Si percibes que es el momento propicio para comunicarle tu preocupación por su salud, ¡adelante!, de lo contrario, podrías hacerla sentir incómoda adoptando el rol de "policía de la comida" y echarías a perder el ambiente festivo.

Si esa persona es menor de edad, podrías recurrir a comentarle tus observaciones (jamás en un tono de orden o juicio) a sus seres queridos más cercanos, como sus papás, para que ellos también estén alertas de la situación y puedan tomar cartas en el asunto.

Guiar a una persona con trastornos alimenticios en el camino hacia la recuperación puede ser una tarea que comience mostrándole comprensión, respeto y apoyo emocional, e invitándola a acudir con el médico para ponerse en manos de especialistas.

SyM - Andrea de María

 

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