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El sida en México, hoy

Jueves 02 de marzo del 2017, 10:06 am, última actualización

Se requieren estrategias nuevas para frenar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida en México.

El sida en México, hoy

Prácticamente no hubo médico capaz de prever, aquel 5 de junio de 1981, lo que se avecinaba. Y es seguro que tampoco hubo persona alguna que pronosticara el giro radical que se presentaría en nuestra forma de usar y entender conceptos como sexualidad, virus, epidemia y campaña de prevención.

En aquella fecha apareció un pequeño reporte en la página 2 de la revista estadounidense Mortality and morbidity weekly report, donde se describía el caso de cinco hombres homosexuales (dos de ellos ya fallecidos) con un extraño tipo de neumonía que se acompañaba de enfermedades oportunistas (aprovechan el agotamiento del organismo para atacarlo) y debilidad del sistema de defensas (inmunológico). En otras palabras, esa fue la primera vez que se habló del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) en una publicación científica, y nadie estaba listo para lo que iba a ocurrir.

El panorama ha cambiado desde entonces, a veces de manera radical y en otras con lentitud, pero es importante hacer una pausa en el camino para comprender lo que ha pasado, cuál es el panorama actual y hacia dónde se deben dirigir nuestros esfuerzos como sociedad. Para ello, conversamos con la Mtra. Carmen Soler Claudín, coordinadora del Programa de VIH Sida de la Secretaría de Salud del Distrito Federal e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, para aclarar aspectos sobre los que vale la pena reflexionar.

En principio, la especialista comenta que la difusión del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en México ha seguido un patrón similar al de la mayoría de las naciones de Latinoamérica, pues, de acuerdo con la información proporcionada por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH-Sida (Onusida), en nuestro país no se ha presentado una epidemia explosiva generalizada, como sucede en las muchas naciones africanas y asiáticas, sino de tipo concentrada.

Sin embargo, Soler Claudín señala que este concepto se ha prestado a interpretaciones erróneas que poco favorecen. “Se describe a una epidemia concentrada como aquella en la que alguno de los grupos poblacionales más afectados tiene una prevalencia (número de personas infectadas) mayor a 5%, pero en la población general adulta es menor a 1%. Por su parte, en una epidemia generalizada la población global adulta de una nación ha alcanzado más de 1% de prevalencia”, independientemente de lo que ocurra con los sectores más amenazados.

Eso sigue confundiendo a la gente “y por eso hay quienes piensan que, como afecta más a ciertos grupos sociales, la epidemia no les toca. En realidad, nos afecta a todos. Se dice que el padecimiento en nuestra región se focaliza en hombres que tienen sexo con hombres (México y Centroamérica) y usuarios de drogas intravenosas (Argentina y Chile), por lo que está concentrado, pero ello no significa que esté controlado”.

Estadísticas

Las cifras que reporta Onusida indican que, hasta el año 2006, en México se han presentado aproximadamente 100 mil casos de sida acumulados en la historia de la epidemia, además de que entre 90 mil a 450 mil personas pudieran portar el VIH. Estas cifras parecen pequeñas, también ambiguas, pero cuando se profundiza en ellas se descubren algunas características que distinguen al problema.

La Mtra. Carmen Soler aclara: “Por la historia natural del padecimiento, desde que una persona adquiere el virus hasta que entra a la fase final de la infección, que es propiamente el sida, hay un período promedio de ocho años en el que no hay manifestaciones (es asintomático). Entonces, si sólo contamos a la gente que está enferma, dejamos de considerar al enorme número de quienes son portadores. Las estimaciones nos dicen que más de 90% de los mexicanos con VIH no saben que están infectados y, obviamente, esto implica que pueden contagiar a otras personas, hasta que se presentan los síntomas y se les diagnostica”.

Dos hechos han favorecido esta situación: la discriminación hacia portadores del VIH y el gran temor a hacerse una prueba de detección, y la falta de centros en los que el diagnóstico se realice de forma voluntaria y confidencial.

Acota la investigadora: “En el Distrito Federal hemos tratado de combatir este vacío mediante la creación de un programa de diagnóstico gratuito, para toda la población, y que además cuenta con servicio de consejería o apoyo psicológico para orientar al consultante y determinar si es conveniente que se haga la prueba o no. Cuando el resultado es negativo, se refuerzan los conceptos de prevención, y si es positivo, se le orienta respecto a qué hacer y las opciones de tratamiento. La información se proporciona de manera directa, individualizada y confidencial, sin intervenir en el estilo de vida de cada persona y sin tratar de cambiarlo”.

Medicamentos

Gracias a los tratamientos que hay en la actualidad y que han sido aprobados por consejos médicos, podemos considerar que la infección por VIH es una enfermedad crónica (controlable y con la que se vive por mucho tiempo). Asegura Soler Claudín: “La gente que es portadora tiene ahora muchos años de sobrevida y con buena calidad, ya que puede trabajar y llevar una existencia prácticamente normal”.

En cuanto a la aplicación de la terapia farmacológica, podemos señalar que la creación de programas de acceso a medicamentos ha servido para comprobar su eficacia y valor. Por ejemplo, el que se ha establecido en el Distrito Federal ha permitido que los fallecimientos en la entidad por esta causa hayan disminuido, desde mediados del decenio 1990-2000, en 18% (el promedio nacional indica que las muertes se han incrementado 48%). Además, mientras que a finales del siglo pasado fallecían dos jóvenes al día por esta enfermedad en la Ciudad de México, la cifra ha bajado en nuestros días a 1.5.

Sin embargo, aclara que a pesar de que cada año se registran nuevos medicamentos para combatir el sida, sus precios son cada vez más altos. Por el momento, el suministro de medicamentos por parte del gobierno es sostenible, pero en el mediano plazo pudieran estar en riesgo al ser económicamente inviable. “No quisiera generar alarma, pero para garantizar el acceso a fármacos podría ser necesaria la adopción de medidas como las que tomó Brasil, de usar leyes internacionales que permitan producir cierto tipo de fármacos para salvar a la población afectada”.

Discriminación

Aunque socialmente se han generado cambios favorables respecto a la forma de ver la epidemia del VIH, por desgracia han sido muy lentos. Explica la especialista que “es preocupante que todavía a nivel de personal de salud sigan existiendo mitos y creencias muy arraigadas. Hace poco se revelaron los resultados de un estudio en el que se mostró que un porcentaje importante de enfermeras o médicos no le compraría comida a alguien con sida, a pesar de saber que no se transmite de esta manera. Y aunque pocos, todavía se dan casos en que no se le da la atención adecuada a alguien que es portador del virus y, por ejemplo, si está internado, no le quieren tender la cama”.

En centros laborales también persisten los prejuicios. “Hay lugares donde todavía se exige la prueba de VIH para poder trabajar, sin considerar lo siguiente: una persona con dicho virus tiene, al menos, ocho años de vida activa en los que su productividad es tan buena como la de cualquier otra persona. En cambio, no se le ponen los mismos obstáculos a quienes padecen cáncer o hepatitis C, siendo que también estas enfermedades pueden generar incapacidad. Esto ocurre, muy probablemente, por la carga de estigmas sobre el sida”.

Por ello, la Mtra. Soler indica que “las empresas deben comprender que no se puede juzgar a alguien por tener una enfermedad, y que lo que deben valorar es la capacidad para desarrollar tal o cual labor. Tenemos que comprender que cada vez hay más gente con VIH, y todos los días nos cruzamos en la calle con alguien contagiado, lo sepamos o no”.

Diagnóstico

Respecto a las pruebas de detección de VIH, explica que no se han generado cambios considerables en ellas, y que al poco tiempo de que se descubrió esta enfermedad se desarrollaron buenas metodologías, “de las mejores que hay, hablando de cualquier enfermedad”.

No obstante, han surgido contratiempos con la creación de pruebas rápidas de diagnóstico, que pueden realizarse con saliva o una gota de sangre. “No son malas técnicamente, pero permiten que te evalúen casi sin que te des cuenta, de manera rápida. Un empleador puede hacerlo, y determina con ello si contrata a alguien o no. Además de esto, cuando una persona se hace este examen en su casa puede sufrir un impacto emocional muy fuerte si sale positivo, y no sabe que, para diagnosticar la enfermedad, todo resultado se debe rectificar con un estudio de mayor precisión”.

Campañas de detección

El Programa de VIH Sida del Distrito Federal ha desarrollado dos medidas que bien pudieran tomarse como modelo tanto por su eficacia como por su alcance, incluso, para crear conciencia en la población. La primera de ellas, ya comentada, consiste en la instalación de una red de 37 centros de diagnóstico gratuito y confidencial, mismos que realizan más de 25 mil pruebas al año. Con ello ha sido posible contar con mejor sistema de detección, pero también ofrece la posibilidad de iniciar tratamientos tempranos.

El segundo recurso destaca por su ingenio: ofrecer la prueba de detección del VIH a mujeres embarazadas. “Con esto podemos prevenir directamente el contagio de la madre al bebé, pero logramos mucho más que esto. Es cierto que la prevalencia de la infección en esta población es bajo, pero quienes se hacen el examen se convierten en promotoras y difunden en su círculo cercano la importancia de practicarse esta evaluación por voluntad propia”.

Así, cuando una mujer llega a su hogar y dice que se ha realizado la prueba de detección de VIH, sucede un fenómeno curioso: “de inicio, su pareja pregunta por qué, hasta le reclama, pero ella tiene un argumento muy fuerte en su defensa: es para proteger al niño. Entonces, cuando da la explicación de por qué se convenció, invita a su cónyuge, hermanos y familia a que pierdan el miedo y vayan a examen, convirtiendo al sida en tema de discusión en casa”.

ONGs

En un principio fue notable que las organizaciones no gubernamentales tomaron la batuta en la lucha contra el sida, ya que eran las encargadas de ofrecer información, diagnóstico e incluso terapias. Su función actual, en cambio, ha dado un giro dramático.

La investigadora comenta que, al menos en el Distrito Federal, “el Gobierno ha asumido la responsabilidad de dar servicios profesionales y gratuitos, y eso ha hecho que estos grupos entren en crisis. Algunos de ellos han cambiado su perfil y ahora se dedican, por ejemplo, a colaborar en campañas preventivas; la mayoría, en cambio, se perdió en el camino. Definitivamente, en nuestros días hay menos población civil organizada en el combate contra el VIH”.

Investigación

En este sentido, Soler Claudín considera que los estudios que se hacen en México “son muy pocos y, casi siempre, son sólo valoraciones que forman parte de protocolos realizados por laboratorios trasnacionales, a fin de conocer la efectividad de algún medicamento o terapia. No hay investigación básica o médica original, y nos hacen falta estudios sociales para conocer aspectos referentes a la enfermedad y su relación con nuestra ideología y forma de ver la sexualidad”.

Campañas

Uno de los principales retos que en la prevención del sida es que, al tratarse de un padecimiento de transmisión sexual, involucra cambios de comportamiento en aspectos íntimos y la difusión de información relacionada con un tema tabú. Todo ello debe ocurrir, a juicio de la especialista, “con respeto absoluto a la individualidad y sin tratar de modificar la forma de vivir la sexualidad”.

En el ámbito mundial, explica que se ha divulgado desde Estados Unidos una política llamada ABC (Abstinence, Be faithful and Condom, es decir, abstinencia, fidelidad y, como última vía, el condón), que en realidad “es poco sana debido a que excluye a la sexualidad de la vida del individuo. Las religiones han tratado por siglos de promover la monogamia y no tener relaciones íntimas, y no lo han logrado. Creo que las campañas contra el sida deberían aceptar la condición humana y buscar métodos de prevención que tomen en cuenta nuestra naturaleza”.

En el panorama local, “la información que se maneja, al menos, ya no es tan acusadora; es menos agresiva, no se basa en la idea de muerte ni en la culpa, pero sigue mostrando deficiencias. Hemos descubierto algo curioso cuando vamos a alguna escuela para dar pláticas: los estudiantes nos dicen que ya están hartos del tema, siendo que, cuando hablas con ellos, descubres que no saben cómo se transmite el VIH. El fenómeno es muy interesante, y es posible que ocurra por un abuso en las campañas”.

Sin embargo, también reconoce que hay medidas que han desencadenado cambios favorables. “Cuando se hicieron las primeras reparticiones de preservativos en plazas públicas, la gente mostraba cierta aversión; ahora hemos encontrado que algunos padres de familia llegan con nosotros y nos dicen que nos llevan al hijo para que les expliquemos y no se ponga en riesgo. Es una observación solamente, pero es una maravilla que se dé este cambio de actitud”.

Lecciones

Para finalizar, la Mtra. Soler Claudín recapitula sobre lo que se ha aprendido respecto al sida y lo que nos falta. Explica con detalle: “Por principio, hemos entendido que el combate al VIH es un problema al que sí se le puede hacer frente, sobre el que hay muchas alternativas de acción, y que los resultados sí tienen un impacto en la calidad de vida de las personas. También hemos comprendido que en esta batalla es posible involucrar a distintos organismo con acciones de mayor o menor impacto; por ejemplo, en el Distrito Federal hemos repartido condones en la policía o se ha trabajado para combatir la discriminación en reclusorios, y todo ello ha permitido una sensibilización”.

Respecto a las lecciones pendientes, concluye: “el problema del VIH no se debe abordar sólo desde el punto de vista de la salud, sino desde muchos otros. Las fallas que estamos viviendo en este momento, así como la demanda futura, nos obligarán a tener un abordaje más amplio como sociedad para mejorar nuestra capacidad de respuesta. En un futuro próximo tienen que intervenir el sector educativo, los organismos encargados de atender las demandas de jóvenes, mujeres y trabajadores y, en general, todas las áreas involucradas”.

SyM - Rafael Mejía

 

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