Cómo salir del clóset sin miedo a la discriminación - SyM
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17 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



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Sí, soy gay

Jueves 22 de junio del 2017, 10:49 am, última actualización.

"Salir del clóset" sigue siendo un proceso difícil para personas homosexuales, pues, a pesar de que hay mayor aceptación social, son comunes el temor al rechazo de los padres, conflictos de autoaceptación y miedo a la discriminación.

Salir del clóset, Cómo le digo a mi familia que soy gay
Sí, soy gay

Homosexualidad: todo en contra

Mucha gente cree que el número de homosexuales ha crecido en los últimos años, cuando lo que sucede es que cada vez se respetan más los derechos de los individuos que conforman la comunidad lésbico-gay y ganan espacios hasta hace poco negados. Aunque para nadie es un secreto que todavía falta mucho camino por recorrer para desterrar los conceptos discriminatorios y homofóbicos tan característicos de nuestra sociedad.

Quien se descubre homosexual es un individuo que aún sufre de sobremanera, ya que todos los mensajes con que se topa cotidianamente en su shogar, calle, escuela o medios de información lo sitúan como alguien "diferente" a la mayoría, en ocasiones incluso como un ser "anormal y casi monstruoso" que no tiene cabida en el planeta.

Se sabe que no existe una adecuada educación sexual en México y mucho menos una que se dirija a quien tiene orientación homosexual o lésbica. Eso configura un escenario en el que "no sabes qué hacer cuando empiezas a sentir atracción por alguien de tu mismo sexo, aunque intuyes que si te gusta un compañerito de la escuela y se entera, te van a ver mal. Lo mismo ocurre cuando quieres contárselo a tu mamá, pero adivinas que si lo haces se avergonzará de ti", dice Hernán Paniagua Ávalos, filósofo y psicólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que conoce a profundidad este tema no sólo por las áreas de estudio que ha explorado, sino también porque él mismo se asume como una persona homosexual.

Paniagua Ávalos comenta que los gays no tienen un modelo a seguir como ocurre con el resto de la población, y la construcción de su erotismo no pasa por la socialización, lo que hace que todo se maneje de forma oculta y callada. De hecho, el discurso institucionalizado y dominante se refiere únicamente a los derechos heterosexuales.

La confrontación social en la que vive un gay genera mucho estrés; por ello la persona cuida el más mínimo detalle para que no se transparente su orientación. Es tanta su preocupación que incluso puede generar una especie de paranoia, "la cual desaparecerá cuando entienda que no es tan importante ser homosexual", afirma el psicólogo.

El también coordinador académico de la Agencia de Noticias sobre Diversidad Sexual (Anodis) explica si la formación académica o la posición socioeconómica de una persona son determinantes para poder asumir su preferencia sexual y su rol en la comunidad: "Lo primero que puedo decir es que una persona con baja escolaridad difícilmente tendrá referentes. En mi caso, al estudiar psicología descubrí que ser homosexual no me convierte en un bicho raro y no es pecaminoso. Tener un grado profesional puede dejarte ver otros horizontes, pero no hay garantía de que eso sucederá siempre".

Ejemplo de esto es que entre los huicholes (indígenas que habitan Nayarit y Jalisco, en el occidente de México), un homosexual es bienvenido y no sufre para adaptarse porque su sociedad le da el lugar que le corresponde. De esa manera, lo mismo cuidará a los niños que desempeñará labores propias de un chamán.

¿Cómo le digo a mi familia que soy gay?

Una idea que puede servir a quien tenga temor de hablar sobre sus preferencias sexuales con sus padres es seguir la recomendación que marca la psicoterapeuta Marina Castañeda en su libro La experiencia homosexual.

Se trata, refiere Paniagua Ávalos, de seguir una estrategia en la que haya aproximaciones sucesivas, lo que significa que el individuo aborde el tema primero con sus amigos, pues es más fácil soportar el rechazo de ellos que el de los padres. Si todo va bien, entonces puede "subir un grado" de dificultad y decírselo a sus hermanos o algún familiar cercano, hasta llegar a la "prueba de fuego": los padres.

Muchos hombres y mujeres homosexuales llegan a los 30 años sin dar expresiones de sus preferencias sexuales. Los padres no conocen al novio de su hija o a la novia de su hijo, y con el tiempo dejan de preguntarles sobre el tema. Esto lleva al individuo a considerar que su orientación sexual es obvia y que no se necesita hablar de ello, detalla el experto.

Sin embargo, esta postura no es la más recomendable ya que uno o ambos padres tendrán la esperanza de que su hijo no sea homosexual y construirán una serie de explicaciones al respecto. Hay que destacar, dice Hernán Paniagua, que esto no es un acto de homofobia como tal, sino una actitud comprensible debido a que los padres quieren que sus hijos tengan una vida perfecta y sean aceptados en cualquier lugar.

“El chico o la chica prefiere pensar: '¿para qué les digo, si ya lo imaginan?'. Esto tiene la ventaja de que no habrá cuestionamientos ni confrontación; no obstante, se genera un gran inconveniente: se sufrirá falta de vinculación permanente con el núcleo familiar”, explica el psicoterapeuta.

Entonces, para compensar ese distanciamiento, los homosexuales construyen con los amigos lo que se denomina familia de elección, un círculo muy fuerte en la comunidad gay que brinda apoyo sin enjuiciar los actos de los demás.

"Está bien, pero que no se te noten tus preferencias sexuales"

Quien se encuentra en la disyuntiva de hablar abiertamente con los miembros de su familia acerca de su elección sexual estudia el terreno como si se tratara de un campo de batalla. Analiza el lenguaje familiar respecto a la homosexualidad y, si encuentra expresiones homofóbicas constantes, deduce que lo más seguro es que la noticia que intenta expresar caiga "como bomba".

En contraparte, quien casi no detecta comentarios de rechazo piensa que todo será más tranquilo y tendrá grandes posibilidades de ser comprendido al "salir del clóset".

Sin embargo, no hay garantía de que una u otra cosa sucedan, dice Paniagua Ávalos, por la sencilla razón de que "una cosa es la concepción que tenga la familia de la homosexualidad como algo ambiguo, impersonal y que 'no tiene que ver con nosotros y no nos sucederá', y otra muy distinta cuando la evaluación recae en alguien a quien conocemos y tratamos cotidianamente. Si el asunto está ligado con un hijo, entonces debemos asumir que la opinión que se tenga sobre su conducta sexual estará determinada por la cercanía emocional y la historia familiar".

De allí se deriva que, en la mayoría de los casos, los padres acepten a su hijo después de asimilar la sorpresa y luego le hagan ver que está bien ser gay "mientras no lleves a tu pareja a la casa", a la vez que le piden que haga lo posible para que no se enteren otras personas.

Una variante de esta situación, que se puede experimentar en círculos más cerrados, es que la familia le pida al chico o chica que se vaya de la casa. Con el paso del tiempo se podrá reconsiderar su situación y aceptar que regrese, pero con las mismas condiciones mencionadas.

Apoyo especializado, deseable

Los especialistas consideran que la ayuda psicológica para tratar este tipo de situaciones puede ser muy útil, pero hay que dejar en claro que no es porque el individuo se encuentre enfermo, sino en razón de que puede necesitar una voz autorizada que le haga comprender que ser gay no es ni bueno ni malo, y que todo el mundo tiene el derecho de ser y sentir como más le agrade.

La labor de los profesionales es determinante para que la persona deje de pensar que es un monstruo y está sola en el mundo. El especialista le ayuda a comprender que lo que le sucede es normal, y para ello le da información que le hará reflexionar. "Por ejemplo, le explica que 95% de las personas han tenido fantasías homosexuales en algún momento de su vida, o que gran parte de la población ha tenido relaciones con individuos de su mismo sexo, aunque no se consideren gays", afirma Paniagua Ávalos.

Con este tipo de datos y mucho trabajo es posible normalizar la situación y recuperar la tranquilidad, al tiempo que se reducen ansiedad y angustia. Esto es básico para que la persona empiece a socializar.

Finalmente, Paniagua Ávalos concluye que la comunidad gay, el colectivo lésbico, bisexual y transexual desaparecerán en el momento en que la sociedad institucionalice el discurso de esta comunidad y la confrontación termine; cuando no haya necesidad de etiquetarse como homosexual y enarbolar la bandera del arco iris, ya que no tendrá sentido porque no habrá discriminación.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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