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Ausencia de orgasmo en la mujer: causas y soluciones

Martes 28 de marzo del 2017, 09:55 am, última actualización

La anorgasmia durante las relaciones sexuales o la masturbación es un problema que puede radicar tanto en factores psicológicos como físicos. Los especialistas consideran que es una condición frecuente, pero no por ello normal, y aseguran afortunadamente existen recursos para hacerle frente.

Ausencia de orgasmo en la mujer: causas y soluciones

Es cierto que la sociedad mexicana ha alcanzado mayor madurez para hablar de sexualidad y que contamos con mejor acceso a la información sobre dicho tema, de modo que es más fácil escuchar conversaciones en hogares, escuelas y reuniones de amigos acerca de métodos para prevenir el contagio de enfermedades o evitar embarazo no deseado; sin embargo, todavía hay rezagos importantes en cuanto a que los conocimientos en la materia no se han generalizado entre toda la población ni se aplican por completo en nuestra vida cotidiana.

Las consecuencias de este hecho van más allá de lo que imaginamos, ya que la falta de educación sexual adecuada puede señalarse como el origen de numerosos problemas (disfunciones) que afectan a la salud mental y emocional de una persona o, al menos, es factor determinante en el surgimiento de temores y tabúes que hacen dudar a un paciente respecto a la necesidad de acudir en busca de ayuda médica.

Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en el caso de la anorgasmia, “disfunción que afecta a mujeres y hombres, aunque es mucho más común en ellas, y que definimos como la ausencia persistente del orgasmo a pesar de que se recibe el estímulo adecuado en tiempo e intensidad”. Asimismo, puede tener su origen en afecciones físicas u orgánicas, pero la causa más frecuente suelen ser factores psicológicos.

Tal es la opinión del Dr. Miguel Ángel Barreto, sexólogo clínico y psicoterapeuta de pareja, quien explica a saludymedicinas.com.mx que en muchas mujeres con esta disfunción “hay un desconocimiento amplio o total de su cuerpo, el cual se encuentra casi anestesiado e inanimado, porque se trata de pacientes que fueron educadas desde pequeñas en forma restrictiva, con prejuicios, temores y remordimientos sobre sus sensaciones”.

Por ello, en vez de contar con libertad para informarse adecuadamente sobre sexualidad o para explorar sus reacciones corporales al acariciarse o estimular sus genitales, “se les inculcó que el placer es igual a culpa o pecado y que su conducta debe apegarse a ciertas normas para ser bien vistas, socialmente hablando”.

Tipos y características de la anorgasmia

El especialista en sexualidad humana indica que la anorgasmia puede ser de dos tipos: “La primaria, que es cuando la mujer nunca ha experimentado un orgasmo, sea por coito, masturbación o sueños eróticos, y la secundaria, que se refiere a que la paciente lo tuvo en algún momento de la vida, pero debido a un problema psicológico, físico o combinado, ahora ya no lo alcanza”.

Además de precisar que esta disfunción sexual es una de las que genera más consultas, el Dr. Barreto detalla que la anorgasmia primaria es global, lo que significa que ocurre en cualquier situación, mientras que en la anorgasmia secundaria puede haber selectividad; por ejemplo, “una mujer llega a sentir orgasmos sólo cuando se masturba y no durante el coito porque se siente más segura, o bien, es probable que no logre el clímax con su marido porque lo ve como alguien con quien se siente agredida, pero cuando conoce a otro hombre que le da confianza, es probable que lo experimente. Siendo estrictos, no es que ‘pueda’ o ‘no pueda’ llegar al clímax con uno u otro, sino que entran en juego diversas variantes, como evolución individual, comunicación en pareja, aceptación propia y del otro, pues todo esto ayuda a crear intimidad”.

En cuanto a las causas físicas de la anorgasmia, comenta que una de las más comunes es la diabetes mellitus, padecimiento en el que el exceso de glucosa en sangre lesiona a las terminales nerviosas de los genitales e impide que se experimenten relaciones sexuales plenas. Asimismo, subraya que es común que el consumo de medicamentos para la depresión genere como efecto secundario la incapacidad de alcanzar el orgasmo.

También revela que existen determinados tipos de mujeres cuyas características psicológicas les hacen más propensas a esta disfunción:

  • Quienes experimentan mucha culpa. A decir del especialista, se ha creado una escala social de valores con base en la idea de que el placer es negativo y de que existen mujeres “malas” y “buenas”; las primeras son las que expresan abiertamente su deseo a tener relaciones y que se masturban; en cambio, las segundas deben “tener clase” y, como no pueden abordar abiertamente su sexualidad ni estimulan su cuerpo, bloquean la sensualidad.
  • Aquellas con temor a perder el control. Aunque pueden tener relaciones con cierta normalidad, desconocen su cuerpo y dejan que sea el hombre quien lleve la iniciativa; sin embargo, cuando sienten que puede llegar el clímax, bloquean sus sensaciones, frenan el estímulo y desvían sus pensamientos, ya que no desean caer en descontrol de sus emociones y pensamientos.
  • Mujeres que vivieron situaciones de abuso sexual durante la infancia. Al no comprender o interpretar lo sucedido, la niña crece con pensamientos confusos y esto se traduce, durante la edad adulta, en miedo a entregarse. Es posible alcanzar cierto grado de excitación, pero no se presenta el clímax.

Por otra parte, al preguntarle cómo puede saber una mujer con anorgasmia primaria si alguna vez ha alcanzado un orgasmo cuando en realidad no sabe de qué se trata, explica que “por lo general platica con sus amigas, lee y compara sus experiencias, y descubre que hay ‘algo’ que le falta. Cuando tiene relaciones suele imitar lo que ve en una película, la respiración y los gemidos, para fingir que llega al clímax, pero lo hace para no perder a su pareja, pues si él descubre que ella no tiene orgasmos, se sentirá poco hábil y puede haber problemas. Sin embargo, en el fondo ella sabe que ‘se está perdiendo de algo importante’”.

Parte de ser mujer

En nuestra sociedad es común que la maternidad refuerce la imagen femenina e, incluso, que tener erecciones es una forma de identidad masculina; sin embargo, y a pesar de su valor dentro de la sexualidad, da la impresión de que al orgasmo se le hubiera despojado de su importancia indiscutible para la mujer.

Comenta el sexólogo que “al parecer, en nuestras comunidades una mujer puede omitir tener orgasmos, pero en lo individual la realidad es muy distinta. Una paciente que alcanzaba el clímax pero ya no, lo vive primero con incertidumbre, no sabe qué le está pasando, y se presiona a sí misma. Esta actitud hace que la disfunción se acentúe, que goce menos de sus relaciones y que la vida en pareja se afecte debido a que el hombre se da cuenta de que ella no disfruta igual”. Esto, a largo plazo, se presta a numerosas discusiones, reproches y malas interpretaciones.

Ahora bien, quien nunca ha tenido orgasmos se da cuenta de que sus relaciones no son del todo satisfactorias y puede durar mucho tiempo engañando a su pareja, fingiendo para que no se presente una separación, pero seguirá sintiéndose extraña.

Por ello, el Dr. Barreto enfatiza que la mujer no tiene por qué soportar esta situación adversa y que debe acudir a un especialista. “Es cierto que con un psicoterapeuta se pueden lograr avances en lo emocional y que, en caso de que se tenga algún problema físico, es indispensable la colaboración del médico general o endocrinólogo; sin embargo, el más indicado para resolver esta disfunción es, sin duda, el sexólogo o terapeuta sexual, ya que cuenta con más herramientas y estrategias específicas”.

El tratamiento de la anorgasmia, señala, dependerá del origen del problema, por lo que en el caso de la diabetes se requerirá de “medidas para el adecuado control de la glucosa, como administración de fármacos, realizar ejercicio y seguimiento de dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales y carnes blancas, a la vez que baja en grasas, azúcar, carnes rojas y harinas refinadas”. De igual forma, cuando el problema se origina por efectos secundarios de algún tratamiento, puede ser útil revisar la medicación.

En cuanto a la labor directa del sexólogo, indica que “el abordaje no es muy complicado, pero lleva tiempo porque se trata de romper esquemas aprendidos en el pasado y que están repercutiendo en el presente, sobre todo en eventos que pueden generar angustia. Para lograrlo, lo primero es crear una historia médica sexual, a fin de rescatar todos los antecedentes que se tengan en este sentido: cómo se ha vivido la sexualidad, qué elementos se han incorporado desde la educación, qué tipo de relaciones se han establecido, o cuáles son los hechos más relevantes y el peso de la religión. Además, no hay que descartar que el hombre puede ser responsable en parte, debido a problemas como eyaculación precoz”.

El tratamiento de la anorgasmia puede incluir diversas prácticas, las cuales que se enfocan a que la mujer cambie la imagen que tiene de sí misma, e incluso pueden darse conversaciones grupales con la finalidad de que sepa que no es la única con esta disfunción y que intercambie experiencias.

Sin embargo, “el paso más importante se da cuando ella misma tiene la determinación de reconocer su cuerpo y sus sensaciones. El éxito de la terapia depende del compromiso de la mujer y puede ir más allá de su sexualidad, pues se ha comprobado que el trabajo que hacemos no sólo consigue la liberación del orgasmo, sino también cambios en la actitud. La mujer con anorgasmia suele vivir muy limitada, no se expresa y convive con dificultad; en contraparte, la mujer sexualmente plena se vuelve más comprometida y cooperativa en el trabajo, la escuela o su casa, y es más abierta con la gente, más alegre”.

Por último, el Dr. Barreto reflexiona en el sentido de que “el tiempo que nos tocó vivir puede verse como ventajoso, ya que podemos hablar de estos temas con cierta apertura, y eso hay que aprovecharlo para acercarnos a nuestra sexualidad de manera más franca y saludable. Por ejemplo, haríamos bien en llamar a cada parte de nuestro cuerpo por su nombre, de modo que así como el pie es el pie y la mano es la mano, el pene sea el pene y la vulva sea la vulva. Cuando ponemos sobrenombres como ‘cosita’, ‘pajarito’ u otros, le quitamos valor a los genitales y, al mismo tiempo, asumimos la carga moral que tradicionalmente se les ha impuesto”, y que, como hemos visto, influye en la salud mental y emocional de los seres humanos.

SyM - Rafael Mejía

 

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