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Embarazo anembrionario, causa de aborto espontáneo

Viernes 14 de marzo del 2014, 10:55 am, última actualización.

El embarazo genera enorme carga emotiva en la pareja y sus seres queridos al saber que un nuevo integrante de la familia viene en camino. Sin embargo, y a pesar de los buenos deseos, cabe la posibilidad de que se presente alguna falla durante el proceso de gestación que ocasione embarazo anembrionario

Embarazo anembrionario, Embarazo y aborto espontáneo

Problemas en la integridad de la información genética, imperfecciones durante la fusión celular o alojamiento del embrión (producto de la unión entre óvulo y espermatozoide) en una región inadecuada del útero pueden producir un embarazo sin embrión (también llamado embarazo anembrionado) que concluya en aborto espontáneo.

Embarazo de agua

En ocasiones, el embarazo se lleva a cabo de manera normal, de modo que la placenta (encargada de la nutrición) y la bolsa gestacional o saco corial que rodea al niño para protegerlo se forman adecuadamente, hasta que un ultrasonido (sistema que permite obtener imágenes del interior del útero o matriz) revela que no existe embrión.

Este hecho, conocido también como aborto retenido, embarazo anembriónico o “embarazo de agua”, es proceso natural para prevenir el desarrollo y nacimiento de pequeños con impedimentos físicos o dificultades neuronales, por lo que no debe considerarse capricho del destino, irresponsabilidad del ginecobstetra o incapacidad de alguno de los padres.

Cuando el ultrasonido revela un embarazo sin embrión suele provocar tristeza en la mujer y su pareja debido a que su ilusión se ve frustrada; empero, este hecho ocurre cuando la integridad del pequeño estaba en peligro y no tiene implicaciones reproductivas a futuro.

¿Cómo ocurre un embarazo anembrionado?

Especialistas coinciden en que el origen del embarazo anembrionario es idéntico al del embarazo normal, de modo que al inicio se forman el embrión y el saco que le rodea. Sin embargo, durante las primeras 12 semanas puede registrarse un error generado, en la mayoría de las ocasiones, por malformación de los tejidos del óvulo o del espermatozoide o porque durante la fusión de ambas células y su división se generaron daños considerables en la información genética del futuro bebé.

Cuando esto ocurre, el embrión muere inevitablemente y el cuerpo de la madre absorbe sus células dando lugar a una bolsa vacía, comúnmente llamada "huevo huero", que crece por algunas semanas más y sigue produciendo hormonas que impiden el desalojo de la placenta y el ciclo menstrual. Por esta razón, parece que la gestación continúa su curso normal y presenta resultado positivo en pruebas de embarazo.

Se estima que 85% de casos de abortos espontáneos ocurren por esta causa (el 15% restante sucede durante las semanas 13 a 20 de embarazo, en su mayoría, debido a problemas en el útero o matriz o alojamiento del embrión) y puede suceder antes o después de un embarazo y parto exitosos.

Detección del “huevo huero”

Por lo general, la mujer no presenta ningún síntoma de aborto retenido hasta que comienza a sentir dolor en el vientre similar a un calambre o hay sangrado vaginal color café oscuro. Al ser evaluada por el especialista, se detecta que no hay latido cardiaco fetal. Posteriormente, la prueba de ultrasonido revela la presencia de un saco sin embrión o “huevo huero”.

También es habitual que las molestias producidas por contracciones en el útero sean persistentes y aumenten su intensidad hasta que generan la expulsión de parte o la totalidad del contenido del útero (líquido amniótico, bolsa gestacional y placenta). Cuando el desalojo es completo no se necesita tratamiento alguno, pero en caso de aborto incompleto debe realizarse un legrado uterino (dilatación y succión para vaciar la matriz).

Si la detección de embarazo anembrionario se realiza antes de que el cuerpo de la madre absorba por completo al embrión, los restos se someten a estudio genético para determinar cuál fue el defecto que ocasionó su muerte, además de que cada caso tiene que ser estudiado tomando en cuenta edad de la madre (adolescentes o mujeres mayores de 40 años tienen mayor riesgo de aborto por causas naturales) e historia clínica de la pareja y su familia.

Asimismo, debe contemplarse la influencia de factores tóxicos y ambientales, sobre todo en parejas en donde alguno de los 2 integrantes está en contacto con químicos de algún tipo, así como la alimentación de ambos, ya que una dieta pobre y sin variedad de nutrientes puede ser causante de daño en óvulos o espermatozoides y elevar el riesgo de que se presente embarazo sin embrión.

La mayoría de las mujeres que enfrentaron un aborto espontáneo logra embarazarse posteriormente sin problemas. La realización de estudios especializados en fertilidad se reservan a casos en donde hayan 3 episodios similares consecutivos (aborto de repetición).

Superar el embarazo anembriónico

El inicio del embarazo se asocia a sentimientos muy fuertes, como la alegría de saber que una nueva vida se está formando o la preocupación de la pareja por influir positivamente para que todo marche según lo esperado. Este último factor revela que hombre y mujer están acostumbrados a tener control de toda situación en su vida, por lo que llega a ser inevitable que alguno, sobre todo ella, piense que si algo sale mal durante el proceso de gestación es por su culpa.

Pero un embarazo anembrionado no es culpa de la pareja ni puede evitarse con los mejores cuidados o el mejor médico del mundo; es producto de un proceso natural que tiene por objeto lograr el nacimiento de seres humanos capacitados para enfrentar al mundo y sus retos.

A pesar de que una pérdida siempre se asocia a una reacción de duelo y depresión, es importante comprender las causas del aborto retenido para evitar que el dolor se convierta en rechazo o ira hacia el médico tratante o la pareja. 

Lo mejor que se puede hacer es manejar la angustia, darse la oportunidad de asimilar la situación y enfocarse en que el embarazo anembriónico y el legrado uterino no significan infertilidad.

Las mujeres que han pasado por este trance enfrentan con temor la idea de concebir hijos, pero con el tiempo mejora su situación gracias a la confianza y ayuda de su pareja, del médico y, ocasionalmente, de un psicólogo. Entonces reemprenden medidas que favorecen una gestación sana (como alimentación variada rica en frutas y verduras, ejercicio y erradicación de hábitos como fumar y beber alcohol), lográndola en aproximadamente 90% de los casos, en cuanto el ginecólogo o ginecobstera lo autoriza.

SyM - María Elena Moura

 

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