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Cuando el sexo da pánico

Martes 21 de marzo del 2017, 04:23 pm, última actualización

Por increíble que parezca, las relaciones sexuales no siempre son deseadas por todas las personas. En efecto, hay para quienes el simple hecho de pensar en un encuentro íntimo llega a generar ansiedad, dolor y miedo paralizante.

Cuando el sexo da pánico

Si bien las relaciones sexuales enriquecen la vida de toda pareja y tienen efectos saludables a nivel físico y mental, hay quienes no pueden gozar de este máximo placer. ¿La causa?, el síndrome de aversión al sexo.

De acuerdo con el Dr. David Barrios Martínez, director de Caleidoscopía, Espacio de Cultura, Terapia y Salud Sexual, “se trata de disfunción de la vida erótica, la cual no sólo consiste en la carencia de deseo sexual, sino en repulsión y pánico recurrente a cualquier forma de erotización o encuentro íntimo”.

Asimismo, se le considera una expresión irracional que, incluso, puede implicar manifestaciones fóbicas y de somatización, es decir, de manera eventual podría (en su grado extremo) generar en el paciente respuestas físicas como “erupción cutánea, colitis (inflamación del intestino grueso y recto), dolores de diversos tipos, trastornos menstruales, disnea (dificultad para respirar), palpitaciones (latidos fuertes e irregulares) y/o sudoración fría, entre otros”, agrega el sexólogo y psicoterapeuta sexual.

Orígenes

Si bien el trastorno puede presentarse en ambos géneros, es más común en las mujeres, hecho que se relaciona con la mayor represión que existe al placer erótico femenino.

¿Cuál es la causa del síndrome de aversión al sexo? El entrevistado responde que existen dos causas fundamentales:

  • Primera. Educación sexual informal (familiar, religiosa o social) cargada de mitos, tabúes y concepciones equivocadas. Casi siempre se trasmite de manera voluntaria, no propositiva, mediante omisiones, gestos, actitudes y represión del placer erótico. Se expresa en consignas de vida tales como: “sólo las mujeres malas sienten placer sexual”, “las relaciones sexuales son muy dolorosas” o “si sientes bonito puedes volverte loca por un placer malsano”.
  • Segunda. Personalidad que incorpora las ideas aversivas en torno al erotismo como algo propio. En otras palabras, la persona admite, al menos conscientemente, que “eso” (el erotismo) es algo sucio o pecaminoso. Ignora su sabiduría interior y reduce su autoestima al conferirle mucho valor “a lo de afuera” y escaso o nulo “a lo interior”.

“Como cualquier disfunción erótica, la aversión sexual puede ser primaria (presente desde el inicio de la vida erótica) o secundaria (ha existido antes un período de funcionamiento sexual satisfactorio y adecuado). También puede ser selectiva (se presenta con algunas parejas y con otras no) o situacional (surge sólo ante determinadas circunstancias o factores)”, aclara el también expresidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología.

Al estar presentes estos factores, y más aún si se suma autoestima reducida, se propiciará que la persona se aleje cada vez más del principio del placer. Además, no solamente negará su bienestar erótico, sino que “comprará” los estereotipos de belleza, que a menudo son absurdos e inalcanzable, y en consecuencia la situación se agravará.

¿Qué refiere el paciente?

Las mujeres, principales portadoras de este problema de salud sexual, se quejan de una paradoja que en sí misma genera angustia: racionalmente quieren tener relaciones sexuales y gozar de ellas, pero emocionalmente no pueden siquiera concebirlo. A menudo se han predispuesto al placer erótico y a la hora de intentarlo, casi se paralizan de aversión o miedo. Hay una autodescalificación (se resta méritos ella misma) y, por supuesto, severos problemas con la pareja.

“Es variable lo que sucede en cada caso. Aunque exista buena voluntad, la decisión de la persona suele ‘paralizarse’ por repulsión y miedo, lo que con frecuencia se manifiesta con reacciones físicas, como palidez, sudor, frío, mareo o palpitaciones”, señala el Dr. Barrios Martínez.

Consecuencias para la pareja

Como es de esperarse, la vida de pareja se altera negativamente porque con frecuencia la persona que padece síndrome de aversión al sexo evade los contactos eróticos, esgrime pretextos y puede proyectar sus miedos: le atribuye a su pareja o a las circunstancias la causa de su aversión. Todo lo anterior produce desencuentros, pleitos, insultos y, eventualmente, la dilución de la pareja.

“En muchos casos, la recurrencia en evasiones y negaciones para los contactos sexuales origina desavenencias y, en algunos casos, la ruptura. De hecho, junto con el síndrome de vaginismo (contracción involuntaria de la vagina que impide la penetración) y disfunción eréctil ansiógena (incapacidad de mantener una erección a causa de ansiedad), la aversión sexual es una causa frecuente de lo que jurídicamente se ha conocido como matrimonio inconsumado”, añade el Dr. Barrios Martínez.

En cuanto a la vida social y relaciones interpersonales, los efectos de la aversión sexual suelen ser devastadores: se altera negativamente la vida afectiva, convivencia en pareja, relaciones filiales, vínculos amistosos, vida laboral y, en general, la persona se aleja cada vez más de la felicidad.

Manejo de la situación

Por fortuna, la pareja cuenta con opciones en caso de que uno de sus miembros se niegue a mantener relaciones íntimas. El psicoterapeuta sexual propone los siguientes cinco puntos en concreto:

  1. Hacer una revisión personal y honesta de la calidad de la vida sexual, individual y de pareja.
  2. Platicar al respecto entre ambos, con franqueza y asertividad (respetándose a sí mismo y al otro).
  3. Conocer la disposición de ambos miembros para resolver el problema.
  4. Participar en un proceso de psicoterapia, a cargo de un profesional ético especializado en salud sexual.
  5. Actualizar la relación de pareja en los aspectos afectivo, convivencial y erótico.

Asimismo, el sexólogo explica que en ambiente de confianza y seguridad emocional se provee a los consultantes de los medios necesarios para incrementar la calidad de su erotismo y revertir la disfunción que esté presente.

Para ello, ahonda, “se utilizan en la terapia sexual procedimientos tales como métodos y técnicas específicos, trabajo psicocorporal, sensibilizaciones, cápsulas teóricas y otros. En general, si hay disposición de los pacientes, así como destreza y profesionalismo del terapeuta, el pronóstico es muy bueno”.

Toma en cuenta que es muy importante que cada persona efectúe una revisión personal de la calidad de su vivencia erótica; en otras palabras, que identifique con precisión si su deseo, excitación y orgasmo son satisfactorios o dejan mucho que desear. No hay por qué ser conformistas.

“La aspiración sería no contentarse con la ausencia de enfermedad o disfunción, sino arribar, como proponen la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS, por sus siglas en inglés) ‘al completo bienestar físico, emocional y social del ser humano sexual’”, finaliza el Dr. Barrios Martínez.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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